Confesiones de un librero de mierda (99)

Confesiones de un librero de mierda René Juan Pablo Liefeld
Cementerio de animales
Las aventuras de René (segunda parte) *

 

Para Stephen King **

 

Los días que siguieron a la madrugada en que René se cayo de la ventana del departamento de Pasteur fueron licuando la angustia de mi novia y mia al comprobar que no se había hecho un rasguño y dando paso a la grata noticia de que algo en su personalidad malhumorada como la del que esto escribe había desaparecido para darle paso a un René bueno y complaciente como un gatito de peluche.
Antes de caerse por la ventana René era un gato con una personalidad fuerte. No por nada yo lo llamaba el Leoncito de Balvanera.
Pero ahora  se había vuelto bueno como un café con leche con medialunas después de donar sangre.
Por un lado me gustaba y por otra le desconfiaba porque nadie puede ser tan bueno las 24 horas del día. Así como nadie puede ser malo las 24 horas del día, ni siquiera Adolf Hitler.
Nadie, nada, nuca, las 24 horas, todos los días.
En fin.
Al chino del local de baratijas chinas que lo rescato de los peligros de la calle dejando que René se escondiera detrás del mostrador lo fui a tantear para saber que le gustaba para hacerle un regalo acorde a sus deseos.
Como no pude sacarle la ficha, le regalé en agradecimiento una remera de Bensimon y un pantalón de Tascani que le fui a comprar a la calle Cordoba.
La vida siguió como sigue todo. Con su lenta y estupida rutina de sin sabores y obligaciones que solo conducen al geriatrico.
René como vos o como yo o como cualquier boludo tenía su personalidad y había gente a la que queria, a otra a la que aguantaba por educación y a otros a los que detestaba y no hacia nada por ocultar que le rompian las pelotas que ya no tenía porque lo habíamos castrado.
A una de esas personas a las que detestaba era a mi sobrino Esteban.
En cuanto Esteban ponía un pie en el departamento él se ponía mal. Y le hacía una marca personal el tiempo en que pasara ahí y cualquier movimiento brusco o sospechoso que observara en mi sobrino en seguida René que no le perdía pisada lo sacudía con sus garras de Gaturro malevo del Once.
Así que cuando Esteban me llamo una tarde para ver si cuando salía del profesorado podía venir a quedarse a dormir y cayo en casa y René lo resivió ronroneando no lo podíamos creer.
Estaban, con René hecho un ovillo en sus rodillas y frotando su cabeza en su estomago duro y solido de años de entrenar como nadador federado reclamandole cariño, me dijo en chiste:
Evidentemente le hizo bien caerse por la ventana, se volvió un gatito bueno. Esta escena de René si hubiera sucedido antes de su caida por la ventana hubiera terminado con él arrancandome el higado.
Fue una linda noche.
Comimos, charlamos, escuchamos musica y luego nos fuimos a dormir.
A la mañana siguiente al despertarme fui a poner la pava para el mate.
Durante un rato me quede solo en el comedor tomando mate, fumando y leyendo. Después me bañe y fui a despertar a Esteban y mi novia.
Cuando entre al cuarto que usa mi novia de oficina en el que duermen las visitas cuando se quedan a pasar la noche éste no estaba.
René estaba panza arriba ronroneando en la cama que le habiamos improvisado a mi sobrino y la ventana estaba abierta.
¿Dónde mierda se metio Estaban?
Me asome por la ventana y abajo había un mundo de gente. Había por lo menos cinco patrulleros, una ambulancia y todo el barrio en circulo mirando algo que las ramas del tilo que daban a la ventana no me dejaban ver.
¿Dónde mierda esta Esteban?, volví a repetir, pero esta vez sintiendo un vertigo que me aceleró el corazón y me obligo a agarrarme de una silla para no caerme presa del miedo y la desesperación.
Me puse a gritar ¡Esteban!, y salí corriendo a la calle.
Y ahí estaba mi sobrino en la vereda hecho mierda, bajo una sabana que lo cubria.
Esteban era un chico hermoso, con 18 años leía, escuchaba música, las chicas enloquecían por él y estudiaba el profesorado de gimnasia.
Cómo era posible que se quisiera suicidar.
Nada en su vida a diferencia de otros adolescentes podía presagiar un final así.
Fue duro.
Fue durismo.
Terrible.
Cargar con la muerte de Esteban me hundío dentro de una botella de wiskhy y una bolsa de falopa durante meses.
Como un sombi solo podia repetir:
Esteban, Esteban, Esteban…
Y René durante todo ese tiempo me acompaño, me hizo el aguante, quedandose a mi lado.
Pero la vida sigue, imperturbable, implacable, para todos y sin distinción.
Cuando por fin avisore una luz al final del túnel de la pesadilla la muerte volvió a golpearme nuevamente.
Una mañana me desperte y mi novia no estaba durmiendo a mi lado.
Me levante y fui a poner la pava para el mate pensando que estaria en el baño.
Cuando la pava estavu me sente a tomar mate y esperar a que mi novia saliera del baño porque tenía ganas de mear.
Quince minutos después, hinchado las pelotas de que tardara tanto en el baño y meandome, me levante de la silla para golpearle la puerta del baño y pedirle que salga que me meaba.
Pero no llegue nunca a golpear la puerta del baño porque cuando estaba por hacerlo golpearon a la puerta del departamento.
¿Quién mierda es a esta hora de la mañana la puta que los parió?
Caliente, molesto y meandome fui a abrir la puerta para reconocer al hijo de puta que me molestaba tan temprano tocando el timbre de casa.
Al abrir la puerta del departamento me encontre con cinco oficiales de la federal.
Antes que digan nada mi primera reacción fue mearme encima.
La segunda antes de que los oficiales me dijeran lo que sin saber ya sabia fue caer de rodillas y llorar como un niño.
Fui preso acusado de arrojar a mi novia por la ventana y sospechoso de haber asesinado también a mi sobrino de igual manera.
Si vos crees que conoces el infierno es porque nunca fuiste a la carcel.
Una carcel argentina nada tiene que envidiarle a Auschwitz o Treblinka.
Algún día, en un futuro incierto de otra civilización otras personas se preguntaran lo mismo que hoy algunas personas se preguntan de los alemanes de la decada del 30 en relación con los campos de concentración:
¿Cómo es posible que no supieran de su existencia y de lo que allí sucedia?
Bien.
La puta que los parió amgiguito.
Sobrevivi a eso.
O algo de mi sobrevivio a todo eso.
Pero podrido para siempre.
Salí 5 años después no por buena conducta sino porque fue mi gato René en persona junto con el chinito amable y delicado que lo salvo que me sacaron.
Entonces supe toda la verdad. que fue peor que la pena de muerte.
El chinito era un descendiente del último emperador chino y lo habían enviado a la Argentina para llegar al sillon presidencial y luego hacerce con toda Latinoamerica y finalmente copar los Estados Unidos.
Al momento de sacarme de la cárcel el chinito era el presidente de Argentina y René su consejero de confianza.
René jamas sobrevivió a la caida de la ventana pero el chinito en el depósito del local tenía un cementerio de animales donde si vos enterrabas a un muerto volvia transformado en un demonio chino que respondia a tus ordenes.
Aun no sé por que él chinito me tomo cariño siendo un dictador cruel e implacable y me saco de la carcel y me puso a trabajar a las ordenes del demonio chino de René.
Esto sucedió hace 15 años.
Ahora, en este mismo momento, el chino hijo de puta, el demonio chino de René y yo estamos repasando el discurso que dara éste por cadena nacional como presidente de Estado Unidos.
El demonio chino de rené le esta recomendando que cierre su primer discurso como presidente de Estados Unidos con las palabras de Juan Domingo Perón:
Yo llevo en mis oídos la más maravillosa música que, para mí, es la palabra del pueblo.
El chino me mira consultandome y acuerdo, pero le digo que lo tiene que decir en chino, no en ingles, porque si ahora él es el dueño del mundo y su lengua es el chino, que se curtan, que hablen y entiendan chino o que vayan a plantar arroz al campo.
El chino y René se rien acordando con mi sugerencia.
El demonio de René repite las palabras de Perón pero en chino:
我把在我的耳朵上最美妙的音樂,對我來說,是人的話.
Suena bellisimo, le digo al demonio chino de René.
Y el demonio chino de René me guiña un ojo y entra un secretario a anunciar que esta todo listo para salir por cadena nacional en un minuto.

