Eva Perón – Copi

Eva Perón – Copi Libros Kalish

Estado: impecable.

Editorial: Adriana Hidalgo.

Traducción: Jorge Monteleone.

Precio: $150.

El humor de la lengua*
 Juan Pablo Liefeld
 A
Margarita Martínez
y Guadalupe Marando,
por su generosidad,
por todo.
Copi forma parte de un linaje a cuyos últimos estertores Néstor Perlongher le dedica un ensayo en 1991 a modo de réquiem: “La desaparición de la homosexualidad”. Desde entonces cualquiera puede tener un puto en la terraza(1), escribir una tesis de doctorado sobre la cuestión gay, cogerse un traba una madrugada de jueves en Palermo Hollywood, o afirmar públicamente sin temer sanción moral alguna: “yo tengo un amigo gay” –que de alguna manera encastra y hace juego con otra frase célebre: “yo tengo un amigo judío”. Hoy el gay es un tipo social aceptado –domesticado, recluso obediente de la normalidad— y no merece más chascarrillos o atención por parte de los discursos del saber –académicos, estéticos, mediáticos, médicos, publicitarios— que los que se le ofrecen a esa no menos extraña y absurda forma de ser que es el heterosexual. Pero el puto, como el revolucionario, por ejemplo, forma parte de un universo que se extingue con el siglo XX. Claro que habiendo dado batallas y logrando arriar algunas banderas de las cuales se pueden aún hoy percibir imperceptiblemente sus beneficios. Pero lo que se dice puto, un puto, hoy ya no hay (aunque paradójicamente proliferen en la tele, o los estudios de mercado les conceda su “benévola” atención en tanto mercado en expansión, o la Capital Federal se haya convertido en un punto obligado del turismo gay internacional), o es una especie en extinción como los osos panda o la ballena franca. Copi formaba parte de una estirpe en la que podían encontrarse nombres tales como: Genet, Pasolini, Burroughs, Mishima, Foucault, Capote, Batato Barea, Tom Wolfe, Lezama Lima, Lorca o Perlongher. Hay algo refractario he irreductible en sus modos de escritura, de pensar “invertido”, de intervenir públicamente, de conducirse en la vida privada, que los hace piezas de museo de un tipo particular de sujeto social impensable hoy. Esto no es bueno ni malo en sí, sólo han cambiado las coordenadas históricas, con lo cual se pueden verificar cierto relajamiento de algunas pautas en beneficio del “respeto” a las minorías y el “derecho” a la multiculturalidad que reza que cada cual es dueño de hacer un pito de su culo, pero a un costo altísimo: el haber pasado de ser escandalosas y chillonas flores del mal a convertirse en malvones aburridos y obvios de vivero.
… …. … Una noche, triste, vacía, llena de fantasmas. Somos una patrulla perdida: Fernanda, Gustavo y yo, una madrugada, en el centro, muy borrachos, sin saber qué hacer o a dónde ir. Caemos en La Academia, y ahí, sentado a una mesa, fumando y frente a una tasa de café, lo vemos, es Alejandro –poeta, crítico de cine, amante incondicional de la Duras y Pasolini. Cuando el mozo nos deja cuatro fernet estamos comentando el informe de Telenoche: una nota conmovedora desde Canadá donde muestran a parejas de gays que viven felices desde que el Estado les permite adoptar chicos. Los cuatro nos burlamos de la moraleja de la nota y Alejandro, dice, indignado, casi a los gritos: ¡A estos putos de mierda hay que matarlos a todos! ¿Para qué me hice romper el culo todos estos años, eh? ¡Para que ahora vengan estos boludos a decir que todo aquello contra lo que construí mi vida es lo que deseaba: tener una casita, un autito, un trabajito y un hijo al que destrozarle la cabeza… y por qué no se van todos los putos a la puta que los parió! ¡Al final terminaron siendo más depravados que los que los acusaban de degenerados!… …. ….
Copi nace en 1939 en Argentina y desde 1962 se instala en París, donde dibuja tiras cómicas, escribe obras de teatro, cuentos, novelas y actúa, y muere de sida en 1987. En este sentido Copi forma parte de otra tradición, la que va de los “viajes” de Sarmiento a Marley por el mundo, la de Rosas en Inglaterra a Perón en España, la de Bioy Casares boludeando por Europa a la de Osvaldo Bayer exiliado en Alemania: la historia de los argentinos que viajan a Europa por mero placer turístico, por contingencias de coyuntura política o simplemente porque han decidido vivir en otras tierras que no son la materna –también hay otras formas del viaje argentino y David Viñas le ha dedicado extensas páginas. Copi es un argentino en París como Cortázar o Saer. Comparte con Cortázar el autoexilio producto de la incompatibilidad mutua entre sus convicciones personales y los avatares de la política nacional, incompatibilidad, quizá, que estuvo más cerca de la palabra que de los hechos, y de Saer la decisión de probar suerte y abrirse camino en otras tierras.
