Malcolm X. Autobiografía – Malcolm X con la colaboración de Alex Haley

Malcolm X. Autobiografía – Malcolm X con la colaboración de Alex Haley libros kalish Assata Shakur Martin Luther King Muhammad Mohamed Ali Cassius Clay

Estado: usado.

Editorial: Ediciones B.

Precio: $400.

La Autobiografía de Malcolm X  fue escrita por Alex Haley entre 1964 y 1965, fruto de las conversaciones con Malcolm poco antes de la muerte de Malcolm X (y con un epílogo después), y publicada en 1965. El libro fue nombrado por la revista Time como uno de los diez libros más importantes de no ficción del siglo XX.
El guion para la película de 1992 Malcolm X, dirigida por Spike Lee, fue adaptado de la Autobiografía de Malcolm X.
El libro describe la educación de Malcolm X en Míchigan, su maduración en la adultez en Boston y Nueva York, su tiempo en la cárcel, su conversión al islam, su ministerio, sus viajes a África y a La Meca, y su posterior carrera y consiguiente asesinato en el Audubon Ballroom, cerca de la calle 116 y Broadway en Nueva York. El libro contiene una importante cantidad de pensamiento relacionado con la existencia africano-americana.
Haley dijo en el documental Eyes on the Prize que fue difícil escribir la autobiografía de Malcolm X, porque era bastante reacio a hablar de sí mismo y en lugar de ello prefería hablar de la Nación del Islam.
Existen exageraciones e inexactitudes en el libro, algunas de las cuales fueron reconocidos por Haley. Por ejemplo, Malcolm X describe un incidente en el que apuntó un arma con una sola bala en su cabeza y apretó el gatillo en numerosas ocasiones con el fin de demostrar a su cohorte de criminales que no tenía miedo a morir. En el epílogo, Haley escribió que cuando Malcolm fue a corregir los manuscritos le dijo a Haley que tenía la bala en la palma de su mano y que lo organizó todo para asustar a los demás.
En 2005, el historiador Manning Marable, autor del libro Malcolm X: Una Vida de Reinvención, alegó que Haley trabajó con el FBI mientras escribía el libro con Malcolm X. También habló de la existencia de tres capítulos inéditos del libro.
 Discurso de Malcolm X  pronunciado en Cleveland el 3 de abril de 1964
“Antes de tratar de explicar qué se entiende por el voto o la bala, me gustaría aclarar algo sobre mí mismo. Sigo siendo un musulmán, y mi religión sigue siendo el islam. Esa es mi creencia personal. […]
Pero aunque sigo siendo un musulmán, sin embargo, no estoy aquí esta noche para hablar de mi religión, ni para tratar de cambiar la suya. No vine para discutir ni polemizar sobre ninguna de las cosas sobre las que diferimos, porque ya es hora de superar nuestras diferencias y darnos cuenta de que es mejor para nosotros ver primero que tenemos el mismo problema, un problema común que te hace vivir en un infierno, lo mismo si eres bautista que si eres metodista o musulmán o nacionalista. Ya sea que seas educado o analfabeto, si vives en el bulevar o en el callejón, vas a sentirte en el infierno al igual que yo. Todos estamos metidos en el mismo barco, y a todos nos harán vivir en el mismo infierno, el mismo hombre blanco. Todos nosotros hemos sufrido aquí, en este país, la opresión política de manos del blanco, la explotación económica de manos del blanco y la degradación social de manos del blanco.
Ahora bien, el hecho que hablemos así no quiere decir que seamos antiblancos, pero sí quiere decir que somos antiexplotación, que somos antidegradación, que somos antiopresión. […]
En 1964 hay que escoger entre una cosa y la otra. No es que se acaba el tiempo ¡el tiempo se ha acabado!
