Vamps & tramps. Más allá del feminismo – Camille Paglia

Vamps & tramps. Más allá del feminismo – Camille Paglia

vendido

Estado: nuevo.

Editorial: Valdemar.

Precio: $000.

Camille Paglia, profesora de Humanidades de la Philadelphia University of Arts y estrella mediática en los noventa, ha sembrado durante la última década el desconcierto, el escándalo y la polémica con sus opiniones y apariciones públicas, revitalizando el mundo del pensamiento contemporáneo. Tras la publicación en 1990 de su monumental estudio Sexual Personae (un voluminoso ensayo sobre la imagen de la mujer en la historia del arte), Camille Paglia se convierte en un personaje popular en los debates televisivos sobre la mujer y publica gran cantidad de artículos y entrevistas en los que frecuentemente arremete contra el feminismo establecido, reivindicando un feminismo radical y libertario, enraizado en la revolución sexual de los sesenta, que Camille Paglia vivió en su juventud, cuyos hijos bastardos se han convertido en los neoconservadores políticamente correctos de hoy.
Paglia ha fundamentado su visión del mundo y de la sociedad en el ojo pagano, en la tradición erótica, panteísta y andrógina de Egipto, el mundo Clásico y Oriente, frente a la culpable y represiva moral tradicional judeocristiana. Camille Paglia integra con naturalidad y sin prejuicios el universo del rock’n’roll, de Hollywood y las estrellas del pop en su discurso pagano, estético y cultural.
Vamps & Tramps, primera obra de Camille Paglia que se publica en español, es un libro misceláneo de entrevistas, artículos y breves ensayos donde la autora pasa revista a todos los tópicos de la cultura moderna: desde Grecia y Roma a Hollywood y Lady Di, desde Madonna a D.H. Lawrence, el feminismo o el movimiento gay.
 Provocadora, grosera & petisa
María Moreno
Con su título original, Vamps & Tramps, la editorial Valdemar (intempestivas) acaba de hacer llegar a la Argentina un libro de Camille Paglia. Esta “intempestiva” es una profesora ítalo-americana que se propone como post-feminista o feminista dionisíaca cuyos objetos de ataque son la elite universitaria feminista –en especial la que se ha pronunciado contra la pornografía–, los estudios culturales que ella dice haber practicado desde siempre, aunque sin adosarles ese nombre pomposo (es hincha de Madonna, Joan Crawford y el fútbol americano) y el post-estructuralismo francés al que ataca con el mismo vigor con que uno supone que lo haría Herminio Iglesias. Su glamour mediático está basado en lo que Richard Sennet llama “la política del resentimiento”, la misma que hizo que un conjunto de granjeros que estaban perdiendo sus tierras se agruparan en el Ku Klux Klan, que una nación de desempleados comprara la panacea Hitler y que Richard Nixon ganara unas elecciones con sólo agitar su odio a un establishment debilucho con los comunistas. Y el resentimiento es más efectivo si se escribe en primera persona: Paglia no se cansa de contar los veinte años que le costó editar su primer libro, que fue rechazado por siete editoriales, ni de insultar a las feministas blancas que triunfan en Yale, Harvard o Berkeley. Su novela de joven pobre incluye le mención insistente del patio trasero de su casa de Endicott, sus diarios cruces del río en Filadelfia –allí tiene un modesto puesto de profesora de arte– para estudiar en la biblioteca de Penn, donde dice que la acunan –como a Evita las voces del pueblo– las voces de la escuela preparatoria.
Su estilo es pendenciero, alimentado por los guiones televisivos de comedias con muchas entradas y salidas por puertas falsas, el humor gay y el arte de la injuria. Si bien se reivindica como alguien de los ‘60, lo hace pretendiendo no tener antecedentes entre las mujeres, se habría autoengendrado como el paramecio. Para lograr esta impresión finge que ha hablado primero –en realidad está robando copyright– del puritanismo feminista, de los negociados en torno a los Estudios de la Mujer y de la juridícofilia de un movimiento que en principio intentó delinear una política radical de la sexualidad, críticas que, hay que aclararlo, han sido desarrolladas vastamente en el interior del feminismo. Un ejemplo de esto ha sido la posición de Gayle Rubin en el Coloquio de Bernard de 1982, quien en su artículo “Reflexionando sobre sexo” abogó por la pluralidad de identidades sexuales, incluso la de los sadomasoquistas, a quienes les atribuye menos violencia que a los jugadores de fútbol americano. Paglia se limita a decir al hablar de sexo de manera terrorista: “Creo que la abolición del trabajo infantil fue uno de los grandes movimientos reformistas de los últimos 200 