Laguna – Barbara kingsolver

Laguna – Barbara kingsolver Frida Kahlo Diego Rivera Leon Trotsky Jorge Luis Borges adolf Hitler Libros Kalish

Estado: nuevo.

Editorial: Lumen.

Precio: $200.

La vida de un hombre que vivió de cerca la relación de Frida Kahlo y Diego Rivera y de su entorno, para luego trasladarse a Estados Unidos y vivir los peores años de la guerra fría.
Harrison Shepherd había nacido en Estados Unidos, pero cuando aún era un niño tuvo que irse a México tras los pasos de una madre siempre en busca del hombre ideal. Luego, un día, casi por casualidad, acabó trabajando en la cocina de la casa de Diego Rivera y Frida Kahlo, y de los fogones pasó al despacho de Rivera y a los rincones oscuros de la mansión, donde nació una intimidad muy peculiar con Frida.
Fue allí, en esa casa, donde Harrison conoció a León Trotsky, un gran líder político que en aquel momento era un hombre que malvivía en el exilio y temía por su propia vida.
De vuelta a Norte América, este hombre que había sido cocinero, secretario y confidente de personajes tan ilustres, se dedicó a la escritura y dejó un diario que llenaba su laguna -ese espacio ambiguo entre lo que somos y lo que mostramos a los demás- con unas palabras reveladoras, testimonio de la vida de Harrison y de los hechos que marcaron el siglo XX.
Tras el éxito de La biblia envenenada, Barbara Kinsolver vuelve con una novela poderosa que muestra el poder de la Historia en el destino de cada cual, más allá de nuestras mejores y peores intenciones.
Esta espléndida obra de Barbara Kingsolver se parece a las buenas novelas del siglo XIX, esas que nos hablan del pecado, de la redención y de los “oscuros deberes” de la Historia. Michiko Kakutani, The New York Times
Todo el peso de la historia
 Margara Averbach
Ya desde lo gráfico, podría creerse que Laguna es la típica propuesta fragmentaria y posmoderna. Pero no. La belleza y la fuerza de la última novela de Barbara Kingsolver es que su estructura y construcción están íntimamente ligadas con la lectura del mundo que hace la escritora estadounidense: el planeta como un todo único cuyas partes diversas bailan unas con otras en un movimiento íntimo, doloroso, lleno de conflictos y siempre, siempre apasionante.
Las dos voces principales que cuentan Laguna son las de una bibliotecaria enamorada que reúne papeles para reivindicar la vida del escritor al que amó y el escritor mismo, a través de su palabra escrita. Esas dos voces, diferenciadas en lo gráfico y en el tipo de texto –ella escribe notas; él, un diario y cartas– están apoyadas por artículos de periódicos, reseñas literarias, documentos oficiales, una transcripción de una sesión de la Comisión de Actividades Antiestadounidenses en tiempos de McCarthy y hasta un obituario. Pero lo que se cuenta es una vida en contacto con la Historia de México, EE.UU., el mundo a mediados de siglo XX.
Laguna forma parte de lo mejor de la “novela histórica” y como pasa en ese género, cuando habla de las décadas entre 1929 y 1959, en realidad, habla del presente. El peso de la Historia importa y por eso, al final, Kingsolver aclara sus fuentes y explica qué artículos periodísticos son ficticios y cuáles citados textualmente.
Las temáticas principales del libro son el choque de vidas individuales con las fuerzas de la Historia (representadas aquí por personajes como Diego Rivera, Frida Kahlo, León Trotsky, Pancho Villa, Stalin, Joe McCarthy); el problema de la libertad de expresión y su contraparte, la manipulación con la que los medios construyen la realidad a su conveniencia; el rol del arte y el artista (la vieja controversia entre arte “puro” y “comprometido”); la relación entre “público”, arte e interpretación; la fuerza de los amores y los odios y los fanatismos entre los seres humanos.
El punto de vista del escritor es el del mestizo cultural: un hombre estadounidense y también mexicano, que habla inglés y castellano y es capaz de mirarlo todo desde el medio, desde el cruce, con ironía. Es una mirada que implica crítica. Desde esa mirada, Kingsolver acusa a Estados Unidos de ceguera frente al resto del mundo. Tal vez su reflexión más interesante sea que los estadounidenses quieren ver a su país como algo terminado, algo que ya no debe cambiar, e ignoran que “cualquier país sigue haciéndose, siempre. Así es la historia”.
Desde el fanatismo de ese “no cambio” (muy semejante al de tiempos de George Bush), es desopilante y amarga la forma en que la interpretación de una cita en una novela del escritor (una novela que transcurre en México en tiempos de los aztecas) termina llevándolo frente al Comité de McCarthy como “comunista peligroso” y “espía de la U.R.S.S.”. En ese sentido, la transcripción de la sesión del Senado contra el protagonista parecería una pieza maestra de teatro del absurdo sino fuera porque se parece demasiado a las sesiones de la Historia, tan repetidas en películas y novelas.
