Los blues de Joss Moody – Jackie Kay

Los blues de Joss Moody – Jackie Kay

Estado: nuevo.

Editorial: Muchnik

Precio: $200

Los blues de Joss Moody es un coro de voces narrativas de inflexiones jazzísticas cuya intención se centra en desnudar el artificio de toda identidad.
Joss Moody, trompetista de renombre internacional, ha muerto y el mundo del jazz está de luto. Pero es precisamente la muerte la que desvela el secreto mejor guardado durante una larga vida creativa en la que no ha faltado el amor. Colman, su hijo adoptivo, deberá enfrentarse a la verdad: el hombre a quien siempre llamó “papá” es, en realidad, una mujer.
Mille, la viuda de Joss, acosada por la prensa, se refugia en un pueblo de pescadores, donde transcurrieron los momentos más felices de su infancia y de su atípico matrimonio. Colman, solo en Londres, sucumbe al rencor impelido por la ambición de una periodista que hará cualquier cosa por obtener la exclusiva de una historia que probablemente venderá miles de ejemplares.
Amado como hombre y como mujer, Joss Moody se transforma en el fantasma cuya presencia ineludible altera los recuerdos y las certidumbres de todos los que lo conocieron.
Jackie Kay, poeta de fina intuición, logra todos sus objetivos en esta primera novela que ficcionaliza la vida del músico de jazz Billy Tipton, muerto en 1989, y se hace acreedora de un sitio de honor entre los mejores narradores británicos.
Un caso de travestismo en el jazz: Las dos vidas de Billy Tipton
Patricio Pron
Es improbable que la noticia de la muerte de Dorothy Lucille Tipton el 21 de enero de 1989 haya interesado a muchas personas. La de la muerte de Billy Lee Tipton, por contra, fue seguida ese mismo día con consternación por los amantes del jazz, para quien Tipton era una figura, si no de primer orden, sí al menos destacable. A partir de los años de la Gran Depresión y hasta mediados de la década de 1960, el saxofonista y pianista estadounidense había tocado, entre otros, con Jack Teagarden, Bernie Cummins, Scott Cameron, George Mayer y Ross Carlyle, había alternado con grupos y solistas de la importancia de The Ink Spots, los Delta Rhythm Boys y Billy Eckstine y había formado el Billy Tipton Trio, para establecerse más tarde en Spokane (Washington); allí murió a consecuencia de una hemorragia producida por una úlcera y tras negarse a ir al médico. De Dorothy Lucille Tipton, por contra, se sabe poco a partir de los años de la Gran Depresión, aunque puede imaginársele un destino mediocre de ama de casa del Medio Oeste, ese tipo de vidas que —a diferencia de la de Billy Tipton— nunca ocupan las páginas de los periódicos. Sin embargo, Dorothy Lucille Tipton sí apareció en ellos, aunque eso sucedió tras su muerte. A poco de producirse ésta, alguien reveló que Dorothy Lucille y Billy Lee Tipton habían sido la misma persona.
UN HORRIBLE ACCIDENTE
“Billy Lee” Tipton había nacido como Dorothy Lucille el 29 de diciembre de 1914 en Oklahoma. Fue criado por una tía en Kansas City (Missouri), pero hacia 1933 regresó a su ciudad natal y comenzó a travestirse y a actuar en bares. A partir de 1940, y con su mudanza a Joplin (Missouri) y la pérdida de los vínculos familiares —sólo dos primas continuaron carteándose con él— y las amistades del pasado, Tipton asumió una identidad masculina también durante su vida cotidiana. Su estilo musical recordaba al de Teddy Wilson, el pianista de la orquesta de Benny Goodman, pero Tipton carecía de su talento o de su ambición. Tras pasar por varias orquestas en las que tocaba estándars del jazz y del swing y hacía imitaciones —entre ellas, la de una niña—, Tipton formó con el bajista Ron Kilde y el baterista Dick O’Neal su propio grupo, el Billy Tipton Trio. Con él tocó durante diez años y en 1957 grabó un par de discos que no han sido reeditados.
Cuando el trabajo comenzó a escasear con la aparición del rock’n roll y el agotamiento creativo y comercial de la mayor parte de las grandes orquestas de jazz del período, Tipton se radicó en Spokane, donde trabajó hasta su muerte como agente de artistas a comisión. Este destino vulgar fue asumido con relativo alivio por el músico, quien, de acuerdo a Suits Me. The Double Life of Billy Tipton, la excelente biografía de Diane Wood Middlebrook (1998), siempre evitó la fama a sabiendas de que una popularidad demasiado grande conduciría a investigaciones sobre su pasado y, por tanto, a la revelación de su verdadera identidad sexual; de hecho, en 1958 Tipton rechazó un trabajo en un hotel en Reno y un encargo para la grabación de otros cuatro álbumes, dos cosas que hubieran llamado demasiado la atención. En 1970 la artritis le obligó a retirarse de la escena; desde ese momento —y especialmente a partir de 1980— todo fue cuesta abajo: sin dinero y enfermo, el músico pasó sus últimos años alejado de dos de sus hijos y viviendo solo en una caravana en las afueras de Spokane.
