El hombre que se enamoró de la luna – Tom Spanbauer

El hombre que se enamoró de la luna - Tom Spanbauer

Estado: nuevo.

Editorial: Muchnik.

Precio: $500.

El diablo es… aquel que te confunde y no te deja contar tu propia historia. Evocativa y carnal, la historia de El hombre que se enamoró de la luna está narrada por Cobertizo, un huérfano sin origen que sólo puede interponer, entre él y el diablo, las palabras recién aprendidas de un idioma que le es ajeno y su amor por Dellwood Barker, un cowboy de ojos verdes que podría ser su padre.
En 1880, en Excellent, Idaho, Cobertizo es violado a punta de pistola por el hombre que esa misma noche asesinará a su madre india. Ida Richilieu, prostituta y alcaldesa del pueblo, dueña de un saloon pintado de color de rosa, se encargará desde entonces de su crianza. Historia de una educación y de una iniciación, El hombre que se enamoró de la luna sigue el camino místico de Cobertizo en busca de su propia identidad, camino sembrado de falsas pistas.
Una novela en la que la sexualidad es celebrada en todas sus formas y manifestaciones, en la que la violencia quema las yemas de los dedos que sostienen la página. Y, sin embargo, El hombre que se enamoró de la luna es una novela sobre la caída del lenguaje: sobre cómo vivir en los espacios en blanco que quedan entre dos palabras.
Tom Spanbauer: escritor estadounidense, nacido en Pocatello, Idaho en 1946.
Criado en una familia católica de granjeros de origen alemán, inició sus estudios en la Universidad de Idaho y los continuaría años más tarde en la Universidad de Columbia (Nueva York). Antes de trasladarse a la costa Este, paso tres años en Kenia. En Nueva York se casó, se divorció, y sobrevivió como pudo con pequeños trabajos que compaginó con la escritura de su primera novela, poco conocida, Lugares remotos. Con la segunda, El hombre que se enamoró de la Luna, consiguió renombre internacional.
Tras este éxito se instaló en Portland, Oregón, donde imparte clases de literatura y sigue escribiendo. Su tercera novela fue La ciudad de los cazadores tímidos, que recoge probablemente instantes de su propia experiencia como inmigrante del lejano oeste en la Gran Manzana. En 2006 publicó Ahora es el momento, que gira en torno a la huida de un adolescente de finales de los años 60 desde su ciudad natal, llamada Pocatello, como la del autor, hacia California en busca de una existencia distinta.
Spanbauer ha definido su aproximación a la literatura como escritura peligrosa (dangerous writing en inglés) y la enseña en su propio taller de escritura de Portland, bautizada con el mismo nombre. El escritor más famoso surgido de ella es Chuck Palahniuk y en parte está basada en la filosofía minimalista de Gordon Lish, quien a su vez fue maestro de Spanbauer.
La escritura peligrosa usa ciertas técnicas literarias que enfatizan el minimalismo, y su nombre hace alusión al hecho de escribir sobre temas que causan miedo o vergüenza en el escritor, con el objetivo de explorarlos y expresarlos de la manera más sincera posible. Por este motivo, la mayor parte de las obras que siguen esta técnica están narradas en primera persona y tratan sobre determindados temas como los tabúes culturales.
Aparentemente puede no parecer algo peligroso o atrevido, pero lo es. Cuando las palabras que uno cree verdaderas sobre sí mismo finalmente se escriben, consiguen un poder que ya no controla exclusivamente el escritor. Estas palabras dejan ver a todo el que las lee el corazón desnudo del escritor, se convierten en entidades separadas, un documento inacabado sobre quién las escribe.
