Tirados en el pasto – Andrés Calamaro y Alejandro Rozitchner

vendido

Estado: usado.

Editorial: Sudamericana.

Precio: $000.

Siempre buscando una identidad alejada de convencionalismos, no es de extrañar que Andrés Calamaro se animara a juntar verbo y vida durante unas vacaciones veraniegas con un filósofo y novelista de corazón rockero, Alejandro Rozitchner, una rara avis entre tanto estirado miembro de la oficial ‘intelectualidad’.
Y así, de vacaciones y grabadora en mano, dieron forma a un libro que busca la complicidad del diálogo íntimo; que afronta la conversación como un lugar de encuentro donde la música, los toros, la comida, las ciudades, Dylan, Dalí o los Beatles, se dan la mano con Cioran o Nietzsche, evitando así el formato habitual del libro sobre rock pensado sólo para el fan, transformándose en una novela de carretera, una road movie, escrita con cuatro manos, dos cabezas y, sobre todo, mucha vida y sentido del humor.
El libro del amigo Andrés con el amigo Alejandro
Mariana Enriquez
Andrés Calamaro y Alejandro Rozitchner se conocen desde hace años, desde que eran adolescentes y miraban en las vidrieras las guitarras que se querían comprar. Rozitchner, asegura Calamaro, siempre fue un crítico cómplice de sus discos. Pero hubo algo en Honestidad brutal, la última producción del músico, que decidió a su amigo a que una colaboración conjunta sería interesante. El resultado fue Tirados en el pasto, un libro de diálogos entre los dos que acaba de publicar Editorial Sudamericana y que presentaron juntos el viernes a las 20 en la Feria del Libro, ante una sala José Hernández repleta.
 Recibidos por grititos histéricos de las fans (de Calamaro), músico y escritor se encargaron de hablar acerca de lo que ellos mismos llaman “un libro hablado”. Rozitchner tomó la palabra para explicar que “el libro permite mostrar lo fluido y gracioso que es un diálogo de amigos. Se trata de la creación de un clima, y por eso en muchos momentos el libro puede parecer medio zonzo: no estamos permanentemente preocupados por discurrir acerca de temas trascendentes. Es además un libro que muestra el cruce entre dos perspectivas, dos modos de entender la vida: la escéptica de Andrés, y la más feliz o afirmativa, que es la mía. Al punto que Andrés, cuando estábamos desgrabando y corrigiendo el libro, me escribió una canción que dice ‘mi amigo Alejandro es feliz/ feliz hasta cuando hace pis”.
Rozitchner explicó además que el disparador del libro fue Honestidad brutal, “un disco que me dio fuerzas, justamente por su honestidad, y que creo que por eso mismo fue molesto para algunos críticos, que por falta de comprensión se encarnizaron con la obra, al punto de criticarla por cosas tales como la rima en las letras. Y creo que la desprolijidad del disco es una cualidad positiva. Me pareció un disco espontáneo, y de gran valor por eso. Y me ayudó a redondear la idea de por qué no editar este libro, sin tener miedo a la exposición”. Además, dijo, la idea maduró pensando en el libro de diálogos de monseñor Laguna y Marcos Aguinis, “para mostrar otras voces, las nuestras, de jóvenes maduros rockeros simpatizantes del cannabis, que tenemos derecho a hablar desde nuestro punto de vista. El título, además, no se refiere a la marihuana, como muchos pueden pensar, sino a la actitud de los amigos de tirarse a mirar el cielo y hablar”.
Calamaro, mucho menos verborrágico en el principio de la charla, fue el protagonista excluyente de la segunda parte, tras la exposición de Rozitchner y cuando llegó el momento de las preguntas de la gente. Una chica se acercó a él para mostrarle que llevaba tatuado su nombre en la espalda. Un chico pidió subir para darle la mano. “Supongo que éste, al no ser un libro escrito, sino grabado, como un disco, quizá sea un libro destinado a aquellos que no leen.” Explicó que las grabaciones de los diálogos tuvieron lugar en Gerona, Blanes y Madrid, durante las vacaciones que siguieron a la intensa grabación de Honestidad brutal. “Yo estaba desorientado, eran mis primeras vacaciones en 20 años, y estaba leyendo demasiado. Al principio, sentí que no iba a estar a la altura de Alejandro para dialogar, porque él es un académico… y yo no quería hablar con un libro de consulta en la mano. Pero terminó siendo muy fluido. Y hasta gastronómico. La primera parte discurre acerca de la gastronomía del Mediterráneo: Alejandro creía que no iba a poder comer tan bien como en la Argentina, hasta que descubrió el pescado. Por eso el primer capítulo se llama ‘Flores del mar’.”
Cuando un chico del público le señaló que en los diálogos Calamaro parecía frenado, “como si hubieras querido vomitar toda tu negatividad en el libro, no tan espontáneo”, Calamaro concedió que “me sentí un poco cortado con el grabador, sobre todo con la idea de publicar esas escenas entre amigos que son tan difíciles de explicar, cuando uno se ríe de cualquier cosa. Pero quedó gracioso. Y quedó bien. No creo que seamos dos ideas opuesta o enfrentadas, Alejandro y yo. Después de todo mi escepticismo es creativo. Creo que ambos somos la generación del palo, unoun poco más desencantado, otro con ideas más jóvenes, permitiéndonos un margen incorrecto. Es un libro sin polémica”. Tampoco es un libro de una honestidad brutal, señalaron. “No es la intención exhibirse descaradamente”, señaló Rozitchner y Calamaro agregó “lo de la honestidad brutal es una receta musical también, una cosa de espontaneidad en las grabaciones. Este libro es espontáneo, pero de una forma diferente”.
 Además, señaló, el libro lo hizo llegar a una conclusión acerca de su composición. “Si un libro puede ser grabado, entonces, pensé, quiero escribir mi próximo disco. Repetir la experiencia frente al grabador, con instrumentos. Me creí eso de que el rock se escribe, no solamente se toca. Este año me obligo a escribir más de una canción por día.” Por otro lado, Calamaro señaló que las letras de sus nuevas canciones “bien podrían ser editadas en un libro. Muchas de ellas las escribí junto al poeta punk Marcelo Skolnik”. Hacia el final, cuando la gente empezaba a levantarse, libro en mano, dispuesta a subir al escenario, Calamaro dio un cierre a la charla diciendo “si el rocanrol es una forma de vida, a los 40 se llega así, y podría haber sido peor”.

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Contacto: juanpablolief@hotmail.com

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