Mecha Ortiz por Mecha Ortiz – Salvador D. D’Anna y Elena B. de D’Anna

Mecha Ortiz por Mecha Ortiz – Salvador D. D’Anna y Elena B. de D’Anna

Estado: usado.

Editorial: Moreno.

Precio: $250.

Estas páginas son una propuesta al lector para ingresar en el universo de Mecha Ortiz, un lugar en el mundo artístico que es privativo de quienes han superado los limites para crecer y alcanzar la dimensión del Artista, sin medida, medio, tiempo ni espacio. Esta auténtica “Diva” nos invita a recorrer, llevados de su mano, cincuenta años del mundo de la farándula. Gracias a ella, recordamos una època brillante del teatro, el auge de la radio, el nacimiento del cine sonoro argentino y de nuestra televisión. Su memoria, realmente prodigiosa, hace que al conjuro de sus anécdotas surjan a la luz los nombres de los “grandes”, como también los de quienes quedaron a mitad de camino y de aquéllos que no llegaron a ocupar un lugar en las marquesinas “pero que también compartieron ésta, nuestra profesión de amor”. Desde directores a autores y desde técnicos a pintores, incluyendo personalidades internacionales y principes sin corona, van desfilando cmo personajes vivientes de su rica trayectoria, relatada con una modestia que subyuga y que va atrapando al lector a medida que recorre esta páginas. Desandando el tiempo, parte de su nacimiento “allí donde Montserrat parece mezclarse con San Telmo”, habla de su primera infancia en Galicia, su regreso, sus años de alumna pupila y otras etapas trascendentes de su vida. Luego nos introduce en su carrera y nos recuerda los años de teatro vocacional, sus  estudios en el Conservatorio Nacional y por fin, su debut profesional en la compañía Rivera-De Rosas, en el desaparecido Teatro Ateneo de la calle Cangallo al novecientos… A partir de allí nos invita a conocer su debut cinematográfico, su lucha constante, sus nunca desmentidos deseos de superación, sus éxitos, sus miedos y hasta sus fracasos “poruqe ellos también son parte necesaria en la vida de los cómicos”. Lo hace con sinceridad. Con valentía. Al estilo Mecha Ortiz. En forma ágil serpentea temas de un ayer que rebobina con soltura y otros de constante y vigente autalidad. Nos narra su acción en defensa del cine y el teatro, su posición frente a la censura, al intervencionismo, a la competencia desleal y a otros males que cercenan la creatividad, como si quienes la ejercieran “fueran jueces del talento ajeno”. Nos habla de sus galanes, del teatro que hizo, de los personajes que creó y de los sueños que no se concretaron, de quienes la dirigieron y de los colegas con los que compartió una misma vocación y muchos proyectos, rescatando anécdotas, nacidas en el trajinar de los estudios, entre bastidores o en la intimidad de los camarines. Como trozos queridos y queribles de la vida de la farándula. Valorada de siempre en la faz artística donde demostró su talento y sensibilidad, aportó al teatro y al cine su figura hierática, su voz inconfundible y su gesto preciso por encima de cualquier molde conocido. Hoy, nos ofrece otra faceta de su personalidad, no menos encantadora porque desde la faz humana mos muestra no sólo su inteligencia personal, sino su sincera humildad y su gran calidez, a pesar de ese magnetismo o “duende” que desprende su avasallante personalidad. Tras el placer de escucharla primero y desgrabar  posteriormente éstos, sus testimonios, ofrecemos al lector otra propuesta que es descubrir, a través de estas páginas, un mundo y dos mujeres. El mundo del espectáculo, a María Mercedes Varela de Ortiz y a Mecha Ortiz.   Los Editores
Mecha Ortiz (1900 – 1987) se llamaba: María Mercedes Varela Nimo Domínguez Castro, fue considerada la Greta Garbo argentina, encarnó a los más importantes personajes femeninos,  como Safo, Fedora, la BlancheDuBois de “Un tranvía llamado deseo”, de Tennessee Williams; y la Juana Sajanasian, “La visita de la anciana dama” de Friedrich Dürrenmatt. Su hermana, Amanda también fue actriz y su hermano José fue director de teatro. Estuvo casada con Julián Ortiz, un productor agropecuario argentino con quien tuvo un hijo, Julián que fue traductor y guionista. Además, fue pariente del presidente argentino Roberto Ortiz.
Comenzó  su trayectoria, como actriz, en 1929, junto a Enrique de Rosas, y luego trabajó con Florencio Parravicini Su consagración llegó en1938, con “Mujeres”, de Claire Booth, en el Teatro Smart. Participó de treinta y cinco películas nacionales, siendo la primera de ellas “Los muchachos de antes no usaban gomina”, film de 1936 dirigido por Manuel Romero, allí encarnó a la Rubia Mireya. Junto a ella actuaban Florencio Parravicini, Irma Córdoba y Santiago Arrieta. Años después, 1948, Mecha Ortiz volvió a interpretar ese mismo personaje en la película titulada “La Rubia Mireya”, con Fernando Lamas como actor co–protagónico, pieza que también fue dirigida por Manuel Romero.
