País de sombras – Peter Matthiessen

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Para este collage se uso a: John Lennon, Paul McCartney, Ringo Starr, George Harrison, Pier Paolo Pasolini, Jorge Luis Borges, el perrito Mendieta, Roberto Fontanarrosa y las cenizas de Gramsci. 

Estado: nuevo.

Editorial: Seix Barral.

Precio: $1000.

País de sombras *
Peter Matthiessen
La “Trilogía de Watson”, tal como se llamó su edición original, fue gestada como una sola e inmensa novela cuyo primer borrador manuscrito debió de tener más de mil quinientas páginas. No es de extrañar que mi editor se mostrara reacio ante la enormidad de lo que yo había forjado, y así pues, como si fuera una hogaza de pan, aquella cosa elemental fue partida en tres pedazos que se correspondían con sus sucesivos marcos temporales y de punto de vista. A continuación su primera parte fue desgajada del resto y terminada con el título de Matar al señor Watson (que era el título original del conjunto), mientras que a la segunda y a la tercera parte se les fueron dando títulos nuevos a medida que cada una de ellas era terminada y publicada: El río Lost Man (el nombre de un río que había en la región del remoto sudoeste de los Everglades donde vivía Watson) y Hueso a hueso (tomado de un hermoso y extraño poema de Emily Dickinson).
Aunque los tres libros fueron recibidos con generosidad, la solución de la “trilogía” nunca se correspondió con mi idea original de cuál era la verdadera naturaleza de este libro. Aunque el primer libro y el tercero se sostenían por sí mismos, la sección intermedia, que había servido originalmente como una especie de tejido conectivo, y sin embargo contenía gran parte del corazón y el cerebro del conjunto del organismo, carecía de armazón o esqueleto propio; separado de los otros, se volvió amorfo, y me recordaba de forma desagradable el vientre alargado de un perro salchicha, colgando lastimosamente entre sus patas recias y verticales. Resumiendo, la obra me parecía inacabada, y su desdichado autor, después de veinte años de trabajo penoso (las primeras notas, tal como descubrí con horror, databan de 1978), quedo algo frustrado e insatisfecho. La única solución aceptable era desmontarlo y volverlo a crear, para asegurarse de que existía en alguna parte (aunque fuera solamente en un armario) en su forma adecuada.
En una entrevista concedida a The Paris Review (nº 157, Primavera de 1999), confesé mi intención de dedicar un año a su reconstrucción, aunque yo carecía de expectativa alguna de que lo que resultara fuera a encontrar una editorial respetable. Pese a todo, el año reservé para la recreación de la obra se acabó convirtiendo en seis o siete. Esto se debe a que el señor Watson y la gente desesperada que había compartido su vida desesperada volvieron a cobrar vida en las nuevas página y me volvieron a absorver por completo, y también a que – durante los cortes y destilaciones que redujeron el conjunto en casi cuatrocientas páginas – su historia se profundizó y se intensificó de forma inevitable.
En mi concepción original, los tres libros de la novela eran variaciones entretejidas de la evolución de una leyenda. En esta nueva manifestación, el libro primero de la novela sería análogo a un primer movimiento, ya que el conjunto tiene unos ritmos, un auge y caída que me recuerdan a una sinfonía, así como el regreso continuo a la autodestrucción obsesiva de un hombre narrada sobre el trasfondo histórico de la esclavitud y la guerra civil, el imperialismo y la violación de la tierra y de la vida bajo el estandarte del “progreso” industrial. De forma indirecta, pero tal vez esencial, la obra trata de la tragedia del racismo que sigue oscureciendo la integridad de un gran país como si fuera la sombra de un dosel de nubes.
Conservado a modo de preludio más o menos intacto, y regresando a lo largo del libro de formas diversas, se encuentra el mito de la violenta y controvertida muerte de Watson. De forma intencionada, este “final” se devela de entrada, a fin de evitar que la trama obstaculice la intriga mas profunda del misterio que le subyace. Un hombre poderoso y carismático es cosido a tiros por sus vecinos: ¿Por qué? Lo que importa es ese porqué. ¿Cómo puede tener lugar un acontecimiento tan aterrador en una comunidad pacífica de pescadores y granjeros? ¿Fue realmente un acto de defensa propia, tal como afirmaban quienes participaron en el mismo, o fue un linchamiento calculado? ¿Cómo respoderán los hijos de Watson a su muerte? Y el único hombre negro que había en aquella turba de blancos armados, ¿qué estaba haciendo allí? Narrada con el trasfondo de la era de la segregación, la extraña historia de Henry Short tiene interminables reverberaciones. En País de sombras, a esta enigmatica figura se le da una voz propia en calidad de testigo y también se le adjudica su propia narración final.
El presente libro junta en una sola obra los temas que me han absorbido durante toda mi vida: la polución de la tierra, el aire y el agua que resulta inevitable durante la ciega aniquilación de la naturaleza virgen y de sus criaturas silvestres, y también las injusticias que se cometen hacia los más pobres de nuestra propia especie, sobre todo los pueblos indígenas y los herederos de la esclavitud, dejados atrás por la cruel hipocresía de eso que quienes tienen el poder hacen pasar por progreso y democracia.