En el ensayo No perseguir a Amy (She Breaks your Heart), Chuck Palahniuk explica las técnicas de la escritura peligrosa analizando para ello el cuento corto The Harvest escrito por Amy Hempel, el mejor ejemplo de escritura minimalista según Palahniuk.
Las reglas fundamentales de la escritura peligrosa son cuatro:
– Los caballos: Si realizas un viaje en caravana, siempre utilizarás los mismos caballos. Con esta metáfora Spanbauer se refiere a utilizar ideas repetidas durante la narración para que todos los personajes y situaciones hagan referencia al tema central de la misma, como una sinfonía que va creciendo y nunca pierde su línea melódica original.
– Lengua quemada: Escribir ciertos pasajes de una forma incorrecta, retorciéndolos con el objeto de que el lector vaya más despacio y preste más atención, o tenga que volver atrás en el libro para aclararlas y enfrentarse al concepto que se quiere transmitir. Un ejemplo se puede encontrar en la primera frase de La ciudad de los corazones tímidos: Las cosas empiezan donde no sabes y terminan donde sabes.
– Registro de ángel: No juzgar a los personajes ni definirlos burdamente con términos abstractos. No describir algo como terrible, alegre o simpático, sino dejar que el lector saque sus propias conclusiones basándose en los hechos y las apariencias.
– Ir al cuerpo: Una historia debe ser una sucesión de momentos vividos con todo detalle, describiendo las sensaciones para que parezca que se puedan tocar, para que sean casi físicas. Un ejemplo de esto se puede encontrar en El hombre que se enamoró de la luna, cuando su protagonista dice: Plantado en medio del río, tus pies y tus piernas aullarían de dolor, la sangre te subiría tan rápido como pudiera subir la sangre, poniendo tanta distancia entre ella y el río como la sangre pudiera poner.
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Write Now: Tom Spanbauer at PNCA 
In celebration of the launch of its new BFA in Writing program, PNCA is pleased to welcome three acclaimed Portland writers – Lidia Yuknavitch, Tom Spanbauer, and Chuck Palahniuk – for an evening of words and on words.
This video contains a full recording of Tom Spanbauer’s reading at PNCA as well as audience Q&A’s.
Write Now celebrates the launch of PNCA’s BFA in Writing program, chaired by PNCA faculty member Monica Drake. Palahnuik will lead a discussion of what it means to be a writer now, to pursue the writing life, and to try to make a living and to always make art with words. Lidia Yuknavitch and Tom Spanbaeur will read from their books.
Tom Spanbauer, founder of the Dangerous Writers workshop and author of The Man Who Fell in Love With The Moon and other novels will read from his works as will Lidia Yuknavitch, editor of Chiasmus Press and author of Dora: A Head Case and The Chronology of Water: a memoir. Chuck Palahniuk, best known for his breakout novel, Fight Club, will lead a discussion
“Writing is an art, a method, and a way of life,” says Monica Drake, Writing Department Chair. “To study writing is to bring shape and rigor to the very act of thinking and self expression. As we wrestle with words, we learn to tell our stories, and find enriched meaning in the world.” The event highlights the broad community of writers that enlivens Portland’s literary landscape, a community in which, right out of the gate, PNCA’s BFA in Writing program has worked to embed itself.

