Confesiones de un librero de mierda

Confesiones de un librero de mierda Juan Pablo Liefeld Christian Ferrer Ezequiel Martinez Estrada Borges
Fábula del joven editor de madera de pino (1)
Chuang Tzu
Traducción de Jorge Luis Borges
Para Boris Spivacow y Enrique Pezzoni
A la sombra de una Tumba Federal, existió, cuando yo aun era joven, un Pajarito Loco, que me enseñó todo lo que sé sobre un monje zen rebentado y sus aventuras extraterrestres.
Esta es una de las miles de historias que me contó Pajarito Loco y que te hire contando con el trascurso del tiempo que como el río va, sereno y cristalino en la superficie, demente y caotico en su lecho.
Fábula del joven editor de madera de pino
Una noche, el Monje Zen Rebentado, luego de cerrar su prostíbulo, salió a la calle, encendió su cigarrillo número treinta y pico del día y se encamino por la senda de la nada de la realidad psicótica de su patria hacia su morada.
Al llegar a su hogar lo aguarda un joven editor argentino para cenar y charlar un rato de las caricias y puñaladas de los días y las noches que se suceden como en toda guerra dejando tras de sí una estela de cadáveres, mutilados y hombres destrozados cuyo eje emocional jamas volvera a encontrar su norte.
Así de cruel es la vida.
Como la guerra.
Todos los días.
En fin.
Cenaron.
El Monje Zen Rebentado estaba más loco que una cabra producto de sus propios quilombos aquella noche. Así que el joven editor, emprendedor y ambicioso, como cualquier rufían deseoso de poder colocar a sus putas en los books de los hoteles 5 estrellas y facturar en dólares se lo tuvo que fumar con toda su locura al Monje Zen Rebentado.
La conversación fue derivando, como no podía ser de otra manera, hacia el tema de la nueva editorial del joven editor  en particular y sobre libros, librerias y editores y escritores en general.
¿De qué otra cosa podrían hablar un librero y un editor si no es de cómo vender o comprar a una buena puta que te deje una buena guita para vivir?
Bien.
El Monje Zen Rebentado sabía que el joven editor era una buena persona pero sospechaba que no tenía madera para editar libros. Para él en su patria los editores eran todos cagones, miserables y si raspabas un poco la pintura que los recubria con una monedita seduciendolos con poder salian corriendo sin pensarlo a afiliarze al partido Nazi.
En verdad, nada que no se viera en cualquier otro rubro, oficio o profesión con el cual cada quien se prostituye para sostener su esqueleto en pie.
Ok, man.
La teoria del Monje Zen Reventado era que en su Patria los editores estaban formados con madera de pino blanda y barataa diferencia de otras donde se los formaba con madera de roble cuyas propiedades y virtudes en infinitamente mas noble. Por esta razón, afirmaba, que en su comarca darle dinero a un editor era tan inútil y estúpido como invitar a un barra brava de Boca Juniors o Chaca a ver una Opera de Wagner al Teatro Colón.
El joven editor se quejo de las pesimas politicas editoriales estatales con las cuales tenía que lidiar para sacar su empresa prostibularia adelante.
El Monje Zen Rebentado medito una respuesta y concluyo:
En Argentina yo le doy un millon de dólares o cinco millones de dolares mejor a un editor para que me arme un gran sello y en unos diez años solo tengo un chiquero lleno de cerdos que tras carton el CENASA me lo cierra por no cumplir las normas minimas de calidad.
Y remato:
Este holocausto cultural solo se resuelve con una dictaruda que prohiba durante cien años a todos los que salen de la UBA o pasaron por ahí a editar, hacer critica en suplementos o revistas y publicar libros de ficción o ensayo y los mando a todos al campo, a una fabrica o un supermercado a laburar de verdad por pelotudos y bagos y creerse que son algo cuando su propio trabajo todo el tiempo lo unico que esta señalando es que no sirven ni para ir a la esquina a ver si llueve.
El joven editor, obviamente estaba en desacuerdo. Y el Monje Zen Rebentado si bien no esperaba nada de él  a la vez lo esperaba todo. Es decir, que si era editor lograra armar un buen catalogo.
Pero no hay que pedir peras al olmo, como repetia mamá en relación a mi cuando estaba enojada por una cagada mandaba, pensó el Monje Zen Rebentado.
Ok, amiguito.
La cuestion que la charla siguió y el Monje Zen Rebentado esucho a su visitante aguardando de sus palabras una señal que le confirmara que el viento había cambiado y traería lluvias que del suelo de su Patria una tierra fértil.
