Confesiones de un librero de mierda

Confesiones de un librero de mierda Juan Pablo Liefeld Christian Ferrer Ezequiel Martinez Estrada Borges
El twist del pibe

 

Mediodía.
Salgo a la calle.
Voy a la parada del 5 para venir a la librería.
Estoy pensando en la confesion que te voy a contar hoy.
Estoy evaluando si copio o no en un Word un capítulo de Yo fui el cammello de Keith Richards para que leas, aunque no te lo mereces, porque lo leí los otros días y me divirtió mucho.
Cuando llego a la parada del 5 el sol ya me hizo saber que mi propia sombra vale menos que un alfajor Capitán del Espacio.
Hago foco en algo que me hace parar las antenitas.
Veo tres patrulleros de un lado de Rivadavia.
En la cola del 5 todos esperan  y solo tienen ojos para ver llegar el colectivo.
Pobre gente, esperan algo que nunca llegara, como Penelope, ellos aguardan que asome por Rivadavia Godot.
Mis antenitas ya estan conectadas via coaxil con la central de inteligencia del satelite de mi locura.
De la mano de enfrente donde estan los tres patrulleros hay un carro de asalto de la Federal.
Dejo que mi ojos vayan a la deriva buscando el nervio del dolor oculto en la superficie.
Mis ojos tropiezan con el Bingo Congreso.
Mis antenitas me ordenan que capte la escena.
En el Bingo Congreso hay unos 150 o 200 Inodoros Pereyra y Eulogias de todas las edades con banderas acampando en la puerta.
Qué esta pasando acá, me pregunto.
Y me respondo, ¡este es un trabajo para Lanata Gay!
Vuelvo corriendo a mi edificio.
Entro en el ascensor.
¡Dale Power, cambiame la música!, le pido a los dioses.
Y ya esta.
Soy Lanata Gay.
Puto puto puto puto.
Vuelvo a salir a la calle y enfilo para el Bingo.
Me quede sin cigarrillos, la puta madre.
Así que paso entre los Inodoros Pereyra y las Eulogias y entro en el kiosco de al lado del Bingo donde al empleado de la noche le preste para que leyera mi ejemplar de El hombre en el castillo de Philip K. Dick.
Le pido a la chica que atiende dos atados de Philip Morris y le pregunto qué estan reclamando o si sabe por qué esta toda esa gente en la puerta del Bingo cortando la libre circulación de tanta menopausica y abuela que acude a ese templo en busca de un poco de locura en forma de cartones y azar.
La quiosquera me responde que no tiene ni idea.
Pago y salgo.
Me prendo un pucho.
Encaro a dos Inodoros que estan sentados en el piso.
Los saludo y les pregunto por qué estan en la puerta del Bingo.
Me responden que no tienen ni idea. Que ellos solo estan descansando y no tienen nada que ver con los que estan ahí con banderas y obstruyendo el paso de la gente y violando  el art. 194 del Código Penal  que prescribe que: “El que, sin crear una situación de peligro común impidiere, estorbare o entorpeciere el normal funcionamiento de los transportes por tierra, agua o aire o los servicios públicos de comunicaciones, de provisión de agua, de electricidad o de sustancias energéticas será reprimido con prisión de tres meses a dos años”.
Sigo.
Abanzo.
Retrocedo.
Soy Lanata Gay.
Puto puto puto puto.
Encaro a otro Inodoro Pereyra.
Este esta en la puerta misma del Bingo sosteniendo uno de los palos de un bandera inmensa.
Es jovencito. No debe tener más de 15 años.
Lo saludo y le pregunto qué estan haciendo ahí.
Me explica.
¡Bingo!
¡Lanata Gay cumple y Cristina te regala calculadoras con Internet!
Si este chico también me decia ni idea solo me quedaba preguntarle a la policía.
¿Y si ellos me decían ni idea?
¡Dios santo, no creo en tu gracia como tampoco cree en vos la nieta de Moria Casan, pero por favor, llama a Francisco y decile que vuelva, que lo necesitamos los argentinos!
Bien.
Ok.
Soy Lanata Gay.
Puto puto puto puto.
El chico me explico que estaban haciendo en la puerta del Bingo él y otros 200 Inodoros Pereyras y Eulogias.
