Confesiones de un librero de mierda

Confesiones de un librero de mierda

Anoche vinieron a cenar Cheever, Carver y Jeringa.
Hice unas pizzas. De anchoas. De cebolla. Y napolitana.
Arrancamos con unas cervezas mientras yo amasaba. Seguimos con unos vinos mientras cocinaba y comíamos.
Y de postre, para acompañar el whisky, Jeringa peló una tiza. Y mientras picaba y peinaba en un plato cuatro rayas nos aseguro que lo que estábamos por tomar era la misma que tomaba Evo Morales. Obviamente que la afirmación de Jeringa nos hizo morir de risa y nos enrosco en una discusión absurda acerca de si a Evo le daba o no al virulazo.
En fin.
La cosa es que cuando estaba por sacar la primera pizza del horno pedí que pusieran la mesa y Carver al buscar los platos en el modular descubrió que tenía polen, miel y un montón de frascos con semillas. Y una vez más, como siempre que alguien descubre que yo consumo estas cosas, todos se quedaron asombrados y me preguntaron qué son y para qué sirven.
Bien, hablemos un poco del polen y la miel y todas esas semillas boludas que como todos los días.
La verdad que ya no recuerdo cuándo ni cómo empecé a consumir polen y miel. Pero por lo menos hace seis años que lo hago. Mira, el polen y la miel son lo que comen las abejas para estar enchufadas boludeando entre las flores todo el día. El polen es un excelente multivitamínico natural y la miel aparte de alimentarte tiene propiedades terapéuticas. Pensá que yo fumo un promedio de dos a tres atados de cigarrillos diarios y nunca me enfermo ni tengo dolor de garganta. Obviamente que la ingeniería genética alemana de la que estoy manufacturado debe tener tanto que ver como el polen para mi perfecta salud física – física, claro, no mental, esa es un quilombo, que  no hay ingeniería alemana de punta ni granitos de polen que la arreglen.
Hace años que al mediodía yo no almuerzo. Lo que hago religiosamente  cuando llego a media tarde a la librería luego de horas de patear la calle y revolver estanterías y bateas buscando libros es llenarme de vitaminas y minerales.
Te voy a dar la receta de la juventud eterna. Ingredientes: polen, miel, pomelo, banana, alguna otra fruta de estación, semillas de sésamo integral y sésamo negro y lino y girasol, tres nueces, pasas de uva y avena.
Primero como dos cucharadas soperas de polen con miel. Luego una cucharada de semillas de lino que mastico en la boca hasta triturarlas y convertirlas en una pasta y recién ahí la ingiero, porque si las comes sin triturar las cagas sin posibilidad de que tu cuerpo pueda incorporar las propiedades que te aportan las semillas. Y lo mismo hago con las semillas de sésamo y girasol. Me como las tres nueces que te cuidan y protegen el cutis. Finalmente en un bol pongo varias cucharadas soperas de avena con varias frutas. Y siempre para el final dejo al pomelo que si me falta siento que perdí las riendas del destino.
Las semillas y la avena las podes comprar en cualquier dietética. La fruta si no sabes dónde comprarla es que sos un mogólico. Y la miel y el polen no es tan fácil como parece conseguirlos. Obviamente que en cualquier dietética se puede comprar. Pero por lo general el polen que se consigue en las dietéticas es malo y feo y la miel si bien puede ser buena suele ser muy cara.
Te voy a pasar la dirección de un local que vende un polen y una miel buenísima y barata. El Panal, Humahuaca 4229, Capital Federal. Tiene la mejor merca de la ciudad. El viejo que atiende tiene cinco mil años y se parece a Ernst Jünger.
Otra cosa que es buenísima es el propóleo que es una suerte de resina que fabrican las abejas para mantener los panales desinfectados, o algo así. No importa. El propóleo también es buenísimo pero la cagada es que es muy caro. El litro de propóleo es más caro que una botella de buen whisky.
En fin.
Ahora ya conoces los secretos de la juventud eterna. Lo cual no te va a salvar de la decrepitud ni la muerte. Ni de ser un trastornado hijo de puta como yo.
Y no me quiero ir a la mierda sin antes contarte una historia que nos contó anoche Jeringa y que me parece genial. Y que aunque no sé si será verdad o no eso no le quita verdad a la historia para que merezca ser contada.
Te cuento.
Eran principios de los 80 y la vuelta de la democracia y Gabriel Levinas acababa de crear la reviste El Porteño. La revista El Porteño era algo más que una revista periodística. Era algo que estaba vivo. Era un espacio donde pasaban cosas. Y bueno, la cosa es que un día cae en la redacción de la revista un represor y dice que quiere hablar, contarlo todo pero que quiere guita para hablar. Levinas le dice que él no le va a dar un mango por contar toda su mierda. Pero era la vuelta a la democracia y lo que ofrecía este hijo de puta era un testimonio en caliente y de primera mano del mismísimo infierno. Bueno, la cuestión es que viste que los europeos tienen tienen becas y subsidios disponibles para un montón de boludeces y si sabes donde retirar el formulario y llenarlo correctamente te dan la guita. La cosa es que El Porteño logra sacarle a una fundación holandesa que aportaba fondo para trabajos relacionados con temas de la memoria, la represión, los holocaustos y otras yerbas diez mil dólares para que este hijo de puta asesino hablara. Ok. A todo esto el tipo estaba híper paranoico y andaba siempre calzado y con una granada y quería hablar pero a cambio de guita. Bien. Le confirman que le consiguieron diez mil dólares a cambio de su testimonio. Buenísimo. Y los holandeses giran la guita y uno de los redactores de la revista – que no voy a dar su nombre pero es obvio quien es, al menos para muchos y que yo quiero mucho – agarra los diez mil dólares y se toma un avión a Buzios y se la fuma toda en Brasil. Y en la redacción de El Porteño no sabían cómo explicarle a este terrible hijo de puta que andaba con una granada que la guita que habían conseguido para que contara toda su mierda se la había cagado otro hijo de puta, pero querible y genial.

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