Chronic City – Jonathan Lethem

Chronic City – Jonathan Lethem Ralph Steadman Jorge Luis Borges libros Kalish Hunter S. Thompson William T. Vollmann Sebastian Hernaiz

Estado: usado.

Editorial: Mondadori.

Precio: $200.

Chase Insteadman, un apuesto e inofensivo producto de la escena social de Manhattan, lleva una vida de ocio gracias a las rentas que recibe de su breve carrera como actor infantil. Además, últimamente ha vuelto a la vida pública por una tragedia que los medios no se cansan de cubrir: su amor de la adolescencia y prometida, Janice Trumbull, está atrapada en la Estación Espacial Internacional, desde donde le envía arrebatadas cartas de amor. La vida de Chase cambia radicalmente cuando conoce a Perkus Tooth, un ermitaño virtual y enigmático que es adorado en los círculos más modernos por su arte callejero de vanguardia y sus caústicos comentarios. Su labia incendiaria y su voraz paranoia arrastran a Chase a un Manhattan completamente diferente, un Manhattan distópico y sesgado en el que la verdad es a gusto del consumidor.
Un árbol de marihuana ancestral y poderoso llamado Chronic, una espesa niebla gris que cubre Manhattan y un tigre mecánico que tiene aterrorizados a los habitantes de Nueva York son otros de los personajes de la nueva novela de Jonathan Lethem.
Jonathan Lethem (Nueva York, 1964) es una de las voces más imaginativas de la ficción contemporánea. Por su novela Huérfanos de Brooklyn (Literatura Random House, 2001) recibió el Premio Nacional de la Crítica de su país. En España se han publicado Paisaje con muchacha (Debolsillo, 2003), Cuando Alice se subió a la mesa (Literatura Random House, 2003), La Fortaleza de la Soledad (Literatura Random House, 2005), Todavía no me quieres (Literatura Random House, 2008), Chronic City (Literatura Random House, 2011) y Los Jardines de la Disidencia (Literatura Random House, 2014).
Manhattan Transfer
Rodrigo Fresán
Hay que ser muy pero muy audaz para intentar una novela que parezca escrita a medias por Saul Bellow y Philip K. Dick. Y Jonathan Lethem (Nueva York, 1964, hombre de Brooklyn por opción y convicción) no sólo es audaz sino que, además, contó con el suficiente (mucho) talento como para conseguirlo en Chronic City.
Así, aquí viene el perturbado y perturbador Perkus Tooth: inspirado por el legendario y mitómano crítico Paul Nelson y recordando tanto al enciclopédico Joe Gould de Joseph Mitchell como a los paranoides y obsesivos Von Humboldt Fleisher o al Herzog del ya mencionado Bellow. Y aquí viene también su súbito e inesperado colega Chase “El Hombre Más Triste de Manhattan” Insteadman: alguna vez actor infantil de renombre y hoy más que nada conocido (recuerden y no olviden nunca al Dr. Bloodmoney de Dick) por ser el prometido de Janice Trumbull, bella astronauta atrapada en una estación espacial desde la que envía desorbitados mensajes amorosos. Y, sí, típico guiño marca Lethem: la chica se apellida igual que el director de efectos especiales de 2001: una odisea espacial.
Como telón de fondo en primer plano, lo del título: New York como ciudad crónica, como hoguera de excentricidades donde cualquier cosa puede suceder.
Y este tipo de mixturas y transferencias no son novedosas en la ya considerable obra de Lethem sino, desde siempre, su rasgo principal. Ahí está esa fusión de Centauros del desierto con space-opera en Paisaje con muchacha, de Chandler con canguros mutantes en Gun, with Ocassional Music, de física cuántica con romanticismo académico en Cuando Alice se subió a la mesa, de noir con comedia à la Coen Brothers en Huérfanos de Brooklyn, de comic-book con novela de iniciación en La Fortaleza de la Soledad, de rock con abulia generacional en Todavía no me quieres. Y no olvidar abundantes textos autobiográficos, sus guiones para novelas gráficas o sus ensayos (a destacar aquel polémico en el que defendía el derecho al plagio como forma de influencia) donde la baja y alta cultura bailan en un frenesí de referencias y de sonidos aparentemente irreconciliables imponiéndose siempre el aria de una infancia bohemia, ilustrada y voraz y, aseguran los que gustan de psicoanalizar de lejos, la temprana muerte de su madre.
