Los nombres – Don DeLillo

Los nombres – Don DeLillo

Estado: nuevo.

Editorial: Circe.

Precio: $150.

James Axton, un analista de riesgo estadounidense que trabaja para una multinacional, recorre el Mediterráneo y Oriente Medio redactando informes acerca de los conflictos políticos y económicos de la zona. Estamos a finales de la década de 1970. Es la época de la Revolución islámica en Irán, los secuestros terroristas y el petróleo hostil. En una isla del Egeo, Axton tiene noticia de un asesinato que apunta a una extraña secta de culto al lenguaje. Fascinado por esta violencia ritual, se obsesiona en encontrar una explicación. Su búsqueda nos lleva hasta los límites del lenguaje y la cultura, en un rompecabezas cuya solución se encuentra en las palabras.
Don DeLillo 1936, nació y creció en Nueva York. Es autor de quince novelas y varias obras de teatro. Ha ganado numerosos premios, como el National Book Award por Ruido de fondo (1985; Seix Barral, 2006), el International Fiction Prize por Libra (1988; Seix Barral, 2006), el PEN/Faulkner Award de Ficción porMao II (1991; Seix Barral, 2008), la Medalla Howells por Submundo (1997; Seix Barral, 2009) y el PEN/Saul Bellow Award y el Jerusalem Prize a toda su carrera.
A Conversation with Don DeLillo and Jonathan Franzen