En Laguna, Barbara Kingsolver maneja como una verdadera maestra situaciones, personajes, amores (que son desgarradores pero nunca simples, nunca sentimentaloides), ironía y reflexión, y Laguna –título ambiguo si los hay (hay lagunas en la geografía y lagunas en la memoria)– es una experiencia inolvidable con la cual, la estadounidense vuelve al nivel impresionante que tuvo su escritura en ese otro gran libro, La biblia envenenada .
La historia como un cuadro
Laura Galarza
Cuando no escribe frente a la ventana que da a los bosques, Barbara Kingsolver cuida a sus ovejas, siembra y cosecha lo que más tarde ella misma se encargará de cocinar en su granja del sur, muy cerca de donde Flannery O’Connor criaba sus pavos reales. Con parte de una infancia vivida en el Congo cuando en la región se luchaba por salir del colonialismo, Kingsolver ve el mundo con ojos inquisidores y le da a la escritura estatuto político: “Pueden perderse vidas por una palabra equivocada”, señala. En Laguna, su sexta novela, después de sus nominaciones al Pulitzer y al Faulkner y del éxito de La Biblia envenenada, Kingsolver parece desafiar que el menos es más en literatura y vuelve con otra novela extensa, cargada de historia. Real, y de la otra. Jugando en ese borde con oficio, la estructura de la obra es de una prolijidad magistral. Imprescindible quizás, para contar un cóctel explosivo de arte y política en México y los Estados Unidos durante los años que van del ’30 al ’50. De un lado: Frida Kahlo y Diego Rivera, Trotsky, su esposa y Lev, su inseparable asistente en la casa, huyendo de Stalin; y como addenda, un lúcido y original repaso de la cultura maya y azteca. Del otro, la persecución a todo lo que ponga en jaque a la bella América: comunistas, veteranos de guerra, negros, artistas y sindicatos. El papel del periodismo panqueque, que lo que no sabe lo inventa, y la Comisión de Actividades Antiamericanas del senador McCarthy.
Laguna está escrita en su mayor parte a modo de diario, el que lleva Harrison William Sheperd, en pequeños cuadernos del tamaño de un sandwich, desde su infancia y juventud en México, donde termina trabajando de asistente en la casa de Frida y Rivera en la época del exilio de Trotsky, hasta su vida adulta en Norteamérica. En sus diarios, Sheperd no habla de sí mismo, sino que como una cámara indiscreta (en parte objetiva, en parte reveladora), cuenta la intimidad de ese lugar donde se respira concentrado, el aire de época: arte y revolución. “La Paloma y El Sapo” se gritan de sector a sector de esa casa en forma de U (ella mueve la tijera en el aire: “Voy a castrar a ese hijo de puta”); Trotsky pide pan tostado cortado bien fino y su mujer repollitos de Bruselas.
Sheperd ya adulto, de vuelta en Norteamérica, se convierte en un escritor consagrado y perseguido por el macartismo. En esa época, contrata a quien va a convertirse en la segunda voz de Laguna: su archivista y mecanógrafa, Violet Brown, una mujer mayor, enamorada secretamente de él. Ella será en el reparto, la encargada de contar aquello que el protagonista omite de sí mismo. Las notas de VB (así firma) aparecen intercaladas con el diario de Sheperd, diferenciadas en la tipografía y funcionando como la pieza que falta.
Y finalmente, lo que podría considerarse como la tercera en discordia: un intercambio epistolar de tono entre amoroso e intelectual entre Sheperd y Frida. La misma Kingsolver explica cómo a medida que fue escribiendo la novela, la pintora tomaba mayor protagonismo y vida. Así es que frases adjudicadas a Kahlo, dichas en una carta, llegan como un mensaje intimista al oído del lector.
La obra se completa con documentos históricos, artículos de época de The New York Times, reseñas de libros y un obituario. Las últimas páginas las escribe la misma Kingsolver. “Esto es una novela”, dice y se encarga de aclarar qué documentación es oficial y cuál es inventada. Ahora, si bien Kingsolver –bióloga de profesión– investigó con rigor durante ocho años antes de sentarse a escribir, la intensidad y hondura de la prosa con que lo hace deja claro que ella es, ante todo, una narradora solvente.
Kingsolver, en sus declaraciones en la web oficial que armó para evitar la deformación periodística, se corre del género histórico. Y hace bien. “La historia es como un cuadro. No debe ser igualita a lo que ves por la ventana”, dice Frida. Porque Kingsolver tiene claro que “la mierda apesta aunque la cague un héroe” y escribe desde lo que no cierra, haciendo foco en las grietas de la historia y del alma, obliga a que su lector la siga con los ojos abiertos y la mente despierta. Porque cuando de pronto, por un agujero sale una araña enorme y peluda, advierte: “Cada hueco puede hospedar algo semejante en su interior”.

 

ENTREGA LibrosKalish A DOMICILIO (OPCIONAL – CAP. FED.) $50.

Contacto: juanpablolief@hotmail.com

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Libros difíciles de encontrar a buen precio.
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