Y es esta voracidad de Lethem –sus irrenunciables ganas por contarlo todo– la que vuelve a destacar y definir a Chronic City como gran novela neoyorquina. Una alucinada comedia social en la que la metrópoli refulge como oasis y espejismo al mismo tiempo. Lethem (tal vez junto al desaparecido David Foster Wallace, a quien se homenajea aquí en la figura de Ralph Warden Meeker, autor de la mega-novela Obstinate Dust (La bruma indistinta, en la traducción); Michael Chabon, el narrador más prestigioso y prestigiado por premios de su generación; y el gran Rick Moody en The Diviners) persigue aquí lo que tantos otros, desde John Dos Passos y pasando por Tom Wolfe, buscaron antes: la Novela Total Made in NY a la que quiere presentar, según dijo en entrevista, como “una de esas bolas de cristal con nieve dentro”.
El resultado es inequívocamente lethemiano y (valga mencionar el que la temida crítica de The New York Times Michiko Kakutani destrozara a Chronic City en las páginas diarias del periódico mientras que su influyente suplemento dominical la escogiera como una de las cinco mejores ficciones del 2009) no apto para ese lector al que le confunda o fastidie el comenzar una novela realista que, enseguida, deviene realidad virtual. Algo que, a medida que pasan los capítulos, provoca la creciente sensación de hundirse entre las sábanas de un sueño con los ojos bien abiertos.
Es entonces cuando comprendemos que la Manhattan de Lethem no es la nuestra, aunque –perdiéndonos y encontrándonos por calles y avenidas y penthouse de millonario y oficinas de la nunca del todo bien ponderada Criterion Collection y sótanos underground de Chronic City– pronto lo sea. Al igual que Perkus Tooth recortando y reordenando las noticias del diario para así averiguar lo que verdaderamente sucede y retipiando los artículos de The New Yorker para no ser influido por su tipografía, Lethem refunda una urbe legendaria. Y nos invita a un literal y literario Manhattan Transfer. A una aberración geo-psicotrónica presentada aquí como colosal leyenda urbana en la que un tigre colosal y destructor anda suelto por sus parques, una niebla gris cubre el distrito financiero de Wall Street desde hace años mientras todos fuman una potente variedad de marihuana conocida como Chronic, proliferan los condominios para perros, no dejan de aparecer personajes con nombres pynchonianos, se rastrea a unos “calderos” a los que se les atribuye propiedades de Santo Grial y crecen los rumores sobre robots cavadores de túneles. Y se camina y se corre pero finalmente –más allá de la vuelta de tuerca final y posmoderna, por encima de sofisticadas elipsis y epifanías, por su construcción de matrix fraternalmente marxiana– lo que se impone e impone en Chronic City, como en La Fortaleza de la Soledad, es algo tan sencillo como sentido: el modo en que la más correcta de las personas incorrectas puede cambiarte para siempre y, tal vez, para bien, para mejor.
Y, pienso, ahí reside la rara y particular inteligencia de Lethem: hacernos saber que lo freak y lo conspirativo puede ser, también, emocionante y sentimental sin por eso privarse –como en El hombre en el castillo, como en Son más los que mueren de desamor– de fantasear con cierto orden y lógica más allá de nuestra comprensión. Y así soñar despiertos con una versión corregida y mejorada –no confundirla con nuestra realidad, por favor– donde ganen los buenos y los inteligentes y en la que Nueva York sea una ciudad normal.
Bueno, no tanto.
La hoguera de las excentricidades
Martín Pérez
Tres dólares. Ese es el último precio que Jonathan Lethem confiesa haber escrito en la primera página de un libro usado, y no hace tanto tiempo. Lo comenta divertido, después de pensarlo un rato, sorprendido ante la pregunta. “Se trataba de unos paperback de Graham Greene”, asegura el escritor norteamericano, dueño de una librería de usados en Maine, donde veranea con su familia desde hace más de una década. “Soy algo así como un dueño honorario, porque el trabajo de verdad lo hacen mis socios”, casi se disculpa Lethem, autor de una decena de volúmenes de cuentos, novelas e incluso ensayos sobre cultura popular y masiva que lo han convertido en ineludible referente de la última generación de la literatura anglosajona, profesor de escritura creativa en la Universidad de Pomona, California, pero que no siente que sea nada raro estar involucrado en esa clase de librería. Después de todo, asegura, la mayor parte de su vida la ha pasado entre libros usados, de uno u otro lado del mostrador. Alguna vez le han preguntado cómo sabe el precio que hay que ponerle a un usado, y su respuesta risueña fue la única posible para un amante de los géneros populares, cuyas primeras novelas homenajeaban, a su manera, tanto los policiales negros como la ciencia ficción: “Si te lo dijera, tendría que matarte”.