América, la culta (*0) 
Un ensayo de ficción
Stephen King
Con Jonathan Franzen y sus colegas dando todas las embestidas, el tiempo es inflexible para tipos como yo.
No me gustó mucho The Corrections –lo encontré condescendiente e indulgente– pero cualquier persona que lo lea encontrará difícil reconocer, creo, que no sigue su estilo e idioma.
Eso era lo que mantenía el libro en mis manos cuando mi impulso era –no miento aquí– lanzarlo por la habitación (y luego quizás mearme encima). Ese impresionante asimiento del idioma está también a la vista en la colección de ensayos de Jonathan Franzen (How to Be Alone), y ahí encontramos lo más agradable: esa enloquecedora actitud de Nueva York que parece susurrar“Soy más pequeña que tú, soy más sofisticada que tú, más leída que tú, soy mejor que tú” al menos una vez cada vez que se pasa una página.
La sensación del resoplido cómico sucede, también, al menos el mismo número de veces (el Sr. Franzen quizá sea una de esas personas que solo se sienten con necesidad de decir soy-más-pequeño-pero-controlo-las-palabras en su ficción). Hay, de hecho, algo de encantador en su casi constante necesidad de lograr su propia temperatura creativa. ¿Cómo lo lleva Jonathan hoy? Se pregunta a sí mismo repetidamente. ¿Podrá Jonathan escribir mañana a pesar de Internet, el decaimiento de la sensibilidad artística y la cada vez mayor idea de que la televisión puede ser culturalmente importante?
La idea a la que el Sr. Franzen vuelve una y otra vez en estos ensayos (y con la obsesión de un niño que pierde su primer diente) es esa literatura seria que no se expande por América, y esos escritores que han perdido su público. Esos que esencialmente hablan entre ellos y a nadie más. Me pregunto si verdaderamente puede ser cierto dentro de lo que R. J. Franklin, autor deAmerican Intelligence and Creativity, llama “la sociedad más culta que ha existido sobre la faz de la Tierra”(*1) Hice algunas investigaciones, y resulta que los miedos del Sr. Franzen de no hablar con nadie excepto consigo mismo y sus iguales (y sospecho que, en el fondo de su corazón, el Sr. Franzen cree que no tiene ninguno) son infundados. De hecho, se tira pedos como la seda.
Comencemos con Ulysses, la historia de James Joyce del gran día de Leopold Bloom. En 1998 se vendieron ochenta y un millón de copias de Ulysses –no en todo el mundo, únicamente en Estados Unidos–. (*2) Puesto que hay casi 290 millones de personas en América (*3), las matemáticas revelan que uno de cada 3’5 americanos tiene una copia de Ulysses. Creo que incluso el Sr. Franzen debería admitir que, cuando el libro parece literatura seria es que “Ulysses escribió bastante del libro”. (*4) Y en el vernáculo de ventas, eso llega a altas cotas.
Me preguntaba cómo tantas copias de Ulysses –generalmente reconocido como “resistente a ser leído”– podían haber sido vendidas en un solo año. Aunque no puedo ofrecer una respuesta definitiva a esta cuestión, es ciertamente interesante decir que esta novela se ha explicado en más de 700 escuelas secundarias americanas e incluso en más de 30 facultades. (*5) En su artículo de enseñar literatura a los jóvenes, Justin Reeve señala que “fumar y beber son hábitos difíciles de adquirir, pero una vez formados, son más difíciles de dejar. Igualmente ocurre con la gran literatura, que es, hagámosle frente, Jim Beam para el cerebro”. (*6)
Si se pregunta el nombre de las novelas que leen la mayoría de los estudiantes, un graduado de secundaria de los años 1950 ó 1960 sería apto para nombrar libros “adolescentes-amistosos” tales como The Red Badge of Courage, The Old Man and the Sea, y Are You There God? It’s Me, Margaret. Es, quizás, difícil de imaginarlos leyendo Last Exit to Brooklyn de Hubert Selby Jr. (60 millones de copias vendidas en 1998) (*7) The Tunnel de Williams H. Gass (40 millones de copias vendidas en 1998), (*8) pero los números no mienten, y ninguno de ellos hacen los planes de estudio. Cuando se les pregunta por el último, Andrea Gernet, una joven de 17 años de Berlín (N.H.), escribió: “Es duro al principio, pero una vez que el tipo empieza a cavar el túnel, es muy fácil apreciar el simbolismo vaginal, a menos que seas un post-freudiano. Mr. Yardley [un profesor de literatura moderna americana del BHS] nos ayudó mucho, y representamos el clímax en clase. Fue divertido, aunque mi madre se enojara por llevar el cajón de mis bragas al colegio y el conserje nos dijo que tendríamos que limpiar todo lo que ensuciáramos”(*9) Ella, más allá, precisó que después de leer al Sr. Gass “Danielle Steel y V. C. Andrews parecen muy pobres”. (*10) Está claro que el lector americano en general ha venido compartiendo la misma sed cada vez mayor de Andrea Gernet hacia la literatura seria (a la cual, en su carta, ella la menciona de un modo encantador como “el gran trato”).
