Confesiones de un librero de mierda (98 Bis )

Confesiones de un librero de mierda Juan Pablo Liefeld Christian Ferrer Ezequiel Martinez Estrada Borges

El retorno de la Patota de las Bombachas de Elástico Vencido
amigas de Alan Pauls (1)

 

Para
Anita Cecchi porque hoy es su cumpleaños
Y Anita García Orsi porque es una amiga
Y Camila Flynn porque tiene un angel especial.
Seis de la mañana.
Arriba.
Tomo mate, fumo.
Intento leer.
Me obligo a leer.
Luego de un rato Peter Brown con su prosa elegante y su erudición  de la antigüedad y su manejo de 16 lenguas al cual Michael Foucault acudia en sus ultimos años a consultarle con el respeto con el que los griegos acudían al Oraculo de Delfos a hacerle preguntas logra por fin hacerme olvidar los sinsabores de la vida diaria y me arrastra a la lectura.
Es importante, para mi, leer, y con amor y entrega, sin ello soy un barco a la deriva.
Pero los quilombos son tremebundos y Peter Brown no es Marcélo Tinelli que si me invitara a ir al Bailando se solucionarian de una puta vez por todas mis pesadillas financieras.
En fin.
Luego de un rato de lectura, como haria Ernst Jünger en las trincheras, por las mañanas, de la Primera Guerra Mundial, dejo el libro, agarro el fusil y salgo al campo de batalla a matar o morir, como todos los putos días.
Y ahí vuelvo a la carga, me siento en la computadora de mi novia, que handa casi tan mal como la mía de la librería y empieza la locura de la lucha por la sobrevivencia.
Tengo que estar a las 10:15 hs a tres cuadras del boliche de Cristina. ¿No lo conocés? ¿Cómo que no lo conecés? Sí que lo conoces al bolichongo de Cristina, es ese que esta frente a Plaza de Mayo todo pintado de Rosa.
Ok.
Salgo de casa 10:15 hs y tengo que estar en el analista a las 10:15hs.
Ya no llego. Mando mensaje de que estoy demorado.
No obtengo respuesta.
Voy igual.
En siete años solo falte a mi seción una vez.
Entro, me acuesto en el diván.
Hablo.
Salgo.
Prendo un pucho y camino para el subte evaluando para donde mierda voy a encarar.
Que bueno es trabajar con un analista como Vanesa Otero.
Cuando la vi por primera vez era un Musulman, que es la categoria que usa Primo Levi para hablar de los quebrados dentro de los campos de concentración.
Todo me dolía.
Que mi perro moviera la cola feliz.
Que Natalia Oreiro o Pablo Echarri la pasaran mal en las telenovelas.
Que hubiera cremas en el baño para tener un cutis fresco y sano.
Que saliera el sol y que llegara la noche.
Todo. Absolutamente todo me dolia como un viaje a la deportación.
Solo queria y podia morirme y si no lo hacia era solo porque no podia levantarme de la cama donde estaba tirado día y noche llorando.
Bien.
Vanesa Otero como Peter Brown no pueden hacer milagros.
Pero un buen libro como un buen analista te pueden ayudar a que la angustia no te mate.
También la tragedia existe y ahí no hay tu tía.
En fin.
Fue duro y laburamos juntos y salí adelante.
Este año volvio a suceder y aca estoy nuevamente en pie de guerra y entero.
Todo esto lo contare en mi columna numero 100, así que la corto acá, con este tema.
Hacía semanas que no veía a mi primo el psicoanalista Sebastián Cariola.
Le mando un mensajito de texto y me confirma que va a estar y encaro para Palermo.
Tomo el subte.
Me siento y me pongo a leer Acercamientos. Drogas y ebriedad, de Ernst Jünger.
Es lo que necesito en este momento.
Un hombre que temple mi alma.
Y Jünger como nadie entendio en el siglo XX que el hombre comun, silvestre y boludo como vos y yo es sometido como en ninguna otra época de la historia  a las exigencias propias de de un Titan.
Sabés de qué te hablo, no te hagas el boludo, no es necesario leer a Jünger para conocer los padecimientos de  un ser mortal y cualunque al que se le reclama una vida cuyas pruevas solo pasaron exitosamente los Dioses del Olimpo.
Bien.
Estamos Jünger y yo sentados en el subte.
En la estación Callao sube un tipo con una nena en brazos.
La nene tenía el tamaño de un ñandú sobre alimentado y el padre estaba al borde del colapso físico por llevar a su hija en brazos solo para conseguir un asiento que la nena no necesitaba ocupar.
Jünger y yo miramos la escena y pensamos: que gente de mierda.
Seguimos con las meditaciones de este libro maravilloso.
En la estación Pueyrredon bajan unos y suben otros pasajeros.
Entre ellos una madre con una nena en brazos. No tenía el tamaño de la otra nena pero a un condor esta nena le sacaba media cabeza.
La madre me encara y me pide el asiento.
¡Francisco, dónde estas, te necesito, volve de Roma ya!
Ni Jünger ni yo jamas fuimos alcahuetes ni complacientes con nada.
Bien.
La miro a la mami con desprecio y le cedo el asiento sin decir una palabra.