E. J. Watson fue un empresario de la frontera inspirado y dotado de un talento excepcional que vivió durante la época más fabulosa para la invención y los avances que ha habido en toda la historia de América. También fue un hombre gravemente condicionado por la pérdida, los desmanes del destino y la mala suerte, que se llegó a obsecionar tanto con participar de la prosperidad del nuevo siglo que al final cayó en la ilegalidad y llegó a excusar sus acciones cada vez más insensatas citando como precedentes la implacabilidad de las corporaciones y las prácticas laborales asesinas en la construcción de los ferrocarriles, en las minas y en todas partes: unas atrocidades comunes y flagrantes en los EEUU del cambio de siglo que eran disculpadas y hasta promovidas por un nuevo gobierno americano de corte imperial.
En el libro tercero leemos la versión de los hechos que nos da el mismo señor Watson, desde su tierna infancia hasta el momento de su muerte: la última palabra, ya que seguramente él sabe mejor que nadie en quién se ha convertido, ese “primo oscuro” que nadie en la familia menciona. El lector debe de ser el juez último de Watson.
Aunque el libro carece de mensaje, se puede afirmar que la metáfora de la leyenda de Watson representa nuestra trágica historia de liberalismo salvaje y racismo, la erosión continua de nuestro hábitat humano y cómo estas cosas afectan las vidas de quienes viven bajo el azote de los elementos y perdidos en los márgenes, despojados de voz en medio del desgaste económico y medioambiental que erosiona los cimientos de sus esperanzas y sin nada con que afrontar su propia irrelevancia más que el coraje y la rabia. Puede que los males de nuestra gran república, tal como son percibidos con los ojos de los americanos del campo atrasado, parezcan inconsecuentes, pero la gente que tiene que afrontar verdaderas penurias en su búsqueda de la felicidad, y no simples neurosis, pueden ser amargamente elocuentes y hacer gala de un humor muy negro, razón por la cual siempre me han gustado sus voces y escribir sobre ellos. Al final, por extravagantes que puedan parecer esos personajes, sus historias también proceden del corazón humano; en este caso, del corazón salvaje de un primo oscuro y presunto forajido.
Respecto a Watson, los reseñistas de los tres libros originales han citado la idea de D. H. Lawrence de que “el alma esencial americana es dura, solitaria, estoica y asesina”. Hasta cierto punto, esto se puede aplicar al caso de Watson, pero también hay más misterio en él. Por lo que he llegado a entender después de todos estos años, no fue ni un “asesino nato” ni tampoco un hombre provisto de una mentalidad criminal atrofiada: esa clase de hombre carece de interés. Por otra lado, sí que estaba obsesionado, y toda obsesión que no es enfermiza ni criminal resulta apasionante; a lo largo de estos treinta años he aprendido mucho sobre las obsesiones por culpa de pasar demasiado tiempo en la mente de E. J. Watson.
* Nota del autor que abre el libro fechado en la  primavera de 2008.
Nota del traductor
 Javier Calvo
No sé muy bien qué es lo que determina qué es una traducción importante dentro de la carrera de un traductor literario. Desde el punto de vista de mi experiencia personal, sí que he tenido la impresión a veces de haber traducido novelas “importantes”, desde una perspectiva más o menos canónica: por ejemplo, The Adventures of Cavalier and Klay de Michael Chabon o Tree Of Smoke de Denis Johnson son obras monumentales que destacan sin discusión en una década de narrativa americana. Desde un punto de vista de aprendizaje personal, por otro lado, Girl with Curious Hair de David Foster Wallace supuso para mí un punto de inflexión. Por otro lado yo siempre he dicho que el trabajo de traducción del que me siento más orgulloso son las doce novelas de Terry Pratchett que he traducido al español para Plaza y Janés, cuyo humor verbal cristalino plantea unas dificultades para el traductor a menudo mucho mayores que toda la alta literatura que le pueda caer en las manos.
Todo este tipo de consideraciones han cambiado después de finalizar la traducción más larga e intensa de toda mi carrera. Se trata de la versión española de Shadow Country de Peter Matthiessen. Un año entero de mi vida (el 2009 para mí siempre estará asociado a este trabajo que se llevó la mitad de sus horas) que he invertido en intentar dar forma a un proyecto que no llamaré imposible, pero sí faraónico. Se la puede llamar una novela colosal, con el riesgo de sarcasmo inevitablemente asociado a sus 900 páginas de letra diminuta que “camuflan” más o menos las 1300 de los tres tomos en que se publicó originalmente. Colosal también por su condición de síntesis o reactivación, o quizás transmutación, de una tradición entera: la de Sinclair Lewis, Mark Twain, James Fenimore Cooper, Theodor Dreiser y William Faulkner (usando el vernáculo americano de dicha tradición). Novelización libre de la vida del plantador sureño y asesino múltiple Edgar Watson (1855-1910), Shadow Country fue concebida como una sola