Confesiones de un librero de mierda

Confesiones de un librero de mierda Juan Pablo Liefeld Christian Ferrer Ezequiel Martinez Estrada Borges

Pornografía y modernidad.
De Charles Baudelaire y Honoré de Balzac a Nicolás Casullo y James Ellroy (1)
Chuang Tzu
Traducción de Jorge Luis Borges

 

Hay muchas razones: la primera es mi necesidad de desobedecer a Buda. Buda predica la renuncia del mundo (por decirlo a la manera occidental) y el rechazo de todo compromiso (por continuar con el gris lenguaje occidental): dos cosas que se encuentran en mi naturaleza. Pero ocurre que en mí hay una necesidad irresistible de contradecir esta naturaleza mía.
El caos. Contra el terror, Pier Paolo Pasolini

 

A la sombra de una Tumba Federal, existió, cuando yo aun era joven, un Pajarito Loco, que me enseñó todo lo que sé sobre un monje zen rebentado y sus aventuras extraterrestres.
Esta es una de las miles de historias que me contó Pajarito Loco y que te hire contando con el trascurso del tiempo que como el río va, sereno y cristalino en la superficie, demente y caotico en su lecho.
Pornografía y modernidad. De Charles Baudeleare, Honoré de Balzac a Nicolás Casullo y James Ellroy
No es fácil llevar adelante un puterio de categoría cuando se vive al día o tener que cargárselo sobre las espaldas y remarla cuando el sol se vuelve un fantasma y la noche una boca de lobo.
El Monje Zen Rebentado lo sabía.
El precio, muchas veces, que se pagaba por sostener semejante aventura era en libras de carne y al cantado y en esos casos jamas te fiaban.
Su cuerpo  y la sombra que proyectava su recorrido por la senda de la nada podían dar fe de esto.
Muchas veces amigos bien intenciondos y que lo querían solían darle consejos de cómo optimizar la empresa desconociendo los secretos del negocio de un prostibulo.
El Monje Zen se enojaba por escuchar a sus amigos hablar boludeces. Y sus amigos se enojaban con él por querer ayudarlo y verlo reaccionar como trastornado.
Es que el puterío del Monje Zen Rebentado era muy particular. No subía fotos de los libros que prostituía sino fotos que él mismo sacaba de personas durmiendo en la calle y de mujeres con pepino en el culo o travestis taladrando a un chabon con su tararira mientras sus tetas se bambolean locamente. A sus clientes en general los indigentes que duermen en los portales de una hogar no les molestaba en lo más minimo, las chicas con o sin pepino pero bien lubricadas a punto de acabar les molestaba un poquito a algunos pocos, pero las pijas ya sean grandes o chicquitas, erectas o muertas molestaban a una gran porción de los que se topaban buscando un libro un chipote chillon que les escupia en los ojos.
Para el Monje Zen Rebentado esto era curioso y no lograba una respuesta certera, a pesar que no dejaba de meditar el tema, que una cachufleta humeda y abierta no genera rechazo y un chipote chillon erecto y a punto de llorar fuera una escena terriblemente violenta para la gente.
Demás esta decir que esta reflexion se enmarcaba dentro de una pregunta que sostenía toda esta galería de imágenes.
¿Dónde se encuentra la pornografía: en el hombre que duerme en la puerta de tu casa cuyo techo es la intemperie y su colchon un carton corrugado o en una chica que esta gozando de su cuerpo?
El Monje Zen Rebentado, casi siempre debia escuchar con enorme tristeza la misma respuesta: en la mujer  o el hombre que estan haciendo uso de sus placeres.
Esta respuesta, que le confirmaba que sus conciudadanos eran monstruos deprabados lo obligaba a insistir en su estetica, en su pregunta y continuar poblando sus avisos de indigentes superpuestos a cuchufletas y chipotes chillones.
Sabía que su empresa estética era incomprendida, por clientes y conocidos, que podía atentar contra su propia subsistencia diaria dejandolo en la indigencia como a las personas a las cuales fotografiaba durmiendo en la puerta de tu casa, sí puto lector, de tu casa.