………París siempre estuvo cerca. De los diarios de viaje de Sarmiento al programa de televisión de “Marley por el mundo”, se puede verificar el arco temporal de una verdad de perogruyo: París siempre estuvo más cerca de Buenos Aires que Rosario o Bahía Blanca. Así como todo el mundo sabe que Hollywood es un barrio porteño y la India un bálsamo para el alma al alcance de la mano de quien esté exhausto de las endebles y fantasmagóricas ilusiones del sujeto moderno occidental.
París, también, siempre fue, para Buenos Aires, la historia de un amor no correspondido. Entre la Ciudad de las Luces y un puerto de contrabandistas y cortesanas, el único amor posible siempre ha sido el que pueden mantener un joven de doble apellido de San Isidro y una sirvienta paraguaya. Quizás por eso la teoría y filosofía francesa ha sido leída siempre en Argentina con el loco frenesí con el que un adolescente se encierra en el baño con la última Playboy para estudiar rigurosamente el póster desplegable de la conejita del mes. Claro que hay excepciones, por ejemplo, la noche en que nuestro campeón Carlitos Monzón se la pasó diciendo a quién quisiera escucharlo, en la disco New York City, a la vez que se agarraba el bulto, Alain Delón pasó por acá. Si bien nadie le puede negar verosimilitud a esta literatura menor escrita por Monzón (suerte de fábula infantil pornográfica que tranquilamente podría haber sido el corazón de un cuento de Copi donde un cabecita negra analfabeto del interior se coge a uno de los hombres más lindos del siglo XX), la historia no deja de ser amarga porque convierte a nuestro deseo por la lengua de Balzac y Duras, de Baudelaire y Celine, en algo abyecto y depravado donde el amor ideal y lleno de sentimientos nobles que soñaba con Mansilla caminando de la mano de Madame Bovary por las calles de París se transfigura en un primer plano donde vemos a la tararira de Monzón gozando el mantecoso y blanco culito de Delón………
Copi forma parte de un árbol genealógico rico en figuras notables y visibles de la Argentina de los años 20 a 60 dentro del periodismo, el arte y la política. Como Borges, Victoria Ocampo o Raúl Barón Biza era producto de una clase alta un poco burguesa, un poco plebeya, un tanto decadente, que hereda de la generación del 80 –del siglo XIX– cierta voluntad de pertenencia a la alta cultura, sin la cual no se explica por qué éstos niños bien en vez de dedicarse a enriquecer las arcas de la fortuna familiar la despilfarran o la descuidan en provecho de empresas estéticas.
………A Copi lo conocí una tarde, en la casa de “P”, Drago 36, suerte de centro de gravedad espiritual de Parque Centenario, donde vivía por entonces mi amigo Juan. No recuerdo cómo ni por qué Copi se hizo presente en esa piecita caótica repleta de libros, revistas y diarios viejos, en la que Juan y yo, charlábamos de literatura y política. Lo cierto es que Juan me preguntó si había leído alguna vez a Copi y yo le dije que no. ¿Quién es Copi? Entonces empezó a revolver en ese quilombo infernal de libros y a pasarme a medida que los encontraba El baile de las locas, La internacional argentina, La vida es un tango, Las viejas putas, el Copi de Aira y el libro de Tcherkaski. Tomá, leélo, a vos te va a gustar, me dijo. Y me contó que Copi era humorista, dramaturgo y escritor, nieto del director del diario Crítica, un puto reventado y muy fino que escribía en París y en francés historias que luego Cesar Aira traduciría para su literatura en novelitas para leer en el subte. Pero no le di bola a Juan, me llevé los libros y al cabo de un tiempo se los devolví sin haberlos leído………
Hoy Copi en Argentina es un misterio. Escritores como Alan Pauls o César Aira señalan la importancia de su literatura, Daniel Mundo o Beatriz Sarlo lo usan para pensar tópicos nacionales, pero si uno va a una librería de la calle Corrientes difícilmente pueda hallar sus libros. Copi ha publicado 5 novelas, dos libros de cuentos, varios tomos con tiras cómicas reunidas y, cotejando datos, uno duda en afirmar cuántas obras de teatro(2). Lamentablemente dos de sus novelas, una nouvelle, así como sus dos libros de cuentos y volúmenes de tiras cómicas han sido destrozados por los fundamentalistas talibanes traductores de la editorial Anagrama –algún día se debería escribir un ensayo extenso solo hablando de Herralde y su criminal política de traducción que ejerce con su editorial. De este material como de la novela escrita en castellano La vida es un tango(3), también editada por Anagrama, uno puede hallarlo en una librería argentina si la suerte y la Virgen María, más Gilda y El gauchito Gil, nos lo ponen en el camino y nos hacen tropezar con él. Recientemente, también, la editorial Eloísa Cartonera ha publicado La guerra de las mariquitas, novela que aparece en este dossier con traducción de Margarita Martínez.