 

Notas:
La primera parte de esta historia se cuenta en esta entrada de las Confesiones:
Soy un gato. Las aventuras de René:  Confesiones de un librero de mierda.
**  Stephen King. Un recuerdo. Estamos sentados en una mesa del bar El Mirador, que estaba en San Telmo al lado de la Iglesia Ortodoxa Rusa y frente al parque Lezama, charlando a finales de los 90 Javier Galarza, Enrique Symns, Sebastián Cariola y yo. Estamos hablando de cuál es el libro que mas nos gusto a cada uno de Stephen King. Cada uno tiene dos o tres que le gustaron y son sus favoritos pero los cuatro coincidimos en que La hora del vampiro nos voló la nuca. Es un recuerdo remoto que me viene al calor de esta historia que te cuento de Las aventuras de René de cuando todos los jueves nos juntabamos los editores de la revista Vestite y andate, surgida de un curso de periodismo que daba Enrque Symns, en ese bar de San Telmo para discutir la gruilla y el laburo de la revista y luego quedarnos a presenciar el Cabaret Poético de Tom Lupo y emborracharnos hasta el amancer frente a la magia de la belleza del Parque Lezama.

 

Columnas anteriores de Confesiones de un librero de mierda entrado en este Link:
zzz—Confesiones de un librero de mierda—zzz

 

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Esta entrada fue publicada en Cormac Mc Carthy, Cormac McCarthy, Enrique Symns, Juan Domingo Perón, Juan José Saer, Sebastián Cariola, Stephen King, Tom Lupo, zzz---Confesiones de un librero de mierda---zzz. Guarda el enlace permanente.

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