Samuel Beckett, el último modernista – Anthony Cronin

Samuel Beckett, el último modernista – Anthony Cronin Jorge Luis Borges Magalí Mora  Libros Kalish

vendido

Estado: nuevo.

Editorial: La Uña Rota.

Precio: $000.

La presente biografía, la primera publicada en castellano, es sin duda la más personal de las existentes sobre el Premio Nobel de Literatura de 1969. Al no detenerse, además, en un análisis académico de las obras de Beckett, resulta la más atractiva para cualquier tipo de lector que quiera iniciarse en la compleja vida y personalidad del autor de Esperando a Godot. Para el escritor John Banville, de todas las biografías escritas sobre Beckett, la de Cronin «es de lejos la más amena y elegante».
El libro de Anthony Cronin indaga en los entresijos de la vida del autor irlandés y sigue un itinerario desprovisto de la carga de oficialidad que pesa como un gran lastre en otros trabajos biográficos.
Se trata además de una obra que se adentra en la parte más desconocida de Samuel Beckett y escudriña con precisión los aspectos más esquivos del escritor. Sin caer en la moralización ni en el retrato psicológico, descubre al Beckett real, el modo en que vivió su vida y el modo en que creó su obra.
Cronin nos muestra así un Beckett genial, profético y universal, pero también contradictorio, falible y firmemente arraigado en un entorno de acentos y paisajes del que nunca escapó del todo.
En suma, es el complemento esencial para entender el contexto creador que propició la forja de uno de los más grandes escritores del siglo xx.
Nueva biografía de Samuel Beckett: La imposibilidad de decir
Patricio Pron
Al levantar el teléfono y escuchar atentamente unos instantes, Suzanne Deschevaux-Dumesnil, la pareja de Samuel Beckett, se volvió hacia él y exclamó: “Quelle catastrophe!” Era el 23 de octubre de 1969 y acababan de comunicarle que Beckett había obtenido el Premio Nobel de Literatura, pésimas noticias (naturalmente) para quien había hecho del fracaso uno de los argumentos centrales de su obra. Ese mismo día, el escritor irlandés recibió un telegrama de Jérôme Lindon, su editor en Francia: “A pesar de todo, te han otorgado el Premio Nobel. Mi consejo es que te escondas”. No tenía que decírselo dos veces: Beckett había estado escondiéndose prácticamente toda su vida.
1
Samuel Beckett nació el 13 de mayo de 1906 (él decía que el 13 de abril, Viernes Santo y, por consiguiente, día de crucifixión), pero decía tener recuerdos anteriores, de la vida uterina: “Antes incluso de que el feto respire se halla en un estado de esterilidad, desolación y dolor”. A ese estado (que lo acompañaría durante toda su vida) contribuyó mucho una madre intolerante y fanática con la que tuvo una relación de amor y de odio que (según su biógrafo) condicionó su futura vida sexual y, de forma más simple, lo convirtió en un niño solitario y huraño para el que el ingreso en el internado fue una liberación. A Beckett se le daban bien los deportes y pronto se convirtió en una figura popular en el colegio gracias a sus dotes para el críquet y el rugby (en el Trinity College jugaría además al tenis, con buenos resultados), aunque no parece haber tenido un gran interés por la literatura. Éste despertó con la asistencia regular al Abbey Theatre y gracias a la obra cómica del dramaturgo Sean O’ Casey y de Jean Racine, que lo influirían notablemente.
2
Después de terminar sus estudios en Trinity, Beckett obtuvo un puesto como profesor de literatura francesa en el Campbell College de Belfast, pero huyó de sus responsabilidades apenas tuvo la oportunidad, primero refugiándose en la ciudad alemana de Kassel con familiares (se enamoró de su prima y ambos tuvieron una relación amorosa de varios años que acabó cuando, al parecer, la joven engordó demasiado para el gusto de Beckett, que no la encontraba sexualmente atractiva) y después consiguiendo un puesto de lector en la École Normale de París. Allí (y a pesar de que otros angloparlantes vivían ya en la ciudad: Francis Scott Fitzgerald, Gertrude Stein, Ezra Pound, Ernest Hemingway y otros) Beckett se vio pronto absorbido por el círculo de expatriados irlandeses que orbitaban en torno a la revista transition y a la enorme figura de James Joyce, quien por entonces trabajaba en una obra que acabaría llamándose Finnegans Wake.