Las obras de teatro han corrido “mejor” suerte a la hora de ser traducidas. Solo se han traducido en Argentina 3 piezas y se han publicado 5. Una visita inoportuna (edición del teatro municipal San Martín, 1993, trad. Georgina Botana), ¡La pirámide! (Confines, 1997, trad. Damián Tabarovsky), Eva Perón (Tramas, 1998, trad. Gabriela Simón; Adriana Hidalgo editora, 2000, trad. Jorge Monteleone), Cachafaz/ La sombra de Wenceslao (Adriana Hidalgo editora, 2002). Del resto de su obra dramatúrgica como de parte de la ya publicada en español, es cuanto menos una aventura incierta intentar encontrar. Y la editorial mexicana El Milagro ha publicado en un sólo tomo (el cual nunca tuve en mis manos) las piezas Las cuatro gemelas, Loretta Strong, El refri (supongo que refri significa heladera) y El homosexual o la dificultad de expresarse, con traducción de Joani Hocquenghem y Luis Zapata.
¿Por qué por un lado es lugar común hoy en ciertos círculos colocar la obra de Copi en un lugar central de las letras argentinas y por otra parte tan difícil de acceder a ella?
Respuesta: no lo sé(4).
Hace cerca de dos años atrás algunos integrantes del grupo editor de elinterpretador nos encaprichamos y dijimos: consigamos material inédito en español de Copi en Francia, consigamos buenos traductores y lo publicamos en la revista. Al principio no fue fácil conseguir material inédito en castellano en Francia –otros, antes que nosotros, por diversos motivos, ya habían intentado comprar libros de Copi en librerías de París y vuelto con las manos vacías — pero gracias a la generosidad y el apoyo que brindaron a esta empresa caprichosa desde un principio Elsa Kalish, Guadalupe Marando, Margarita Martínez, Sebastián Cariola y Hernán Sassi –sin los cuales todo hubiera culminado en puro capricho–, en este número de elinterpretador podemos ofrecer un dossier Copi. Dossier compuesto de un conjunto de ensayos críticos que piensan diferentes aspectos de la obra de Copi y dos textos producto de su “pluma”, la novela La guerra de los putos, traducida por Margarita Martínez, y la obra de teatro La torre de la defensa, traducida por Guadalupe Marando.
Finalmente, quisiera formular una sospecha, cuyo sustento teórico se sostiene enteramente en mis hábitos de lectura erróneos y caprichosos: Copi y Fontanarrosa, ¿es posible pensar que hay algo que une la obra de estos dos autores o ciertas zonas de su producción?
Fontanarrosa, al igual que Copi, es un dibujante y narrador, y si bien nunca ha escrito teatro sus cuentos han sido adaptados muchas veces para ser interpretados sobre un escenario. Fontanarrosa ha escrito tres novelas(5), 11 tomos de cuentos(6) y publicado infinidad de libros donde reúne su producción de dibujante. Fontanarrosa es hoy –a pesar de la academia que todavía parece no haberlo leído, a excepción de Daniel Link o de algún que otro ensayo donde se lo cita en la Historia crítica de la literatura argentina, de Noé Jitrik (aunque pensándolo bien, no es tan grave, ya que dentro de cincuenta años cuando payasos como el que ésto escribe sean olvidados, e ilegibles cualquier atisbo de crítica o narrativa que hayan producido, los cuentos de Fontanarrosa seguirán leyéndose, no porque es “El Negro” ni porque tenga una enfermedad grave ni hable de fútbol ni sepa contar chistes ¡o sepa manejar la parodia! para decirlo con prosapia académica, sino porque sabe narrar, como lo sabían hacer Faulkner, Pessoa, o Borges —un fenómeno de ventas–) lo cual no necesariamente es índice infalible para medir a un escritor -y ahí están los libros de Eduardo Mallea o Hugo Wast que en su momento se vendían como pan caliente y hoy son objetos de aburridos trabajos académicos o de bateas de saldo donde juntan mugre y nadie compra en Los Cachorros de Parque Centenario o Martín Fierro de Avenida de Mayo— y uno de las figuras más destacadas de la narrativa actual, ya que sus mejores cuentos, los más logrados (de Fontanarrosa se puede afirmar lo mismo que de las películas de Woody Allen: es bueno, incluso cuando falla o se repite), merecen estar en cualquier antología del cuento argentino junto a Echeverría, Quiroga, Onetti, Borges, Arlt, Silvina Ocampo, Fogwill, Cohen, Asís, Saer y Osvaldo Lamborghini.
………Un dato. Gambito es una buena librería. Queda en la esquina de Filosofía y Letras, y su dueño es editor de una pequeña y buena editorial, Santiago Arcos. Quiero decir, el criterio que tiene esta librería para llenar sus estantes de libros para que sus posibles clientes los compren, no sólo está guiado por las estrategias del mercado sino también por el criterio autoral de un librero-editor.
