Del laboratorio chileno a la comunicación-mundo. Un itinerario intelectual de Armand Mattelart – Mariano Zarowsky

Del laboratorio chileno a la comunicación-mundo. Un itinerario intelectual de Armand Mattelart – Mariano Zarowsky

Estado: nuevo.

Editorial: Biblos.

Precio: $180 (con la compra de este libro viene de regalo un Arturito Pato Donald para drogarte con tus amigos y jugar toda la noche a la Play).

Prólogo
Héctor Schmucler
Era 1973 y Para leer al Pato Donald multiplicaba su circulación en toda América Latina como nunca antes había ocurrido con un escrito vinculado a la llamada cultura masiva. Era, más precisamente, setiembre de 1973. Pocos días después del golpe de Estado que derrocara a Salvador Allende, recibí en Buenos Aires un telegrama proveniente de Chile en el que alguien que firmaba “El Pato”, me anunciaba su inminente venida. Por precaución, en el cable no se mencionaba el nombre de Armand Mattelart pero ese “el pato”, aunque no lo hubiéramos acordado, servía de indudable santo y seña entre nosotros. Así, pasando por Argentina, Mattelart comenzaba un largo exilio.
En realidad se trataba de un regreso a Europa, de donde Mattelart había partido once años atrás rumbo a América Latina. Regreso pero también exilio. Éste Mattelart que regresaba ya no dejaría de pertenecer al espacio donde había vivido la conmovedora experiencia en la que se construyó lo que ahora era. En el “laboratorio chileno” Mattelart se había dejado atravesar por los cambiantes vientos de la historia y allí, en ese lugar y en ese tiempo, él mismo se había puesto a prueba. Al llegar a Francia recuperó su lengua para el quehacer cotidiano y aprendió el exilio. El exiliado comparte su situación con el extranjero pero, además, sabe que no puede regresar a su lugar de pertenencia. Cuando los otros lo reconocían como “el que viene de Chile”, Armand Mattelart, supongo, debe haberse sentido extranjero en tierra propia. En estas condiciones emprendió la tarea de entender la comunicación en los tiempos del mundo globalizado. Su saber de exiliado —un exiliado de Chile que continuaba nutriéndose de los altibajos latinoamericanos— le ayudó a reconocer los a veces enmascarados rostros del capitalismo planetario.
Ser exiliado no es sólo padecer el sentimiento del desarraigo. El exiliado, además, es el que puede mirar con sensatez el presente porque sabe que no es necesariamente definitivo y porque, desde su propio pasado, está iluminado por otras realidades. En algunos momentos, también en Chile Mattelart se había sentido exiliado: un extranjero que cargaba una mochila llena de interrogantes y que a veces resultaba incómodo. Un forastero que se esforzaba por reconocer flores diversas al borde del camino, allí donde el viajero inhábil las presupone idénticas. Mattelart se arriesgó a nadar contra-corriente en un río hecho de tiempo y que era su río. Más suyo cuanto más se empeñaba en no abandonarse pasivamente al impulso de la corriente. Todo pensador crítico, vale la pena agregar, el que no se acomoda a los moldes tranquilizantes de la academia, comparte la experiencia del exilio, de la exclusión: la inquieta sospecha de los que se consideran depositarios del saber. Las porfiadas aguas de su río chileno le enseñaron a Mattelart ser lo que sigue siendo hoy, cuarenta años después: un penetrante y crítico moldeador de propuestas intelectuales que ayudan a pensar el mundo contemporáneo a través del multifacético lente de la “comunicación-mundo”.
Con cuidado rigor, Mariano Zarowsky reconstruye en este libro el itinerario intelectual de Armand Mattelart, desde el Chile de los años 1960 y 1970 hasta la Europa contemporánea. Zarowsky transita por los innumerables senderos que Armand ha recorrido a través de una buena parte del planeta, se detiene en los múltiples saberes que lo acompañan y elabora una documentada y penetrante interpretación de la obra de este pensador cuya impronta marca, como pocos, los estudios críticos en comunicación y cultura. Faltaba esta mirada que no sólo ahonda en los textos sino también en las
acciones y en las apuestas de Armand Mattelart. Mirada, la de Zarowsky, que se sostiene en la clara voluntad de sortear los estereotipos que aún abundan en la percepción del pensamiento de Armand Mattelart. La investigación realizada por Zarowsky enfrenta los estereotipos, los desarma para entenderlos, para aprender de ellos e intentar una comprensión que no los eluda sino que, por el contrario, los incorpore como herramienta de análisis. No es ésta la menor virtud del texto. A medias entre historia intelectual y sociología de la cultura, como él mismo lo subraya, el autor de esta biografía intelectual de Armand Mattelart realiza un verdadero ejercicio de “historia conceptual”, donde las ideas adquieren significación en contextos precisos, en diálogo con otros conceptos, igualmente comprensibles al calor de sus propias historias y de las disputas de la época. El enfoque adoptado es doblemente afortunado pues no sólo subraya el siempre amenazante riesgo de significaciones anacrónicas, sino que apunta a poner en evidencia uno de los mayores