Confesiones de un librero de mierda – 100

Confesiones de un librero de mierda Juan Pablo Liefeld Christian Ferrer Ezequiel Martinez Estrada Borges

La entrada más antigua que registra el WordPress de Libros Kalish es de enero de 2010.
Y hoy, viernes 26 de diciembre de 2014, con un catálogo de libros que registra 2.946 entradas, voy a ejercer mi derecho a decir la verdad. Como lo aprendi de tipos como Pier Paolo Pasolini, Ernst Jünger, Ezequiel Martínez Estrada, Fogwill, Fernando Peña y Oscar del Barco.
Ok, amiguito.
Estamos al borde del abismo.
Tengo miedo pero no soy un cobarde.
Un guerrero también tiene miedo en medio de una batalla pero precisamente porque se preparo toda la vida para ese momento puede dominarlo para ir en busca de su destino.
Bien.
Te voy a contar algo.
Empeze con esta librería hace casi 5 años.
No tenía trabajo ni la más puta idea de qué hacer para sobrevivir.
Ahí aparecio Pablo Klappenbach, con el que por entonces hacía la revista digital Te voy a atornillar, que me dio $300, me dijo que saliera a comprar libros que yo sabía de eso, me abrió una cuenta en WordPress y me diseño la página de Libros Kalish.
Así empezo la cosa.
Con $300 y un amigo que creyo en mi.
Como veras es mucho y poco para empezar.
Pero es lo que había y me embarque en esta nave pirata y zarpe a la aventura.
A todo esto, otro amigo, Gustavo Casartelli, que estaba alquilando un departamento en lo que terminaria siendo hasta el día de hoy el domicilio de la librería, me ofrecio que la librería funcionara en su depto. Y obviamente, me instale ahí la librería sin poner un mango ni para el alquiler, ni para los impuestos ni para nada.
Durante dos años, trabaje de sol a sol, pateando la calle durande hora y horas buscando los tesoros ocultos que estan a la vista de todos y que solo algunos vemos.
El metodo que seguí durante estos dos primeros años fue sencillo.
Tengo una biblioteca excelente que arme sin dinero y con un gusto exquisito.
Se de libros y de autores.
Se el valor simbolico de ciertos libros y también su valor de mercado.
Y donde encontrar un libro que no vale nada acá y fortuna allá.
Así que salí a hacer lo que había hecho toda mi vida, salir a revolver y encontrar libros que por estar en el lugar equivocado no valen nada.
¿Dónde se encuentran esos libros?
Te voy a contar el secreto.
No existe el secreto.
Simplemente donde hay libros ya sea una cadena de librerias como Yenny, ya sea una librería de usados como Brujas, ya sea una librería con un criterio y amor a los libros a la hora de saber que elegir en su librería como Arcadia, ya sea una librería de saldo como Dickens siempre si sabes ver y tenes paciencia para revolver, encontras un libro bueno y barato que si lo corres y lo pones en otro circuito le podes vender mucho más caro.
Sabiendo esto y guiandome a partir de lo que había en mi biblioteca personal o lo que me gustaria que estuviera fui comprando libros.
Compraba uno y lo vendía y compraba dos y los vendía y compraba cuatro y los vendia y compraba 8.
Y otra cosa que me olvidaba, el valor de un producto también esta relacionado con su escaces o super abundancia.
Yo no tenía liquidez para comprar – ¡no tenía liquides para cubrir las necesidades basicas de techo y comida! – así que busque las figuritas difícles y donde las encontraba ya fuera a precio de saldo o a precio de oro las compraba y les duplicaba su valor.
Así fui armando el catalogo personal y excelente.
Trabajando mil horas.
Bancado económicamente para vivir por mi novia Petu y algunos amigos mientras yo me dedicaba a duplicar todo el tiempo el catalogo y el stock.
Porque ese es otro secreto de cualquier librería.
Comprar libros y saber qué libros comprar.
Así de sencillo y difícil es la cosa.
Al cabo de dos años mi amigo Gustavo Casartelli se va del departamento. Yo había logrado que la librería tuviera visibilidad a fuerza de tener buenos libros y venderlos con imágenes que llamaran la atención. Pero no podía sostenerme solo, necesitaba aun duplicar muchas veces el catalogo y el stock, para lograr autonomía y no depender de techo y comida de terceros. Pero ya podía compartir algunos gastos.