Una tarde de noviembre del 2006 pasé por Gambito y luego de ver las mesas de saldos y de usados, me dirigí a ver los estantes de literatura argentina. Y a vuelo de pájaro descubrí lo siguiente: sólo había tres libros de Copi y ninguno de Fontanarrosa. Que de Fontanarrosa no hubiera ningún libro parece razonable, ya que Gambito trabaja en alguna medida con lo que Puán lee o desea que se lea, y no es papilla académica, ni material bibliográfico obligatorio ni nota al pie siquiera de ponencias de congresos. Y que de Copi sólo hubiera unos pocos títulos es extraño, ya que hace unos años se ha vuelto fetiche obligado que garantiza el goce de la teoría literaria. Extraño o no, este dato eventual y circunstancial de una tarde cualquiera de una librería argentina, me lleva a preguntarme: ¿por qué si los cuentos de Fontanarrosa son tan leídos, la academia no logra decir nada acerca de su escritura?, ¿por qué si las obras de teatro y las novelas de Copi son canon para la academia, ésta no ha logrado que sus libros puedan conseguirse en las librerías? Los libros de Copi se leen pero no se consiguen, los de Fontanarrosa se consiguen pero no se leen. Y lo más paradójico es que más allá de las leyes del mercado y las estrategias de lectura de la academia (y acá ni nunca estoy proponiendo academia y mercado como opuestos irreconciliables sino como un monstruo de dos cabezas), a Copi y Fontanarrosa se los lee. Quién, cuándo, dónde, por qué, ¡qué sé yo, pero que se lee, se los lee!………
¿Pero qué es eso que sospecho, intuyo, sin lograr definir, une a los “putos” de El baile de las locas con los “machos” de La mesa de los galanes? Quizás dos formas opuestas y complementarias de pensar el sexo y hacer eyacular fragmentos de un discurso amoroso.
Quizá, también, se puede ver de forma oblicua cómo operan en ambos las metáforas de la guerra y cómo ésta se inscribe en el discurso gay –en el caso de Copi en la novela La guerra de los putos— y en el discurso futbolero –en el caso de Fontanarrosa en el cuento 19 de diciembre de 1971— y como ésto tiene equivalencias con las políticas impiadosas y desquiciadas de una época.
O quizás, también, podrían estudiarse a Copi y a Fontanarrosa en relación con el género gauchesco. Copi escribió dos piezas que se inscriben dentro del género, Cachafaz y La sombra de Wenceslao. Y Fontanarrosa ha ilustrado una edición del Martín Fierro y publicado una tira, Inodoro Pereyra, que básicamente es un gaucho sentado en la puerta de su rancho con su perro que reflexiona y dialoga con los malones. No hay que olvidar aquí que el libro capital del género del “idioma de los argentinos” es el Martín Fierro, historia donde un gaucho se “da vuelta” y huye con otro gaucho a los toldos de los indios. Y que Ezequiel Martínez Estrada al leer este poema en Muerte y transfiguración de Martín Fierro se pregunta, por qué cuando Martín Fierro vuelve de los toldos llora tan poquito la pérdida de su familia pero no deja de guitarrear cual Ricky Martin en un unplugged de MTV por la pérdida de “esa”, su cruz, su gauchito, su guachito:
 Tu recuerdo sigue aquí, como un aguacero
Rompe fuerte sobre mí, pero a fuego lento
Quema y moja por igual, y ya no sé lo que pensar
Si tu recuerdo me hace bien o me hace mal
Un beso gris, un beso blanco
Todo depende del lugar
Que yo me fui, eso está claro
Pero tu recuerdo no se va
Siento tus labios en las noches de verano
Ahí están, cuidándome en mi soledad
Pero a veces me quieren matar
Tu recuerdo sigue aquí… (Repite coro)
A veces gris, a veces blanco
Todo depende del lugar
Que tú te fuiste, eso es pasado
Sé que te tengo que olvidar
Pero yo le puse una velita a to’s mis santos
Ahí está, pa’ que pienses mucho en mí
No dejes de pensar en mí
Tu recuerdo sigue aquí… (Repite coro)
(Piensa en mí) Es antídoto y veneno al corazón
(Te hace bien) Que quema y moja, que viene y va
(¿Tú donde estás?) Atrapado entre los versos y el adiós
Tu recuerdo sigue aquí
Como aguacero de mayo
Rompe fuerte sobre mí
Y cae tan fuerte que hasta me quema hasta la piel
Quema y moja por igual
Y ya no sé lo que pensar
Si tu recuerdo me hace bien o me hace mal
Tu recuerdo sigue aquí
… Le lo lay lelo lelo…
Si tu recuerdo me hace bien y me hace mal
Pero que rompe, rompe, el corazón
Quema y moja por igual, sé que te tengo que olvidar
Rompe fuerte sobre mí
¡¡¡Qué pasó en esos toldos!!!, se pregunta, alarmado, don Ezequiel, al que ya le tienen las pelotas llenas la voz –masculina y autoritaria— de Evita y la de Perón –maternal y contenedora— apareciendo todo el tiempo por la radio y encima ahora se venía a desayunar que Ricky Martin es uno de los precursores de Martín Fierro. Cabe señalar, quizá, que al mismo tiempo que José Hernández los manda a Fierro y Cruz a que se pierdan Más allá del Horizonte (telenovela de los 90 que iba por canal 9 con Osvaldo Laport, Grecia Colmenares y Luisa Kuliok, donde el Zar de la televisión Alejandro Romay intentó dialogar desde las massmedias con la tradición gauchesca) en Europa un tal Westphal crea con una pluma cargada de categorías científicas un personaje no menos curioso que nuestro payador Fierro: el homosexual.