Billy Tipton mantuvo al menos cinco relaciones largas con mujeres, la última de ellas con una bailarina llamada Kitty Kelly y conocida como “La Venus irlandesa”. A cada una de sus mujeres le contó que había tenido un grave accidente automovilístico en el que sus genitales habían quedado desfigurados y se había fracturado varias costillas, lo que explicaba el hecho de que sólo mantuviera relaciones sexuales con la luz apagada, se negara a que lo tocaran sin su consentimiento y fuera siempre vendado ocultando sus pechos. Aparentemente, ninguna de sus mujeres sospechó nunca nada —aunque una dijo haberse dado cuenta después del divorcio— y, según su biógrafa, fue incluso muy popular entre el público femenino, que lo consideraba muy guapo. Tipton adoptó tres niños, que tampoco sospecharon que su padre adoptivo era en realidad una mujer. La revelación sólo tuvo lugar tras su muerte, cuando los paramédicos que le atendieron dieron la noticia a la familia. Cuando la prensa local del estado de Washington se enteró de ella, sin embargo, fue poco lo que la familia pudo hacer para impedir su difusión, y el descubrimiento de que Billy Tipton había sido en realidad una mujer dio paso a una virulenta disputa familiar escenificada principalmente en talk shows y cuyo resultado fue que las cenizas del músico acabaran siendo repartidas en dos urnas, una para sus hijos John y Scott y otra para su tercer hijo, William. Como afirmó un periodista tras su muerte, “irónicamente, incluso ahora hay dos Billy Tipton”.
LA INVENCIÓN DE SÍ MISMO
Dorothy Lucille o Billy Lee Tipton creció en un período en el que, excepto por unas pocas figuras destacadas, el ámbito artístico estaba vedado a la participación de las mujeres —con excepción de las cantantes, pero Billy era instrumentista—, cosa que explica al menos en parte su travestismo. Éste, por lo demás, no difiere mucho del tipo de operaciones que se producen allí donde un artista cambia su nombre o adopta un pseudónimo —con el caso paradigmático de Robert Zimmermann o Bob Dylan, la adopción de cuyo pseudónimo supuso también un cambio en su forma de hablar y de interpretar y toda una biografía imaginaria que el músico sostuvo incluso más allá de lo sostenible—, demostrando que la primera y más trascendente tarea de un artista es la de inventarse precisamente a sí mismo.
La historia de Billy Tipton tiene también, además de varios antecedentes en el mundo del arte como George Sand, Colette y Marcel Duchamp, un curioso paralelismo con el filme de David Cronenberg M. Butterfly (1993), interpretado por Jeremy Irons y John Lone y basado en la pieza homónima del dramaturgo estadounidense David Henry Hwang. La obra de Hwang es, a su vez, una inteligente deconstrucción de la ópera de Giacomo Puccini Madama Butterfly (1904), inspirada, entre otras fuentes, en la novela de Pierre Loti Madame Chrysanthème (1887). En ella un diplomático francés se enamora de una cantante de la Ópera de Peking que engaña a su enamorado durante veinte años acerca de su verdadera identidad sexual; el cruce de las fronteras entre lo masculino y lo femenino se produce dos veces en la pieza: la cantante es en realidad un hombre vestido de mujer y, al descubrirlo, el atormentado diplomático se viste de mujer para ser su contraparte, ambos transmitiendo el revulsivo mensaje de que los roles sexuales son meramente papeles que pueden interpretarse a voluntad, exactamente como hizo Dorothy Lucille Tipton. La pieza de Hwang fue estrenada en Broadway en 1988 y nominada al Premio Pulitzer y obtuvo varios otros premios, incluyendo un Tony.
EN UN MUNDO DE HOMBRES
La estela de Dorothy Lucille —que nació como mujer en un mundo de hombres y murió en él habiéndose transformado en uno de ellos— se pierde y vuelve a encontrarse en numerosas obras de los así llamados “estudios de género”, en la excelente biografía de Diane Wood Middlebrook, quien entrevistó a más de cien personas allegadas al músico y narró su vida con una curiosidad detectivesca; en una ópera titulada Billy, las obras teatrales Stevie Wants To Play The Blues de Eduardo Machado y The Slow Drag de Carson Kreitzer, la novela de la escocesa Jackie Kay Trumpet (1998), además de en un grupo musical vanguardista, The Billy Tipton Memorial Saxophone Quartet o simplemente The Tiptons, compuesto sólo por mujeres. En esos homenajes radica un trazo tenue que, sin dotarlo de la estatura de contemporáneos como Miles Davis, Thelonius Monk o Charlie Mingus, convierte a Billy Tipton en un personaje destacado del mundo del jazz. Si no por su interpretación de piezas como “Sweet Georgia Brown” o “Stars Fell On Alabama”, Dorothy Lucille debería ser recordada por la interpretación de Billy Lee Tipton, que practicó durante más de cincuenta años. Su figura es también el antecedente involuntario de los juegos con la identidad sexual de artistas tan variados como David Bowie, Dustin Hoffman, las drag queens, Anthony And The Johnsons —quien canta deliberadamente en el registro de una mujer— o Madonna, Britney Spears y Christina Aguilera, éstas últimas de una sexualidad agresivamente masculina. Todos ellos lo tuvieron más fácil que Dorothy Lucille, quien tuvo que interpretar a Billy Lee hasta el final. Como afirma su biógrafa, “ella era la actriz, él era el papel”.
Otros libros relacionados:
El oso llega a casa – Rafi Zabor
Amor profano – katherine Dunn
Yo, Tituba, la bruja negra de Salem – Maryse Condé
La Biblia envenenada – Barbara Kingsolver
Bird. Biografía de Charlie Parker – Ross Russell
Louis Armstrong. An extravagante life – Laurence Bergreen (versión original en inglés)
Deep in a dream. La larga noche de Chet Baker – James Gavin
Monk – Laurent de Wilde
Vamps & tramps. Más allá del feminismo – Camille Paglia
La doncella quiso ser marinero. Travestismo femenino en Europa (siglos XVII-XVIII) – Rudolf M. Dekker y Lotte van de Pol

 

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Contacto: juanpablolief@hotmail.com

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