Así es que se va Gustavo Casartelli y entra Sebastián Hernaiz, con el que comparti  entre otros integrantes el consejo editor de la revista digital El Interpretador dirigida por Juan Diego Incardona.
Durante estos siguientes dos años, solo pague una parte ridicula del alquiler y todo el resto corrió por cuenta de Sebastián Hernaiz.
Yo se comprado un libro y vendiendolo y con esa plata comprar otros dos y luego de venderlos con la plata de esos dos comprar cuatro y así.
La cosa hiba creciendo.
Ahora no solo podía pagar una parte simbolica del alquiler, sino comprar la comida en mi casa.
La rueda era lenta pero daba vueltas.
Apurarla hubiera sido inútil.
Hay mil millones de tipos que venden libros por Internet. Pero pocos que venden buenos libros y que saben lo que estan vendiendo. Ahora lo sabía, era cuestión de tiempo que el negocio que ya funcionaba me permitiera independencia económica. Ese también fue mi gran temor siempre: el tiempo. Había logrado instalar la librería y crecia a costa de sacrificio fisico y mental y de gente que me queria y me bancaba el techo y la comida.
Durante estos primeros cuatro años la librería nunca paro de crecer hasta que llegue a finales del 2013 donde yo ya había logrado cierta independencia económica y podía darme lujos de stockear libros caros o invitar a mi novia a cenar pero sin aun poder no depender de terceros. Y diciembre del 2013 todo cambió y me hundió en una pesadilla.
Las razones son multiples. La economía desde entonces hasta hoy se achico. Vino la devaluación y yo que estaba embalado había pedido libros a España que los tendría que pagar el doble cuando llegaran a Buenos Aires. Y muchos de los libreros y distribuidores que tenían un catálogo exquisito  salieron a vender por Internet, los libros que yo les compraba. Y obviamente las malas politicas en relación a la importación de libros que vació las librerias de Argentina de buenos libros también afecto.
Todo esto luego de casi cuatro años de un crecimiento continuo, lento, muy lento, pero continuo, me obligo a replantear el negocio.
Yo estoy en contra de la consignación, porque eso mata las librerias con criterio editorial y te somete a los caprichos caníbales del mercado.
Durante cuatro años todo lo que estaba en mi librería era mio.
Los dueños de Waldhuter que es hoy la mejor distribuidora de libros de la Argentina con Maximiliano Tononi eligiendo que traer de España me ofrecieron muchas veces llevar libros en consignación a lo cual siempre me negue.
Hasta enero del 2014 que tuve que aseptar levantar libros en consignación.
Y también tuve que pedir guita prestada a un amigo para pagar los libros que había encargado a España por mi cuenta.
Entonces empezo una bicicleta loca.
Tuve que empezar a prometer cosas que no sabía si hiba a poder cumplir.
A todo esto Sebastián Hernaiz se fue en diciembre y se mudo en enero la librería Andres Tejada Gómez.
A fines de marzo o principios de abril ahogado financieramente y con deudas y con una economia achicandose y sin espalda para bancar la época de vacas flacas hice lo que siempre sostuve que nunca haría.
Puse a la venta libros de mi biblioteca.
Los puse a precio oro porque estaba vendiendo mi cuerpo, mi vida, lo que amaba.
Tomar esa decisión fue terriblemente dolorosa.
Pero era la única carta que tenía para jugar.
Así que sacrifique una de esas pocas sagradas con las toda vida carga hasta la muerte y que no se negocian jamas sino a un costo altísmo. En mi caso una de esas pocas cosas sagrada era mi biblioteca.
Los meses que siguieron fueron una pesadilla.
Gracias al stock de libros que logre acumular en cuatro años y a mi biblioteca logre cubrir gastos. Pero no podía comprar libros – con lo cual estaba vaciando la librería – y volví a casi depender de otros para vivir.
Y acá viene lo que realmente quiero contar.
Jamas deveria haber puesto a la venta libros de mi biblioteca y a la vez debía hacerlo entre otras cosas porque no sabía el costo que podía tener para mi eso.
Haber puesto a la venta la biblioteca fue terrible.
Y cuando me di cuenta que había sacrificado algo sagrado y que al hacerlo eso no cambiaria las cosas me destrozo.