Beckett y Joyce compartían algunos intereses y una visión similar de la existencia; más importante aún, a los dos les gustaba beber y estar en silencio, dos actividades a las que, al parecer, comenzaron a dedicarse regularmente para gran desesperación de terceras personas. Si bien le prestó diversos servicios a lo largo de los años, Beckett nunca fue secretario de Joyce, sino una especie de discípulo y amigo, alguien cercano a la familia (lo suficiente para que Lucia Joyce se enamorara de él), pero de ningún modo un colaborador sino muy tardíamente. En uno de sus primeros ensayos, escrito a sugerencia de Joyce, Beckett dio con uno de los temas principales de su futura obra: la necesidad “simultánea y contradictoria de decir, junto a la imposibilidad de decir” (según Cronin). Esta sería la principal de las influencias de Joyce sobre su obra.
3
A lo largo de los años siguientes, Beckett dividió su tiempo entre París y Dublín, donde tuvo que regresar cuando se acabó su año de lector en la École Normale. Al igual que otros escritores irlandeses, Beckett odiaba Dublín, pero debió regresar a ella una y otra vez para cumplir con los rituales familiares y cada vez que tenía problemas de dinero, cosa que sucedía a menudo a pesar del modo espartano de vida que siempre cultivó (una vez, Joyce le regaló un abrigo y cinco corbatas, cosa que parece haber enfadado a Beckett, que no sabía que, años antes, Joyce había sentido lo mismo cuando T.S. Eliot le dio unas botas viejas; por cierto, las botas habían sido de Ezra Pound).
En algunos años, Beckett había reunido una buena cantidad de obra: las novelas Sueño con mujeres que ni fu ni fa y Murphy y los cuentos de More pricks than kicks; también un número considerable de rechazos editoriales y de publicaciones preñadas de obstáculos y, en general, desafortunadas. Aunque no se hacía ilusiones al respecto (a un amigo le comentó, antes de una de esas publicaciones, que “las críticas ajenas me han de lacerar, la envidia de los otros me ha de corroer, incluso la impotencia de los demás me retendrá y me minará por dentro”), los resultados a menudo fueron peores de lo esperado: de More pricks than kicks sólo se vendieron dos ejemplares en un año y las críticas no fueron entusiastas.
4
Samuel Beckett merece un sitio junto con Flannery O’Coonor y Katherine Anne Porter en una hipotética lista de los escritores más enfermos de la literatura. A lo largo de su vida, el autor de Esperando a Godot padeció terribles resfriados, palpitaciones, náuseas, insomnio y terrores nocturnos, estreñimiento y súbitos episodios de diarrea, neuralgia, quistes sebáceos, eczema facial, bursitis, forúnculos, periartritis y graves problemas dentales (y una vez lo apuñalaron). Un problema añadido fue su incapacidad de sentirse atraído sexualmente por mujeres de las que estuviera enamorado, lo que lo llevó a preferir las prostitutas y las amantes ocasionales. Una de ellas fue Peggy Guggenheim, la millonaria, con la que vivió una relación intermitente que se hizo famosa en todo París por las escenas que Peggy le hacía; Beckett la reemplazó por Suzanne, una profesora de piano seis años mayor que él que sería su compañera durante medio siglo y con la que no parece haber habido nunca atracción sexual. Cuando (tras innumerables dificultades) parecía haber encontrado algo parecido a la estabilidad, estalló la Guerra Mundial y todo cambió dramáticamente.
Beckett había visitado Alemania en 1937; el régimen nacionalsocialista y el clima opresivo que éste había instalado en la sociedad alemana no parecen haber llamado su atención, a pesar de que sus tíos eran judíos y pudieron dejarle claro qué tipo de situación atravesaban. Cuando Alemania invadió Francia, sin embargo, todo fue diferente; Suzanne y Beckett huyeron al sur del país, donde se refugiaron en la casa de una amiga en Arcachon en la que ya se encontraba Marcel Duchamp. Al firmarse el armisticio, Beckett regresó a París y se puso a las órdenes de la Resistencia, para la que realizó tareas de inteligencia; durante semanas, vivió clandestinamente en París, a veces durmiendo a la intemperie en el Bois de Boulogne y en una ocasión en la casa de la escritora Nathalie Sarraute; cuando la situación se volvió intolerable, Suzanne y él se escondieron en un pequeño pueblo de Roussillon donde Beckett participó de las actividades de la Resistencia local (más tarde contribuiría a la instalación de un hospital de la Cruz Roja irlandesa en Saint-Lô). No es fácil determinar qué lo llevó a poner en riesgo su vida de ese modo; su participación en la Resistencia (que le granjeó la Croix de Guerre, pero que el escritor calificó con modestia de “cosas de boyscouts”) no parece haber tenido ninguna motivación ideológica, sino más bien ser el resultado de un impreciso sentido de su deber para con Francia, además de ser una bienvenida suspensión de la vida cotidiana. Según su biógrafo, Beckett “disfrutaba de las tareas encomendadas, de la disciplina, de los objetivos concretos, de la suspensión de todo problema de mayor calado”. Es decir, de un paréntesis en una vida cotidiana que le resultaba intolerable y le parecía sin sentido.
