Confesiones de un librero de mierda

Confesiones de un librero de mierda Juan Pablo Liefeld Christian Ferrer Ezequiel Martinez Estrada Borges
Una foto con tu divina presencia
Comandante Che Guevara

 

Para el fotógrafo Rodrigo Ruiz Ciancia

 

Te voy a contar algo.
La noche que tome merca sobre una foto del Che Guevara firmada y con una dedicatoria de puño y letra de tu divina presencia, comandante para su hermano.
Y te voy a contar un delito que ya prescribió y se cometió esa misma noche.
Ok.
Ahí vamos, Gustavo.
¡Dale Power, cambiame la música!
Estamos a mediados de los 2000.
Yo trabajo en una panadería toda la noche cocinando pan y formo parte del grupo editor de la revista digital El Interpretador dirigida por Juan Diego Incardona.
Una de las chicas de la revista en una de las reuniones editoriales de El Interpretador nos invita a una fiesta de disfraces que hace una de sus mejores amigas.
No entiendo cual es el encanto que las minas le ven a las fiestas de disfraces.
Pero les encanta.
A los hombres con tendencias perversas mas conocidos socialmente como invertidos sexuales también tienden a encontrar divertidísimo las fiestas de disfraces.
No hacia mucho habíamos ido a una fiesta de disfraces a tres cuadras de Puan con Juan Diego Incardona, Sebastian Hernaiz y Juan Leota. La fiesta de disfraces era de la hija de Marcelo Bonelli y el único que fue disfrazado fue Leota y el único que levanto. Su disfraz era el siguiente: un pantaloncito blanco, medias blancas, chomba blanca, una bincha blanca y una raqueta. Leota (también editor de El interpretador por entonces) estaba disfrazado de Guillermo Vilas.
La hija de Bonelli para su fiesta de disfraces había hechado a Marcelo que tuvo que irse con su mujer a dormir al country.
Ser un periodista comprometido con la verdad y con vos nunca a sido fácil y la vida y obra de Marcelo Bonelli es un caso ejemplar que nunca a dejado de perseguir las huellas de la carrera de periodistas como Rodolfo Walsh, Osvaldo Bayer o el pájaro García Lupo.
En fin.
Amiguito.
Sigo.
Avanzo.
Retrocedo.
Me caigo y me levanto.
¡Y salta violeta!
Así que ese sábado terminamos en la fiesta de disfraces de esta amiga de esta editora del El interpretador.
A partir de aquí como voy a relatar un hecho delictivo no voy a dar nombres mas alla del mio, Juan Pablo Liefeld, aunque el crimen prescribió hace tiempo.
Bien.
La fiesta de disfraces era tan estúpida y aburrida como la mejor.
La dueña de casa tenía un notorio parecido con Madonna y era la sobrina del Che Guevara.
Sí, estábamos la casa del hermano del Comandante Che Guevara.
Para más datos en Belgrano. En la parte mas cheta. A pocas cuadras de donde viven o vivian esos otros dos herederos de Walsh, Bayer y Garcia lupo. Y no me quiero olvidar del gordo Oscar Raúl Cardozo. Esos dos periodistas vecinos del hermano del Che son o eran Ari Palluch y Osvaldo Quiroga.
Abro paréntesis.
Leota también era vecino del barrio. Y su padre que siempre me cayo re bien, un mendocino encantador, estaba convencido que Osvaldo Quiroga siempre que se lo cruzaba por la calle lo miraba mal y estaba esperando la oportunidad de darle un roscaso por mal vecino y pelotudo.
Un fenómeno el viejo de Leota.
Bien.
Ahí vamos, Gus.
¡Dame Power, cambiame la música Johnny!
La cosa es que en un momento de la noche estamos muy borrachos: yo y tres delincuentes más.
Daria sus nombres, pero la gente es tan maricona, que en fin, qué se le va a hacer, es así nomas la cosa.
En la pieza donde dejabas las cosas cuando llegabas a la fiesta de disfraces había una foto enmarcada de El Che firmada y dedicada para su hermano, el padre de Madonna, la anfitriona de la fiesta de disfraces.
Entonces tramamos un plan.
¡Salgamos a pegar merca y peinemos unas rayas sobre la foto del Che!
¿Cuántas oportunidades te da la vida de peinar una raya sobre una foto firmada de puño y letra del comandante Che Guevara?
Decimos que vamos a comprar cigarrillos y nos dan un juego de llaves.
Encaramos por avenida El Cano.
Uno de los delincuentes con los que estoy pateando la noche propone cambiar las llaves de la casa por un par de bolsas.
Con esto ya te estoy diciendo quien es el autor del crimen que aun no conte.
No voy a dar nombres.
Solo contar los hechos.
Somos cuatro por avenida El Cano buscando un dealer.
La cosa que logramos nuestro cometido.
Volvemos.
Ernesto Guevara más conocido como el Che no espera ancioso y cuando nos ve llegar con un nudo en la garganta de angustia nos pregunta si logramos pegar algo.
Los cuatro nos cuadramos frente a su imponente presencia y le respondemos a coro:
¡Comandante, por usted damos la vida!
Peinamos cuatro rayas sobre la foto, ¡y zaracatunga!, como decía Nicolás Repeto.
Y uno de los cuatro que estábamos ahí a las ordenes del Comandante Che Guevara que cuando se ponía muy en pedo le pintaba el raterismo agarro la foto y se la metió en los huevos.
¡Con esta foto, la vendo y me compro un departamento!
Ok.
La fiesta siguió y el domingo la editora de El Interpretador que era la amiga de Madonna la anfitriona de la fiesta y la sobrina del Che Guevara manda un mail interno a todos los que fuimos puteandonos.
¡Son unos hijos de puta, no se quién se robo la foto, pero eso no se hace y me chupa un huevo saber quién es, pero el que la robo que la devuelva!
Negamos todo.
Aunque nos hubieran torturado hubiéramos negado todo.
¡El Comandante hubiera hecho lo mismo y seguramente si se entero de las presiones a las que fuimos sometidos para delatar al compañero esta orgulloso de nosotros!
Y acá viene lo peor.
El chiste.
Que si de reír se trata, creo, son verdaderos drama.
¿O no Patricio?
Bien.
Amiguito.
¡Dale Power, cambiame la música Johnny y ahí vamos, Gus!
El delincuente en cuestión lo encuentro hace poco y vamos a tomar unas cervezas.
Sale el tema de la foto del Che que se robo.
Le pregunto qué hizo con la foto y si aun la tiene.
Me niega todo. Me dice que él no fue.
Le relato esa noche entera y me mira asombrado y me dice desconcertado, entre divertido y asombrado:
¿En serio yo hice eso? No te puedo creer.
Yo siempre estuve convencido que eso era una ficción tuya.
Deci que lo quiero a este pelotudo que sino lo tengo que matar.
La policía me secuestro y torturo para que delatara y no me quebré y no vendi a mi amigo.
¿Y todo para qué?
Para que él me diga años después que él no se acuerda de nada y que no tiene la mas puta idea de donde esta esa foto.
¡El bote roto!
¿A quién le importa?

 

Columnas anteriores de Confesiones de un librero de mierda entrando en este Link:
zzz—Confesiones de un librero de mierda—zzz

 

ENTREGA LibrosKalish A DOMICILIO (OPCIONAL – CAP. FED.) $50.

Contacto: juanpablolief@hotmail.com

Acerca de libroskalish

Libros difíciles de encontrar a buen precio.
Esta entrada fue publicada en Ernesto Che Guevara, zzz---Confesiones de un librero de mierda---zzz. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s