1964 amenaza con ser el año más explosivo que Estados Unidos haya presenciado jamás. El año más explosivo. ¿Por qué? También es un año político. Es el año en que todos los políticos blancos volverán a meterse en la llamada comunidad de la gente de color para engañarnos y sacarnos unos cuantos votos. El año en que todos los bribones políticos blancos volverán a meterse en la llamada comunidad de gente de color con sus falsas promesas, alimentando nuestras esperanzas para luego defraudarlas con sus trucos y sus traiciones, con promesas falsas que no tienen intención de cumplir. Mientras ellos alimentan el descontento, todo esto solo puede conducirnos a una cosa: una explosión, y ahora tenemos ya en la vida norteamericana de nuestros días al tipo de hombre negro en la escena en los Estados Unidos de hoy –lo siento, hermano Lomax– que no tiene ninguna intención de seguir poniendo su otra mejilla por más tiempo. […]
Bueno, yo no creo en eso de engañarse uno a sí mismo. No me voy a sentar a tu mesa con el plato vacío para verte comer y decir que soy un comensal. Si yo no pruebo lo que hay en ese plato, sentarme a la mesa no hará de mí un comensal. Estar aquí en los Estados Unidos no nos hace norteamericanos. Haber nacido aquí en Estados Unidos no te hace un norteamericano, porque si el nacimiento nos hiciera norteamericanos, no se necesitaría de ninguna legislación, de ninguna enmienda de la Constitución ni tampoco tendría que enfrentarse con los obstruccionistas de los derechos civiles, ahora mismo, en Washington D.C. No hay que promulgar leyes de derechos civiles para hacer norteamericano a un polaco.
¡No! Yo no soy norteamericano. Yo soy uno de las 22 millones de las personas negras que son víctimas de los estadounidenses. Uno de los 22 millones de negros que son las víctimas de la democracia; nada más que hipocresía disfrazada. Por lo tanto, yo no estoy aquí hablando con usted como un norteamericano o como un patriota que saluda o hace ondear su bandera. ¡No!… ¡No!… Yo estoy aquí hablando como una víctima de este sistema americano. Veo a Estados Unidos de Norteamérica a través de los ojos de la víctima y no veo ningún sueño americano; sino una pesadilla americana. […]
Fue el voto del negro el que instaló a la nueva administración en Washington D.C. El voto de ustedes, el voto estúpido, el voto ignorante, el voto malgastado de ustedes fue el que instaló en Washington D. C. una administración que ha promulgado toda clase de leyes imaginables, dejándote al último, y que encima de todo es obstruccionista a la aprobación de la ley de derechos civiles. Y los líderes de ustedes y los míos tienen la osadía de andar correteando y aplaudiendo por ahí y de decir cuántos progresos estamos realizando. Y qué buen presidente tenemos. Si él no fue bueno en Texas, no puede ser bueno en Washington D.C., porque Texas es un estado de linchamiento. Está en la misma línea que Mississippi, sin ninguna diferencia; solo que en Texas te linchan con acento tejano y los otros con acento de Mississippi. Y estos líderes negros tienen la audacia de ir a tomar un café en la Casa Blanca con un tejano, con un blanco racista del Sur –eso es todo lo que él es– para luego venir a decirles a usted y a mí que este, como es del Sur, va a ser mejor con nosotros porque sabe cómo tratar a los sureños. ¿Qué clase de lógica es esa? […]
De manera que ya es hora de despertar en 1964. Y cuando los vean venir con esa clase de conspiraciones, háganles saber que tienes los ojos abiertos. Y háganles saber que también hay otra cosa que también está bien abierta. Tiene que ser el voto o la bala. El voto o la bala. Si usted tiene miedo de usar una expresión así, usted debería salir fuera del país, volver a la plantación de algodón o meterse al callejón. Ellos reciben todos los votos negros y, después que los reciben, el negro no recibe nada a cambio. Todo lo que hicieron cuando lograron llegar a Washington fue darles grandes empleos a unos cuantos grandes negros. Esos grandes negros no necesitaban grandes empleos, ya tenían trabajo. Eso es un camuflaje, eso es un truco, eso es una traición, un teatro. No estoy tratando de derribar a los demócratas en favor de los republicanos; a estos ya llegaremos dentro de un minuto. Pero es verdad: ustedes ponen a los demócratas en primer lugar y ellos los ponen en el último a ustedes. […]