https://vimeo.com/77079533

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El lugar común del horizonte
Rodrigo Fresán
No es lo mismo un cliché que un lugar común. Mientras que lo primero es un ligero guiño, lo segundo es algo que necesitó años de perfecto añejamiento para ser reconocido como tal. Y uno de los mejores, perfectamente aromáticos y más curtidos lugares comunes dentro de las letras norteamericanas son las ficciones del outsider. Ahí se apuntan firmas y estilos aparentemente irreconciliables como los de Twain, Bukowski, Wolfe, Miller, Baldwin, Selby, Kerouac, Ellroy, JT Leroy y Johnson, pero que comulgan en un mismo tema: la odisea de un más o menos tierno o duro recién llegado a una ciudad con dentadura afilada.
Tom Spanbauer y su héroe William Parker no dudan en apuntarse a esta juerga ritual y ancestral desde el mismo inicio: ‘Las cosas empiezan donde no sabes y terminan donde sabes. Cuando sabes es cuando preguntas, ¿cómo empezó esto? La Ciénaga de los Lobos. Así empezó esta historia. Cuando crucé el río East para meterme en el misterio, esta ciudad, la ciudad del jódete. La Ciénaga de los Lobos. O, como a lo mejor sabes, Manhattan’. Y agregan: ‘Como todas las historias, es un misterio’.
El misterio que marca a la esperada tercera obra de Tom Spanbauer -luego de la contenida nouvelle titulada Lugares remotos y de la ya legendaria y ‘de culto’ El hombre que se enamoró de la luna- es un misterio antiguo como el mundo o, por lo menos, como la literatura. Es el Misterio de la Iniciación. Así William Parker, 32 años, inseguro de su sexualidad, impotente y tartamudo, viaja desde Jackson Hole, Wyoming, y llega a la Nueva York de los primeros ochenta en busca de su primer amor y hermano de sangre, Charlie 2Lunas, para acabar encontrándose con todo un picaresco reparto de personajes malditos y listos para ser arrasados por el huracán del sida sin que por eso nadie se atreva a dejar de danzar por un segundo. Y eso es más o menos todo y -como suele ocurrir en películas como 8 1/2, My Own Private Idaho y Mullholand Drive- es toda una visión del mundo a partir de rostros, satoris, detalles, flash-backs, viñetas, epifanías, frases, sketches, alucinaciones y paisajes aparentemente desordenados que poco a poco van revelando una sólida estructura interna en la que -otra vez- un forastero llega a la ciudad, se enamora, su amor muere, y ese forastero decide seguir viviendo en su memoria. La misma vieja historia revisitada con un talento que nos hace pensar que estamos disfrutando de un legítimo clásico modernista antes que de la última y efímera variación post. El mensaje de Spanbauer -la lección que aprende William Parker- es simple y dura: al final no somos otra cosa que las historias que contamos sobre nosotros mismos. Entonces Parker -y Spanbauer- deciden que lo que mejor les va es la épica caleidoscópica donde sólo queda ‘matar al monstruo y salvar a la doncella’. De ahí esta novela.
La lectura de La ciudad de los cazadores tímidos producirá en lectores poco aventureros la incomodidad de ver a alguien paseándose por la cuerda floja a gran altura y sin red. Esos que cierran los ojos a la hazaña y suelen pronunciarse adjetivos consoladores como ‘experimental’, ‘arriesgada’ y ‘excesiva’. No son ésos los destinatarios que busca y necesita esta novela sin guiones de diálogo -pero con conversaciones inolvidables-, sino aquellos que se atrevan a disfrutar de ese gozo al que sólo se accede cuando la entrega es absoluta y el vértigo enseguida muta a equilibrio perfecto. Es ahí cuando las pupilas no pueden dejar la página sin importar la profundidad del abismo; porque no hay nada más profundo que una historia digna de ser contada, una historia que no puede montarse de otra manera o con otros modales que los que ha sabido enseñarles ese jinete que es su dueño y escritor.