Entonces empece a odiar la librería.
Al mercantilizar mi librería todo me resultaba una mierda.
Descuide la página de libros kalish y de Mercado Libre.
Me volvi insoportable.
Me encerraba en la librería a esperar a algun cliente que pasara a comprar un libro y luego hiba corriendo al chino a comprar wiskhy.
Entonces borracho o drogado podía minimamente conectar con la librería y me ponía a trabajar.
Cuando pasado mediados de año no pude más y me di cuenta que la unica salida posible era abandonar un barco que no quería ni podia abandonar – la librería – hice todo por destuirla.
Tenía deudas que pagar, cuatro años de trabajo que se estaban llendo a la mierda por ciertas variables que yo siempre tuve en cuenta y trabaje para evitarlas y mercantilizado algo sagrado.
Y esto lo digo hoy, con el diario del lunes, la unica forma que encontre de encauzar ese dolor de vender algo sagrado fue quemar la guita que me entraba.
Eso fue, visto desde hoy, un mecanismo inconciente de protección, que me permitio preservar lo sagrado que hay en mi.
Los meses que siguieron fueron un deliro doloroso.
Mi amiga Fernanda Simonetti me pago el alquiler de esos meses y Andrés Tejada Gómez cubrio cosas que yo no podía cubrir y comia gracias a mi novia.
Un desastre.
Era un perro sarnoso, solo podía ladrar.
Y morder.
Hasta que hace poco mas de dos meses una serie de circuntancias me dieron algo que necesitaba para rehacerme y volver a tomar el timón de mi nave.
Hacia un tiempo que no podía leer nada. Que todo lo que empezaba lo abandonaba a las quince páginas. Hasta que un día pase por librería Del Marmol y vi en la vidriera Europa Central de William T. Vollmann. El libro costaba casi $600 y yo no tendría más de $700 – para moverme, comer, pagar cosas y comprar libros. Pero el libro era una obra maestra y un incunable. Lo compre y lo puse al doble en la librería. Y un día no se por qué me lo puse a leer y me agarró de los huevos y me encanto.
Pero Vollmann me dio algo más, ganas de escribir.
Entonces un día llegue a la librería y en lugar de esperar que viniera un cliente a retirar un libro para ir al chino a comprar bebida para tolerar la angustia que me estaba haciendo mierda me sente a escribir. Y lo que escribi me gusto.
Y si bien las Confesiones de un librero de mierda comienzan hace dos años como una forma de darme aire y vida frente a las ingratitudes de la vida – en el 2012 – y las escribia los domingos y en este último periodo caotico la había abandonado, me agarre de ella con dientes y uñas.
Tambien el collage que hizo la hija de 5 años de Hernan Sassi y Guadalupe Marando jugando sobre la tapa de la  biografía de Martinez Estada  de Christian Ferrer me dio la clave para laburar los collage que empece a hacer para los libros de la página: trabajar con esa inocencia infantil de la hija de mis amigos para suplir mi falta de conocimiento y talento estetico y poder hacer algo que estuviera vivo en esos collage.
La formula que me ofrecio Albertina era sencilla: jugar.
Claro que en el medio volviendo de una fiesta del 15C – espacio que genero Luis Pompa para que simplemente surgiera un espacio donde musica y amigos puedan encontrarse y que pasara algo, lo cual me conmovio – me robaron la camara con la que sacaba fotos a la gente que duerme en la calle y el libro de Vollmann.
Y aunque te parezca loco el robo y los golpes de esa madrugada lejos de acobardarme me dieron valor.
Y  todas estas circuntancias me permitieron pensar lo siguiente.
Estoy en el horno.
Esta empresa nunca tuvo futuro y sin embargo acá estamos.
No llegamos aca gratuitamente.
Me di el lujo de armar una librería sin dinero y con un buen catalogo en un país donde por multiples circuntancias ya casi no existen librerias con un buen fondo editorial y un dueño que decide que vender y que no según sus propios criterios estéticos.
Esto es mio.
Esto no existia antes de mi y esta buenisimo.
Y entonces todo cambió.
Mis posibilidades son casi nulas de poder salir victorioso de la batalla.
Pero es mi batalla y no darla seria la muerte.
No puedo proyectar nada a un mes.
Ok.
Al carajo.
Juguemos cada día como si fuera el último.