5
Un año antes del comienzo de la guerra, Beckett había empezado a escribir en francés, un giro singular en su producción que, sin embargo, empalidecería ante su constatación de que lo había hecho todo mal; esa constatación vendría acompañada de la escritura de Watt, la primera de sus obras en la que pueden hallarse las peculiaridades sintácticas y las incertidumbres genéricas que serían rasgos salientes de su estilo. Beckett comprendió (y tiene que haber sido terrible hacerlo) que había algo espurio en su obra anterior, cuyos narradores fingían poseer un conocimiento del mundo y una confianza en sí mismos de los que el escritor carecía; por consiguiente, y tras haber fracasado en su intento de escribir sobre un mundo exterior que le resultaba indiferente, Beckett se volcó sobre su mundo interior, y lo hizo con un gesto de renuncia (a las convenciones narrativas y a las certidumbres de todo tipo) para, a partir de ese momento, narrar la ignorancia, la oscuridad y la incertidumbre (ese “estado de esterilidad, desolación y dolor” que asociaba con la vida prenatal) que (según él) son lo único que podemos saber de la existencia. A lo largo de los años siguientes, escribiría MolloyMalone muereEl innombrable (además de la novela Mercier et Camier y los relatos oNouvelles y los Textos para nada) y lo haría en todos los casos en francés, ya que le resultaba más fácil escribir “sin estilo” en esa lengua.
No deja de ser singular que la epifanía que vivió Beckett al descubrir qué era exactamente lo que tenía que hacer condujera a un tipo de literatura sin esperanza de salvación y sin epifanías para sus personajes; como sostiene Cronin, estos no tienen carencias porque “ya son una carencia”, como todo el texto en general, que prescinde de trama y de descripción, así como de la distribución de la información narrativa en unidades convencionales y de la caracterización de los personajes. Puesto que sus obras iban a ser más y más breves en el transcurso de los años, parecía evidente que su coronación sólo podía ser el silencio, y Beckett buscó ese silencio tanto en los aspectos más profesionales de su vida (no formó parte del movimiento existencialista ni mostró una simpatía excesiva por el Nouveau Roman, a pesar de que ambas tendencias lo consideraban un referente, y siempre negó enfáticamente tener algo en común con el teatro del absurdo) como en los privados: tan pronto como pudo, se compró una modesta casa de campo en la que se recluyó asiduamente para escribir.
6
Beckett escribió Esperando a Godot entre el 9 de octubre de 1948 y el 29 de enero de 1949, un tiempo inusualmente breve para lo que era habitual en él. Esperando a Godot es una de las piezas de las que más se ha escrito en la segunda mitad del siglo XX, tanto sobre su significado profundo como sobre el origen del nombre “Godot”, que Beckett alguna vez remontó a un ciclista francés poco exitoso llamado Godeau, a una frase escuchada a una prostituta de la rue Godot le Mauroy y a la palabra francesa “godillot” (bota). La obra se estrenó el 5 de enero de 1953 y fue recibida con desconcierto por el público; ese desconcierto sólo se disiparía con los días, cuando Sylvain Zegel, Jean Anouilh y Alain Robbe-Grillet la celebraran como algo de la importancia del estreno de Seis personajes en busca de un autor. Una polémica acerca de su interpretación teológica dividió las aguas entre los espectadores, y la resistencia de Beckett a pronunciarse al respecto contribuyó al éxito de la pieza, que se representó durante todo un año en el pequeño Théâtre de Babylone; su repentina celebridad apuntaló a Beckett, que por entonces veía publicados (por fin) sus primeros libros, en Les Éditions de Minuit en francés y en Grove Press en inglés; en este último caso, en traducciones hechas por él mismo.
