Confesiones de un librero de mierda

Confesiones de un librero de mierda
Dame un minuto para poner los patitos en fila y te tiro por la cabeza tres o cuatro verdades.
No es tan fácil como antes poner los patitos en fila. Están todos medio reventados. Hechos mierda. Pobres patitos. A uno le falta un ojo. A otro se le cayeron todas las plumas. Y hay uno que tiene cáncer de mandíbula como Sigmund Freud.
Ahí está. Ya está. Están en fila mis patitos reventados.
No puedo sacarme de la cabeza la canción del pollito pío.
Dame un minuto para sacarme de la cabeza esta canción y me trasvisto del Lanata gay y empiezo a gritarte ¡puto, puto, puto! Y a denunciar verdades, como el gordo maraca.
La canción del pollito pío la conocí las otras noches en el programa de Fantino, Animales sueltos, que la paso en el programa el Coco Sily.
En la radio hay un pollito, en la radio hay un pollito
el pollito pío, el pollito pío…
Ya está. Mis patitos le metieron un puntazo al pollito pío y se lo comieron para que no queden rastros del crimen.
Mis patitos son unos reventados hijos de puta. Y cada día me cuesta más ponerlos en fila.
En fin.
Ya está.
Ayer estuve por Plaza Italia. Comprando libros y charlando con tres o cuatro puesteros con los que pegue honda y con los que ya nos reconocemos como colegas. Con uno de ellos nos pusimos a hablar de lo único que podemos hablar tipos como nosotros. De libros. Obvio. De qué otra mierda vamos a charlar boludos como nosotros que estamos todo el día viendo cómo sacarte guita a cambio de libros. En realidad antes de charlar de libros me comento que había perdido un hijo hace unos meses atrás y tenía un agujero en el corazón que no sabía cómo mierda llenar. Un abrazo compañero. Say no more. En fin. Esa conversación me hizo reflexionar sobre algunas verdades que hace tiempo mis patitos – que perdieron todos los dientes de tanto tomar merca y no poder ir al dentista por falta de guita – vienen masticando con sus encías obscenas.
Bien. Llego el momento de hacer amigos. De quedarme solo en la fiesta. De ser el único socio de este club.
Desde hace años vengo sosteniendo que los traductores españoles son unos brutos. No entienden nada. Entienden tanto las sutilezas y juegos de las la lengua a la hora de traducir como el traductor de Google.
Yo siempre fui un amante incondicional de la literatura americana. Norteamericana. Estoy convencido y se lo discuto a cualquiera que la papa de la literatura de los últimos cien años pasa por los escritores de ese país. Pero en un momento dado no pude seguir leyendo a los norteamericanos porque me rompía tanto las pelotas las traducciones horribles de los españoles que tuve que abandonar  esa cantera inagotable de literatura que es la literatura americana. Y como ingles no sé – en parte porque nunca me dio la cabeza para aprender esa lengua y en parte porque el inglés que recibí en la escuela pública bonaerense era tan deficiente y pobre como todo el tinglado de esa región tan pesadillesca como uno de los infiernos del Dante que se conoce como Conurbano Bonaerense – tuve que abandonar la lectura de la literatura que tanto amo. Y odie profundamente a los traductores españoles por esta razón. Y solo pasados varios años hice un click en mi cabeza y me avive. No se ingles pero sí español. Bueno, lee las horribles traducciones españolas como si estuvieras leyendo en ingles y las tuvieras que traducir al español. Así es como recupere mis lecturas americanas. Leyendo de esa lengua horrible que es la española de los españoles y traduciéndolas a mi lengua, a mi español.
Ahora bien.
Esto por una parte.
Pero los otras noches mirando tele vi una entrevista que le hacían a Juan Carlos Onetti. En la que el viejo Onetti no para de tomar whisky y prender cigarros y que para mi estaba repuesto. En fin. En esa entrevista Onetti decía que el mundo editorial del Río de la Plata era muy limitado en los años 40 hasta que empezaron a aparecer por estas costas los editores españoles.
Y ahí se me prendió la lamparita.
¡Claro, la puta que los parió!
Tengo toda la razón del mundo en putear a los españoles por ser unos brutos traduciendo. Pero tengo que reconocerle que como editores son buenísimos. Nada que ver con los editores argentinos que son todos unos maricones, analfabetos, que nunca se van a jugar por nada si alguien no los banca. Y si los bancan tampoco. A lo sumo hacen boludeces correctas para justificar un sueldo.
Mira, sino.
Hoy por hoy si ves el mundo editorial español y el argentino salta a la vista la miseria del nacional y la riqueza del español. No es un problema de guita. Nada que ver. Es que acá son todos una maricones, unos soberbios y unos miserables que solo juegan al Quini 6 si el gerente de Lotería Nacional les pasa la fija del numero ganador.
Mira. Editoriales chiquitas como Alfa Decay, Pepitas de Calabaza, Machado Libros, Sajalín, Libros del asteroide o Libros del silencio que no son Anagrama ni Mondadori ni Planeta ni una mierda, sino editoriales pequeñas, están publicando catálogos de la reputisimamadre. Por qué sí los españoles pueden armar buenos catálogos y acá no. Por falta de guita. No. Porque las grandes editoriales que tienen copado gran parte del mercado no tienen los derechos de todo lo que vale la pena ser publicado. Ni a palos. El último libro de Foster Wallace no lo publica Mondadori sino una editorial nueva y pequeña española. El primer libro que se publica en español de Larry Brown no lo publico Anagrama sino una editorial pequeña española. Ese nuevo milagro de la literatura norteamericana que son los libros de Donald Ray Pollock no lo publico Planeta sino una editorial pequeña española. Y obviamente nada de lo que vale la pena publicarse lo publican editoriales argentinas, a las que no menciono, porque para mi no existen. Y sí, obvio,  hay algunas excepciones, pero son un balde de agua en un bosque en llamas.
En fin.
Voy a proponer algo.
Reclutar a todos los traductores españoles y a todos los editores argentinos y llevarlos al sur, a la Patagonia, a picar piedras. O enviarlos a todos al África a hacer trabajo social y asi redimir el mal que tanto le han hecho a la humanidad.
Y luego juntar a todos los traductores argentinos y los mexicanos que no son malos y a los editores españoles y entonces sí el mundo seguiría siendo la misma mierda de todos los días pero habrían en el mundo hispano parlante solo buenos catálogos con excelentes traducciones.

 

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Contacto: juanpablolief@hotmail.com

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