Mémoires. I (1725-1756) – Giacomo Casanova (versión en francés)

Mémoires. I (1725-1756) – Giacomo Casanova (versión en francés)

Estado: impecable, 1264 páginas (no seas forro, no me molestes preguntándome si también tengo los otros tomos porque no, no los tengo).

Editorial: Gallimard/Bibliothèque de la Pléiade.

Texte présenté et annoté: Robert Abirached et Elio Zorzi.

Préface: Gérard Bauer.

Precio: $270.

Ernst Jünger
Friedrichstal, 20 de abril de 1940
Casanova. Los historiadores que se dedican a verificar las cosas que dice son desde luego muy aburridos. Las fuentes de primer rango brotan aquí, no de los documentos oficiales de Venecia, París o Viena, sino de sus Memorias. No es probando sus mentiras como ponemos al descubierto al ser humano – al contrario, por su forma de mentir se pone él al descubierto.
Casanova como comediante. Hijo de comediantes, compañero de comediantes. Su figura, sus encajes, sus diamantes, sus tabaqueras, sus joyas. Pregunta al Papa si le está permitido decorar con diamantes la Orden de la Espuela de Oro que se le ha concedido. Cuando Bernis le encomienda una misión oficial, la ejecuta como comediante, no como diplomático. En el banquete de Colonia se alza con el triunfo sobre el bueno de Keteler, quien como actor era probablemente superior a Casanova en substancia. Rasgos similares intervienen en el duelo con Branicki, fuente inagotable de la vanidad de Casanova. En Polonia, como en todos los sitios donde permanece una larga temporada, la opinión que de él se tiene empeora con el paso de los días. Casanova mismo menciona ese hecho, pero en su recuerdo esa circunstancia no arroja ninguna sombra posterior sobre sus triunfos. He ahí un rasgo peculiar del comediante; a éste le basta con deslumbrar y brillar por una noche. No puede decirse, sin embargo, que Casanova invierta el axioma que reza “ “ser más que aparentar” – y no puede decirse porque para él significan lo mismo, de una manera especial, el ser y el aparentar. Casanova es un comediante de raza; de ahí que para él sean reales los triunfos del escenario.
Por cierto – ¿qué es lo que Casanova puede ocultar con sus mentiras? ¿Acaso que él, el gran artista en el terreno de las mujeres, no poseyó más que a hembras de segundo rango? Todas ellas, incluida Herniette, son cómicas, aventureras y damas de poca categoría; ninguna pasa de eso. Por lo que a la selección se refiere, son otros los amadores – Byron, por poner un caso – de los que debemos tomar ejemplo. Es notable el hecho de que el Chevalier Casanova pase de puntillas sobre los asuntos relativos a Manon Baletti. Pero ésta fue sin duda la mujer que mayor espacio ocupó en su vida – es cierto que detrás de las bambalinas; y de esas cosas no se habla.
¿Cómo se explica la atracción que ejerce sobre nosotros este veneciano tan lleno de defectos? ¿Por qué norma se guía nuestra memoria para seleccionar a alguien de entre la enorme muchedumbre de personas que vivieron y sobresalieron en otros tiempos? ¿Por qué continúa siéndonos familiar un vagabundo como Villon, mientras que han sido relegadas al olvido muchísimas personas honorables que en su época tenían un nombre? Sin duda esto ha de deberse a la medida de fuerza vital indivisa que en esos hombres hay y que asciende como savia desde las raíces a sus hechos y a sus obras – una fuerza en la que, allende todos los méritos y allende toda la moral, nos reconocemos a nosotros mismos, ya que es nuestra herencia común.
Radiaciones I. Diarios de la segunda guerra mundial (1939-1943)
Carísimo Giácomo
Juan Gelman
Con la doble ss significaría “queridísimo” en italiano, con una sola califica al autor del manuscrito vendido al precio más alto que cualquier bibliófilo conozca: costó 9,6 millones de dólares el original de L’histoire de ma vie, o Historia de mi vida, de Giácomo Girolamo Casanova (1725-1798), que ahora posee la Biblioteca Nacional de Francia. Este veneciano incansable en materia femenina narró en francés a lo largo de 3700 páginas algunas invenciones de sí mismo y la seducción cumplida y verdadera de 132 mujeres, españolas, francesas, rusas, italianas, otras.
Es verdad que tal record queda atrás del que Mozart le atribuye a Juan Tenorio en Don Giovanni, una de las varias óperas que inspiró Casanova: Leporello, el criado del galán, enumera sus conquistas en Italia, Alemania, Francia, Turquía y sobre todo España –“mil y tres”–, de campesinas y camareras a condesas y princesas “de todo tipo, de toda forma, de toda edad”. Y mucho más atrás aun del que se adjudicó Wilt Chamberlain, el extraordinario jugador de baloncesto que en A view from above (CoVillard Books, Nueva York, 1991) se jactó de haber cosechado los favores de más de 20 mil mujeres, un promedio de 2,75 por día durante 20 años. Esforzado el hombre. Lo de Casanova es cierto.