“Escribir es imposible, aunque aún no es imposible en medida suficiente” le escribió por entonces a un amigo. Beckett ya no volvería a escribir otra novela, pero aún produciría algunas piezas teatrales más (Fin de partida, tras superar un bloqueo creativo de cuatro años de duración; Los que caen, que inició una interesante colaboración entre Beckett y la BBC; RescoldosDías felicesPasosComediaFilm, el extraordinario corto que dirigió Alan Schneider y protagonizó un Buster Keaton que, al leer el guión, dijo que no era muy divertido pero que se podía arreglar con algunos gags de su cosecha, que Beckett no le dejó incluir; Yo noRumbo a peorLa última cinta de Krapp; el libreto de la ópera de Morton Feldman neither), explorando a su vez la dirección teatral al encargarse de asesorar y, en ocasiones, de montar él mismo las obras.
Quienes trabajaron bajo las órdenes de Beckett recuerdan sobre todo su insistencia en que los actores debían prescindir de todo énfasis (es decir, en que no debían actuar) y en que debían acogerse a un férreo patrón rítmico dictado por él (el escritor siempre había estado interesado en la música y había sido un pianista más que destacable).
Beckett parece haberse volcado en la dirección de sus obras ante la incapacidad de escribir piezas nuevas, que lo afligía regularmente (o, como sugirió él mismo, por el carácter “tranquilizador” que ofrecía el teatro, en la medida en que consistía en un espacio limitado y manejable, a diferencia de la prosa de ficción, que carece de límites físicos). De hecho, su producción fue singularmente escasa entre 1955 y el año de su muerte. Al reseñar Malone muere en el Mercure de France, Maurice Nadeau había escrito en 1952 que, tras Molloy, “daba la impresión de que iba a ser imposible dar un paso más allá en la conquista de la Nada. Malone muere hace retroceder los límites en la empresa […]. Después de esto, es difícil imaginar que a Beckett le pueda quedar algo más que el silencio”.
7
Tras enterarse de que se le había concedido el Nobel, Beckett hizo caso a su editor francés y se escondió en Túnez y en Portugal durante unos meses; además se negó a recibir el premio en persona, y delegó esa tarea en Lindon. También donó buena parte del dinero que había recibido: Djuna Barnes, solitaria y enferma en su apartamento de Nueva York, recibió tres mil dólares, por ejemplo. Unos años después, en 1985, le diría al traductor al polaco de Esperando a Godot que “hace mucho tiempo que no he escrito nada y no cuento con escribir nada más”.
En efecto, su obra posterior a esa fecha es escasa y lo fue más y más en la medida en que su salud empeoraba. En 1988 debió ser internado en una residencia para ancianos debido a que su mujer ya no podía cuidarlo; excepto por una última visita a su casa en el valle del Marne, ya no volvió a salir de París y poco a poco dejó de dar los largos paseos a los que se había aficionado siendo niño. Un amigo que lo visitó en la residencia recordó más tarde que “me pareció que sin ningún género de dudas disfrutaba a medida que se iba desintegrando el envoltorio corpóreo y se iba aproximando el final”.
Beckett murió el 22 de diciembre de 1989, pero la noticia sólo fue anunciada cuatro días después. No había dejado de beber ni de fumar y, en líneas generales, la proximidad de la muerte no parece haberle inducido ningún tipo de temor ni de esperanza. A pesar de ello, y en presencia de una de los últimos amigos que lo visitaron, Beckett entonó uno de los himnos de la Iglesia de Irlanda: “Ahora el día ha terminado / la noche ya nos ronda, / las sombras de la tarde / huyen por el cielo”. Así, sin mucho más que la constatación de que todo había terminado, murió.
Otros libros relacionados:
Borges – Adolfo Bioy Casares
Osvaldo Lamborghini, una biografía – Ricardo Strafacce
Virginia Woolf – Quentin Bell
Céline secreto – Lucette Destouches y Véronique Robert
En busca del Barón Corvo. Un esperimento biográfico – A. J. A. Symons
Así fueron las cosas. Biografía de Raymond Carver – Maryann Burk Carver
Personajes secundarios – Joyce Johnson
Mis rincones oscuros – James Ellroy
Leopold Sacher-Masoch – Bernard Michel
Historia de mi vida (2 Tomos) – Giacomo Casanova
Diarios. Notas y apéndices – Robert Musil
Ensayos y discursos – William Faulkner
Dashiell Hammett. Biografía – Diane Johnson
La vida de Raymond Chandler – Frank MacShane
Kafka – Max Brod
Calderón de la Barca. Su carrera cecular – Don W. Cruickshank
Realidad y fantasia en Balzac – Ezequiel Martínez Estrada
Vida y obra de Fernando Pessoa. Historia de una generación – João Gaspar Simões
Thomas Mann. La vida como obra de arte. Una biografía – Hermann Kurzke

ENTREGA LibrosKalish A DOMICILIO (OPCIONAL – CAP. FED.) $50.

Contacto: juanpablolief@hotmail.com

Anuncios

Acerca de libroskalish

Libros difíciles de encontrar a buen precio.
Esta entrada fue publicada en Anthony Cronin, Samuel Beckett. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s