Bob Dylan -otro forajido norteamericano que un día dejó su ovina Duluth para también llegar a ‘la Ciénaga de los Lobos’, a ‘la ciudad del jódete’- advierte en una de sus canciones que ‘para vivir fuera de la ley tienes que ser honesto’. Ésa -por suerte para nosotros- es la canción que cantan Tom Spanbauer y William Parker desde la primera hasta la última línea de La ciudad de los cazadores tímidos cuando se alejan hacia el lugar común del horizonte, como cowboys de medianoche, cabalgando sobre el más puro y blanco y sano de todos los caballos.
Vida de este virus
HAY ALGO paradójicamente terrible y afortunado en el hecho de que la literatura gay -hasta entonces preocupada por cuestiones como el salir o no del armario- se haya visto fortalecida con la llegada de una enfermedad mortal. De golpe, el dilema no estaba en seguir escondiéndose o no, sino, simplemente, en seguir vivo y que la enfermedad no te encontrara. Diversos autores abordaron los días y noches de la peste con ópticas muy diferentes pero, siempre, consiguiendo novelas poderosas. Así fueron el intimismo de David Leavitt, la crónica de Edmund White, el lirismo de Michael Cunningham, el vaudeville de Allan Gurganus, la melancolía de Peter Cameron y el gótico-freak de James Purdy a quien el autor de La ciudad de los cazadores furtivos -comenzada antes que El hombre que se enamoró de la luna- tanto le debe. Tom Spanbauer (Idaho, 1946) demoró diez años en escribir esta novela que combina todas las variantes anteriores y donde el sida es descrito como ‘un dragón agazapado’ amenazando desde el corazón de un libro que no se conforma con ser nada más que un registro de bajas. No hace mucho Spanbauer explicó el porqué de la demora en una entrevista con el escritor JT Leroy, uno de sus alumnos en un taller al que también asistió Chuck Palahniuk: ‘Me diagnosticaron sida. VIH positivo. Entré en el hospital el 1 de diciembre de 1996 y demoré siete meses en volver a escribir una palabra. No tenía fuerzas, pero sentí que debía continuar con la novela. Se lo debía a mis muertos. El libro abarca desde 1983 hasta 1988. Antes de que llegaran las drogas más o menos milagrosas. Yo viví para contarlo, y entonces me juré no morirme hasta que lo contara. Ya lo hice y ahora descubro que no he muerto. Y que no tengo la energía como para empezar otro libro. En realidad tengo unas cuantas páginas. Es un proyecto muy ambicioso en el que quiero crear todo un universo y un nuevo lenguaje para narrarlo. Ojalá me quede energía. Y esperanza. Tuve que buscar mucho para encontrar algo de esperanza en La ciudad de los corazones tímidos. Espero que esa esperanza se note y que le sirva a alguien’.
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“Encuentro la verdad mintiendo sobre ella”
Andrea Aguilar
Se crió en un rancho, en el seno de una estricta familia católica, en Pocatello, en las llanuras de Idaho, donde la mayoría no profesaba esta fe. Antes de convertirse en un novelista de culto; antes de escribir sobre el mundo gay y la bisexualidad o sobre los estragos del sida en Nueva York; antes de formar en su taller de Oregón a escritores como Chuck Palahniuk, Tom Spanbauer (1946) fue un buen hijo de granjeros. Hasta que dejó de serlo. Pero algún eco de aquello aún resuena al otro lado del teléfono. Extremadamente educado y obediente a la hora de responder, en Ahora es el momento (Mondadori), su cuarta novela, ha regresado a la infancia y adolescencia y se ha redefinido. Éste soy y éste fui.
PREGUNTA. La pregunta de cómo podemos llevar tanto dolor dentro sin saberlo es recurrente en esta novela.
RESPUESTA. Es que si tuviésemos que enfrentarnos todo el tiempo al dolor que cada uno llevamos no podríamos levantarnos de la cama. Para poder seguir adelante optamos por la negación y por dejarlo a un lado.
P. ¿De esto se alimenta su escritura?
R. Una de las principales propuestas de la escritura del riesgo es volver a estos lugares de dolor, volver a la pena y empezar a escuchar el secreto.
P. ¿Una terapia?
R. Hay un principio terapéutico en revivir el pasado. Cuando empiezas a investigar el dolor, a hurgar en la herida, comienzas a ver las cosas de otra manera. Ésta es la base de mi escritura. Cada persona encierra mucho arte.
P. ¿En un espacio aislado que se vuelve público?