YO VIVO EN UNA CIUDAD
A una década y media de la aparición de su primer libro, Gun, with occasional music (1994), Lethem ya llevaba diez años consagrado como una suerte de escritor oficial de Brooklyn –gracias a las dos grandes cumbres de su obra, las novelas Huérfanos de Brooklyn (1999) y La fortaleza de la soledad (2004)– cuando finalmente terminó de cruzar el East River para poner sus dos pies en Manhattan con la aparición de Chronic City, editado originalmente en inglés dos años atrás, no sin cierta polémica. Un ejemplo de la misma fue el trato que le dio el influyente New York Times: destrozado apenas salió por su crítica estrella, Michiko Kakutani, terminó el año siendo elegida por el periódico como uno de los privilegiados diez mejores libros del 2009 según su suplemento literario. Parecería que a los neoyorquinos les costó asimilar el retrato que Lethem hizo de ellos y de su ciudad. “Hubo ciertamente una pequeña controversia”, acepta Lethem, dejando escapar una risa breve del otro lado de la línea telefónica. “Pero lo que pasa es que creo que el libro es algo así como una de las manchas del test de Rorschach, o un espejo, que te lee al mismo tiempo que lo lees. Así que cada crítico que se enfrenta con él tiene para ofrecer una descripción diferente.”
Alguna vez Lethem citó con admiración a Ian McEwan, cuando el escritor británico aseguró que “salir a presentar un libro es como ser un empleado de lo que fuiste”. Pero trabajando por un momento de autor de Chronic City, cuenta que la novela está enmarcada entre el atentado a las Torres Gemelas y la última crisis económica. “El primer impulso antes de tener nada parecido a una novela entre mis manos fue notar cómo, durante la primera década del nuevo siglo, Nueva York se transformó en una caricatura de sí misma, una especie de realidad virtual o un holograma”, asegura Lethem, que asegura que a pesar de ese punto de partida, en última instancia, Nueva York no terminó siendo el tema de su libro. “Porque, más que la vida de una ciudad, la novela trata sobre la vida de una conciencia que habita la ciudad.”
Una definición que se hace real cuando, al leerla en Buenos Aires, los pasos de comedia melancólica de sus protagonistas enmarcados en toda clase de delirios, como la soberbia y los misterios de sus gobernantes, las andanzas de un tigre suelto en la ciudad o la pérdida del control de una perforadora automática de túneles para el subte, la hacen sentir como una historia decididamente porteña. “Es el mejor elogio que puedo escuchar”, se entusiasma su autor desde Maine. “Me hace recordar cuando, refiriéndose a La fortaleza de la soledad, la gente me decía que era como si hubiese escrito de su niñez, aun cuando habían crecido en Dublin o Chicago, bien lejos de Brooklyn.”
Para muchos, La fortaleza… es el libro con el que encontraste tu propia voz…
–Hay quienes opinan así, es verdad. Pero es lo que les pasó a los Beatles con Sgt. Pepper’s, que fue el disco que mejor anunció al mundo su mutación. Pero los que conocemos más la historia del grupo sabemos que eso sucedió un par de discos antes, con Rubber Soul y Revolver. A mí me sucedió calladamente para el mundo, pero muy ruidosamente para mí, con un libro llamado Paisaje con muchacha (1998), uno de los mas pequeños respecto de mi reputación, pero que me cambió totalmente. Después vinieron las novelas que anunciaron al mundo ese cambio, que son, según con quién hables, Huérfanos de Brooklyn y La fortaleza…
¿Qué le sucede a un autor cuando encuentra su voz?
–Es temporalmente algo liberador, pero el único problema es que es al mismo tiempo inevitable y necesario sentirse atrapado otra vez, y hay que descubrir un nuevo camino hacia la libertad. Y para eso, cada libro es su propio, no sé… cohete. Y te lleva a un nuevo lugar, donde se desarma y tenés que empezar a construir uno nuevo. Chronic City sigue siendo mi última novela, y todavía me puedo meter en los zapatos del que la escribió como para hacer una entrevista de una manera creíble, pero no puedo habitar más sus personajes. Ya he sido exiliado de esa tierra, ese libro ya es un mundo distante para mí.
