Confesiones de un librero de mierda

Confesiones de un librero de mierda Juan Pablo Liefeld

Para los perros: Kity, Canela, Jaka Zulu, Evelyn, El Pata, El Apache, Muqui, Manu, Ringo y  Viqui.
Para los gatos Socrates, Nico, Sisi, Carla, Rene, Ulises, Enrique y para Filomena que un verano me porte como un hijo de puta con ella.
Para la tortuga Enriqueta.
Para la paloma Plapla.
Para los peces que olvide sus nombres.
Para la araña a la cual durante todo un verano la vi tejer en el patio de casa su telaraña y fue mi mejor amiga en uno de los momentos más oscuros de mi vida.
Para las lagartijas que cazábamos en los baldíos y las chicharras que atábamos a piolines.
Y a las vaquitas de san Antonio y las mariposas y grillos del jardín de casa.
En la semana buscando una imagen para acompañar un texto de Julián Urman sobre un conejo que vive en Villa Crespo di con material interesante sobre vivisección.
Estaba con fiebre y mi nariz era una canilla de agua. Y me pase todo el día leyendo material sobre el asunto y subiéndolo a Libros Kalish y a Facebook.
Pero cuando di con el texto de Hans Ruesch sobre la suerte de un gato en un laboratorio por primera vez experimente el llanto y abrazo de Friedrich Nietzsche a un caballo al que su dueño lo estaba azotando.
Luego de leer el texto lo edite y subi a la red. Después  lo volví a leer. Puse el disco de David Bowie The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars y volví a leer el texto de Ruesch.
Y me dolio.
Y me hizo llorar.
Me impacto de lleno en el cuerpo haciéndome chillar.
Ernst Jünger escribe en un ensayo que cuando todas las señales fallan solo el dolor puede aportar coordenadas que nos permitan orientarnos.
Leyendo ese texto volví a confirmar que el mal existe y es humano.
Tan humano como vos
Tan humano como yo.
Conozco a dos personas que han torturado animales en laboratorios. Con ambos e compartido noches y son exelentes personas. Uno no recuerdo que mierda les hacía a que pobres bichitos para estudiar no sé qué mierda. El otro le daba cocaína a ratones para estudiar sus efectos.
Los dos son buenas personas. Lo sé. Porque sé reconocer a una buena persona al verla. Pero los dos pueden someter a hórridas experiencias a animales en nombre de la ciencia. El dolor deliberado que han ejercido sobre la vida de otros seres vivos no  los interpela ni los lleva a la conflictiva encrucijada ética de cuestionarse sobre el derecho de dañar vidas ajenas.
En fin.
Lo monstruoso no es sobrenatural. Es humano, demasiado humano.
Como vos.
Como yo.
¡Adiós, tonto gatito! 
Hans Ruesch
No, tonto gatito, nadie te liberó, a pesar de que tu foto y tu grito de ayuda estaban en exhibición en todos los quioscos de periódicos de Europa, donde millones de personas los vieron, y probablemente millares no pudieron dormir la noche siguiente. Sin embargo, esto es todo lo que han hecho –incluso yo-. Durante un momento de locura esperábamos que algunos de esos chicos que liberan animales de los laboratorios corrieran a salvarte, pero, naturalmente, las probabilidades eran enormemente contrarias, porque la policía protege a los torturadores de laboratorio y no a sus víctimas; los héroes son pocos, y millones de animales candidatos a morir en los laboratorios pseudocientíficos para proporcionar una coartada a los traficantes de drogas.
Pronto serás inmovilizado en un aparato estereotáxico, con tanta fuerza que no lograrás mover la cabeza, ni siquiera un pelo, tal vez dos barras de acero serán introducidas en las órbitas vacías de tus ojos, y dos prensas te presionarán las orejas tan fuertemente que tus tímpanos podrían reventar, pero no te preocupes, se hará porque no influirá ni un poco el resultado del experimento, según cuanto dicen los catálogos de los fabricantes, Lab-Tronics y H. Neuman & Co., cerca de Chicago, que envían tales instrumentos de tortura a los laboratorios de todo el mundo. Sin embargo, lo que importa es tenerte absolutamente inmóvil, mientras la verdadera acción comienza.
Demonios de bata blanca, disfrazados de “científicos”, te harán agujeros con un taladro en tu pequeña cabeza, e introducirán cánulas, sensores, y electrodos en tu pequeño cerebro, para repetir una vez más en tu sistema nervioso los mismos insensatos experimentos efectuados desde el fin del siglo pasado; experimentos que no han aportado beneficios de ningún tipo, ni a la especie humana ni a la felina, sino únicamente a los mismos experimentadores, a quienes han procurado satisfacción personal, a veces fama y honores, y quizá incluso un Premio Nobel, como en el caso del Prof. Walter Hess de la Universidad de Zurigo, antes que se supiera que todas sus conclusiones eran erróneas y habían causado daños incalculables a un número no revelado de pacientes. En cualquier caso, las obras pseudocientíficas de este señor y de sus colegas, si es que todavía están en algunas bibliotecas médicas, por más que nadie las lea, han sido colocadas allí con la ayuda de tontos gatitos como tú.