Pero tambien sabía que una empresa noble y justa no busca recompensas del Emperador ni aplausos del populacho embrutecido. Simplemente lo hace porque ese es su camino, su deber, su arte, su ética.
Y estaba convencido que si sus maestros Ernst Jünger o Pier Paolo Pasolini estubieran vivos lo visitarian para tomar unos mates o irse de carabana de wiskhy y cocaína y en el trascurso de esa visita llegado el momento le dirían:
El discipulo ahora puede hablar de igual a igual con su maestro porque a dejado de serlo para ser el mismo, es decir, concluirian,  la joven grulla ahora es un tigre que puede pelear como un guerrero y meditar con la sabiduria de un maestro.
Man, escuchame.
Lo que más lo sacaba y lo ponía loco como una cabra al Monje Zen Rebentado eran los consejos de los amigos que le recomendaban no mezclar el trabajo con su arte.
En otras palabras lo que le recomendaban era lo que los indios les recomendaron a Fierro y Cruz en las tolderías cuando se rajaron a Fuerte Apache para que no los encontrara la Ley:
Donde se caga no se come.
Tambien le criticaban, obviamente sin saber una mierda de nada, que solo trabajara con un book exclusivo de escort independientes de lujo en lugar de comercializar putas baratas.
¡Mamadera, mamadera!
¡Man!
¡Amiguito!
Cuando escuchaba esta clase de planteos al Monje Zen Rebentado le agarraba la chiripiorca.
A ver, amigos, el secreto de cualquier buen puterío, de cualquier puterio que se dedica a vender libros, es comprar carne siempre, todo el tiempo. Ese es el único secreto. Y después saber que comprar. Y para eso básicamente se necesita sencillamente plata, no consejos bien intencionados.
Pero lo que probocaba sus chiripiorcas que lo dejaban todo torcido como después de un ataque de ACV era que gente que lo quería le pidiera que copartimentara su vida en publica y privada.
Medito este malestar que lo angustiaba.
Recordo las novelas de James Ellroy en las que éste remixa las tragedias historicas de William shakeaspeare y las transforma en rockanrroles al palo de los 60. En esas obras de Ellroy sus personajes todo el tiempo estan compartimentando sus vidas: en este compartimento coloco mi relación con la mujer que amo, en este otro compartimento trabajo con el FBI, en este otro ayudo a lo fomentar los derechos de los negros y en este compartimento le vuelo la cabeza a J. F. K.
Entonces.
Ahí.
Justo ahí.
Man.
Amiguito.
¡Mamadera, mamadera!
Las meditaciones le trajeron un viejo recuerdo de su pasado como alumno.
Recordo a Nicolás Casullo en un aula de Ramos Mejía – que era igual a profesor Chapatin de su infancia e incluso tenía su mismo tono de voz – explicandole qué era un buen burgues del siglo XIX.
Un buen burgues del siglo XIX era una persona que tenía una mina de carbon donde explotaba en condiciones infrahumanas propias de un campo de concentración nazi o una carcel argentina a niños y hombres y mujeres de todas las edades y que en el comedor de su casa tenía un cuadro de Velazquez – ¡no el que pinto Michael Foucault, ese para entonces estaba en un museo! –  o de cualquier otro mostro de la pintura universal y el sabado a la noche se sentaba con un puro y un buen licor a apreciar la belleza del mundo y conmoverse hasta las lagrimas.
Eso le enseño Nicolás Casullo al Monje Zen Rebentado en un aula de Ramos en el barrio de Parque Centenario en un vieja fábrica textil qué era ser un buen burgues.
Y también le enseñó que los intelectuales y artistas del siglo XIX que intetaron poner en tela de juicio de forma frontal esta forma de vida vipolar de los héroes de Balzac como de Ellroy (2) pagaron con sus huesos apilados en presidios, con su carne picada en patíbulos y con el exilio o la mas rotunda y brutal indiferencia.