años. Si se hace posar a niños en fotos y videos pornográficos, eso es una infracción, no de algo sexual sino de lo que ahora consideramos civilizado, que los niños no deben ser obligados a trabajar”. Nuestra Madonna teórica sugiere que los límites del feminismo social, cuyas cabezas más promocionadas provienen de EE.UU., han sido: considerar la ideología como una fuerza autónoma; victimizar a las mujeresencubriendo sus movimientos de resistencia, complicidad o transacción; pensar la diferencia de los sexos sólo en términos de poder para demonizar el poder mismo; en el plano estético, adherir a los más anacrónicos postulados del realismo, es decir interpretar el arte como reflejo de la vida. Pero oculta, al hacer esas objeciones, que se está refiriendo a sólo un sector del feminismo, a militantes como Catharine Mac Kinnon o Andrea Dworkin, que se alinearon con algunas figuras de la derecha en torno a la promulgación de una ley antipornográfica.
En Vamps & Tramps, como en su obra fundante Sexual Personae, Paglia ha privilegiado el estudio de los clásicos y de la historia antigua para oponerlos a los recientes Estudios de la Mujer. Pero he aquí un ejemplo del pensamiento de Paglia como “historiadora”: “Si se piensa en la palabra ‘imperialista’, si se piensa automáticamente ‘América’, es porque una no sabe nada. Porque alguien que ha estudiado la historia del antiguo Egipto sabe que el imperialismo fue prácticamente inventado en Egipto y en el Cercano Oriente”. ¿Qué rigor teórico puede meter en la misma bolsa a Ramsés II y a Richard Nixon? Es como si se atenuara la magnitud del Holocausto argumentando: “¿Qué creen los judíos de hoy en día? ¿Que Hitler creó el antisemitismo? ¿Acaso no recuerdan el brote antisemita de 1873 en Viena durante la caída de la Bolsa luego del viernes negro? ¿Y las leyes antisemitas de 1850?”.
La provocación más escandalosa de Paglia es que se ríe de la posibilidad de que una chica pueda ser violada durante una cita y al mencionar un caso ocurrido en Filadelfia, dice: “No entienden (las mujeres) lo que estáocurriendo, que su conducta tiene un contenido sexual, que tal vez hay en su conducta una sexualidad subliminal, algo provocativo”. Según Paglia, las mujeres no sólo deberían pensar en el efecto de sus actos sobre ellas mismas sino también sobre los hombres cuya lujuria sería incontrolable. No debe serlo tanto ya que un gran porcentaje de varones adinerados norteamericanos pasa sus fines de semana con Robert Bly, un profeta, autor de El hombre de hierro, que les enseña a tocar el tambor, arrojar grandes piedras, arañar la tierra, aullar y olerse entre las nalgas como lo hacía el Dingo, un lejano antepasado del perro. De esta manera y a cambio de 500 dólares el fin de semana (más lo que les cuesten los libros de Paglia), volverían a su estado salvaje.
Vamps & Tramps es una miscelánea de artículos, guiones de películas, diarios íntimos y bravatas del tipo: “Bueno, soy una lesbiana bisexual que también es monástica, célibe, pervertida, desviada y voyeur”. Es un libro útil como herramienta crítica, aunque peligroso en un país donde la corrección política está lejos de haber generado efectos abusivos, divertido y rabelaiseano, exhibicionista y demagógico, autorreferencial y plebeyo. A veces recuerda a los siempre fecundos exabruptos de nuestro Fogwill, otras a Woody Allen antes del culebrón legal con Mia Farrow y Soon-Yi.
La siguiente selección pertenece a una serie incluida en Vamps & Tramps, como Consejos para el mal de amores, entre otras cosas, que fue publicada en la revista Spy en 1993.
Querida Camille:
Soy un hombre de sesenta años que se ha casado cinco veces. En la actualidad cortejo a una monja misionera católica de 53 años. ¿Cómo le pido que abandone sus votos y se case conmigo?
Amoroso en Sarasota
Querido Amoroso:
¡Maldita sea! ¡Viola los tabúes, chaval! Eres Perseo rescatando a Andrómeda de los lazos del viejo demonio que es la Iglesia. Puede que necesites un abrelatas, pero merecerá la pena.
Querida Camille:
Soy una bioquímica que debe mantenerse al día asistiendo a conferencias para enterarse de los últimos avances. El líder en nuestro campo muestra diapositivas de sus novias desnudas durante sus conferencias y proporciona copias a los hombres que las solicitan. Las mujeres se han salido de sus conferencias, han protestado a los organizadores, han tirado cosas contra la pantalla, pero no han conseguido nada. ¿Qué gana este hombre con nuestra incomodidad? ¿Qué deberíamos hacer?
Perpleja en Toledo
Querida Perpleja:
Desgraciadamente me encantan las fotos de desnudos en cualquier contexto. Un espectáculo porno bioquímico tiene posibilidades propias de Broadway. Pero este tipo parece un lelo poco profesional con un microchip en el pajarito. Intentad la burla y la sátira. A mí me funcionan.
Querida Camille:
Si de veras has nacido en 1947, ¿por qué parece como si hubieras nacido en 1937 o incluso en 1927? ¡Quiero evitar lo que quiera que hayas hecho para conseguir semejantes arrugas tan profundas!
Biliosa
Querida Biliosa:
Escucha, zoquete, soy una comediante bajita y lenguaraz que tiene hoyuelos a imitación de Keith Richards para no parecerse a Sally Field. ¡Piérdete! El look ojeroso está de moda.
Querida Camille:
Soy una mujer con exceso de educación y déficit de empleo, aburrida y bisexual, de la generación de los veintitantos. Me enamoro de los tíos buenorros “bien educados” por sus madres. Ellos se sienten primero intrigados y luego intimidados por mi ferocidad en la cama. Estoy enamorada de un muchacho afectuoso y sensible al que tengo aterrorizado. ¿Debería olvidar mi gusto por los hombres y buscarme una hembra con ganas de guerra?
Demasiado Sexy para el Chico desde Baton Rouge
Querida Demasiado Sexy:
Este es un caso clásico del mito de Diana y Endimión: una diosa maternal amazona pegando los labios a los de un andrógino muchacho. Diría que le mantengas como plato complementario y que completes el menú con alimentos más robustos. En cuanto a las hembras con ganas de guerra, ¡espero que tengas más suerte que yo!
Querida Camille:
Tengo veintimuchos y merodeo por los cafés de L.A. buscando una compañera intelectualmente estimulante entre los clientes. Pero cada vez encuentro que me atraen más las camareras. En estos años ‘90 de confusión masculina, me temo que tirarle los tejos a estas mujeres trabajadoras sea acoso sexual. ¿Está mal coquetear con ellas?
Ansioso Alex
Querido Ansioso:
A mí también me vuelven loca las camareras. Sospecho que hay un arquetipo Mamario Cósmico detrás de todo esto. Las camareras tienen más en el coco, de todas formas, que las literatas de tres al cuarto que andas buscando. Procede con cautela, pero inténtalo.
Querida Camille:
Dos colegas míos que viven a miles de millas el uno del otro fueron despachados sin contemplaciones por sus novias hace un par de años. Justo después de librarse del exceso de equipaje, ambas muchachas adoptaron los rasgos característicos de sus antiguos novios. Una pasó de ser una niña mimada que leía a Woolf y se apuntaba a causas políticas de moda a ser una ardiente mochilera enamorada de Conrad. La otra cambió su especialidad de ciencias ecológicas a antropología clásica y filosófica y su música de Depeche Mode a los Lime Spiders. Te haces la idea. ¿Por qué querrían convertirse estas mujeres en los hombres que ya no aman?
Meditabundo en Kankakee
Querido Meditabundo:
Me asombra esta colorida prueba del antiguo principio del vampirismo femenino, recogido abundantemente en la mitología mundial. Tras haber dejado secos a los hombres como quien chupa la médula de un hueso, la mujer tranquilamente parte hacia su nueva aventura. ¡Sublime!
Querida Camille:
Mi amiga lesbiana y yo tenemos una discusión abierta sobre la última escena de El bosque de la noche, de Djuna Barnes. Supongo que soy muy WASP y prosaico, pero creo que va de hacer el amor con un perro. Sin embargo, mi pareja es francesa y afirma que no puede entenderlo así, después de haber leído a Lacan y a Derrida. La discusión se vuelve muy acalorada y me pregunto si puedo vivir con una post-estructuralista. ¿Qué puedo hacer?
Bloqueado en Carolina del Norte
Querido Bloqueado:
¿Cómo consiguió escapar a la deportación tu post-estructuralista? Tenía entendido que los estaban reclasificando como inmigrantes ilegales. Llévala al McDonald’s y desprográmala. Si eso no funciona, métela en una caja y devuélvela al remitente.
Otros libros relacionados:
La mujer de tu prójimo – Gay Talese
La cultura del striptease. Sexo, medios y liberalización del deseo – Brian McNair
Eros romano. Sexo y moral en la Roma antigua – Jean-Nöel Robert
Sexo e innovación – André Langaney
La puta y el ciudadano. La prostitución en Amsterdam en los siglos XVII y XVIII – Lotte van de Pol
Lenguaje, poder e identidad – Judith Butler
Los misterios del gineceo – Paul Veyne / François lissarrague / Françoise Frontisi-Ducroux
Sexualidad en el confesionario. Un sacramento profanado – Stephen Haliczer
Cristianismo y sexualidad en la Edad Moderna. La regulación del deseo, la reforma de la práctica – Merry E. Wiesner-Hanks
Secretos de alcoba. Historia de la pareja 1830-1930 – Laure Adler
La evolución de la familia y el matrimonio – Jack Goody
Impotencia. Una historia cultural – Angus McLaren

 

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