Confesiones de un librero de mierda (99 Bis:Three)

Confesiones de un librero de mierda Juan Pablo Liefeld Christian Ferrer Ezequiel Martinez Estrada Borges

Monedas de oro
Jorge Luis Borges
Traducción del español al alemán: Johnny Allon

 

 Para el dueño de librería Los cachorros de Parque Centenario que los
otros días charlando con él me regaló sin darse cuenta una moneda de oro.

 

Convendrás en que son mundos aparte. Pero con todo existe un solo mundo y todo cuanto uno pueda imaginar le es necesario. Pues también este mundo que a nosotros nos parece hecho de piedras y flores y sangre no es en absoluto una cosa sino una historia. Un cuento. Y en él todo es cuento y cada cuento la suma de otros cuentos menores, y aun así éstos son también el susodicho cuento y contienen asimismo todos los demás. Así, todo es necesario. Hasta lo más insignificante. Ésta es la lección que debemos aprender. No podemos prescindir de nada. Nada es desdeñable. Porque las junturas nos son ocultadas, ¿comprendes? La ebanistería del mundo. La forma en que está hecho. No tenemos modo de saber qué podría quitarse. Omitir. No tenemos modo de decir qué cosa quedaría en pie y qué otra caería. Y esas junturas que nos son ocultadas están, cómo no, en el cuento mismo, y el cuento no tiene una morada donde existir salvo en el hecho mismo de la narración, y ahí vive y tiene su casa, y es por eso que nunca terminamos de contar. El contar no tiene fin. Y ya sea en Caborca o en Huisiachepic o en cualquier otro lugar, se llame como se llame o deje de llamarse, afirmo otra vez que todos los cuentos son uno solo. Correctamente escuchados todos son el mismo cuento.  
En la frontera, Cormac McCarthy

 

