Emperador y sacerdote: estudio sobre el “cesaropapismo” bizantino – Gilbert Dagron

Emperador y sacerdote estudio sobre el “cesaropapismo” bizantino – Gilbert Dagron

Estado: nuevo.

Editorial: Universidad de Valencia/Universidad de Granada.

Precio: $850.

Hoy ya nadie habla de la Iglesia y del Estado como de dos instituciones que el sentido común o el movimiento de la historia nos hubiesen enseñado a distinguir. Actualmente estamos mejor preparados para entender cuántas adherencias e interferencias ocultaría un corte demasiado claro entre lo sagrado y lo profano, lo espiritual y lo temporal, entre clérigos y laicos. El libro propone un análisis del concepto de «cesaropapismo» que pretende estigmatizar una perversión típicamente bizantina de las relaciones entre Iglesia y Estado. Pretende asimismo hacer de Bizancio el lugar donde fueron forjadas y criticadas la mayoría de las fórmulas que se reutilizaron más adelante en el Occidente medieval y moderno. Se esfuerza en desmontar los mecanismos de una historiografía que describe un mundo cristiano desde siempre dividido en dos áreas culturales: una occidental donde quedarían separados los «poderes» temporal y espiritual, y otra oriental donde se confundirían.
Emperador y Sacerdote: estudio sobre el “cesaropapismo” bizantino
Constanza Rojas Zavala
Emperador y sacerdote, dos imágenes y conceptos que en el contexto bizantino cobran un cariz singular. Separados por un límite confuso, a lo largo de su historia mantienen una tensión permanente que los conduce a encontrarse y enfrentarse en distintos momentos.
Dentro de los estudiosos del mundo Bizantino y Medieval, el cesaropapismo es un concepto que ha despertado distintas susceptibilidades, por la complejidad que ha conllevado su aplicación para situaciones históricas, que en la mayoría de las ocasiones, difieren unas de otras. Aspecto que lo convierte en un término ambiguo, que se encuentra condicionado por múltiples factores externos, dependiendo del periodo y del lugar histórico en el que nos situemos.
Gilbert Dagron, es un destacado académico francés, que ha desarrollado su línea de investigación en torno a Bizancio, hecho que lo ha llevado a formar parte de  numerosos centros de estudios bizantinos, tanto en Francia, como en otros países europeos, llegando a ser considerado un especialista dentro del área. La obra seleccionada, se enmarca dentro de los últimos estudios que intentan dilucidar y definir el concepto cesaropapismo para el Imperio Bizantino, lugar en el que el autor percibe una serie de elementos y factores que avalan la utilización del término para definir la confusa relación entre la institución imperial y eclesial. Este libro fue publicado el año 2007 bajo la edición de la Universidad de Granada en España.
En alrededor de 400 páginas, el autor, mediante una exégesis exhaustiva de distintas fuentes del periodo, hace un recorrido por distintos emperadores, lugares y ceremoniales bizantinos, con el fin de explicar y describir la situación del poder temporal y espiritual en el mundo cristiano oriental y desarmar los argumentos historiográficos que han tendido a distinguir el occidente, donde los poderes estuvieron separados y, el oriente, donde se confundieron en una persona. Opinión, que en palabras del autor, carece de un análisis transversal de las relaciones entre el Emperador y la Iglesia a lo largo de la historia bizantina, este aspecto impide percibir la unión de los dos poderes, que para los contemporáneos era, por lo general, un derecho consentido y asumido.
El autor plantea que a menudo, cuando se piensa la dualidad Iglesia – Estado en la Edad Media cristiana, se piensa en términos de institución y no de poder, suponiendo una constitución implícita que admite tensiones y transgresiones, pero no se cuestionan la posibilidad de un reparto acordado de los papeles. En el caso del Emperador, el concepto de poder se sobrepone al de institución: el poder en su persona se justifica por sí mismo, generándose una suerte de unión persona-función. No había más remedio que conceder un sacerdocio particular -fuera del ámbito propiamente litúrgico- a aquellos emperadores llamados a convertir y a realizar profecías. Esto era lo que precisamente daba consistencia a la idea del imperio cristiano, siendo al mismo tiempo, la que la hacía ambigua. Este sacerdocio real, busca legitimarse mediante textos, espacios y rituales que dan cuenta de la tensión entre las esferas temporales y espirituales.
En el trabajo se abordan tres ejes fundamentales, que al mismo tiempo son los caminos para acceder al problema: las sucesiones imperiales, la coronación y el ceremonial. Enfocándose principalmente en los emperadores Constantino el Grande, León II y los emperadores iconoclastas; Basilio el Macedonio, León VI y Constantino VII.
La primera parte consta en analizar y definir las características y lógicas internas de las sucesiones imperiales, haciendo hincapié en los problemas dinásticos y de legitimidad. Siguiendo esta línea el autor postula que la historia de Bizancio se puede describir como una sucesión de dinastías que intentaban desarrollarse y que pronto quedaban interrumpidas. El emperador era la persona escogida directamente por Dios para dirigir su gobierno terrenal y ocuparse de la salvación de los hombres de manera personal, razón por la cual, era legitimado mediante la unción. Esta representación daba sentido al imperio y al poder otorgado al emperador, no obstante, se oponía a la idea de una sucesión sanguínea-familiar. Siendo ésta una bendición –y por lo tanto, una excepción- concedida por Dios a emperadores cuya legitimidad religiosa y política eran tan fuertes que sus reinos se extendían a sus familias, hecho que se encontraba lejos de constituir un derecho natural.