Pero cualquier buen gaucho sabe que un buen asado no se logra jamas con madera de pino. O como dice el Martín Fierro: si vas a pegar falopa que sea buena y la barata siempre sale cara.
Así, que en estas andábamos, amiguito, cuando la conversación derivo en la dueña de la editorial Tusquets que como no tenía “nadie” que la herede le vendió su excelente prostíbulo a la editorial Planeta.
Para el Monje Zen esto era una reverenda mierda.
Para el joven editor era algo razonable, su dueña la hizo guita y se fue a gastarla en lo que le quedaba de vida. Qué otra cosa podía hacer, le pregunto el joven editor al Monje Zen.
El Monje Zen lo miro con infinita tristeza sabiendo, ahora sí, que la devil y barata madera de pino de su joven amigo estaba bichada y que aunque la pudiera curar ya no valia la pena, que era mejor tirarla a la mierda y comprar nueva.
Igual argumento:
Mira, amiguito, esa vieja pelotuda dedico trabajo para armar un catalogo excelente y dos minutos antes de entregar el equipo y haber logrado su objetivo tiro todo a la basura. Plata para vivir no necesitaba, asi que no es un problema de guita. Despues, en su Patria, asi como todos los traductores son unas bestias que emulan al Manolito amigo de Mafalda igualmente en su gran mayoria sus editores son excelentes, vijate ahora que esta todo mal alla con una crisis económica que los puso en caja y no paran de surgir buenas editoriales independientes con catalogos de la concha de la lora. Amiguito, por qué no le dejo a la sangre joven y de buena madera su editorial o la cerro en vez de darsela a esos terribles hijos de puta. Porque vos sabes que son unos hijos de puta. Y te recuerdo que esos putos en nuestra patria antes de matar el sello Minotauro su gerente en Argentina un día entró al deposito y vio muchos libros de Philip K. Dick, ¡Philip K. Dick, la puta madre!, y busco la planilla de ventas y dictamino, este producto da perdidas y mando todo a saldo y serro el sello y ahora Dick viene a cuentagotas y a precio de euros cuando llega. Y tambien mataron a Paidos y así. ¿De qué estas hablando, flaco? Allá, en España ,el editor historico del sello Crítica lo hecharon a patadas, loco. ¿Y sabes que pasó? Una de las putas mas caras de Planeta, Antony Beevor, en un gesto que recuerda a las putas de la Patagonia que se negaron a atender a los milicos que fueron a reprimir las huelgas obreras del 20 le dijo a Planeta, mi nuevo libro es para el viejo editor de Critica y su nueva editorial Pasado y presente, no para ustedes.
A esta altura el Monje Zen Rebentado había elebado su vos para que lo pudieran escuchar todos sus vecinos  y mas alla tambien.
¿Sabes quien es Boris Spivacow?
Sí, dijo incomodo, el joven editor, el editor historico de EUDEBA y Centro Editor.
Bueno, ¿y sabés que hizo cuando se entero que tenía cáncer y se hiba a morir en breve? Fue a los bancos y sacó creditos para editar y publicar todo lo que pudiera y que cuando le quisieron cobrar la deuda estos soretes hijos de puta de los banqueros se dieron cuenta que el polaquito los había dormido, que el viejo boludo con el que supuestamente se hiban a hacer una panzada cobrandole intereses que jamas hiba a llegar a pagar estaba muerto y que lo único que habia dejado eran toneladas de libros para que boludos como vos y yo que venimos del Conurbano Bonaerense pudieramos acceder al mejor catalogo nacional e internacional a precios baratos que de otra forma nuestros padres laburantes jamas prodrian habernos comprado.
Dicho esto y lamentando no tener una bolsa y una botella, para poder subir y bajar un rato y regular su angustia que lo estaba cagando a palos, el Monje Zen Rebentado, medito, reflexiono y finalmente le dijo a su joven amigo editor:
Te voy a contar algo.
Una fabula.
Y después te acompaño a la puerta porque me tengo que acostar y mañana levantarme muy temprano mañana.
Resulta que en un país tropical existía un escritor que venía trabajando su arte hacía tiempo. Se ganaba la vida como periodista y cada tanto publicaba algun librito. Pero durante años escribio una obra a la que le puso todo su trabajo, saber y arte y aposto a ella a full. Cuando logro concluirla resulto que justo eran las vacaciones de su familia.
¿Qué hizo este escritor metizo, de vigotitos y vos que a nosotros en nuestra patria nos resulta de putitos frente a esta realidad?