Conque ¿qué rumbo seguimos de aquí en adelante? Primero, necesitamos unos cuantos amigos. Necesitamos unos cuantos aliados nuevos. Toda la lucha por los derechos civiles necesita una nueva interpretación, una interpretación más amplia. Necesitamos contemplar este asunto de los derechos civiles desde otro ángulo, tanto desde adentro como desde afuera. Para aquellos de nosotros cuya filosofía sea la del nacionalismo negro, la única manera de meterse en la lucha por los derechos civiles será darle una nueva interpretación. La vieja interpretación nos excluía a nosotros. Nos dejaba afuera. Por eso le estamos dando una nueva interpretación que nos permita entrar en ella, tomar parte en ella. Y a estos Tíos Tom que han estado actuando con evasivas, claudicaciones y componendas no los vamos a dejar que sigan con sus evasivas, con sus claudicaciones ni con sus componendas. […]
Y ahora se enfrentan ustedes a una situación en que el joven negro está apareciendo. Y este no quiere oír hablar de ese asunto de “dar la otra mejilla”. ¡No!… En Jacksonville –y eran adolescentes– estaban arrojando cócteles Molotov. Los negros nunca lo habían hecho antes. Pero eso demuestra que hay algo nuevo entrando en la escena. Hay una nueva manera de pensar entrando en escena. Serán los cócteles Molotov este mes, las granadas de mano el mes que viene y otra cosa el mes siguiente. Será la bala o será el voto. Será libertad o será la muerte. La única diferencia es que esta clase de muerte será recíproca. […]
Esa es nuestra inversión. Esa es nuestra contribución: nuestra sangre. No solo dimos gratis nuestro trabajo: dimos nuestra sangre. Cada vez que había un llamado a las armas, éramos los negros los primeros en vestir el uniforme. Moríamos en todos los campos de batalla del blanco. Hemos hecho un sacrificio mayor que el de cualquier otro que viva actualmente en Estados Unidos. Hemos hecho una contribución mayor y hemos cobrado menos. Para aquellos de nosotros cuya filosofía es el nacionalismo negro, los derechos civiles quieren decir: “Dénnoslo ahora. No esperen el año que viene. Dénnoslo ayer y todavía no será bastante rápido”.
Podría hacer un alto aquí mismo para señalarles una cosa. Siempre que uno ande detrás de algo que le pertenezca, el que lo prive a uno del derecho a tenerlo es un criminal. Entiendan eso. Siempre que anden detrás de algo que sea de ustedes, están en su derecho legal de reclamarlo. Y el que por cualquier medio intente privarlos de lo que es de ustedes, está violando la ley, es un criminal. Y eso lo señaló la decisión de la Corte Suprema. Puso fuera de la ley la segregación. Y eso significa que la segregación va contra la ley. Y eso quiere decir que un segregacionista está violando la ley. Un segregacionista es un criminal. No se le puede aplicar ningún otro calificativo sino ese. Y cuando hacen una manifestación contra la segregación, la ley está de parte de ustedes. La Corte Suprema está de parte de ustedes.