O, quizás, también, podría pensarse qué estrategias adoptan Copi y Fontanarrosa frente a esa pesadilla, ese fantasma, que es Borges para cualquier escritor que quiera escribir después de él. De hecho ambos desarrollan su producción narrativa en las orillas de los feudos borgeanos y a la vez hay no pocos cuentos de Fontanarrosa donde de forma implícita o explícita dialoga con éste; y Copi en La guerra de los putos mata a Michel Foucault, que yo intuyo que se debió a un ajuste de cuentas, ya que Foucault en 1966 con una gracia que recordaba el humor de Macedonio Fernández le dedica a El idioma analítico de John Wilkins una nota al pie desmesurada de 384 páginas (Las palabras y las cosas) y lo pone a Borges en un lugar central ya no solo de las letras sino del pensamiento del siglo XX, y claro, Copi, indignado, debió pensar: ¡¡¡me fui de Argentina para poder escribir tranquilo mi obra lejos de esa ciega y arpía pesadilla de espejos, cuchillos y otros chirimbolos, y viene esta “chaqueña chiruza talón rajado” a escupirme el asado!!!
Finalmente, quizás, creo que los personajes putos de Copi y los machos de Fontanarrosa se encuentran con un punto intermedio que hace de bisagra y los une: las películas de Olmedo y Porcel. Todas las películas de Olmedo y Porcel de los 70 y 80, tanto en las dirigidas a un público “adulto” como en las dirigidas a uno “infantil”, en algún momento los personajes que interpretan el gordo y el flaco, machos deseosos de “carne”, inevitablemente se trasvisten. No hay película de Porcel y Olmedo que no quieran aceitarle los patines a cuanta mina se les cruce en el camino y a la vez por alguna razón siempre terminan travestidos de mujer.
Pero más allá de todo esto, lo que creo que une a Copi y Fotanarrosa es su capacidad de auscultar los humores de la lengua, de captar el habla (hablar es escuchar) del idioma de los argentinos y con ello contar historias que nos hacen reír.
Un oído atento debería poder escuchar debajo del don que es la risa producto de la lectura de Eva Perón y Medieval Times o El mundo ha vivido equivocado y El Baile de las Locas, preguntas en estado de latencia sobre deseo y política, ahí, justo ahí, donde entre el Estado y el individuo, el sexo ha llegado a ser el pozo de una apuesta, y un pozo público, invadido por una trama de discursos, saberes, análisis y conminaciones.
NOTAS
* Marzo 2007, elinterpretador.
(1) Como rezaba el video clip “Tengo un puto en la terraza” que pasaban en el ranking de videos chascos del programa humorístico Todo por dos pesos. Programa que probablemente junto con las columnas mensuales de Tomas Abraham sobre televisión publicadas en la revista El Amante cine hayan sido los dos momentos de crítica televisiva más lucidos que se conociera en la Argentina.
(2) Para establecer y datar las obras de teatro de Copi he cotejado los siguientes libros: Habla Copi, de José Tcherkaski, Copi, de Cesar Aira, Copi: sexo y teatralidad, de Marcos Rosenzvaig, pero opté como fuente para citar su producción teatral la solapa de la edición de Cachafaz/La sombra de Wenceslao cuya edición esta a cargo de Edgardo Russo y Fabián Lebenglik: Un ángel para la señora Lisca (1960), Santa Genoveva en su bañadera (1966), El cocodrilo y el té (1966), La jornada de una soñadora (1968), Eva Perón (1969), El homosexual o la dificultad para expresarse (1971), Las cuatro gemelas (1973), Loretta Strong (1974), ¡La pirámide! (1975), La copa del mundo (1978), La sombra de Wenceslao (1978), Cachafaz (1981), La torre de la Defensa (1981), La heladera (1983), Las escaleras del Sagrado Corazón (1984), La noche de Madame Licienne (1985), y Una visita inoportuna (1985).
(3) La vida es un tango es una novela exquisita donde un personaje, Silvano Urrutia, es protagonista de tres momentos particulares que intentan explorar el enquilombado cruce argentino entre deseo y política: la década infame –en la que aparecen las rotativas del diario del abuelo de Copi: Crítica, intrigas de palacio y corrupción política, y mucho reviente—, el mayo francés del 68, y el centenario de Silvano que juega y hace espejo con el centenario de la patria. Toda la novela está escrita con un ritmo alucinante y un continuo (Cesar Aira) que recuerda la velocidad de los dibujitos de Tom & Jerry o Ren & Stimpy, pero también, creo, está vinculado con el cine mudo de las películas de Charles Chaplin y Baster Keaton –y no quiero escandalizar a nadie diciendo que el último capítulo y la relación entre Silvano y el chico huérfano a la buena de dios, Pelito, tranquilamente podría ser el argumento sentimental de una película de Luis Sandrini, donde podías reír y llorar… por eso mismo no lo diré, claro, para no atormentar a ninguna conciencia. Pero esta novela editada en el mercado hispanoparlante por Anagrama tiene un agregado extra que no carece de humor, viene acompañado como el Martín Fierro de un diccionario, en este caso, de “argentinidades”. Copio, apenas, algunas palabras de este vocabulario: Concha: coño; Bombacha: bragas; Canilla: grifo; Choclo: mazorca tierna de maíz; Frutillas: fresas; Ombú: árbol típico de América del Sur, de copa muy espesa; Pava: recipiente de metal con pico y tapa para calentar agua; Saco: chaqueta; Villa miseria: barrio de chabolas; etc. Este vocabulario de argentinidades que me produce risa e incomodidad me lleva a reflexionar, sintiendo que no llego a dar con lo que quiero decir, en