LO QUE SUENA EN LA RADIO
Por esas cosas de los vaivenes de la economía y los designios editoriales, a pesar de lo extensa y prolífica que ha sido su carrera, y más en el último tiempo, la obra de Lethem es poco menos que desconocida en nuestro país. Como su contemporáneo Michael Chabon, justo cuando se tradujeron sus mejores obras estas sólo aparecieron en España, y en ese entonces –primera mitad de la década pasada– un libro importado era algo poco menos que prohibitivo. De vez en cuando se pueden descubrir algunos ejemplares perdidos de La fortaleza de la soledad en alguna librería y Todavía no me quieres –su anterior opus– ya tiene su edición de bolsillo, pero se podría decir que la aparición de Chronic City es nada menos que un pequeño acontecimiento, ya que se trata de la primera edición local de Lethem. Es más: aun cuando la traducción es española, obra de Cruz Rodríguez Juiz, prácticamente no sufre de los españolismos terminales que suelen convertirlas en ilegibles, tal vez porque sus protagonistas no son precisamente marginales y entonces no hay necesidad de castigar al lector con ninguna jerga.
El único detalle tal vez sea que Chronic City no es el libro prototípico de Lethem, o más bien es decididamente el más indulgente. “Es verdad. Pero es que me sentí muy libre escribiendo esta novela”, explica. “Porque era necesaria esa libertad para que el lector pudiese entrar en su mundo. Así que puse en ella todo lo que me pasaba cerca.” El lector ocasional también se puede sentir indulgente divirtiéndose con cada uno de sus pliegues, disfrutando con cada pequeño dulce envuelto en las idas y vueltas de sus protagonistas: Chase Insteadman, un niño actor que vive prácticamente de su vieja fama, de novio con una astronauta que no puede volver a casa; Oona Lazlo, su distinguida amante cómplice; y Perkus Tooth, tercero en discordia, el personaje más inolvidable del libro, un crítico paranoico, obsesionado por la cultura popular y la virtualidad, que en uno de los momentos cumbres de la trama abraza lo que negó ser durante todas sus páginas: un crítico de rock.
“Hay un chiste personal oculto en esa confesión”, revela Lethem. “Porque desde que empecé a publicar, como lo hice en un principio desde ese ámbito, todo el mundo insiste en preguntarme si me considero un escritor de ciencia ficción. Y siempre soy muy cuidadoso al responder, porque no siempre me lo preguntan con las mejores intenciones. Pero la pregunta es tan recurrente, y la he contestado de tantas maneras distintas, que siempre bromeo que alguna vez simplemente diré: Sí, soy un escritor de ciencia ficción, ¿y qué?”
Pero más allá de la broma privada, detrás del personaje de Tooth y su confesión hay un homenaje de Lethem a una generación de pioneros de la cultura rock que tuvieron la valentía de crear un género a partir de la nada, como Robert Christgau, Lester Bangs o Greil Marcus, entre otros. “Porque todos ellos tomaron algo totalmente efímero como la música que sonaba en la radio, de lo que nadie creía que se podía escribir seriamente, y no sólo se lo tomaron en serio, sino que llegaron al punto de afirmar que ése era el arte de nuestro tiempo. ¡Y lo terminó siendo! Su valentía intelectual lo hizo posible, y hoy es algo que damos por hecho, e incluso se enseña en la Universidad. Perkus es mi personal homenaje a esos valientes, a los creadores de ese lenguaje secreto.”
Casi como si estuviese encarnando a su personaje, Lethem se vistió de Perkus Tooth para su siguiente libro, un volumen dedicado a They Live!, una oscura película del director de culto John Carpenter. “¡Y ahora lo he vuelto a hacer!”, se entusiasma, explicando que acaba de terminar un libro sobre Fear of music, el disco de los Talking Heads. Si el trabajo dedicado a Carpenter inaugura una colección de libros monográficos sobre películas, el de los Talking Heads formará parte de la exitosa colección que seguramente inspiró esta flamante aventura cinéfila, llamada 33 1/3, que examina minuciosamente un disco. “Hace tiempo le había pedido al director de la colección que me reservase Fear of music. Y al final recibí su llamada diciéndome que, si quería que ese disco siguiese siendo mío, debía ponérmelo a escribir.”