Porque tú fuiste creado sólo para “servir” a la especie humana. ¿No lo sabías? También el Papa lo ha dicho explícitamente, probablemente con base en su creencia de que tú no tienes un alma (algo que sin embargo no puede demostrarse), mientras que tus torturadores sí la tienen (y tampoco esto es algo que pueda demostrarse), porque “están hechos a imagen de Dios”. ¡Hermosa imagen!
Y, naturalmente, los jóvenes químicos continúan repitiendo y perpetuando todo esto, así como los fabricantes de productos que están envenenando la Tierra y matando a la gente por millones, los gobiernos y los políticos que pagan la nómina, los profesores universitarios y los rectores, los medios de comunicación que se ganan la vida cómodamente, no informando a la opinión pública sino manipulándola, y también los dirigentes de las grandes asociaciones para el bienestar de los animales, como la RSPCA (Royal Society for the Prevention of Cruelty to Animals) y la WSPA (World Society for the Protection of Animals) y El Eurogrupo y la HSUS (The Humane Society of the United States), etcétera, que en lugar de dar a conocer el daño evidente, enorme, causado cotidianamente a la especie humana por los métodos erróneos de investigación médica, ocultan deliberadamente este hecho con cortinas de humo de pueriles charlas filosóficas –como los viviseccionistas quieren que hagan, bajo el pretexto de que la humanidad debe ser “salvada”, y que sólo con el sacrificio tuyo y el de tu especie esto se puede obtener-.
Naturalmente, tonto gatito, para cuando seas inmovilizado en uno de sus aparatos estereotáxicos, probablemente habrás llegado a la conclusión de que la humanidad no puede ser todo eso que se dice de ella, y, desgraciadamente, tendrás razón. En efecto, el hombre es el único animal capaz de matar a sus hijos porque lo molestan mientras duerme. Y también el único macho que golpea a su hembra, si bien algunos graciosos argumentarán que la mujer es la única hembra que merece ser golpeada. El hombre es el único animal que asesina a todas las especies conocidas, incluida la suya, e, incesantemente, erosiona el suelo y daña su hábitat hasta hacerlo inhabitable, sin embargo se considera –sólo porque es capaz de sembrar más muerte y caos que todas las demás especies juntas– la más inteligente de las especies, la única que merece sobrevivir.
¿Qué esperas de una especie así, tonto gatito? Pero, tal vez, sólo quieres saber porqué siempre es tu especie la utilizada para los experimentos más dolorosos y prolongados que existen. Es porque has tenido la mala suerte de nacer con un sistema nervioso extremadamente sensible, mucho más sensible que el de tus atormentadores, pero al mismo tiempo eres también más resistente que la mayoría de los otros animales. He aquí el porqué.
Pero no grites cuando te lastimen, tonto. Si lo haces, “ellos” te cortarán las cuerdas vocales, porque “ellos” son de corazón sensible y no soportan los chillidos de los animales. De hecho, muchos de ellos no sólo son grandes filántropos, sino también verdaderos amantes de los animales, que dicen sufrir más que tú a causa del dolor que, por pura filantropía, te infligen.
Y, ahora, adiós, tonto gatito. Espero que mueras antes de que comiencen las fiestas de Navidad, porque durante esas fechas corres el riesgo de permanecer durante días sin agua, inmovilizado en tu aparato de contención. Mas no contemos con ello, porque vivisectores como el prof. Konrad Akert, capo líder de la Universidad de Zurich, y el prof. W. D. M. Paton de Oxford –Sir William, nombrado caballero de su Graciosa Majestad la Reina por su incesante trabajo sobre cerebros de gatos– junto con sus colegas han llevado a cabo estos experimentos tan increíblemente a menudo, con idiota repetitividad, que han llegado a ser bastante hábiles en prolongar la agonía. Asimismo ninguno de ellos ha sido nunca capaz de nombrarnos un sólo paciente al que hayan curado, mientras que nosotros podemos nombrar a un gran número de personas que han sido dañadas de por vida, o que incluso han muerto, a causa de su torpe y contraproducente método de pseudoinvestigación.
Pero, quizá, puedes recibir una especie de aterrador consuelo del siguiente pensamiento, desafortunado gatito. Piensa sólo esto: de una tonta pequeña cabeza como la tuya, hombres “importantes” como Sir William Paton esperan, en efecto, encontrar algún día qué hacer con sus propios cerebros defectuosos y con el gran agujero negro que tienen dentro, y es tanta su preocupación que los experimentos sobre el cerebro han llegado a ser en sus vidas una obsesión.
Ahora, debemos dejarte, desafortunado gatito. Espero que mueras rápidamente. Es, verdaderamente, lo único que podemos desearte. Quizá nos encontremos algún día, en algún otro mundo, que únicamente podrá ser mejor que este.
*Este artículo de Hans Ruesch apareció originalmente en Boletín CIVIS-SCHWEIZ, en la navidad de 1983. Poco antes, la fotografía del gatito con la leyenda “HILFE, LAAST MICH HIER RAUS!” (“¡Ayuda, sáquenme de aquí!”) había sido publicada en la portada de Stern, el semanario alemán de mayor circulación. Cinco años después, Hans Ruesch volvió a publicar el artículo en el Boletín CIVIS No. 2, “The Infiltrarion in Animal Welfare”.
Columnas anteriores:
 zzz—Confesiones de un librero de mierda—zzz

 

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