equívocos que planearon (y planean) sobre la obra del pensador nacido en Bélgica: Zarowsky muestra las limitaciones y deformaciones que derivan de la tendencia —una y otra vez reiterada— a cristalizar las expresiones de Mattelart en espacios de comprensión ajenos a las ideas que las alimentan y a las “condiciones de producción” de sus escritos. Cuando Zarowsky caracteriza al “laboratorio chileno”, digamos, es preciso leer “el laboratorio político, social y cultural en el que se probaba la vía chilena al socialismo”. Allí, en esa precisa circunstancia, se gestó, por ejemplo, Para leer al Pato Donald junto con numerosos ensayos que intentaron captar el escenario en el que se procuraba librar una novedosa batalla por el socialismo. Lo que no estaba en duda (¿será necesario recordar que eran los finales de los años 1960 y comienzos de los 1970, en Chile?) era el horizonte socialista que parecía visualizarse desde cualquier geografía.
En ese preciso espacio, no en otro, Mattelart hacía una apuesta que, a su vez, no siempre coincidía con la ortodoxia esgrimida por los núcleos dominantes en la izquierda chilena, aquejados de un miope determinismo. Para los que compartían el punto de vista en el que se inscribía Armand Mattelart, la opción por el socialismo no pasaba sólo —ni principalmente— por el cambio de manos de la propiedad de los medios de producción (incluida la “producción” estrictamente cultural) sino por imaginar un “otro vivir”. El socialismo era deseable, sustancialmente, porque significaba la esperanza de liberar a los hombres de sus ataduras, rescatarlos de su cosificación. Se trataba de generar las posibilidades de que el hombre pudiera escapar de la condición alienada a la que había sido llevada por una civilización centrada en la materialidad mercantil. El socialismo, para ellos, aparecía como la posibilidad de una renovada humanidad en la que el hombre pudiera ser él mismo y que, para serlo, se reconociera en el otro, su prójimo.
De la minuciosa descripción de Mariano Zarowsky se desprende claramente que el nombre de Armand Mattelart conjuga un tejido de voluntades, una trama en la que se destacan otros nombres provenientes de diversas latitudes. Nombres de aquellos que Mattelart supo avizorar y estimular y nombres de los que, de hecho, se conciliaban en una perspectiva común. Por mi parte, reconozco haber tenido la suerte —y tal vez sea el único mérito por el que estoy escribiendo estas líneas— de encontrar a Armand en los primeros recodos de su andar infatigable.
Entre otras cosas, el trabajo que va a leerse logra jerarquizar debidamente la importancia del papel cumplido por Mattelart como intelectual “traductor” (el que traslada saberes a través de fronteras), como “mediador”, y como “promotor” de singulares cruces de pensamientos múltiples. No es casual, entonces, que varios de sus libros aparecieran en
colaboración. En ninguno de ellos es posible prescindir de su marca, pero en todos Mattelart ha sabido compartir, estimular, multiplicar el saber mediante el pensar del otro. Un nombre, el de Michèle Mattelart, es particularmente frecuente y no por azar se asocia a algunos de los títulos más perdurables. Permítaseme señalar, junto con la no disimulable satisfacción de prologar este trabajo inusualmente comprensivo de la obra mattelartiana, que en la repetida presencia de Michèle, su esposa, me parece encontrar una verdadera parábola del pensamiento de Armand, en el que la subjetividad de lo cotidiano no empequeñece, sino que exalta la plenitud de sus elaboraciones intelectuales.
El “itinerario intelectual de Armand Mattelart”, una especie de guía de viaje en la que Zarowsky propone reconocer el extenso camino recorrido por esta figura señera en los estudios de la comunicación, nos ofrece el sugerente desafío de colocarnos en un singular camino sin punto de llegada previamente fijado. Tal como realmente ocurre en la existencia de los seres humanos y de los pueblos, este polimorfo camino nos propone un vivir en el mundo con “esperanza trágica”, una expresión que Mattelart se complace en repetir y que la toma en préstamo de Edgard Morin. Una esperanza en la que es ineludible la incertidumbre y que, por ello mismo, resulta creadora de nuevas posibilidades, de nuevos sentidos de vida.
El recorrido que practica Zarowsky, en fin, destaca las vicisitudes existenciales de un intelectual pegado a su circunstancia, que inscribe sus indagaciones en el examen de las fluctuaciones de la historia tanto como en los avatares de la constante disputa de interpretaciones, de creencias, y de aspiraciones colectivas. Ningún simplismo tiene cabida en esta reflexión sin concesiones: hablo del autor de este libro, pero aludo, sin duda, a Armand Mattelart, el “objeto de estudio” elegido y que menciono así con cariñosa ironía.

 

ENTREGA LibrosKalish A DOMICILIO (OPCIONAL – CAP. FED.) $50.

Contacto: juanpablolief@hotmail.com

Acerca de libroskalish

Libros difíciles de encontrar a buen precio.
Esta entrada fue publicada en Armand Mattelart, Héctor Schmucler, Mariano Zarowsky. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s