La mami me mira con odio y no se por qué me dio puta la mina, pero de profesión, no de que le guste garchar. Algo en su mirada y en la forma de encararme me hizo sacarle la ficha. Claro que puede ser todo erronea esta tesis, pero soy buen observador pese a que ando con antoejos con los que no veo un carajo y aunque no viera tambien se oir y para mi la mami era trola. Aclaro que una puta para mi es una laburante como una cajera de supermercado o una docente o una empleada de librería. Ni más ni menos. William T. Vollmann, el escritor norteamericano, en una entrevista dice que en una sociedad donde te enseñan a venderte de la mejor forma posible todo el tiempo todos somos putas.
Bien.
La mami no contenta con haberle concedido todos sus deseos me dice:
Qué, te molesta que mi hija se siente.
La verdad, que sí, porque yo estaba leyendo y tu hija no necesita ese asiento mas que yo y yo estaba antes.
Este asiento es para…
Sí, sí, sí. Este asiento es para embarazadas, viejos, niños y enfermos – y pienso para mí: este asiento es para toda la lacra social: embarazadas, viejos, niños y enfermos – y tu hija entra dentro de esas categorias asi que te lo sedi, ¿cuál es tu problema?
Y la mami que es mas brava que un indio comanche del fondo de José León Suarez me escupe:
Si te molesta que mi hija se siente en el asiento que le corresponde jodete y a leer se va a la plaza no al subte.
Y estoy a punto de decirle que qué culpa tengo yo de que a ella se le ocurrió tener un hijo y por qué no me deja de romper las pelotas si le di el asiento a su hija que no lo necetitaba y yo sí y que…
Jünger que primero se tuvo que fumar a los nazis y luego a los boludos que son hoy los dueños del planeta y tan malos y brutos y crueles como los nazis y que lo chuceaban con pelotudeces, me miro y me dijo:
Cortala acá, todo esto es inútil, a los boludos se los mata o ignora pero con ellos jamas se discute.
Ok.
Bajo en el Alto Palermo.
Tomo unos mates con mi primo.
Charlamos de mi gato René y sus aventuras de gato volador y del páncreas de mi tía Marta.
Un beso tía, sabes que te quiero mucho.
Luego voy a una librería de la zona que tiene dos sucursales.
Voy primero a una donde esta la dueña.
Me saluda y me dice cuánto tiempo sin pasar por acá.
Es sincera en su sorpresa y alegria y eso me sorprende y alegra.
Ella no sabe que yo soy librero. Pero sabe que mi primo y yo somos grandes lectores y de gustos exquisitos. Que somos la clase de lectores que cualquier buen librero quisiera tener como cliente en su librería porque eso quiere decir que en tu librería hay cosas que valen la pena de verdad.
Bien.
Fue abuela hace poco y la felicito.
Charlamos sobre la maternidad mientras revuelvo libros.
Su hijo tuvo un baroncito y me relata las alegrías y los quilombos que genera traer un hijo al mundo.
Luego paso por la otra sucursal.
Saludo primero a la perra de la librería. Una perrita preciosa blanca y beige. Luego lo felicito a él por el éxito de sus espermatozoides y charlamos mientras miro libros, de libros y de cómo la perra recibio la venida de un monstuito desconocido en la casa. Obviamente que bien.
Siempre le digo a mis amigos Hernan Sassi y Guadalupe Marando que tienen dos nenas que es importante que los chicos se crien con animales en la casa. Pero no me dan pelota y ponen escusas estupidas.
Y ahora y hasta las mil seguire sentado frente a la computadora buscando la forma de quitarte tu dinero a cambio de unas hojas impresas con palabras.
Palabras que ha veces habren puertas.
Como el amor. Como las drogas. Como el dolor. Como una flor.
 Notas:
(1) En los link de las siguientes columnas se pueden encontrar otros episodios de La Patota de las Bombachas de Elástico Vencido el primero de los cuales se lo dedique a mi mamá porque algo de su humor oral a la hora de contar la vida cotidiana esta saga siniestra de Bombachas le debe mucho:
Célula maoísta del coro estable del  Teatro Colón de bombachas viejas de elastico vencido:  Confesiones de un librero de mierda
Mother:  Confesiones de un librero de mierda
Alan Pauls y La Patota de Las Bombachas de Elástico VencidoConfesiones de un librero de mierda
Alan Pauls y La Patota de Las Bombachas de Elástico Vencido. Episodio 2:  Confesiones de un librero de mierda
Alan Pauls y La Patota de Las Bombachas de Elástico Vencido. Episodio 3: La batalla final:  Confesiones de un librero de mierda

 

Columnas anteriores de Confesiones de un librero de mierda entrado en este Link:
zzz—Confesiones de un librero de mierda—zzz

 

ENTREGA LibrosKalish A DOMICILIO (OPCIONAL – CAP. FED.) $50.

Contacto: juanpablolief@hotmail.com

Anuncios

Acerca de libroskalish

Libros difíciles de encontrar a buen precio.
Esta entrada fue publicada en Alan Pauls, Ernst Jünger, Michel Foucault, Peter Brown, Primo Levi, William T. Vollmann, zzz---Confesiones de un librero de mierda---zzz. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s