Uso la guita de las vacaciones de su mujer y sus hijos para venirse a Buenos Aires y entregar la única copia que tenia de su obra a Sudamericana, cuando era una editorial de verdad y no como ahora una factoria de Mondadori y la leyo Enrique Pezzoni que era el encargado de leer para Sudamericana.
¿Y qué dijo Pezzoni?
La novela de este putito puede funcionar.
Y así fue como Cien años de soledad gracias a la lectura de un buen editor se transformo en una novela que es el día de hoy que no para de vender y a Gabriel García Marquez lo mando de una patada en el culo a la sima de las letras como le paso a Maradona que del día a la mañana se transformo en un semidios.
Bien.
Amiguito.
¿Cual es la fábula?
Si hoy un ingnoto y desconocido Gabriel García Marquez con un Cien años de soledad bajo el brazo o un Roberto Bolaño con un Detectives Salvajes bajo el brazo tocaria los timbres de los editores argentinos, qué le dirian.
Que es una novela larga.
Que a el no lo conoce nadie.
Que gracias por averlos tenido en consideración acercandoles su trabajo.
Que siga intentando, que no esta mal la obra.
Que quizas encuentra un editor al que le interese su material, pero no aca, no es la honda del catalogo que se maneja.
Que después por mail le manda un listado de mails de posibles editores que seguramente estarian interesados en su novela si la leyeran.
Le diriran, hoy, en argentina, cualquier editor grande o chiquito, con guita o sin ella, a un Garcia Marquez desconocido con un Cien años de soledad inedito o un Roberto Bolaños desconocido con un Detectives salvajes bajo el brazo, cualquier cosa.
Le diran lo que se te ocurra.
Le podrian llegar a decir cualquier pero cualquier cosa.
Cosas lindas o feas, amables y groseras.
Pero jamas a un editor argentino se le ocurriria decir frente a un desconocido García Marquez o Bolaños con su obra cumbre inedita:
te la publico.
Jamás.
Porque la madera de pino es blanda y barata y desconoce las sutilezas y bellezas de un buen libro.
NOTAS
(1) En este cuento Borges a diferencia de los anteriores que ya públicamos dónde cambia títulos poniendo lo que se le canta y forzando la traducción hasta puntos por momentos que deforman el original, directamente lo inventa y hace pasar por una historia de Chuang Tzu una historia de él. En los borradores de la traducción de este cuento anota Borges: “Este cuento se me ocurrió una mañana después de hacerme una paja en el baño con unas fotos de Padre que guardaba Madre en un cajón bajo llave y que trajeron de un viaje que hicieron hace años de Europa, quizá, por la estetica sean cocotes de París, pero en todo caso, sean de París o donde sean, estas gorditas putas de principio de siglo hacen llorar a mi Chipote Chillon como la mas experimentada de las perras en la cama”
Y debajo de esta nota, sorprendente dado el cariz erótico hasta ahora desconocido y pornografo de Borges, copia con esmerada letra dos posteos suyos que hizo en Facebook la mañana del 29 de octubre de 1941:
I
navegando en la red
buscando la forma de inventar guita urgente
tropiezo accidentalmente
con un dato que conocia pero habia olvidado
jonathan lethem
tiene varios libros de cuentos y ensayos
sin traducir en castellano
jonathan lethem
es uno de los novelistas mas notables
de norteamerica
y te pregunto
a vos
editor argentino
que haces mal tu trabajo
siempre
¿estas seguro que los alcahuetes de Mondadori
tienen los derechos de estos libros de Lethem?
te la dejo picando
y no me tenes que agradecer
nada
por hacer gratis tu trabajo
que igual es al pedo
porque estoy tirando margaritas
a los chanchos
II
sigo como titular de catedra
de la UBA de la materia
¿Cómo es posible que los editores argentinos sean todos ciegos, mariquitas, miserables y que no entiendan nada del mercado ni del arte?
bien
sigo
dando catedra
asi como la obra de Donald Ray Pollock
uno de los ultimos milagros literarios que tuve
la suerte de que me envolviera
en su
su dolorosa, cruel prosa
cuyos derechos los tenia
una editorial española que se murio
les pregunto a ustedes

editores argentinos que hacen todo mal
siempre
¿por que no se toman la molestia de averiguar
si no podemos conseguir los libros de Ray Pollock
para el publico argentino y latinoamericano?
y te hago otra pregunta
a vos
editor argentino
que si trabajaras en
revista gente
o
revista paparazzi
ya te hubieran hechado por inutil
¿conoces a Larry Brown?