La segunda parte, aborda la temática de la coronación, aspecto que según la visión occidental esconde la definición de la realeza sacerdotal y la estrecha relación entre el emperador y la Iglesia. No obstante, al centrarnos en Bizancio, observamos -a partir del estudio de las fuentes-, que la coronación en muchas oportunidades estuvo mayormente centrada en la toma de poder, más que en un ceremonial determinado, lo cual se explica por la prioridad que se daba al poder fáctico.
En la tercera parte del estudio, el autor se aboca a describir el ceremonial, llevándonos a los lugares y franqueamientos que conferían legitimidad al emperador. Estos motores de legitimidad, como los llama Dagron, eran el Hipódromo, donde el emperador se enfrentaba al populus romanus, y la Gran Iglesia, donde se encontraba con el patriarca y con Cristo. A lo largo del capítulo, atisbamos un análisis exhaustivo de los espacios y protocolos que reflejan las distancias, tensiones y relaciones entre el poder imperial y eclesial. Dentro de este marco, es interesante destacar la categoría de fiel del emperador dentro de la Gran Iglesia –específicamente en lugares como el umbral del nártex y el santuario- un fiel, que despojado de sus atribuciones de soldado y sacerdote se entrega de manera completa a Cristo –proskýnesis-, dejando de manifiesto, que la basileía sólo le pertenecía a Dios. En este sentido, hemos de llamar la atención sobre las imágenes del emperador arrepentido, una actitud que lejos de constituir un hecho aislado, es un gesto propiamente imperial, que al mismo tiempo confiere legitimidad real. De esta manera, nos enfrentamos a un poder absoluto infranqueable por las leyes terrenales, pero que se encuentra al servicio del orden celestial, aspecto que obliga al emperador a entregarse frente al Cristo entronizado, admitiendo su inferioridad y potencial culpabilidad por su actuar.
Posteriormente, se procede a analizar y describir las acciones de los emperadores. Principalmente del periodo de la iconoclasia, tiempo que –citando al autor- reveló la profundidad del cisma entre la institución imperial y eclesial,  manifestando por un lado el problema de las imágenes, y por otro, el de la legitimidad cristiana del emperador. Fue durante este periodo, donde se empezó a configurar a través de la arquitectura religiosa, el ceremonial y las santas reliquias, una religión imperial. Pues tras la querella, era necesario recuperar la sacralidad y el poder perdido, frente a un patriarcado que se había convertido en una amenaza.
Luego, el autor se propone dar una mirada a los clérigos, que a partir del quiebre que constituyó la iconoclasia, intentaron poner límites al poder imperial, a través del patriarcado. Observamos que tras 1204, la unción “veteroestamentaria”, que concedía los “carismas sacerdotales” al emperador pierde su función operativa, para convertirse en un símbolo meramente sacramental, alejado de las raíces davídicas que encontrábamos durante los siglos anteriores.
Finalmente, a la hora de hacer un balance crítico, es interesante notar el esfuerzo realizado por el autor de presentar un libro enfocado tanto para académicos, como también para los no especialistas en la materia. Si bien es un proyecto ambicioso, en el sentido que intenta cubrir gran parte de la Historia Bizantina, es realista en cuanto a los ejemplos que utiliza para generar sus conclusiones; modelos que permiten comprender de mejor manera la complejidad de las relaciones imperiales. Es destacable el tipo de fuentes y la exégesis llevada a cabo de las mismas: al ser tanto fuentes escritas, como rememoraciones de espacios arquitectónicos que se conservan en la actualidad, se concede una mayor facilidad al lector para ubicar y reconocer las distintas escenas históricas, que se esconden en los monumentos. De esta manera, nos encontramos con una obra que intenta explicar y comprender, a través de una mirada oriental, el problema del cesaropapismo bizantino, un concepto que ha propuesto una infinidad de debates, que lejos de encontrarse resueltos, aun nos proponen interesantes interrogantes y perspectivas novedosas para abordar.
Otros libros relacionados:
Los dos cuerpos del rey. Un estudio de teología política medieval – Ernst H. Kantorowicz
El soberano pontífice. Un cuerpo y dos almas: la monarquía papal en la primera Edad Moderna – Paolo Prodi
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Bizancio y Venecia. Historia de un Imperio – Giorgio Ravegnani
Bizancio y el mundo ortodoxo – Alain Ducellier, Michel Kaplan, Jadran Ferluga, Jean-Pierre Arrignon, Antonio Carile, Catherine Asdracha, Michel Balard
Magia, brujería y superstición en el Occidente medieval – Franco Cardini
Esclavos y sirvientes en las sociedades mediterráneas durante la Edad Media – Jacques Heers
La aristocracia medieval. El dominio social en Occidente (siglos V-XV) – Joseph Morsel
La Edad Media y el dinero. Ensayo de antropología histórica – Jacques Le Goff
Mujeres del siglo XII (3 tomos) – Georges Duby
El año mil y la paz de Dios. La iglesia y la sociedad feudal – Dominique Barthélemy
Reyes y siervos y otros escritos sobre la servidumbre – Marc Bloch

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