En el Capítulo 7 de “Damas  para la hoguera”, publicación producida por la (ENERC Escuela Nacional de Realización y Experimentación Cinematográfica), su autor: Abel Posadas señala: “El año 1941 es relevante, porque marca el comienzo de su relación profesional con Luis Mottura, un vínculo que terminaría de manera poco feliz diecisiete años más tarde. En Buenos Aires se la denominaba la Greta Garbo argentina, y hoy día el investigador se inclina a pensar que la asociación provino de la audiencia histórica. Al fin y al cabo, no había otra actriz con semejante estatura ni una imagen con tal carga de androginia. Porque, dentro de sus cualidades elusivas, en el epicentro del misterio, su voz ronca y sus avances aportaban matices usualmente considerados patrimonio masculino. Si le hacemos caso a la francesa Arletty, “que no me hablen de misterio. En mi oficio, es una cuestión de técnica”. Y, si prestamos atención a las memorias de Ortiz, ni siquiera una de sus páginas habla de la ambigüedad sexual de la imagen, tan sutilmente captada por el público. Aunque la persona nada tuviera que ver con el personaje, los productores la transformaron en el prototipo del erotismo criollo. Hay que añadir que, posiblemente, ella fuera mejor actriz, con un registro considerable, depreciado muchas veces por los roles que le eran otorgados.
Sus personajes de “Los muchachos de antes no usaban gomina”, “Margarita, Armando y su padre”, “Safo…”, “El canto del cisne” y “Camino del infierno” constituyen un epicentro más que interesante para estudiar su “texto – estrella”. Si dentro de esa gigantesca usina que es el imaginario social funciona como símbolo, es decir, como alguien que representa un cambio, ese mismo cambio termina por fagocitarla. Existen el problema dela edad y del recambio, el paso del tiempo y la transformación de la sociedad. En 1955 y con Pájaros de cristal se advierte que las fábricas no habían prestado atención suficiente a los requerimientos de la audiencia histórica.
Sus breves escenas en Deshonra y sus actuaciones en “El abuelo”, “Los muchachos de antes no usaban arsénico” o “Piedra libre” nos dan una idea cabal de lo que era capaz como actriz de fuste. Debajo de su cara se escondía no sólo una máscara terrible, al decir de Nicolás Fregues en El canto del cisne sino, por sobretodo, una eficaz cómica de la legua. No pertenecía a la generación de nuestros padres, sino a la de nuestros abuelos. Con esto se quiere decir que, en un medio donde el factor edad es preponderante, se convirtió también en una excepción hasta que pudo. El teatro, su prioridad, se fue. Sólo quedan programas, críticas, fotos. En cine, en cambio, podría seguir teniendo vida siempre y cuando las copias de sus películas se cuiden. No queremos perderla”.
Por esas cosa de la “androginia” o, simplemente, porque sí, el mundo gay la erigió en una de sus figuras de culto. El mítico Bergara Leumann, desde su “Botica del Ángel”, ayudó a esa construcción. Lo cierto (si es que lo hay) tal vez pueda hallarse en sus propias palabras, tal como las cita la periodista Ana María Zancada en una nota publicada el martes 16 de octubre de 2007, en la sección  “Escenarios & Sociedad” de “El litoral”, de Santa Fe, en la que cita una frase de sus memorias que dice textualmente: “Los actores pasamos. Nuestras vidas y popularidad son efímeros, pero hay cosas que son permanentes. Una es el teatro, el cine, la otra es el público. Sin él no habría ni una cosa ni la otra; son nuestra fuerza, nuestra sangre, la causa y el objetivo de nuestros sueños”.
Otros libros relacionados:
Nini Marshall. Mis memorias – Nini Marshall y Salvador D. D’Anna
Fanny Navarro o un melodrama argentino – César Maranghello y Andrés Insaurralde
Memorias – Leni Riefenstahl
Si aquello fue felicidad… La vida de Rita Hayworth – Barbara Leaming
Elizabeth Taylor – Kitty Kelley

 

ENTREGA LibrosKalish A DOMICILIO (OPCIONAL – CAP. FED.) $40.

Contacto: juanpablolief@hotmail.com

Acerca de libroskalish

Libros difíciles de encontrar a buen precio.
Esta entrada fue publicada en Mecha Ortiz. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Mecha Ortiz por Mecha Ortiz – Salvador D. D’Anna y Elena B. de D’Anna

  1. Pingback: La fábrica de sueños – Ilya Ehrenburg | Libros Kalish – Librería online

  2. Pingback: La nostalgia ya no es lo que era – Simone Signoret | Libros Kalish – Librería online

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s