R. Yo voy a un lugar muy humano, en el que todos estamos solos, sin respuestas. Sólo tenemos la certeza de la muerte. Pero este espacio no excluye a los otros, sino que los incluye.
P. ¿Es esto lo que vincula todas las expresiones artísticas?
R. Aprecio otras formas de expresión, otras formas de literatura, de cine, de pintura… La humanidad en Goya o en Bacon. Reacciono frente a ello.
P. La ficción parece que funciona como un disfraz. ¿Ha pensado en usar otro género?
R. La ficción hace la verdad más verdadera. Si voy a la no ficción me enredo en los detalles, mientras que con la ficción siento que tengo licencia para mentir. Encuentro la verdad mintiendo sobre ella.
P. En Ahora es el momento regresa a su infancia y adolescencia en Idaho. ¿Por qué no escribir unas memorias?
R. Mi madre y mi padre fueron personas muy particulares. Si hubiese escrito una autobiografía habría permanecido en el rol de hijo. Como novelista puedo entrar dentro de los personajes, habitar dentro de ellos. Una buena historia necesita personajes bien perfilados. Así que te fuerzas en ver su crueldad y sus incongruencias, como, por ejemplo, que se pasaran el día rezando el rosario. Es un poco lo de Francis Bacon: tomas lo representativo, la imagen y la rocías con neurosis.
P. Y surge la caricatura distorsionada, la imagen deformada.
R. La exageración es parte de esto. Hay cosas pequeñas que se te quedan dentro. Lo que te marca puede parecer una nimiedad, un detalle insignificante si lo enfrentas al mundo, pero para uno mismo es algo inmenso.
P. ¿Cómo de fidedigna es esta historia?
R. Todo lo que le pasa a Rigby ocurrió alguna vez y al recuperar el clima emocional regresas a aquel momento.
P. ¿Y qué ocurre en el camino?
R. Mi madre murió cuando estaba a mitad de este libro. Creo que no cambié la idea que tenía, que escribí lo mismo que tenía pensado, pero todo se volvió más emocional, todo se vio magnificado. La pena de la pérdida influyó.
P. El retrato que hace de ella es implacable.
R. Ella era la esposa de un granjero en Idaho con una vida pequeña. Iba a la iglesia y tocaba el piano. Yo he querido hacer de su vida algo más grande. Tomar algo de su herencia.
P. ¿Leía sus libros?
R. No. Era muy católica. Cogió mi primer libro Lugares remotos, leyó “hijo de puta” y se negó a continuar. Yo pensaba que mi padre tampoco los había leído, pero mi hermana me contó que cuando estuvo enfermo, ingresado en el hospital, en pleno delirio hablaba de mis libros.
P. ¿La escritura acabó de separarle radicalmente de ellos?
R. Tuve que dejarles claro que quería ser yo mismo. Se enfadaron. Estuve cinco o seis años sin verles. Un día un policía llamó a su puerta. Les preguntó si eran mis padres y les dijo que me llamaran.
P. ¿La escritura es parte del trauma?
R. Con cada libro te sumerges dentro de ti mismo. Los jóvenes siguen adelante y en su inconsciencia pagan esto con la culpa. Cuando acabo uno de mis libros tengo que releerlo porque este sentimiento vuelve. Pienso, “has hecho algo mal, has dicho algo que no debías”. Es como si tu madre y tu padre no se hubieran ido. Luego lo leo y veo que todo está bien. Te quedas sedado, maldiciendo.
P. La verdad que busca en sus novelas, ¿ha provocado muchos enfados?
R. Sólo me insultaron una vez. Cuando publiqué El hombre que se enamoró de la luna fui por primera vez a una emisora de radio. Antes de darme paso, el locutor dijo que mi libro era una sarta de chorradas, una inmensa tontería. Con el paso del tiempo, los insultos se han vuelto más sutiles, directamente te ignoran y no hablan de ti.
P. ¿Cuál es la mayor dificultad a la que se ha enfrentado con Ahora es el momento?
R. La estructura. Para llegar al punto en el que arranca la historia tenía que contar rápidamente los recuerdos anteriores de forma rápida e interesante.
P. A diferencia de otras novelas, esta vez ha apostado por una forma lineal. Rigby hace memoria en orden cronológico. ¿Por qué?
R. Recibí mucha ayuda de mi editor y fue él quien me convenció para contar la historia de esta manera.
P. ¿Qué pensó cuando la terminó?