La labor de crítico de rock no es algo ajeno a Jonathan Lethem, ni tampoco a su literatura. Dividiendo en dos La fortaleza de la soledad, sin ir más lejos, figuran unas fascinantes liner notes de un disco inexistente, compilando la obra musical del padre de uno de los dos protagonistas del libro, escritas justamente por el otro protagonista. Su anterior novela, la menor y algo decepcionante Todavía no me quieres, cuenta la historia del ascenso y caída de un grupo de rock indie que aún no ha terminado de existir cuando ya ha terminado su carrera. Y en uno de los últimos números de la sorprendente revista McSweeney’s, dirigida por Dave Eggers, Lethem celebra la obra de Big Star, la banda de culto de Alex Chilton y Chris Bell.
La idea de escribir sobre Fear of music viene, explica, de un breve ensayo autobiográfico originalmente publicado en The New Yorker, titulado The Beards (2005). “Es un texto en el que hablo de la experiencia de identificarse tanto con una obra de arte que querés sacársela de las manos a sus autores, y protegerla incluso de ellos. Tengo la sensación de que la única persona que entiende lo poderoso que es Fear of music soy yo, incluso los Talking Heads traicionaron ese disco en sus trabajos posteriores. Una idea que es, por supuesto, muy Perkus Tooth”, se divierte Lethem. “Así que estoy tratando a Fear of music de la misma manera en que Harold Bloom escribiría sobre La Tierra Baldía, de T. S. Elliot: como si fuese un monumento total de la cultura, del que nunca podés decir suficiente. ¡Acabo de terminar 200 páginas sobre ese disco, pero creo que podría hacer varios libros!”
PARA LA LIBERTAD
Al mismo tiempo que termina su libro sobre Talking Heads, Lethem confiesa estar preparando el camino hacia su próxima novela, que según parece será algo ambicioso. “Estoy juntando material para un libro ambientado a mediados del siglo pasado, en los años ’50 y ’60, que es muy diferente a cualquier cosa que haya hecho antes. Porque incluso La fortaleza… toca un tiempo y un lugar, los ’70, que puedo sentir en el cuerpo, puedo tocar el ADN de ese tiempo con mi experiencia. Pero esta época es imaginaria para mí.”
Los protagonistas de su próxima novela serán de la izquierda norteamericana, y teniendo en cuenta sus obsesiones, es imposible no pensar en ellos como los utopistas norteamericanos inmediatamente anteriores a la ciencia ficción o la cultura rock.
“¡Es que eso es lo que yo hago! Hacer chocar la realidad con una irrealidad muy inconsciente, o una virtualidad. Y ahora me estoy centrando en esa utopía que fue el comunismo norteamericano, un sueño ideológico intenso. Estoy muy interesado en utopías temporales, o inconscientes, que existen o que son destruidas. La fortaleza… describe muchos de estos sueños: el de los hippies, el de los cineastas experimentales que creen estar haciendo algo importante pero son rápidamente olvidados, el de los autores de graffiti que inventan una realidad alternativa y por un momento incluso pueden vivir dentro de ella. Y el comunismo norteamericano fue una de estas utopías.”
Además de hablar de esta incipiente novela, una curiosa confesión aparece en las últimas entrevistas de Lethem, que es la de estar releyendo la obra de Julio Cortázar. “Es verdad, pero el que me llevó hasta Cortázar fue Roberto Bolaño.” ¿Cómo es eso? “Es que siento que tienen una conexión poderosa”, explica. “Son escritores caracterizados por una total libertad. Algo parecido a lo que yo sentí al escribir Chronic City, sin querer compararme. Pero es que Cortázar y Bolaño se permiten decir lo que quieren, incluyen en sus obras lo que desean, quieren comerse el mundo completamente y lo logran.”
¿Cuál es la razón por la que la cultura literaria norteamericana abrazó tan rápido a Bolaño?
–No podría explicarlo, no tengo esa respuesta. Pero es vergonzante lo que dice este fanatismo por Bolaño de la esporádica atención que los norteamericanos tienen sobre otras literaturas. Una vez por década la cultura literaria norteamericana se entusiasma con un escritor traducido, pero siempre es sólo uno. Lo que puedo decir de Bolaño es que representa a su tiempo, y que la libertad de su literatura lo ha transformado en una figura global. Aún estamos intentando entender qué puede significar una literatura global, pero Bolaño señala el camino.

ENTREGA LibrosKalish A DOMICILIO (OPCIONAL – CAP. FED.) $50.

Contacto: juanpablolief@hotmail.com

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