Confesiones de un librero de mierda

Confesiones de un librero de mierda René Juan Pablo Liefeld

Soy un gato
Las aventuras de René
 
Seite y media de la mañana.
Me levanto.
Agarro los anteojos y los cigarrillos.
Voy a la cocina a poner la pava para el mate.
Busco a Peter Brown que hoy me va a hablar de Orígenes.
Voy al baño a mear.
¿Y René?
Lo llamo es vos baja para no despertar a mi novia.
René.
Cuando me levanto por lo general él ya esta despierto esperando que para que le de comida, le limpie el baño y juguemos.
Y no son pocas las veces que ya vino varias veces aburrido a despertarme para que me levante y lo tengo que hechar a las patadas para que no rompa los huevos.
René, dónde estas.
Y me viene un flash back.
A la madrugada me desperte escuchando ruidos raros.
Pero como vivo en un edificio y que da a una calle transitada no le di pelota.
René.
Lo busco en el comedor.
Lo busco en la cocina.
Lo busco en el baño.
Lo busco en la pieza.
René.
Lo busco en la pieza que usa mi novia de escritorio.
Del otro lado de la ventana veo unas mecetas con malvones y otras plantas todas desparramadas y bolteadas en la cornisa ancha.
Vuelvo a escuchar los ruidos de la madrugada en mi cabeza.
Pero ahora suenan como detonaciones de una escopeta calibre 16 apuntando a mi pecho a quemarropa.
René.
Vuelvo a rastrillar toda la casa: cocina, pieza, comedor, escritorio.
¡René!
Despierto a mi novia.
¡No esta René!
Los dos estamos histericos.
Tenemos miedo.
A veces los gatos se esconden.
¿Dónde estas René?
Una vez Pablo Klappenbach y Vicky Massa me dejaron su departamento de Parque Patricios para que les cuidara a su gato. Ulises, negro y blanco y mucho mas peludo que René.
René y Ulises son primos hermanos de Silvestre el gato de los dibujitos que quería cazar al canario Twity.
Y una tarde llegue al departamento de Pablo y Vicky y llame a Ulises.
Ulises, culo roto, cómo estas.
Nada.
Estaba todo cerrado y el gato no estaba.
Me volvi loco.
Di vuelta toda el departamento 20 millones de veces.
Desesperado.
Como a la media hora, ya derrotado y a punto de llamar a mis amigos al cell y que cuando volvieran de sus vacaciones Ulises ya no estaria con ellos, volvi a rastrillar toda la casa nuevamente. Y esta ultima vez se me ocurrio revisar en el unico lugar que no había mirado: debajo de la cama.
Ahí estaba el hijo de puta.
Y lo agarre de una pata y lo saque bruscamente de debajo de la cama y lo abrace y el alma me volvio al cuerpo.
¡René!
Agarro los cigarrillos. Me pongo una remera. Y bajo a la calle.
Lo encaro al portero que esta baldeando la vereda.
¿Qué haces Charly?
El portero me llama Charly.
¿No viste a un gato?
No, me dice.
Le explico que sospecho que mi gato se callo por la ventana.
Y el portero me dice que encontro macetas en la vereda.
Cruzo Pasteur.
Vivo en Pasteur, entre Rivadavia y Mitre.
Me paro frente al edificio de la vereda de enfrente a mirar fijamente el tilo que hay a la altura de la ventana donde supuestamente se callo René.
Quizá este en el tilo.
Miro.
Si cayo a la calle…
Es un gato que jamas salio del departamento. No sabe caminar la calle. Y aunque sepa la gente suele ser malvada con los gatos.
René dónde estas la puta que te pario, por favor.
Mi novia baja y empieza se va para Rivadavia preguntando a los otros porteros que estan baldeando la vereda y los locales chinos que estan abriendo a ver si vieron a un gato blanco y negro, grande, peludo.
Si cayo de un segundo piso puede que se haya hecho pelota o no, según como haya caído. Y si se asusto y empezo a corrrer para cualquier lugar para esconderse quiza no vuelva a verlo jamas.
René, dónde estas, por favor.
El gato de mi amigo Luis Pompa, Bengi, un atorrante naranja y peludo, un día desaparecio y no se supo más de él. Mi amigo lo busco en todo el barrio y jamas dio con él. Y cuando comprendió que ya no volveria sencillamente armo sus valijas y se mudo. Almagro y el fantasma de Bengi fue demasiado para su corazón.
René.
Muqui, el perro de mi abuela Elsa Kalish, que la sobrevivio a ella varios años y que vivia con mi viejo una tarde como siempre salio a la vereda y nunca mas se supo de él.
Muqui, dónde estas.
Por favor.
Estoy parado todavía mirando el tilo, parado en la vereda de la cuadra del edifico del que se suicido arrojandose por el pulmon de manzana el escritor Carlos Correas, amigo de Juan José Sebreli y Oscar Masotta.
También me viene a la memoria Nico, un gato negro y grandote que tuve. Lo criaron Jacka Zulu y Evelyn, mis perros. Nico era su hijo. Se turnaban para agarrarlo por el lomo, como hacen los animales con sus crias y lo llevaban al patio de casa para jugar los tres. Nico dormia acurrucado, hecho un ovillo entre Jacka y Evelyn y si se portaba mal ellos lo retaban. Y una tarde un hijo de puta le metio un balinazo cuando estaba tomando sol en el patio.
La gente es mala con los gatos.
René, dónde estas.
Entonces mi novia asoma la cabeza desde un local chino.
Miro sin entender.
Una portera que esta valdeando me dice que mi novia me llama.
Voy a su encuentro.
Paso por al lado de mi portero. Me dice Charly no sé cuánto y sacado le grito ¡pelotudo se perdió mi gato no me rompas las pelotas!
René esta escondido detrás del mostrador del local, debajo, entre unas cajas.
Está asustado, sospechamos que herdido.
Vuelvo al departamento a buscar la casita que se usa para trasladar gatos en la calle y el telefono del veterinario.
Este local chino esta atendido por dos chinos. Uno, el que debe tener mi edad mas o menos, 40 años, esta siempre en la veredad fumando unos cigarrillos chinos de cajita roja y tiene en su rostro una expresión de tristeza que le imprime cierta belleza. El otro, el que lo encontro a René, es jovencito, con modales delicados y elegantes como mi amigo Choi, que es Coreano, no chino.
El chico me cuenta que estaba abriendo el negocio y vio a René caminando para el local asustado y como si estuviera cazando un aguila y se mando adentro del local y se autoacuartelo debajo del mostrador.
René tuvo suerte, al chico le gustaban los gatos y no lo hecho.
Mi gato quemo en una madrugada todas sus vidas.
Si un gato tiene 7 vidas, René ahora solo le queda la que lleva puesta únicamente.
Y se me vuelve a cruzar en la mente el perrito que vi el otro día por la calle llevando en la boca, mordiendo con sus dientes, un cartel que decia: “sin su ayuda me muero de hambre”. Yo venía boleado de caminar durante horas bajo el rayo del sol y pensando en el nuevo libro de Michael Foucault, Sobre el gobierno de los vivos, donde Foucault le da un giro a sus ideas en el College de France y hasta cuatro años después que va a encontrar la muerte emprende la busqueda de la parresia.
Y René si no hubiera encontrado a este chico chino amigo de los gatos podría haber corrido la suerte del perrito éste: ir por la calle con un cartel en la boca mendigando.

 

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