R. Tenía miedo de que fuera cursi. Me di cuenta de que había vivido tan reprimido, con tanto miedo… A mitad del libro sufrí una crisis nerviosa. Había abierto, desabotonado todo lo que llevaba dentro. Realmente toqué fondo. Este libro ha sido una cosa muy emocional, sentí que todo se destruía. Pasé un par de semanas en cama llorando furioso. Me liberé.
P. Esto suena a Stanilavski, al método del Actor’s Studio trasladado a la escritura.
R. Bueno es un poco la misma idea de que tienes que habitar dentro de los personajes, tienes que entrar dentro de tu madre o de tu padre y esto produce dolor. Su locura católica… Llegas a ese espacio emocional y, cuando la escena acaba, te quedas en posición fetal.
P. La educación católica aparece como una tara.
R. Si bautizas a un niño lo haces porque crees que el mismo hecho de nacer lleva consigo el pecado original. Asumes que tiene un fallo, que tiene pecados. A partir de entonces tienes control sobre ese ser humano. Esto se interioriza. La idea del pecado original es patética y maquiavélica.
P. ¿Sin catolicismo no habría represión?
R. Quizá también la habría.
P. ¿Se supera la educación católica?
R. No del todo, uno no se puede liberar. Yo lo seguiré intentando. Quizá, en parte, esto sea una bendición; algo sobre lo que puedes trabajar y en lo que puedes medir tus progresos. Pero, en el fondo, pienso que si eres católico nunca te recuperas.
P. Rigby ajusta sus cuentas con el pasado en la línea de salida. ¿La necesidad de autodefinición, esta toma de poder, es necesaria antes de presentarse ante el mundo o surge después?
R. Bueno, él necesita reconstruir su vida. La auténtica Billy Cody (la mejor amiga de Rigby) leyó la novela y luego nos reíamos pensando que no éramos ni tan listos, ni tan fuertes como parece en el libro. Y es que aunque te metas dentro de un niño de 17 años, tú tienes 40. Es parte de la magia del poder de la ficción. A lo mejor los jóvenes de ahora sí son así. ¿Quién sabe?
P. ¿Mantiene relación con esta amiga de la adolescencia?
R. Sí, la veo tres o cuatro veces al año. Ella es profesora de teatro en Pocatello y es cierto que se quedó embarazada. Consiguió sobrevivir a aquello y reírse de muchas de las cosas que cuento. Pero yo escribo ficción. Ella fue uno de los ángeles que me ayudó a salir.
P. Su primera amiga.
R. Bueno, es que yo no gustaba a nadie en mi comunidad porque era unrarito. En aquellas llanuras de Idaho me pegaban tanto los indios como los mormones. Empecé un diario y esto me permitía salir de mí mismo.
P. Su taller ha formado a muchos escritores, pero cuando estaba aprendiendo, ¿quién le dio el mejor consejo?
R. Stephen Spender en una clase en Columbia nos explicó la diferencia entre prosa y poesía. Decía que en un poema la palabra tiene un peso específico. En prosa, sin embargo, las palabras deben llevar una señal que dice, “no me mires, la historia sigue en esa dirección”.
P. ¿Le hizo caso?
R. No del todo. Yo quería que mi prosa no tuviera señales y que el lector de alguna forma se percatara de que estaba leyendo lenguaje escrito.
P. El ritmo es importante para lograr esto.
R. Sí, debe ser muy musical. Pienso en algunos trozos de mis historias como arias, como composiciones de música. La gente habla como piensa. Hay que crear la música narrativa, hay que dar con la forma de hablar del personaje, con su voz. Cuando la tienes, ya está hecho el 90%. Entonces es cuando pienso que estoy listo para contar la historia.
P. ¿Qué más se necesita?
R. Es muy importante el lado físico, más que la idea en sí. Me gusta jugar con los elementos, con la luz o el polvo suspendido, de manera que el lector sienta que de verdad está allí. Realmente lo trabajo mucho.
P. Y ahora ¿en qué anda?
R. El siguiente periodo que quiero revisar es mi estancia en África desde 1961. También estoy trabajando en una versión teatral de El hombre que se enamoró de la luna y preparo un manual sobre cómo escribir.

ENTREGA A DOMICILIO (OPCIONAL – CAP. FED.) $50.

Contacto: juanpablolief@hotmail.com

Acerca de libroskalish

Libros difíciles de encontrar a buen precio.
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