Memorias de Pancho Villa – Martín Luis Guzmán

vendido

Estado: usado (tapa dura/encuadernado).

Editorial: Compañía General de Ediciones S. A., México, 1958.

Precio: $000.

 

ENTREGA A DOMICILIO (OPCIONAL – CAP. FED.) $50.

Contacto: juanpablolief@hotmail.com

Prologo

Martín Luis Guzman

“Dos hechos fortuitos explican, originalmente, la existencia de este libro y su título. Uno fue la circunstancia de que llegaran a mis manos varios escritos procedentes del archivo del general Francisco Villa, según lo consigné al publicarse en volumen El hombre y sus armas. Otro, la forma como se realizó, en 1913 y 1914, mi paso por los campos militares de la Revolución.

Del archivo del general Villa he tenido a la vista un cuerpo de papeles, insospechables en cuanto a su valor histórico y autobiográfico, formado como sigue: 1) por la Hoja de servicios de Francisco Villa, documento, relativo a la Revolución Maderista de 1910 y 1911, que consta de 40 páginas de papel de oficio escritas a máquina; 2) por un relato puesto a lápiz en 103 hojas de papel de diversos tamaños y clases, y 3) por cinco cuadernos grandes, manuscritos con tinta y excelente caligrafía, que en conjunto suman 242 páginas y cuya portada dice: El General Francisco Villa, por Manuel Bauche Alcalde, 1914.

La Hoja de servicios refiere lo que Villa hizo desde noviembre de 1910, ya en los albores del movimiento maderista, hasta abril de 1911, cuando, tomada Ciudad Juárez y triunfante Francisco I. Madero, Villa se retiró al pueblo de San Andrés, del Estado de Chihuahua. Los Apuntes a lápiz empiezan con la huída de Villa a la sierra en 1894 –el futuro guerrillero tenía entonces quince o dieciséis años – y terminan en 1914, días después de tomar Villa, general en jefe de la División del Norte, la plaza de Ojinaga, los Cinco cuadernos, que son una biografía redactada en forma autobiográfica y entremezclada con largas consideraciones políticas y análisis históricos y sociales, comienzan como el relato a lápiz: con el suceso familiar de 1894, y llegan hasta el momento en que Villa, tras de fugarse de la prisión militar de Santiago Tlaltelolco, logra escapar a los Estados Unidos el 2 de enero de 1913.

Es evidente, por el contexto mismo de los papeles, que la Hoja de servicios se redactó bajo la vigilancia directa de Villa y con los datos que él proporcionaba; que los Apuntes a lápiz se escribieron mientras Villa relataba (a Bauche Alcalde probablemente) los episodios de su vida, y que los Cinco cuadernos son la versión que Bauche Alcalde hizo, añadiendo sus reflexiones sobre el porfirismo y el movimiento revolucionario, de una parte de los Apuntes (la que comprende desde el principio de éstos hasta la llegada de Villa a los Estados Unidos en enero de 1913) y de la Hoja de servicios.

La mitad de los apuntes a lápiz parece haberse perdido; pero indudablemente existieron completos. A esta conclusión se llega comparando con lo que de ellos subsiste lo que contienen los Cuadernos, y, más todavía, si se observa que al final de los Apuntes hay un agregado de más de página y media, relativo al primer avance de las tropas de Villa hacia el sur, que lleva este epígrafe: “Añadir a la toma de Torreón”. Puede pues afirmarse que Villa contó íntegras a Bauche Alcalde, o a quienquiera que haya tomado los Apuntes a lápiz, la etapa de su vida anterior a la campaña revolucionaria de 1910 a 1911 (esta última consignada en la Hoja de servicios) y la etapa posterior a esa campaña, hasta los sucesos de febrero de 1914.

El haber yo tratado a Villa personalmente y con cierta intimidad; el haberle oído contar a menudo episodios de su existencia de perseguido y de revolucionario, y, sobre todo, el haber tenido entonces el cuidado de poner por escrito, y con cuanta fidelidad textual me era dable, lo que decía él en mi presencia, me confirma en la opinión de que ni la Hoja de servicios, ni los Apuntes a lápiz, ni la versión de Bauche Alcalde son textos redactados en el idioma propio de Villa. A lo que parece, tanto el mecanógrafo que escribió el primero de esos documentos, como quien tomó los Apuntes mientras Villa hablaba, tuvieron por demasiado rústico el modo de expresarse del guerrillero y quisieron dar a su dicho una forma más culta, librarlo  de sus arcaísmos, mejorarlo en sus construcciones y giros campesinos, suprimir sus paralelismos y sus expresiones pleonásticas. En los Cuadernos, Bauche Alcalde se dedicó a traducir a su lengua de hombre salido de la ciudad de México lo que Villa había dicho a su modo o hecho escribir. En rigor, apenas si en los Apuntes aparecen de cuando en cuando el léxico, la gramática, la pureza expresiva del habla que en Villa era habitual cuando no se refería a temas por él aprendidos del todo en las ciudades o a cosas estrictamente castrenses.