Emerjo de la boca del subte de Pasteur.
Cruzo Rivadavia y entro al chino donde esta mi novia con una amiga comprando cosas para la cena.
Son las nueve y media de la noche.
Desde las ocho de la mañana que salí de casa que no veo a nadie conocido a no ser a mi analista Vanesa Otero.
Solo hable con un cliente que me pregunto por un libro que no tenía. Y la ironía en esta época de vacas flacas me hace sacar una risa forzada: me consulta si tengo la Filosofía del dinero de Georg Simmel.
Por suerte no vi a nadie durante todo el día.
Por suerte nadie me llamo por teléfono.
Escribí dos columnas de las Confesiones, trabaje en la página de WordPress de mi librería y en la cuenta de Mercado Libre y estuve todo el día en carne viva y llorando porque logre decir después de mucho tiempo, de años de trabajo, lo que tenía que decir y donde tenía que decirlo y para quien tenía que decirlo: frente a mi y para mi.
Mientras estamos haciendo la cola para pagar en el chino mi novia me dice que Enrique Symns esta en la esquina, en la confitería Atenea tomando algo.
La confitería Atenea es el escenario de muchas de las historias del Muñequito Liefeld Puteador cuya acción trascurre en su baño donde siempre estan sentados a una mesa John Cheever y Raymond Carver y el perrito callejero que habla Ringo y su coequiper en el negocio de la basura Indie Jorge Luis Borges.
Voy al encuentro de Enrique.
Lo saludo y me siento en la mesa de la vereda del Atenea donde esta tomando un Campari con el periodista y editor Rodolfo Palacios que acaba de publicar un libro sobre el “robo del siglo” al Banco Río de Acasuso.
Symns tiene una remera con las palabras que escribieron los delincuentes en una pared luego de cometer el robo que a las personas que tenemos corazón nos llena de orgullo su trabajo y nos da bronca que haya fracasado:
Sin armas ni rencores.
Es la primera vez en mi vida que me siento en el escenario de una parte de mis ficciones confesionales: Atenea.
Palacios y Symns estan borrachos.
Contentos.
Son dos adolescentes en pedo.
Charlamos.
Hace como seis meses o más que no lo veo y solo se de él por mi amiga Fernanda Simonetti.
Lo observo.
Está viejo.
Camina con andador y vive en una pensión de Constitución de mala muerte en la que las putas dominicanas lo cuidan de los paqueros y otras yerbas bravas.
Lo observo.
A veces se repite.
A veces se contradice.
Pero hay algo en el que esta intacto.
Que late y bibra en el fondo de lo que carajos sea ese misterio que lo habita.
Symns es un boludo como cualquier hijo de vecino. Como podemos ser vos y yo y el hijo del vecino.
Pero Symns es algo más.
Tiene un don, un no sé qué, algo, que no se explica pero cada tanto surge de la nada provocando la inminencia de una revelación que no se cumple.
Bueno, así define Borges un hecho  estético: la inminencia de una revelacion que no se produce.
Y Symns tiene ese poder. Ese don. De convocar esa inminencia de una revelación que no se concreta. Y esta intacto.
Además es como alguna vez defini a Fogwill en otro texto una muela cariada: alguien que no puede dejar de molestar metiendo el dedo en el nervio de la muela podrida.
Me cuenta de su reciente internación. De que fue al hospital a comprar unos medicamentos que necesitaba y lo dejaron internado porque no dejaba de cagar sangre. Las enfermeras lo querían, los medicos lo detestaban. Y la presincia de Andrés Calamaro y Palito Ortega que fueron a visitarlo para ver cómo estaba le crearon un escudo protector frente al poder médico que él se puso en contra.
Me imagino a los medicos del hospital preguntandose luego de ver entrar a Andrés Calamaro y Palito Ortega, ¿quién es ese viejo de mierda bardero que lo vienen a visitar estas estrellas?
¡Es el heroe del wiskhy, el alter ego de la mitad de las canciones de Patricio Rey!
Hay solo dos personas que hoy en la Argentina podrian caminar por el Conurbano Bonaerense sin miedo de  que les suceda nada: una es Maradona, la otra es el Indio Solari.
Y el Indio que hace años y años esta peleado con Symns le hizo llegar una carta este año a traves de amigos en comun  para Enrique.
¿Qué necesidad tenía El Indio de hacerle llegar esa carta a Enrique?
Yo creo que una muy simple y elemental: regalarle una moneda de oro a Enrique para que la usara cuando la necesite. Ya que su amistad esta rota por toda la eternidad pero eso no clausura el amor y El Indio sabe que si él le escribe una carta donde dice que Symns es un gran poeta le esta regalando un aura que lo puede proteger.
Ok.
Symns me pregunta por mi librería.
Le cuento que en menos de quince días tengo que resolver si resindo el contrato del alquiler y cierro la librería y veo que mierda hago o si sigo con la librería. Que estoy tapado de quilombos que no se como resolver. Y que por primera vez en mi vida soy dueño del barco que navego y que un capitan jamas abandona su barco y que estoy llendo derecho al ojo de la tormenta y que quizá pueda pasar la tormenta o quizá me hunda con mi barco en el fondo del mar pero es mi barco y estoy convencido de que es lo mejor que pude hacer y es lo que quiero hacer y que tirar la toalla ahora seria alta traición.
Entonces, ahí, justo ahí, sentado por primera vez en cuatro años que vivo a una cuadra de Atenea en una de sus mesas y con Enrique y habiendo dicho esa mañana en analisis algo importantisimo que me hizo llorar todo el día, que fue Enrique el que me condujo sin saberlo a ese día.
Hace muchos años Enrique en una de esas clases de periodismo que nos dio a los que terminamos formando Vestite y andate en un departamento de San Telmo frente al parque Lezama empezo a hacer un monólogo de Totem y tabú de Sigmund Freud. Ese monólogo me caló hondo y me consegui los tres tomos de las Obras Completas de Freud de la traducción de Ballesteros en tapas marron que me presto la hija del asesor de confianza Pedro del Piero del por entonces vicepresidente de la Nación y traidor hijo de puta de la Patria Carlos Chacho Alvarez. Y luego mi primo conoce por mí a Freud y empieza a estudiar psicología y se convierte en lo que es hoy uno de los psicoanalistas mejor formados del país y un día de hace siete años yo necesito mover fichas para ayer o la cague y el me recomienda que vaya a ver a Vanesa Otero y hoy con ella dije cosas que tenía que decir y por fin las dije y ahora a la noche me encuentro con Enrique en la esquina de mi casa y como dice mi amiga Fernanda todo en el universo esta conectado.
Seguimos charlando y llega una chica de una belleza increible que venia de filmar una publicidad de chocolates para Estados Unidos amiga de Palacios.
Y Symns nos cuenta que un rato antes de que llegaramos nosotros sentado en la vereda del Atenea pasa el dueño de la librería  De la Mancha y lo ve a Enrique y sigue de largo. Y retrocede y lo encara.
Lo saluda.
Y le muestra  un libro que tiene en la mano.
El libro es de un chico de 21 años que se suicido y esta dedicado a sus padres y a Enrique Symns.
Say no more.

 

Columnas anteriores de Confesiones de un librero de mierda entrado en este Link:
zzz—Confesiones de un librero de mierda—zzz

 

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Contacto: juanpablolief@hotmail.com

Acerca de libroskalish

Libros difíciles de encontrar a buen precio.
Esta entrada fue publicada en Andrés Calamaro, Cormac Mc Carthy, Cormac McCarthy, Diego Armando Maradona, Enrique Symns, Fogwill, Georg Simmel, Indio Solari, John Cheever, Johnny Allon, Jorge Luis Borges, Palito Ortega, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, Raymond Carver, Rodolfo Palacios, Sigmund Freud, zzz---Confesiones de un librero de mierda---zzz. Guarda el enlace permanente.

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