Confesiones de un librero de mierda

Confesiones de un librero de mierda Juan Pablo Liefeld

Trabaje como nunca en mi vida para hacer las cosas bien.
Por un momento pareció posible.
Cuando las cosas empezaron a desarmarse redoble apuestas.
Jugué a todo o nada.
No me quedaba otra.
Una parte dependía de mi y otra del azar.
Y en la desesperación por sostener lo que consegui me fui rompiendo y lastimando a gente que quiero.
Puedo exponer razones. Altas y nobles razones. Pero el hecho real y concreto es que las cosas salieron mal y en mi intento por encausarlas terminé por estropearlo todo.
No tengo la más puta idea de lo que hare.
No tengo plan B ni una mierda.
Hasta acá llegó Libros Kalish.
La madrugada de hace dos sábados atrás abrí un libro de poemas de Michel Houellebecq y leí esta línea: El futuro no existe, no teman.
Es posible que el futuro sea un fantasma payasesco.
Pero el presente suele albergar toda clase de pesadillas criminales.
Puse lo mejor de mí y las cosas terminaron horribles.
Habrá que barajar y dar de vuelta.
El futuro no existe.
Y Libros Kalish hoy a muerto.
En su propia ley.
Lo cual no es poco.
Pero hoy, acá, esta noche, eso no vale una mierda.
Columnas anteriores:
 zzz—Confesiones de un librero de mierda—zzz

 

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Libros difíciles de encontrar a buen precio.
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Una respuesta a Confesiones de un librero de mierda

  1. melissaaroma dijo:

    No quiero creer que cierres tu librería. Tiene que haber alguna manera de salvarla.

    El mundo se empobrecerá mucho si sucede eso. Y yo seré culpable ya que nunca te he comprado ni un solo libro.

    ¡Cómo quisiera ir a Buenos Aires a visitar tu librería!

    Odio la publicidad, y más si es por email.

    Me gasto el maldito salario en alquilarme contenedores en un almacén cerca del puerto. Y en la compra de materiales para irlos llenando. Compro alfileres compro restos retazos material textil hago muñecos de trapo por las noches cuando tengo unos doscientos que es la cantidad que puedo cargar sobre mis espaldas los llevo allí me encierro con ellos en el contenedor oscuro y los forro de alfileres que les clavo y les clavo y más les clavo para eso trabajo pardiez me compro todos los alfileres que pueda clavarles y ya al alba he logrado dejarlos como erizos mudos y salgo ensangrentado cómo hiede eso ahí adentro cierro este contenedor tomo nota de que ya está casi lleno pero ahora he de bañarme y enguantar mis dedos en esparadrapo antes de ir a la oficina es allí que logro dormir un poco pero también hago sobrehoras para costearme más alfileres más retazos y llamo a explicar que voy a necesitar alquilar otro contenedor, sí ya mantengo diecisiete pero para el próximo mes uno más por favor que soy cliente serio jamás moroso sí señorita material textil pero no le digo que cada muñeco torturado corresponde a un desconocido de quien sólo sé que un día me mandó un email de publicidad.

    Porque, repito, odio la publicidad, y más si es por email.

    Borro sin leer los emails que a diario recibo de presidentes pensativos, potentados generosos y actrices desnudas y suplicantes.

    Sólo conservo los emails de mis mejores amigos, de mis parientes màs cercanos y de Libros Kalish.

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