El año pasado en América, The Quiet American de Graham Greene vendió 110 millones de copias. Uno puede compararlo con la Sra. Steel que entra en las listas con menos de un millón de copias vendidas. La propia novela del Sr. Franzen The Corrections vendió más de 80 millones de copias,(*11) y mientras algo de esto se puede atribuir a la “solapa de Oprah”, (*12) qué podemos decir de las ventas de la novela previa del Sr. Franzen (Strong Motion) que vendió 14 millones de copias en tan solo un mes. (*13)
Tales ventas han cambiado ciertamente la idea de que los novelistas vivan en la pobreza. Williams H. Gass, por ejemplo, se mudó a Nassau, un notorio paraíso fiscal, y a finales del año pasado el Sr. Franzen compró una isla en el sur del Pacífico. (*14) Según Forbes, en otoño de 2001, el bien conocido constructor neoyorquino Donald Trump se relacionó con el novelista Joyce Carol Oates como su socio financiero; cuando ella ensambló su equipo, Trump Enterprises se convirtieron en Mulvaney Enterprises, S.A(*15) Uno puede decir que el Sr. Trump está “recogiendo su fruto”.
Dados tales números (y un resurgimiento tan claro de la ficción seria en el mercado) uno tiene el derecho de preguntar por qué perdura el mito del novelista culto como “la voz que grita en el yelmo”. Hay varias respuestas a esta pregunta. Una tiene que ver con la simple viabilidad. Como Cynthia Ozick confió en una reciente entrevista “si mis parientes supiesen que tengo más dinero que Tom Clancy, Sue Grafton y John Grisham juntos, nunca me dejarían en paz”. (*16) Y Cormac McCarthy agregó, “estos días paso más tiempo negociando con la IRS que trabajando en mi nueva novela, aunque esto no tiene nada que ver con mi adquisición de El Paso; eso es solo una cesión de nueve años con opción a compra”(*17) Y el novelista Ian McEwan describe la compra de EMI Records no como una decisión económica –“Los escritores son pésimos hombres de negocios”puntualiza con una sonrisa conmovedora (*18)– sino una decisión del corazón. Y cuando se le pregunta sobre su decisión de comprar una porción de tierra, particularmente, el sureste de Montana, Annie Proulx ofrece una respuesta concisa, dos palabras: “Ofertas, compañero”. (*19)
Históricamente hablando, la abundancia ha formado escritores inquietos. (“El dinero es el bloqueo verdoso del escritor” escribió una vez Charles Dickens a Wilkie Collins, a lo que Collins contestó“Envíame tus lápices, Chuck”). (*20) Esto siempre ha sido menos cierto en los escritores reconocidos como populares (llegaremos a ellos en un momento), pero la idea de que el dinero destruye el serio pensamiento, sigue existiendo. Por ello es por lo que probablemente libros como Ada, de Vladimir Nabokov, nunca han aparecido en las listas de bestsellers del USA Today, aunque haya vendido 9 millones de copias al año. (*21) Una crítica, de hecho, la ha llamado “Los Puentes de Madison para gente elegante”. (*22) La verdad es así de simple: un poderoso grupo de “novelistas literarios” han invertido en los principales periódicos y en los sitios de Internet donde publican listas de bestsellers, y las novelas consideradas “demasiado literaria” queda apartada de estas listas. Cuando se pregunta acerca de una explicación más clara sobre la racionalidad de esta decisión, Annie Proulx –que, junto a Cynthia Ozick, Don DeLillo y John Updike, poseen actualmente The Wall Street Journal– ofrece una concisa respuesta: “Ofertas, compañero”. (*23)
¿Dónde, puede usted preguntarse, quedan en la ecuación los novelistas de bestsellers más leídos? ¿Dónde están Clive Cussler, Anne Rice, Jonathan Kellerman? ¿Dónde están las nuevas promesas como Dennis Lehane y Michael Connelly?
¿Dónde está Stephen King?
Bien, compañero, déjame explicar todo esto. Debes de haberme visto fotografiado sobre una Harley-Davidson de época, pero eso es sólo un trabajo para la central de Harley en Maine (“Los Muchachos con los Jueguetes”). Debes de haberme visto también tras una rueda de Mercedes Benz, pero eso también era un trabajo. El vehículo que actualmente poseo es un viejo Dogde Ram ranchera, que compré durante el Reventón de Fin de Año del McDonald Motors en el sureste de Maine. Yo, como virtualmente cada novelista popular de América, vive mayoritariamente con cheques de doce mil dólares al mes (yo, apenas cien mil dólares al año, después de impuestos). El cheque llega de Literature ‘r’ Us, una compañía de las Bahamas. (*24) El Presidente de esta compañía es la Sra. “Ofertas, compañero”, Annie Proulx. El tesorero que firma mis cheques (con firma absolutamente ilegible) aparece como Margaret Drabble.
En cuanto a mi última novela, Buick 8: Un Coche Perverso, vendió sólo un millar de copias. (*25)
Después de admitir esta humillación, no tengo que explicar qué va a ocurrir, pero para aquellos de ustedes que sean “un poco lentos” (*26) aquí viene: los supuestos novelistas populares son realmente fachada, creados por la TV y la Prensa de modo que tengan a alguien a quien incomodar cuando tienen cinco minutos extra al final de las noticias o un hueco que rellenar en la sección de arte y ocio del Domingo por la tarde. Como Margaret Atwood indica tan sucintamente“¿Por qué querría conceder una entrevista a un absurdo periódico cuando estoy intentando escribir una novela? La idea es idiota”. (*27)