¿no?
bueno
yo, chuck palahniuk, bob dylan y tom waitts
te decimos
que esta buenisimo
¿y al historiador Peter Brown?
bueno
bueno
yo y micheal foucault
te decimos que esta buenisimo
y aca te muestro otro autor
que los españoles si bien son unos brutos
para traducir
son excelentes editores
mira lo que acaban de publicar en españa
que lo podriamos aber traducido y publicado en argentina
si hubieran editores con huevos
que no se depilan para aparentar que la tienen grande
aunque todos sabemos que la tienen chiquita y sonsa
Acuarela Libros & A. Machado se complacen en invitarles a visitar de nuevo la Biblioteca CREWS. El viaje lo iniciamos hace tres años con Cuerpo —una crítica a la sociedad de consumo y la cultura/tiranía de la belleza—, seguida de su portentosa ópera prima, El Cantante de Gospel, donde Harry Crews nos sumergía en el basural del Sueño Americano. Ahora tenemos el orgullo de poder continuar descubriendo en castellano el secreto mejor guardado de la literatura norteamericana con la publicación de Una infancia: biografía de un lugar, su obra más aclamada por la crítica, un libro de iniciación juvenil, con ecos de Mark Twain y Flannery O’Connor, que transcure en la ciénaga inmunda, pero al mismo tiempo tierna y bella, de la que salió el propio Crews casi de milagro: ese Sur profundo y derrotado, sin aparente escapatoria, donde proliferan los linchamientos, las cicatrices, el analfabetismo, los circos de freaks y el fanatismo religioso…
“No eran hombres violentos, pero sus vidas estaban llenas de violencia.”
La infancia recuperada de esta novela es el lugar del que Harry Crews se marchó a los diecisiete años con idea de no volver. No la miserable cabaña de arrendatarios en la que siendo apenas un bebé amaneció un buen día junto a su padre muerto, ni siquiera aquella cama en la que se pasó tendido buena parte de su infancia soñando con huir al mundo idílico y sin cicatrices que se anunciaba en las páginas satinadas de los catálogos de Sears, sino todo el condado de Bacon, con sus gentes y sus historias. Sobre todo sus historias. Historias de alambiques ilegales escondidos en mitad de la espesura, de viejas rencillas sangrientas, de serpientes que hablan, de pájaros que pueden poseer el alma de un niño, de predicadores delirantes y hechiceras que espantan a los espíritus… Y es que en Bacon todo el mundo cuenta historias. Las historias lo son todo y todo son historias. Contar historias es su manera de sobrevivir y de comprenderse. Nada muere si hay historias. Todo, tanto lo bueno como lo malo, se incorpora y se traspasa de una generación a la siguiente y son quienes cargan con ese legado los que acaban por darle forma y color. A lo largo de estas páginas el autor de El Cantante de Gospel intenta regresar al territorio delimitado por las historias que configuraron su infancia para descubrir que de aquel lugar del que, como el viejo Huckleberry Finn, siempre quiso huir, por muy lejos que le llevarían sus futuros vagabundeos, nunca logró marcharse.
Harry Crews (1935-2012) sirvió como marine durante la guerra de Corea. Durante su primer año en el ejército fue campeón de los pesos ligeros en su regimiento y le rompieron la nariz al menos seis veces. Practicó karate durante 27 años. Su primer hijo murió ahogado en la piscina de un vecino. Entrenó halcones. Le gustaba la cetrería. Tenía un tatuaje en el brazo derecho con la frase «How do you like your blue eyed boy, Mr. Death» bajo una calavera. Es un verso de e.e. cummings. Bebió mucho y se drogó lo suficiente. Hasta los 47 no tuvo su primera resaca. Admitía no ser una persona divertida. La gente no se sentaba a su alrededor y se reía con sus ocurrencias. Él mismo se reía bastante poco. Todo su humor se encuentra en sus más de 20 libros. Murió en Florida, a los setenta y seis años, por complicaciones de una neuropatía.
Columnas anteriores de Confesiones de un librero de mierda entrado en este Link:
zzz—Confesiones de un librero de mierda—zzz

 

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Contacto: juanpablolief@hotmail.com

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Libros difíciles de encontrar a buen precio.
Esta entrada fue publicada en Antony Beevor, Boris Spivacow, Chuang Tzu, Donald Ray Pollock, Enrique Pezzoni, Gabriel García Márquez, Harry Crews, Jorge Luis Borges, Larry Brown, Philip K. Dick, Roberto Bolaño, zzz---Confesiones de un librero de mierda---zzz. Guarda el enlace permanente.

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