Ahora bien, ¿quién es el que se opone a la aplicación de la ley? El propio Departamento de Policía. Con perros policías y con garrotes. Siempre que ustedes estén manifestando contra la segregación, ya se trate de la enseñanza segregada, de la vivienda segregada o de cualquier otra cosa, la ley estará de parte suya, y el que se les ponga en el camino deja de ser la ley. Está violando la ley, no es representativo de la ley. Siempre que ustedes estén manifestando contra la segregación y un hombre tenga la osadía de echarles encima a un perro policía, maten a ese perro, mátenlo, les digo que maten a ese perro. Se lo digo aunque mañana me cueste la cárcel: maten a ese perro. Entonces le pondrán punto final a este asunto. Ahora, si estos blancos que están aquí no quieren ver esa clase de acción, que vayan y le digan al alcalde que le diga al Departamento de Policía que encierre a los perros. Eso es todo lo que tienen que hacer. Si no lo hacen ellos, lo hará otro. […]
Cuando empezamos a adentrarnos en este terreno necesitamos nuevos amigos, necesitamos nuevos aliados. Necesitamos ampliar la lucha por los derechos civiles llevándola a niveles más altos: al nivel de los derechos humanos. Mientras estén enfrascados en una lucha por derechos civiles, sépanlo, se estarán limitando a la jurisdicción del Tío Sam. Nadie del mundo exterior puede manifestarse en favor de ustedes mientras su lucha sea una lucha por derechos civiles. Los derechos civiles son parte de los asuntos internos de este país. Ninguno de nuestros hermanos africanos ni de nuestros hermanos asiáticos ni de nuestros hermanos latinoamericanos puede abrir la boca para interferir en los asuntos internos de Estados Unidos. Mientras se trate de derechos civiles, estos caerán bajo jurisdicción del Tío Sam. […]
La gente de piel oscura está despertando. Le están perdiendo el miedo al blanco. No está ganando en ninguno de los lugares donde está peleando ahora. Dondequiera que está peleando lo hace contra hombres de nuestro color, de nuestra complexión. Y esos hombres lo están derrotando. Ya no puede seguir ganando. Ya ganó su última batalla. No pudo ganar la guerra de Corea. No la pudo ganar. Tuvo que firmar una tregua. Eso es una derrota. Siempre que al Tío Sam, con toda su maquinaria bélica, lo obligan unos comedores de arroz a hacer una tregua, es que ha perdido la batalla. Tuvo que firmar la tregua. Se supone que Estados Unidos no firme tregua alguna. Se supone que Estados Unidos sea bravo. Pero ya no es bravo. Es bravo mientras puede usar su bomba de hidrógeno, pero no puede usar las suyas por temor de que Rusia use también las suyas. Rusia no puede usar las suyas, pues teme que el Tío Sam también use las suyas. De manera que están los dos desarmados. No pueden usar el arma, pues el arma que cada uno de ellos tiene anula la del otro. Así que donde únicamente puede desarrollarse la acción es en tierra y el blanco ya no puede ganar otra guerra en la tierra. Aquellos días ya pasaron. El negro lo sabe, el moreno lo sabe, el cobrizo lo sabe, el amarillo lo sabe. Por eso le hacen frente en guerra de guerrillas. Ese no es el estilo de él. Hay que tener coraje para ser guerrillero y él no tiene coraje. […]
Queremos escuchar nuevas ideas y nuevas soluciones y nuevas respuestas. Y en ese momento, si nos parece conveniente organizar un partido nacionalista negro, organizaremos un partido nacionalista negro. Si es necesario organizar un ejército nacionalista negro, organizaremos un ejército nacionalista negro. Será el voto o la bala. Será la libertad o será la muerte”.
Otros libros relacionados:
Alma encadenada (soul on ice) – Eldridge Cleaver
Martin Luther King y su tiempo. Estados Unidos desde 1954 a 1963 – Taylor Branch
El clarín de la conciencia – Martin Luther King
Un acto de Estado. La ejecución de Martin Luther King – William F. Pepper
Rey del mundo – David Remnick
Miles. La autobiografía – Miles Davis y Quincy Troupe
Una autobiografía – Assata Shakur

 

ENTREGA A DOMICILIO (OPCIONAL – CAP. FED.) $50.

Contactojuanpablolief@hotmail.com

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