Confesiones de un librero de mierda

Confesiones de un librero de mierda Juan Pablo Liefeld
Está a oscuras. Huele mal. Como un pozo ciego.
Se enciende un reflector en el baño de la confitería Atenea.
La luz hace surgir de la noche negra y sin estrellas de Balvanera una mesa. Una botella de whisky. Un cenicero. Cigarrillos. Y dos amigos: Cheever y Carver.
Llegan Ringo, Borges y Bioy sentados en un changuito de Carrefour empujado por un cartonero.
El cartonero acomoda a los muñecos de la confitería La Biela de Borges y Bioy prófugos de la justicia en la mesa junto a Cheever y Carver.
Y Ringo, mueve la cola, salta del changuito y saluda a sus amigos.
Cheever le sirve un wiskhy.
Ringo le saca un cigarrillo a Carver, lo enciende y se para delante de la mesa, mirando al público.
Le da una pitadas a su cigarrillo y con la simpatía habitual de los perros atorrantes de la calle presenta el show.
Leadas and shelteman. Aluvión zoológico con pasaporte gratis a la diversión del trencito fantasma del panic attack. Actores de una película siniestra como una muela podrida. Fusilados que viven para pagar en cuotas una pesadilla en HD. Pitulines y cachufletas condenados a reproducir el cáncer terminal del planeta tierra. Bienvenida señora rata. Buenas noches señor cucaracha. Sean todos bienvenidos y prepárense a disfrutar de un nuevo show de El Muñequito Liefeld Puteador. Un fuerte aplauso y que comience el show.
El público aplaude.
Ringo peina una raya de merca en la tapa del inodoro y la aspira. Se sacude todo y mueve la cola contento.
Luego levanta la tapa del inodoro y de entre los soretes y el meo de los habitúes del Atenea surge El muñequito Liefeld Puteador.
Los otros días me capturo la melancolía del paso del tiempo.
Escuchando a Héctor Larrea en la radio recordé que mi abuela Elsa Kalish lo escuchaba y que Fernando Peña trabajo con él. Y Larrea sigue haciendo radio. Y yo lo sigo escuchando como cuando era un niño. Pero Hector Larrea ahora es un viejo. Y yo un boludo grande como era él cuando mi abuela lo escuchaba. Y la abuela y Peña están muertos.
Y no sé, pero la perseverancia de la voz de Hector Larrea en el tiempo de una vida, la mía, unida a la presencia que ahora no es más que la estela de un recuerdo que me habita de Fernando Peña y la abuela Elsa, me hundió en un desasociego conmovedor como un amanecer junto al mar.
Y estaba perdido por estos caminos los otros días cuando el martes me levante temprano para ir al analista y mientras tomaba unos mates antes de salir escuchando el programa de radio de Dady Brieva éste recordó el aniversario de la muerte de Fernando Peña.
Así que ese día luego de ir al analista me encerré a trabajar en la librería y estuve escuchando durante doce horas audios de Fernando Peña.
Sí, en un momento llore. Y qué. Puto. Si tenés algo para decirme vení a tocarme el timbre de la librería y cuando te ponga la Luger del abuelo en la boca quiero ver si seguís siendo tan cocorito y te salen tan fácil las palabras.
Sí, llore cuando escuche el audio del primer programa de Cucuruchos en la frente y empezó a sonar el tema de apertura del programa.
Eso. No sé.
El paso del tiempo.
Ayer mamá me despertaba para ir a la escuela y en la radio sonaba Magdalena Ruiz Guinazu que ponía todas las mañanas una canción de María Elana Walhs. Y hoy – y entre ese ayer y este hoy se alberga la fugacidad de un momento, mi vida – la escuchaba a Magdalena con Lanata entrevistando a un puto que explicaba que los empresarios argentinos durante todos estos años de corrupción perdieron el tiempo en pequeñeces como las discusiones salariales en lugar de ocuparse en temas fundamentales como la institucionalidad del país.
Sí, pedazos de hijos de puta, tener un sueldo digno atenta contra la institucionalidad del país.
Y me acorde del Ruso Verea y la Heavy Rock & Pop. Y de Malas compañías de Mario Pergolini. Y de Bobby Flores y Lalo Mir. Y de la elegancia y caballerosidad de Hector Carrizo. Y de Rogelio Patricio Kelly. Y del Rafa Hernández su Piso 93. Y de los programas de Esteban Schmidt. Y de la noche que conocí a Pablo Entrerrios y comencé a hacer radio con él.
Y me acorde de la entrada del diario de Borges escrito por Bioy cuando cuenta como se entera que Borges murió. Lo encara un tipo en la calle y le dice que ese día debe ser muy especial para él. Bioy no entiende de qué esta hablando y le dice que sí como a los locos. Entonces el tipo vuelve a repetir que hoy debe ser un día muy especial. Por qué pregunta entonces Bioy y el tipo le dice que acaba de morir Borges en Ginebra. Y Bioy anota en el diario de Borges que siguió caminando y experimento los primeros pasos en el mundo sin Borges.
Esa entrada de Bioy en los diarios de Borges debe ser de los réquiem mas hermosos que se han escrito en la historia.
Y no sé.
Que se yo.
Buenas noches.
El público aplaude.
El muñequito Liefeld Puteador prende un cigarrillo y le hace una seña a Ringo.
Ringo aprieta el botón del baño.
Y El Muñequito Liefeld Puteador desaparece junto con los soretes y meos de los clientes del baño de la confitería Atenea acopañado por los aplausos de su público.
Columnas anteriores:
 zzz—Confesiones de un librero de mierda—zzz

 

ENTREGA LibrosKalish A DOMICILIO (OPCIONAL – CAP. FED.) $50.

Contacto: juanpablolief@hotmail.com

Anuncios

Acerca de libroskalish

Libros difíciles de encontrar a buen precio.
Esta entrada fue publicada en zzz---Confesiones de un librero de mierda---zzz. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s