En un nivel personal debo admitir que me gustaría que mis libros vendieran más, pero a veces las películas me elevan al alza; gracias a la película La Milla Verde de Frank Darabont, por ejemplo, mi novela vendió un extra de 15 mil copias. (*28) Y como J. R. Rowling admite “sin las películas, Harry Potter sería un auténtico desconocido”(*29) Al principio, uno puede tender a burlarse de esto, o considerarlo increíble. Pero entonces, uno se da cuenta de que nunca ha satisfecho realmente a alguien que ha leído estas novelas “violentamente populares”. Como Andrea Gernet dice en su carta, “Tengo docenas de amigos que han leído toda la saga de Harry Potter, pero yo no he tenido tiempo. He tenido que leer The Brothers K para las clases, y estoy trabajando en un documento sobre novelistas contemporáneos chinos en mi tiempo libre. Leeré los libros de Harry Potter el año que viene”. (*30)
Lo más importante es que la literatura está viva y sana en América, y Jonathan Franzen no debe preocuparse (como siempre hizo; como te he dicho, es todo fachada, pero el Constante Efecto Torturador del Novelista Popular es difícil de dejar). Y si él persiste preocupándose, puede seguir haciéndolo en su Jaguar K-type mientras conduce hasta su casa de campo en Vail.
Vail, Colorado, a propósito, es propiedad del consorcio de escritores que mencioné antes. Uno tiene el gusto de imaginar a Margaret Drabble, Don DeLillo y al Sr. Franzen relajarse en las cuestas. ¿Y qué hay de los beneficios de cada estupenda adquisición del lugar de vacaciones? Bueno, escribir es una cosa, pero Vail, por otro lado… Son Ofertas, compañero.
NOTAS
NOTAS
*0 Título original: America, the literate. Publicado originalmente en Book Magazine (julio-agosto de 2003). Traducción de Ziebal de Gilead
*1 Esta cita y su fuente –como todas las de este ensayo– son, por supuesto, ficticias. Uno puede opinar que esto, en cierto grado, niega los argumentos que el ensayo expone, pero como no existen fuentes actuales que apoyen estos argumentos, solo puedo decir que me parecía necesario inventarlas.
*2 Beverly Stonehouse y Personal. “Estudio de Fin de Año”. Registro de Libros. Febrero 1998, pp 18-26.
*3 Estadística de la población de América (Internet).
*4 John Kapp y Justin Reeve. ¡La literatura es divertida! (Nueva York: McGraw Hill, 1998) pag 89.
*5 Justin Reeve, “Elegantes libros, elegantes niños”, El Profesor inglés. Vol LXXV, Nº 7, Junio 1999.
*6 Ídem.
*7 Registro de libros.
*8 Ídem.
*9 Carta de Andrea Gernet a Stephen King, fechada el 16 de Noviembre de 2002.
*10 Ídem.
*11 Registro de Libros.
*12 El Sr Franzen al expresar una cierta repugnancia al ser seleccionado en el Club de Libros de Oprah, apenó tanto a la Sra. Winfrey que canceló absoluta y completamente el Club.
*13 Agosto de 2000, George Stillsbury especula que los lectores lo ven como un “espléndido libro para la playa”, “Estudio de Fin de Año”, Registro de libros. Febrero de 2001.
*14 Jacob Frisch, “Serios Escritores que lo tienen todo”, Ritzy Hideaways, Vol. 3, No. 2, Octubre 2001.
*15 Según el Registro (“Estudio de Fin de Año”, Febrero 2001) We were the Mulvaneys, de la Sra. Date, vendió 40 millones de copias en pasta dura y 80 millones de copias adicionales en rústica, superando las cifras de su anterior novela, Them, con casi 40 millones de copias.
*16 Ellen Prosser, “El problema de tener tanto dinero,” La revista de Gente Rica, Vol. 19, No. 9, Septiembre de 2000.
*17 Ídem.
*18 Ídem.
*19 Carta de Annie Proulx a Stephen King, fechada el 9 de Diciembre, 2002 (Ella añadió, “Espero que pases unas felices Navidades y un próspero Año Nuevo”).
*20 Richard Woofington, Dickens y la cuestión del dinero (Paris: Paris Literary Press, 1976), p. 291.
*21 Registro de Libros.
*22 Jacob LaFountain, Literatura como yo la veo (Rahway: Nueva Jersey Literary Press, 1995), p. 743.
*23 Carta, Annie Proulx a Stephen King.
*24 U.S. Guía Paraíso Fiscal, 2001-2002; también La Salud Secreta de América, publicada en Internet por http://www.stinger.corn.
*25 Declaración de derechos de Sribner, 9 de Noviembre, 2002.
*26 Eric Partridge, Slanguage (Oxford: Oxford University Press), p. 1023.
*27 Margaret Atwood, “¿Por qué no me incomoda un absurdo periódico?”, The Canadian Quarterly, Vol. 4, No. 4 (el número completo, 16), Invierno de 2000.
*28 Declaración de derechos, Scribner y Penguin Putnam, 1999-2001.
*29 Anthony Crackbottom, “La verdad sobre Harry”, The Daily Mail. Vol CCCXXXIX, nº 159, 19 de Junio de 2000.
*30 Carta, Andrea Gernet a Stephen King.

ENTREGA A DOMICILIO (OPCIONAL – CAP. FED.) $50.

Contacto: juanpablolief@hotmail.com

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