novela, luego dividida en tres para su publicación comercial y por fin reunida en este tomo que ganó con cierta polémica el National Book Award del año pasado. Los tres tomos del libro son radicalmente distintos pese a compartir protagonista, escenarios y personajes. Killing Mister Watson, el libro primero, con su perspectivismo faulkleriano al estilo As I Lay Dying, se centra en los acontecimientos que llevan al linchamiento de Edgar Watson por los habitantes de una mísera comunidad rural de Florida, narrados desde el punto de vista alternativo de una veintena larga de personajes. De los tres, es el que más se acerca al género de la tragedia: una revenge tragedy casi isabelina en su planteamiento y genuinamente modernista en la forma. Es también el que más se resiente de la traducción, ya que está escrito en realidad en tres variantes distintas de inglés: el americano histórico de principios del siglo XX, el dialecto rural pobre de los estados del Sur en aquella época y el idioma rudimentario de los esclavos negros recién emancipados por entonces.
Lost Man’s River, el segundo tomo, es un largo relato gótico de violencia y alcoholismo, increíblemente angustioso, opresivo y cargado de tensiones freudianas, en que el hijo de Watson, Lucius, convertido en escritor, reconstruye los asesinatos de su padre para un libro que está escribiendo. Cercano en ocasiones al relato de horror, contiene algunas de las descripciones de la muerte más espeluznantes que he leído. Pero es el tercer volumen,Bone by Bone, narrado por el mismo Watson, el más impresionante de los tres, donde la trilogía cobra su verdadero sentido y el asesino Watson emerge como la aterradora metáfora de América: cínico y violento, increíblemente hábil para los negocios, atemorizador de sus vecinos, increíblemente atractivo y seductor, su narración es ejercicio increíble de manipulación de la verdad, mentiras repulsivas y maldad en estado puro fácilmente identificable con esa máquina de matar y mentir que el público ha llegado a asociar con la parte más negativa de la política y la economía de Estados Unidos.
Nada permitía presagiar la aparición de esta novela tremenda en la carrera anterior de Peter Matthiessen (Nueva York, 1927), escritor, activista medioambiental y naturalista que antes de esta novela apenas había escrito más ficción que las novelas At Play in the Fields of the Lord y la vanguardista Far Tortuga. La recomiendo encarecidamente a americanófilos, a fans del western crepuscular y del gótico americano y a gente con el estómago de hierro: si creéis que Cormac McCarthy es violento, es que NO HABÉIS LEIDO Shadow Country. En junio de 2010, en la editorial Seix Barral. No os arrepentiréis, y en caso de que sí, siempre lo podéis usar como arma contundente. Laboralmente, por supuesto, a mí me ha dejado hecho migas y desesperadamente necesitado de unas vacaciones, pero la lista de espera de próximas traducciones es larga y ya me jadea en el cuello: This is Water de David Foster Wallace, Monstruous Regiment de Terry Pratchett,Nobody Move de Denis Johnson, Ablutions de Patrick DeWitt y Don’t Cry de Mary Gaitskill. Cuando la muerte me encuentre, me encontrará traduciendo.
Peter Matthiessen (nació el 22 de mayo de 1927 en Nueva York), es un naturalista estadounidense y escritor de libros de historia reales y de ficción. El trabajo de Matthiessen es conocido por su enfoque meticuloso de investigación y desarrollo. Frecuentemente centra su investigación en el tema de los Indígenas Norteamericanos, como se detalla en su estudio sobre el caso de Leonard Peltier In the Spirit of Crazy Horse.
Junto con George Plimpton, Harold Humes, Thomas Guinzburg y Donald Hall, fundó en 1953 la revista literaria Paris Review.
En 1979, su libro The Snow Leopard ganó el premio que otorga El National Book Award por la categoría a reflexión contemporánea.
Su novela At Play in the Fields of the Lord (1965) que trata acerca de un misionero norteamericano que se adentra en una tribu indígena de América del Sur, fue llevada al cine en 1991. Su trabajo sobre investigación oceanográfica “Blue Meridian”, también se convirtió en una película titulada “Blue Water, White Death”. También se considera que ese libro inspiro a Peter Benchley para escribir “Jaws” (en castellano Tiburón) en 1974.
Más recientemente, la trilogía de ficción de Matthiessen Killing Mr. Watson, Lost Man’s River and Bone by Bone fue basada en la muerte del plantador de Florida Edgar J. Watson poco después del huracán al suroeste de florida en 1910. Matthiessen se convirtió en un practicante del Zen y después en un cura Budista. Actualmente vive en su natal Nueva York.

Otros libros relacionados:
Shadow Country – Peter Matthiessen (versión original en ingles)
Tobacco road – Erskine Caldwell (versión original en inglés)
Meridiano de sangre – Cormac McCarthy
Los Angeles confidencial – James Ellroy
¡Absalón, Absalón! – William Faulkner
Laberinto de muerte – Philip k. Dick
El huracán – James Lee Burke
El diablo a todas horas – Donald Ray Pollock
It (Eso) – Stephen King
Wyoming – Annie Proulx

ENTREGA LibrosKalish A DOMICILIO (OPCIONAL – CAP. FED.) $50.

Contacto: juanpablolief@hotmail.com

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