relación a una editorial con fuerte presencia en el mercado hispanoparlante que edita y traduce libros no solo para España pero que hace como que sí, y que está muy lejos del sistema sólido y consiente (en tanto asumía la problemática y dilemas que acarrea toda traducción) de “la constelación del sur” (Patricia Wilson) cuando en las décadas del 40 y 50 José Bianco, Jorge Luis Borges, Victoria Ocampo, traducían para editorial Sur libros que eran leídos fuera de Argentina, sin más inconvenientes para el lector que el de la lectura misma que plantea todo libro, y sin necesidad de tener que recurrir el traductor a diccionarios explicativos o traducciones donde se destroza el “original” a favor de un color local que hace ilegible cualquier texto, ya sea Bukowski, Houllebecq, Carver, o Faulkner –comparece la traducción que hace Anagrama de los Relatos de Faulkner con la que publica Sur de Las palmeras salvajes.
(4) Daniel Link pertenece a una tradición notable de profesores que se inicia en los legendarios años 60 y cuyas raíces llegan a nuestros días gracias a su persona; me refiero a esa tradición que se origina con El profesor boligoma en Estados Unidos con Jerry Lewis, que inmediatamente Luis Sandrini asimila y reformula en El profesor hippie, que luego retomaría el Gordo Porcel a fines de los 80 con El profesor Punk, y que finalmente Daniel Link rescatara para darle glamour a Letras en la figura de El profesor pop (“un sintagma desnudo, el objeto pop, inequívoco y terrible” P. P. Pasolini). Bien, el profesor pop, Daniel Link, quien hace años viene perfilando como el gran candidato a ser el copinólogo oficial de la obra de Copi –así como en su momento Tomas Eloy Martínez supo ganarse el glorioso título de “peronólogo” oficial de la vida y obra de Juan Perón— ha sabido publicar tiempo atrás un interesante ensayo sobre la pieza de teatro Cachafaz. Ensayo que no carece del encanto de la pirotecnia de la teoría literaria y que en un momento dado, quizás, involuntariamente, da cuenta como pocos, como sólo puede hacerlo alguien que maneja toda la obra de un autor con los ojos cerrados cual si fuera la presidenta de un club de fans (ojo, profesor pop, mire que usted ha sabido leer con inteligencia la novela de Alejandro López La asesina de Laidy Di y conoce los truculentos y peligrosos posibles devenires a los cuales pueden ser llevadas las fans de una estrella) y nos dice, hablando de la pieza teatral Cachafaz: “(ver La ciudad de las ratas, 1979)”. Creo que es ahí donde Daniel Link da cuenta como nadie del material que maneja, la obra de Copi, y cómo ese material se inscribe y circula en estas “pampas de chistes crueles”. Quiero señalar, la novela La ciudad de las ratas, es una obra que nunca ha sido traducida al castellano y que ha tenido una sola edición en francés en 1979, que hoy es inconseguible en librerías de París y que a mediados del 2006 elinterpretador intentó hallar en la biblioteca nacional de Francia, donde había un ejemplar, al cual no se pudo acceder ya que se lo habían robado o se había extraviado. Pregunto: ¿qué “fuerzas extrañas” del campo intelectual mueven a un erudito en la obra de un autor a escribir un ensayo donde manda a sus lectores a leer un texto del cual él mejor que nadie sabe de antemano imposible de conseguir?
(5) Las novelas que publicó Fontanarrosa y que no son lo mejor de su narrativa son: Best-Seller, El área 18 y La gansada; las tres publicadas porEdiciones de la Flor, así como el resto de su obra cuentística y gráfica editada en la Argentina.
(6) Los once tomos de cuentos que ha escrito Fontanarrosa hasta la fecha son: Los trenes matan a los autos, El mundo ha vivido equivocado, No sé si he sido claro, Nada del otro mundo, El mayor de mis defectos, Uno nunca sabe, La mesa de los galanes, Una lección de vida, Te digo más…, Usted no me lo va a creer y El rey de la milonga.
La patria torcida
María Moreno
Festejar la independencia de la Patria nos obliga a fingir lo que somos o a hacer de lo que somos, por nuestro honor. El bueno de Lucien Febvre tiene un libro precioso (Honor y patria) donde habla de una pareja dramática: la Patria y la Nación. Dice que la palabra “Patria” empezó a escribirse –no dice a hablarse– en el siglo XVlll. La Nación es lo que empezaron a inventar los hombres de julio, pero a la Patria hay que inventarla siempre porque hay una patria de Echeverría, pero también una patria del general Videla que, en nombre de la Patria, fue cómplice de la desaparición de 30.000 otros que también hablaban de diversos modos de Patria, hay una patria en las piernas de Messi y otra en los stilettos de Cristina en Malvinas.