Juguemos con las posibilidades que ofrece cada día y quiza podamos abrir un agujero donde nunca hubo nada.
Me ocupo de lo que puedo ocuparme y de lo que no al carajo.
Si hago agua por todos lados querer resolverlo todo sabiendo que no puedo hacerlo me lleva a la derrota de los ultimos meses donde era un fantasma arrastando mis penas. No tengo que focalizar donde puedo hacer algo y estar convencido de ellas.
Y si no tenía libros para ofrecer qué podía hacer.
Escribir.
Hacer collage.
Jugar.
Y es lo que hice estos ultimos meses.
Y ese sentarme a escribir y armar collage para libros que a veces no tenía me devolvió la confianza en mi mismo y me permitio conectarme con la librería.
No tengo para comer, me tengo una moneda para cargar la SUBE para viajar y tengo que volver caminando a casa después de trabajar todo el día, tengo que decidir a quien le pago y a quien le devo, ok, pero escribi algo que esta buenisimo – para mí, obvio, que soy él único que puede autorizar o no mi escritura.
Y fue magico.
Sentarme a escribir o hacer los collage me dio la confianza que necesitaba para cargar con responsabilidades que son importantes pero que no tenía con que afrontarlas en el corto plazo.
Fogwill que era un buen lector alguna vez me dijo que tenía cierto talento para la escritura y Juan Leotta – editor de El Interpretador – una tarde sentado en el café Varela Varelita lo escuho a Héctor Libertella charlando con un amigo al que le recomendaba que leyera las columnas que escribia de Las chicas de letras se masturban así.
Pero aunque ninguno de ellos dos me atorizo a tomar mi propia voz – de hecho puedo jactarme de de Libertella me leyo y yo nunca a él – y eran buenos lectores sus palabras que nunca me creí las tome en prestamo.
Así como la de otra persona que no dire su nombre pero cuando le ofreci hace poco escribir un prologo para un libro que no tiene ni editor ni editorial que recopilara lo mejor de Las chicas de letras y me dijo que a él le hubiera gustado escribir esas columnas yo encontre la templanza que necesitaba para creer en mi. No porque el fuera una autoridad en el mundo de la cultura sino porque yo alguna vez lo elegi como maestro mio.
En fin.
Así llegamos a esta noche.
En la que quería contarte que hay cosas sagradas.
Y que a veces la vida te obliga a destruirlas.
Amiguito, la tragedia existe y es ridiculo pretender refinanciarla racionalmente.
Yo hice muchas cosas mal.
Cuando tuve que recurrir a lo que era sagrado para mi lo hice porque debia hacerlo, porque estaba obligado por las circunstancias a hacerlo.
Y eso tuvo un alto costo para mi.
Pero cuando recurri a lo que es sagrado para mi para darle una utilidad practica y luego sin darme cuenta quemar sus beneficios gratuitamente y sin sentido, los restituí a mi.
El costo fue altisimo y podria no haberla contado.
Pero tambien si no hubiera actuado asi no estaria hoy escribiendo esto.
La verdad que no se que rumbo tomara la librería o si tiene alguno.
En principio las cuentas no cierran.
Hoy la librería se queda sin espacio fisico donde existir porque la garantia del departamento es de un amigo y no se si puedo solucionar los problemas economicos que tengo y asi como me parece legitimo jugar hasta el fondo lo que sea que sea lo tuyo eso tiene el limite de que no puede joder a los que te rodean.
No estoy llorando.
No estoy pidiendo limosnas.
Simplemente soy una persona que jugo en serio y trabajo duro y que quiza las cosas no resulten bien.
Simplemente estoy diciendo que soy el capitan de mi barco, que se hunde, pero es mio y solo yo soy responsable de la estela de sus actos.
Jugar en serio implica la posibilidad de perder en serio.
Estoy  jugando.
En la encrucijada donde se cruzan el azar y el destino las cosas se resolveran o no.
Y frente a esa encrucijada lo unico que se puede hacer es confiar en su trabajo y  saber que el juego donde se le va  a uno la vida es el que él eligió y nadie más que él.
Con sus pros y sus contras.
La nave avanza, con rumbo firme y suerte incierta.

 

Columnas anteriores de Confesiones de un librero de mierda entrado en este Link:
zzz—Confesiones de un librero de mierda—zzz

 

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