Así las cosas, para redactar esta obra he tenido que hacer, por lo que mira al lenguaje y al estilo, las siguientes operaciones:

a)     Dar el tono del habla de Villa, en el grado en que ello era posible sin desnaturalizar el texto ya existente, a los Apuntes a lápiz y a la Hoja de servicios, hasta dejar el relato según aparece en la mayor parte de los pasajes que figuran en las páginas 9 a 32, 46 a 103 y 175 a 257 de este libro. Digo “la mayor parte de los pasajes” porque había lagunas que he debido llenar, tan largas una de ellas, que empieza en la página 188 y no termina hasta la 215.

b)     Retraducir al lenguaje obtenido de ese modo la parte auténtica y propiamente autobiográfica de los Cuadernos, que, ya convertida, ocupa aquí las páginas 32 a 45 y 104 a 174, salvo las lagunas, que también las había. Y,

c)      Escribir directamente, y ya sin la traba de los textos anteriores –sólo flexibles hasta cierto grado – todo lo posterior a la página 257, que es una narración original, hecha según mi capacidad me lo permitió, al modo como Villa hubiera podido contar las cosas en su lenguaje, castellano de las sierras de Durango y Chihuahua, castellano excelente, popular, nada vulgar, arcaizante, y, en Villa, que lo hablaba sin otra cultura que la de sus antecedentes montaraces, aunque con grande intuición de la belleza de la palabra, cargado de repeticiones, de frases pleonásticas ricamente expresivas, de paralelismos recurrentes y de otras peculiaridades. El escribir así supuso para mí este problema: no apartarme del lenguaje que siempre le había oído a Villa, y, a la vez, mantenerme dentro de los límites de lo literario.

Un calculo numérico dará, quizá, idea de lo que he tenido que hacer con los textos anteriores. Las 6500 palabras contenidas en las primeras 61 páginas de los Apuntes a lápiz se han convertido en las 10700, más o menos, del relato que aparece en las 24 primeras páginas de este libro. Las 15300 palabras de que consta la Hoja de servicios se han transformado en las 24800, aproximadamente, de las páginas 46 a 103.

Lo dicho explica la forma de esta obra. Respecto al fondo, o sea, a los hechos que se narran y a su valoración histórica, bastarán unas cuantas líneas. Tanto el contenido de las lagunas que hube de colmar hasta la página 257, como los hechos que se consignan en las 654 páginas restantes, constituyen un material histórico basado en documentos, o en informes proporcionados directamente a mí por testigos de primera mano.

Si he logrado mi propósito no lo sé. Nadie menos apto que el propio autor para juzgar obras de la naturaleza de ésta, muy difíciles de valorar, por otra parte, fuera de la perspectiva histórica que sólo surge con el correr de los años. Pero de lo que sí estoy seguro es de la claridad de mi intención, y a tal punto, que de abordar de lleno en otras circunstancias el tema de Villa, habría yo seguido algún procedimiento análogo al que aquí se empleó, y eso aun en el supuesto de que ningunos papeles semejantes a los aprovechados en este caso hubiesen venido  a mi poder. Siempre me fascinó –de ello hay anuncios en mi libro titulado El águila y la serpiente – el proyecto de trazar en forma autobiográfica la vida de Pancho Villa, siempre y por varias razones. Me lo exigían móviles meramente estéticos –decir en el lenguaje y con los conceptos y la ideación de Francisco Villa lo que él hubiera podido contar de sí mismo ya en la fortuna, ya en la adversidad –; móviles de alcance políticos –hacer más elocuentemente la apología de Villa frente a la iniquidad con que la contrarrevolución mexicana y sus aliados lo han escogido para blanco de los peores desahogos –, y, por ultimo, móviles de índole didáctica, y aun satírica –poner más en relieve cómo un hombre nacido de la ilegalidad porfiriana, primitivo todo él, todo él inculto y ajeno a la enseñanza de las escuelas, todo él analfabeto, pudo elevarse, proeza inconcebible sin el concurso de todo un estado social, desde la sima del bandolerismo a que lo había arrojado su ambiente, hasta la cúspide de gran debelador, de debelador máximo, del sistema de la injusticia entronizada, régimen incompatible con él y con sus hermanos en el dolor y en la miseria.”

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