Actor, soldado, espía, violinista, jugador profesional, diplomático, estafador, gran viajero –entre otras cosas–, el tiempo construyó un Casanova burlador de mujeres insaciable, lúbrico, indiferente a las que abandonaba una vez satisfecho su placer. Lydia Flem añadió una condición a su carácter: feminista. La escritora y psicoanalista belga estima que Casanova no sólo fue uno de los espíritus más peculiares y valientes del siglo XVIII, sino también uno de los más incomprendidos, víctima de un malentendido que dura más de dos siglos (Casanova, l’homme qui amait vraiment les femmes, Points, París, 2011). El título de su ensayo lo dice todo: él amaba verdaderamente a las mujeres.
Flem le adjudica una suerte de protofeminismo: “No hay una sola huella de misoginia en Casanova. Las mujeres son sus dueñas. Lo femenino lo fascina hasta tal punto que le habría gustado fusionarse con esa calidad”. Lo describe como un sentimental, un caballero, enamorado de la vida y deseoso de compartir inquietudes intelectuales y gustos literarios con interlocutoras inteligentes. Pero el gran seductor opinaba que la independencia de la mujer era “fuente de maldad”, pensamiento tal vez moldeado por las enseñanzas que había recibido en el seminario donde inició una carrera eclesiástica –interrupta– y sucedió su primer encuentro sexual: tenía once años y la causante fue Bettina, hermana de un sacerdote.
La fuerza y el ritmo musical de su escritura fueron apreciados por sus contemporáneos. No sólo frecuentó a príncipes y arzobispos a los que su personalidad divertía y asombraba: con la misma familiaridad entraba en las tabernas o discutía con Voltaire o conversaba en Viena con Catalina la Grande de Rusia. El príncipe de Ligne, su amigo y confidente en libertinaje y literatura, y músico, escritor y diplomático además, dejó de Casanova un retrato notable (Pensées, portraits et lettres à Casanova et à la marquise de Coigny, prefacio de Mme. de Stael, Payot & Rivages, París, 2002). Lo describe como “un hombre guapo si no fuera feo, alto, un Hércules, pero de tez africana… ríe poco pero hace reír… su manera de hablar tiene algo del torpe Arlequín y de Fígaro, lo que lo hace muy divertido… siempre tiene una salida, algo nuevo, picante y profundo. Es un pozo de cultura, pero cita tantas veces a Homero y a Horacio que fastidia”.
El príncipe subraya otras características de Casanova: sentido del honor, delicadeza y valentía, susceptibilidad y orgullo “porque es un don nadie”. “Su imaginación prodigiosa, la vivacidad propia de su país, sus viajes, los oficios que desempeñó, su firmeza en ausencia de todo bien moral o físico, lo convierten en un hombre raro, de trato inestimable, digno de consideración y de mucha amistad por parte de las pocas personas que le caen bien.” Fatigado ya, Casanova acepta el cargo de bibliotecario del conde Waldstein en el castillo de Dux, Bohemia. No se dedicó a leer: en los últimos años de su vida trabajó trece horas diarias en los diez tomos de su autobiografía, que es también la crónica de toda una época.
El príncipe de Ligne lo instaba a publicarla porque “una tercera parte me hace reír, una tercera parte me produce erecciones, una tercera parte me alimenta el pensamiento”, frase que define en cierto modo la llamada “literatura libertina” de auge fugaz en el Siglo de las Luces por su vocación anticlerical y antimonárquica. Para Charles Baudelaire, la Revolución Francesa no la hicieron los virtuosos, sino los voluptuosos.
La Biblioteca Nacional de Francia inauguró en noviembre una exposición del manuscrito de Casanova, que un mecenas ignoto le procuró el año pasado y que también tiene su historia: lo compró la familia Brockhaus en 1820, salió intacto de los bombardeos aliados de Leipzig en la Segunda Guerra Mundial, lo contrabandearon de Alemania en 1945 a bordo de un camión militar estadounidense y se publicó por primera vez en 1960. El catálogo de la exposición se titula Casanova: la passion de la liberté. Pareciera que el malentendido pierde densidad, hay otras constancias.
Otros libros relacionados:
Historia de mi vida (2 Tomos) – Giacomo Casanova
Los bohemios – Anne Gédéon Lafitte Marqués de Pelleport
Leopold Sacher-Masoch – Bernard Michel
Oscar Wilde. Una vida en cartas – Merlin Holland (editor)
Realidad y fantasia en Balzac – Ezequiel Martínez Estrada
Diario de un escritor. Crónicas, artículos, crítica y apuntes – Fiódor M. Dostoievski
Rasputín. El diario secreto – Alexandr Kotsiubinski, Danil Kotsiubinski
M. El enigma de Caravaggio – Peter Robb

 

ENTREGA LibrosKalish A DOMICILIO (OPCIONAL – CAP. FED.) $50.

Contacto: juanpablolief@hotmail.com

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