Confesiones de un librero de mierda

Confesiones de un librero de mierda Libros Kalish Correspondencia Fogwill - Elsa Kalish

Meridiano de sangre*
Se suman a esta gesta el batallon de guachines secuestradores de Villa la tranquila, Costa Esperanza y los ya citados “Soldaditos” de la 9 de Julio. Me pregunta Mameluco si necesitamos la presencia de nuestros hnos de la patria grande, asentados en la rivera del Rio Reconquista, El te arma un batallon de Chicha y Terere 
 Pablo Entrerrios
Hace años que me obcesiona el Conurbano Bonaerense como geografía literaria.
Así como me obseciona la literatura norteamericana donde encuentro una cantera narrativa de donde extraer una inagotable variedad de poeticas siempre sorprendentes, inteligentes, violentas, implacables, elegantes, desprolijas, trágicas, humoristicas. En fin, una cantera siempre dispuesta a un nuevo autor o título cuya obra esta viva.
Algo que en Argentina no encuentro.
No existe.
Una literatura que este viva.
Escritores, boludos como yo y un monton de amigos que conozco y tantos otros que no conozco o son enemigos declarados o latentes, hay tantos como para fundar una nueva república con mas habitantes que la población total de Uruguay o Paraguay.
Pero escritor, lo que se dice escritor, los dedos de una mano me sobran para contarlos.
Lo cual no me parece grave ni mucho menos mientras James Ellroy y William T. Vollmann, o Donald Ray Pollock y Jonathan Franzen, o Stephen King y Chuck Palahniuk o Tom Spanbauer sigan vivos y preparando el terreno para la proxima generación que ya seguramente se esta gestando de nuevos y excelentes escritores.
Es, así, uno escribe, como va al baño, por necesidad. Y si entendes eso todo bien. El problema en esta patria que alberga la lengua de Sarmiento y Martinez Estrada, de Borges y Arlt, de Juan L Ortiz y Nestor Perlongher, de José Sbarra y Roberto Fontanarrosa es que cuando salen del baño de comparecer en el trono, como todo buen cristiano que debe pasar por la el calvario de la cruz para resucitar,  solo toleran y permiten que se les diga que el olor a mierda que dejaron tras de sí huele a flores del prado o a manzanitas verdes  o a frutos del bosque.
Y no flaco, acá, vos y yo, escribimos para la mierda.
Es verdad, escribimos, pero no nos da para ser geniales como  Shakespeare o Faulkner.
¿Y cúal es el problema?
Si escribis para la mierda y sos feliz, ¿cúal es? Adelante.
Pero no.
Acá es más importante aparecer en la tapa de Ñ o que Marcelo Cohen te dedique un ensayo en su revista Otra parte que ser feliz escribiendo la boludeces que por un momento te devuelvan a la vida.
Como cantaba Ricky Espinosa en una canción de Flema: vivo como un muerto, pero vuelvo a nacer.
Y sí, yo vivo como un muerto pero vuelvo a nacer cuando escribo mis pelotudeces en un Word.
Bien.
Vivir afuera, de Fogwill.
Es una de esas pocas novelas donde el Conurbano Bonaerense logra atrapar algo de su increible potencial literario.
Yo que me creci en Villa Ballester, en la frontera con José León Suarez, reconozco en esa novela algo que esta vivo.
Los personajes de El Pichi y Mariana para cualquiera que allá leido la novela y conozca a mi familia no pueden dejar de asociarlos con mi cuñado el pistolero, gracias al cual conozco bastante Villa Corea o mi hermana la que vive en Londres.
Y Fogwill que era poeta, sobre todas las cosas, sabía y no deja de marcarlo que el único personaje que sabe narrar, contar historias es la puta. Mariana es la unica que sabe contar historias y mucho mejor que cualquier escritor famoso amigo de Fogwill que conocia a muchos y los mejores.
Si no conoces el conurbano podes imaginar que esos personajes son pura ficción fogwilliana. Y son ficción fogwilliana pero su matriz es producto de la escucha inclemente y la mirada atenta de Fogwill.
Esa novela fue escrita a mediados de los años 90.
El Conurbano que surge de esa narración posee una geografía tan diferente a al Conurbano del mejor Jorge Asís de Los rebentados, Flores robadas en los jardines de Quilmes o Carne picada, como es infinitamente diferente la Buenos Aires de El Matadero de Echeverría de la ciudad de Cesar Aira de Los fantasmas (1).
Y ahí me impresiona comprobar como a esas dos capaz geologicas de el Conurbano Bonaerense, tanto la de Asís de los años 70, como la de Fogwill de los 90, poco y nada tienen que ver con la que yo deje a mediados de los 2000 o en la que hoy vive mi sobrino Esteban Masot.
El Conurbano Bonaerense sigue siendo mejor contado y casi en exclusiva por los programas de televisión armados a partir de camaras de seguridad o por escritores norteamericanos que jamas fueron a bailar a Soul Train o Rescate Bailable ni conocieron jamas el frio criminal del fierro de un guachin dado vuelta o un cobani psicopata y sin embargo, ahí, encuentro un relato infinitamente más vivo que en la boluces que se publican y pasan y se venden como literatura.
La novela de Fogwill esta buenisima, si no la leiste deverias hacerlo, porque es un viaje del Conurbano al Alto Palermo, de una transa de merca entre una puta y unos canas de la bonaerense, de un viaje al fin de la noche, de una noche cualquiera que lamentablemente por ser la Argentina un pais de escritores mancos, solo muy de vez en cuando uno encuentra textos como estos donde es mas divertido y mas inteligente leer un libro que mirar por la tele a Alejandro Fantino.
NOTAS
*  Reseña crítica a Vivir afuera de  Fogwill.
(1) En esta serie de grandres – y lamentablemente escasa – ficciones bonaerenses me olvide de citar a Fernando Peña que con sus heterónimos  radiales Ruben Ramon Sixto Alegre Palito y Martín Revoira Lynch, el pibe cabeza de José León Suarez y el concheto de San Isidro. En las voces de Palito y Rovaira Lynch, Peña, quiza, logro el milagro de crear personajes de carne y hueso para dar vida a una ficción poderosa y brutal, estupida y fascinante, rabiosa y conmovedora con la cual el Conurbano Bonaerense supo arropar su mejor traje narrativo. No hay mas que entrar en You Tube y buscar los audios de estos dos vecinos, del pibe chorro de San Martín y del forro garca de la crema de la crema de la burguesia argentina para comprobar que los relatos Bonaerenses de Asís y Fogwill son buenisimos pero los de Fernando Peña son geniales, sobervios, piezas maestras de un narrador único.
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 zzz—Confesiones de un librero de mierda—zzz

 

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