Y me gusta muchísimo un artículo de Alan Pauls que se llama “Elogio del acento” –él me va a perdonar que haga un resumen un poco grosero–, donde proponía, a cambio de las múltiples sucursales del aparato de la Patria (son sus términos) y el despotismo de sus vademécum de lo propio –peronismo, tango, Borges, 2001, “nosotros venimos de los barcos”–, apostar por las identidades oblicuas, indirectas, distantes. Y entonces suponiendo que la Patria sea la lengua, como se escucha decir a menudo, en lugar de poner los ejemplos de Noches cultas, eso que hacía Marcos Mundstock en Les Luthiers, una parodia de la voz engolada del locutor de las radios de música clásica, Pauls elige el modelo Festival de la Canción de San Remo o cualquiera de esos lugares. Y hace el elogio del acento como metáfora de esa distancia brechtiana, involuntaria o caída del cielo, elige ese enfantasmamiento de la lengua en los cantantes que pasaban por la Argentina durante los sesenta: Domenico Modugno, Charles Aznavour, Salvatore Adamo. Yo también tengo la misma radio mental: las consonantes no pisadas, la e francesa, la r rulé. Traducción no era, puesto que uno de los más célebres traductores, importadores, productores y traductores de época, Ben Molar, no sabía inglés. Después vino algo más radical: que los cantantes argentinos tuvieran acento. Una amiga mía, Cecilia Absatz, dice: “¿De qué país es ése?”. Y se contesta sola. “Del país de Luis Aguilé.”
La homosexualidad no es Argentina
Hacer una historia de la “homosexualidad” en la Argentina parece, a simple vista, intentar el registro de un plus para las lecturas progresistas dominantes –las que establecen el eje en la clase social o la dupla imperialismo/antiimperialismo–, contribuir a la creación de una sucursal suburbana de la justicia. Médicos, maleantes y maricas, de Jorge Salessi, que fue la biblia rosa de muchos, muestra, contrariamente, que la existencia de una “homosexualidad argentina” no es sólo un efecto de la política sino un sustento de su construcción. Salessi relata cómo la sodomía, utilizada como metáfora por los discursos maestros para representar a la barbarie, fue organizando categorías que se aplicaron luego para patologizar cualquier forma de insubordinación social y cómo, más tarde, al compás de la consolidación del Estado, el aparato médico higienista pasó de la política sanitaria a una política a secas que con el justificativo de la “defensa social” diagramó la ciudad moderna en base a zonas excluidas y anatemizadas. Médicos, maleantes y maricas, al poner en evidencia la dimensión fantasmática de la política, propone que el ser nacional, lejos de constituir un modelo edificante y altruista a tono con el ideario escolar, fue sustentado en una estructura paranoica donde –como bien señaló ya Hugo Vezzetti en La locura en la Argentina– todo mito de pluralismo originario brilla por su ausencia.
Como el yo freudiano, el ser argentino es producto de la repulsa y exclusión de toda diferencia –bárbaros, mujeres, homosexuales, inmigrantes, disidentes políticos–. Ser argentino es no ser puto, ni torta, ni trans, ni inter, ni extranjero, ni pobre, ni loco, ni mujer. Entonces nuestro 9 de Julio nos exige otra casita de Tucumán en donde festejar como “Patria”, el país de Luis Aguilé, es decir, el que se corra de los iconos y de lo emblemático.
Una casita lejos de casa
Tomemos, para meternos en esa casita –¿se acuerdan de los dioramas del Billiken?–, a dos que jugaron dentro de la lengua argentina, sacándola o metiéndola quién sabe dónde –entre otras, en el barro, los subtítulos y las revistas de la calle Corrientes y mezclándolas–: Manuel Puig y Copi.
Ellos son Patria aunque hayan vivido fuera del país, y aunque hayan escrito en otras lenguas, Copi casi siempre en francés, Puig alguna vez en inglés. A lo mejor eran tan Patria que no la necesitaban tener bajo los pies para sufrirla, deslenguarla, blasfemar contra ella, pero amándola de esa manera torcida. En todo caso Puig y Copi tenían algo con el ser argentino.
¿Qué hace Copi para cargar con una Patria? Copi copia los mitos argentinos con una estrategia; el esencialismo bufo. Su relato Río de la Plata constituye una suerte de fenomenología de ser nacional en donde la generalización y el exceso vuelven irrisorio el cliché. Según Copi, en Buenos Aires los únicos cines en donde no se practica el sexo son los cineclubes. Los colectivos, ese transporte donde por lo general se viaja incómodo y hacinado, son verdaderas máquinas masturbatorias. Los políticos nacionales tienen forma de teta, y hombres y mujeres, que llevan en el cuello marcas de chupones, suelen copular con una ensordecedora expresividad verbal. Datos sociológicos contradictorios con la afirmación de que la represión sexual actúa tanto sobre machos como sobre homosexuales, llevándose la peor parte las mujeres. No puede dejar de llamar la atención el hecho de que en el párrafo dedicado a la educación de los niños Copi mencione a un Dieguito que, instalado en París, rompe ventanas jugando al fútbol, come un buey entero en cada almuerzo y extraña su kilo de dulce de leche diario (tiene de hijo al Diez).