Y frente a esta realidad, le ensaño Nicolás Casullo al Monje Zen Reventado, en un aula que no mucho después a poco menos de cincuenta metros pasaria noches enteras cocinando pan toda la noche en una cooperativa de la cual Fogwill (3) quizo sacarlo consiguiendole trabajo en un diario como periodista y lo rechazo siguiendo las palabras del vienes Karl Kraus (4) que le ensaño que así como todo hombre puede hacerse periodista sin embargo no toda mujer puede hacerse puta, en fin, , man, amiguito, Nicolas Casullo – que junto con Tomás Abraham y Horacio Gónzalez fueron los maestros que le ensañaron como abrir las pesadas puertas del del pensamiento filosofico e intelectual – le conto a él y el resto del aula las recomendaciones que daba Charles Baudelaire cuando la soledad y la angustia asolan, azontan y le mean la cabeza a un artista o intelectual que deviene francotirador en el techo de un edificio cagando a corchazos a putos chanchos burgueses:
Baudeleare siempre recomendaba a un artista o intelectual independiente que estuviera a punto de tirar la toalla exausto por los golpes ir a la compu, entrar en Internet y buscar una buena página porno. En ella elegir alguna de las categorias que ofrecia la pagina (5)  y hacerce una buena paja para relajarse y más tranquilo volver a la pelea y a seguir bajando munequitos a los corchazos.
NOTAS
(1) Definitivamente, Borges, con el titulo de este cuento me hace dudar de todo. Quiero decir, de su rigurosidad para trabajar. ¿Cómo puede ser que Chuang Tzu que vivió muchisimos años antes que Casullo, Ellroy o Ricky Espinosa conociera sus obras o manejara categorias como pornografía y modernidad en la Antigua China?
(2) No hay nada mas punk rock, en la mejor tradición de este género, como escribe Greil Marcus en Rastros de Carmín. Una historia secreta del siglo XX,: “que el  disco Nunca nos fuimos  de la banda argentina Flema, que extrae toda su poderosa fuerza de pibe chorro del Conurbano BOnaerense de las obras de Balzac y Ellroy. Puestas en serie las obras de Balzac, Ellroy y Flema forman una melodía rabiosa y coherente.”
(3)  Columnas anteriores de las Confesiones donde  se habla sobre Fogwill:
Meridiano de sangre.
https://libroskalish.wordpress.com/2014/10/23/confesiones-de-un-librero-de-mierda-66/ 
Correspondencia Fogwill – Elsa Kalish.
https://libroskalish.wordpress.com/2014/10/08/confesiones-de-un-librero-de-mierda-59/
(4) En una columna anterior de las Confesiones se publicó un largo ensayo  sobre Karl Kraus escrito por Jonathan Franzen.
 Lo que falla en el mundo moderno – Jonathan Franzen. Traducción Guadalupe Marando.
https://libroskalish.wordpress.com/2014/10/25/confesiones-de-un-librero-de-mierda-67/ 
(5) Las categorías que ofrece una página porno ya son un topico, como solía decir David Viñas, donde uno puede elegir: Maduras calentonas, , Madres incestuosas, Profesoras putas, Secretarias reputas, Tetonas, Terribles culos, Pendejas calientes, Tríos, Orgías, Sexo Anal, Doble Penetración, Amateur, Porno Stars, Entrenando duro en el gimnasio, La Profe de yoga me la pone dura, Mi masajista me la chupa como los dioses, Señor Policia deme duro con su cahiporra, En la ducha con la tía, En el Auto de papá nos iremos a pasear, etcétera.
Columnas anteriores de Confesiones de un librero de mierda entrado en este Link:
zzz—Confesiones de un librero de mierda—zzz

 

ENTREGA LibrosKalish A DOMICILIO (OPCIONAL – CAP. FED.) $50.

Contacto: juanpablolief@hotmail.com

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Libros difíciles de encontrar a buen precio.
Esta entrada fue publicada en David Viñas, Ernst Jünger, Flema, Greil Marcus, Honoré de Balzac, Horacio González, James Ellroy, Jonathan Franzen, Jorge Luis Borges, Karl kraus, Nicolás Casullo, Pier Paolo Pasolini, zzz---Confesiones de un librero de mierda---zzz. Guarda el enlace permanente.

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