Hace unas semanas su agrupación política envio una carta al Bingo pidiendo que colabore con dinero o donando alimentos y otros productos para ayudar a las familias mas pobres y sin recursos para pasar una navidad y año nuevo mas amable. Como no tuvieron respuesta alguna a su pedido se movilizaron y fueron en persona a pedir un porcentaje de la guita que el Bingo les saca diariamente a las menopausicas y las abuelas argentinas.
Me prendi otro pucho y le convide uno al chico.
Le decie suerte y me aleje.
Como el sol ya me tenia los huevos al plato opte por el subte del Pito Triste de Macri.
Baje en Rio de Janeiro.
Entre en la Kentucky de Rivadavia y Otamendi.
El de la caja me reconocio.
Lanata Gay.
Puto puto puto puto, le dije.
Me comi una porción de napolitana y fui al chino a comprar una latita de cerveza.
Luego llegue a la librería.
Encendí la compu.
La misma que tiene sobre su monitor un poster de Inodoro Pereyra dandole una flor a Eulogia y estan parados sobre la palabra amor mientras los observa a un costado el perrito Mendieta emocionado.
Y mientras la computadora se enciende. Es una carreta con sus fuelles desvencijados. Voy al baño.
Grito a los Dioses:
¡Dame  Power, cambiame la música!
Y ya esta.
Dejo mi traje de Lanata Gay y vuelvo a ser un boludo más del montón.
Me siento en la compu.
Enciendo un cigarrillo.
Y te voy a contar algo.
Hace un tiempo atrás, una tarde, en la que estaba cansado, quemado, roto y tenía que sacar laburo adelante en la librería, puse Grooveshark y busque La Renga y me puse a laburar subiendo libros a la pagina de la libreria cantando a los gritos:
 La vieja palabra destino
quiso sorprender a su suerte
le cruzó en medio del camino
la sonrisa de la muerte.
Bellos dientes para una sonrisa, dijo, 
pero no para volver a verte
si el destino lo tiene planeado
echada estaba su suerte. 
La cosa es que unos días antes me habían comprado por Mercado Libre una novela de Coetzee.
El titular de la cuenta de ML  se llamaba Fabian Casas.
¿Sería el escritor?
Que se yo.
La cosa que el comprador se comunico telefónicamente para retirar el libro.
Le pase mi direccion y horarios y me explico que se le complicaba pasar por las tardes porque trabajaba en una radio.
Le ofreci que podia pasar por Almagro por las mañana donde por entonces trabajaba en un sindicato.
Me respondio que veia cómo hacia y que cualquier cosa volviamos a hablar.
Yo deduje por el trabajo de mi comprador que no era quien yo pensaba que era este Fabian Casas.
Ok.
Amiguito.
Estaba dandome máquina con La Renga que salía por los parlantes de la compu de un funcionario público kirtchnerista con el que compartia el departamento de la librería por entonces y cantando a los gritos:
 Lo que hay después de un espejismo
es la sed al veneno más fuerte
jugos que al paladar de la vida
lo embriaga y lo divierte.
Y en el frío de aquel invierno
le quedaba una cita pendiente
allá por el barrio de Lugano
jamás volveré a verte.
Entonces suena el teléfono.
Bajo un poco la musica.
Atiendo.
Hola, Libros Kalish.
Del otro lado del telefono escucho que me disparan a quemarropa:
Flaco, estoy en la puerta tocando timbre y esperando que me atiendas hace 20 minutos.
Cuelgo y salgo al palier.
Abro la puerta de calle.
Pongo mi mejor cara de boludo y le pregunto que libro viene a retirar.
Un libro de Coetzee, me dice y lo invito a pasar.
Te espero, estoy apurado.
Busco el libro y se lo doy.
Me paga y se va.
Y sí.
Era nomas Fabian Casas.
El escritor.
Y tuvo la dicha y fortuna de apreciar durante un rato mis cualidades bocales para el canto una tarde que para darme manija y trabajar puse La Renga al palo y cante:
Será el intento a buscar
lo que valore tu vida
buscar termina en encontrar
pero cómo saber, si tuvo lo que quería.
Así como volver a empezar
todo termina de repente
pero no me digas adiós
sólo decime hasta siempre.

 

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zzz—Confesiones de un librero de mierda—zzz

 

 

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Contacto: juanpablolief@hotmail.com

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Libros difíciles de encontrar a buen precio.
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