Una estaría tentada de decir que la Patria de Puig es Hollywood si no fuera que estudió para argentino: ya sea para El beso de la mujer araña como para Pubis angelical, sobre todo mediante un artilugio importantísimo, no como garantía de una fidelidad al referente sino como ficcionalizador recargable: el grabador. Pienso en el Pozzi de Pubis angelical, tan testimonial, en cierto modo, que hace que uno se peronice leyéndolo: Pozzi no es montonero sino peronista de base –Puig tuvo que escuchar bastante en peronista, aunque sus críticos no lo reconocieran, entonces no fue un error de las Tres A amenazarlo porque lo asociaban al peronismo, algún lector debían tener.
Copi hace una Eva que en cambio sí tuvo malos lectores.
En el prólogo al primer tomo de las Obras Completas editado por Anagrama escribí: “La primera pregunta que despierta el escándalo provocado por Eva Perón en los medios argentinos es ¿por qué los mismos que decían a través del mito que Evita era el verdadero macho de la pareja Perón-Evita, gritan ¡blasfemia! cuando es representada por un hombre? Encima un hombre que tiene el mismo nombre que un libro clave de la literatura argentina, Facundo, biografía de Facundo Quiroga, el caudillo llamado a representar la prehistoria clínica de la barbarie y el mismo apellido que el mayor cineasta del campo peronista: Armando Bo. ¿No les pareció suficiente que Copi salvara a Eva de la muerte? Porque la Eva de Copi vive y quien la ve representada por un hombre sabe entonces que esa Eva no puede morir enferma de un órgano que no tiene: la matriz”.
Dicen que escribir en Argentina es pagar una deuda con Borges.
Copi tira esa herencia y le hace una hija a Borges, Raúla, cuyo nombre feminiza el de su propio padre, Raúl Damonte Taborda, y ha sido procreada con una empleada de la limpieza de la Biblioteca Nacional, María.
Lejos del Martín Fierro, esa historia de gays tapados y a la intemperie, al escribir la obra de teatro El cachafaz, Copi reescribe el género gauchesco.
¿Qué hace Puig con Borges? Puig dice que viene del cine: Borges es ciego.
Patriotas anti-patrias
Esa patria no cantada de Puig y Copi, si nos atenemos al género paralelo de mi época escolar, se refuerza por una especie de declaración de apariencia anticultural, no sólo contra lo escrito en la propia lengua, sino en las del mundo: Copi dice que no va al teatro ni al cine pero que lo hizo en los cincuenta. Es como si se hubiera apurado la cultura a fondo blanco de una vez y para siempre. Dice también que no puede leer ni siquiera teatro, porque identifica (reconoce). La identidad es un problema para él, un problema fecundo, y entonces reescribiría todo. Puig dice que en todo lo que lee, lee los problemas y se identifica, eso le impide leer (estos dichos han sido tomados de los reportajes de la París Review).
Es gracioso, en la práctica esos dos le dan un sentido menos cómico a una frase de Silvina Bullrich, vituperada escritora argentina que al lado de las simplezas del best-seller moderno habría que rescatar –si hoy se publicara Los burgueses tendría un itinerario de culto–: “Yo no leo, escribo”.
Hay algo en Puig y Copi ligado al oído. Puig estudia de oído a través de las grabaciones, con los militantes del exilio mexicano, con los psicoanalistas argentinos, Copi tiene en la memoria los morcilleos del teatro de revistas argentino, la resonancia de la lengua del humorista César Bruto (“¡Adiós negro!, no me echés la culpa de nada y pensá que todo lo hago para que triunfés con una canción en contra mía…, ¡ah, y apurate que te van a desalojar antes del 30!”). En las dos obras está presente la lengua oral, su música, su estilo, sus ocurrencias, la Patria viva de los que pasan por nuestro lado.
La identidad para Puig y Copi está puesta en duda. Los dos tuvieron una relación irónica con la militancia gay pero tuvieron una relación. El hecho de que sus textos sean levantados por los links de militancia glttb contrasta con sus declaraciones desmitificadoras en torno del sexo, ese long seller: Puig dice que el sexo es banal, que carece de todo peso, que es sólo diversión y juego. Copi dice que la homosexualidad está cerca del deporte o del teatro porque hace familia.
Que Cortázar sea belga, Gardel uruguayo y consideremos a Gombrowitz, argentino, combina con tener como nuestros a estos dos que siempre se pusieron por afuera, en el país de Luis Aguilé, es decir, en identificaciones oblicuas, indirectas, distantes. ¡Viva su patria!

 

ENTREGA A DOMICILIO (OPCIONAL – CAP. FED.) $50.

Contacto: juanpablolief@hotmail.com

Anuncios

Acerca de libroskalish

Libros difíciles de encontrar a buen precio.
Esta entrada fue publicada en Copi, Eva Perón, Evita, Juan Domingo Perón, María Moreno. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Eva Perón – Copi

  1. Pingback: La reina desalmada. María Antonieta en los panfletos – Chantal Thomas | Libros Kalish – Librería online

  2. Pingback: Catalina de Médicis. Una biografía – Leonie Frieda | Libros Kalish – Librería online

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s