Las vacas de Stalin – Sofi Oksanen

Las vacas de Stalin – Sofi Oksanen

Estado: nuevo.

Editorial: 451.

Precio: $400.

La joven y bella Anna no está dispuesta a creer en las malas consecuencias de la bulimia salvaje que padece. ¿Qué puede tener de malo algo que le proporciona un placer comparable al sexo y hace que se sienta divina? Pero se ha perdido en sus obsesiones: necesita controlar su destino y no quiere repetir los errores de su madre, Katariina, que huyó desde la Estonia soviética a Finlandia, y allí, tras ocultar su identidad, tuvo a Anna de un matrimonio con un borracho que desapareció sin dejar rastro. Anna tiene grabada a fuego en su memoria una visita clandestina a Estonia para ver a su abuela Sofia, víctima del régimen estalinista. Tal vez ahí se encuentre la clave de todo.
Sofi Oksanen nació en Jyväskylä, Finlandia, en 1977, y estudió dramaturgia en la Academia de Teatro de Helsinki. Si sus dos primeras novelas, Las vacas de Stalin y Baby Jane, catapultaron a la joven Oksanen a la élite de los nuevos narradores finlandeses, con Purga se ha consolidado como uno de los más interesantes y leídos nuevos escritores contemporáneos. Purga nació como una obra de teatro, representada con gran éxito en el Teatro Nacional de Helsinki en 2007. Posteriormente, Oksanen desarrolló los personajes hasta convertir la historia en una novela que, además de obtener un éxito de ventas arrollador en los países nórdicos y en Francia, ha sido reconocida con los premios más importantes de Finlandia, a los que se sumaron los prestigiosos Nordic Council Literature Prize, Prix Femina Étranger y el Premio a la Mejor Novela Europea del Año.
El secreto de la crueldad
Winston Manrique Sabogal
Pääskyset olivat jo menneet, mutta kurjet auroittivat taivasta kaulat suorina…”, y la voz en finés de Sofi Oksanen leyendo un pasaje de su novela Purga suena como una oración solitaria en un bar en penumbra de cuyo techo caen delgadas columnas de luz. Es el comienzo de un capítulo que condensa en una metáfora la historia que narra y el libro mismo, la de la trágica realidad emocional y política de Estonia en el siglo XX ocupada primero por los nazis y luego medio siglo por la tiranía soviética y la de su estilo. “…Niiden huuto satoi peltoon ja särki Aliiden päätä…”, continúa ella hasta acabar la entrevista en Helsinki por una novela que está ganando desde hace dos años los premios más importantes de Europa.
en los estonios tras medio siglo de dictadura, vejaciones e impostura y los conflictos del presente como el tráfico de personas. Fue cuando denunció la larga sombra de Rusia: “A pesar de los problemas de la Unión Soviética y las víctimas, uno de los aspectos en el que estoy más interesada es el de los efectos mentales; es un sistema de lavado de cerebro. Incluso ahora que Estonia es un país europeo, podemos hallar pequeñas huellas de esa mentalidad soviética; lleva años, muchos años, lograr que cambien estos aspectos del alma de los ciudadanos y también los valores de la sociedad”. Oksanen calla…, coge la taza transparente del capuchino con la espuma secándose por sus paredes y toma su penúltimo sorbo.
Puhdistus. Purga.
Eso es lo que muestra la novela en varios niveles: el político y el social, pero sobre todo, las esquirlas que desprende un férreo sistema en el ámbito personal, psíquico y sentimental. Un mosaico del verdadero corazón de la Estonia bajo el yugo soviético. La escritora describe ese mundo juntando la vida de dos mujeres de diferentes generaciones que deben confrontar su pasado y su presente, Aliide y Zara. Lo narra a ritmo de thriller trenzado de drama amoroso y secretos. Y deja claro cómo algunas felicidades prometidas por ciertos regímenes o personas no son más que una felicidad emponzoñada.
¿Cómo supo ella esas historias? En Helsinki, bajo el azul luminoso dejado por una nevada, Sofi Oksanen llega al bar-nightclub Ahjo abierto para esta entrevista. Atraviesa el vestíbulo de bebidas de colores, baja una corta escalera y se interna en un amplio salón semioscuro. Saluda. Se detiene, y su vestuario de negro riguroso le hace improvisar una fugaz escena del teatro negro de Praga donde su rostro, enmarcado por una abombada melena azabache de rastas, es lo único claro. ¡Solo por tres segundos! Hasta que se quita una bufanda negra que deja al descubierto una gargantilla de perlas gigantes. Da cuatro pasos, pone el abrigo sobre una de las butacas del rincón y se sienta en otra quedando escoltada por la oscuridad esparcida de columnas de luz cenital.
Ella, Oksanen, es el punto de encuentro de dos países hermanados histórica y culturalmente: es de madre estonia y padre finlandés. Además, porque los novelistas estonios no suelen tratar el pasado reciente como ha hecho ella con Purga. Ya antes, en 2003, había llamado la atención con Las vacas de Stalin (451 Editores) al hurgar en la historia de una Europa dividida entre el Este y el Oeste, y dos años después con Baby Jane, sobre la relación entre sus dos países, lo cual le ha llevado a popularizar una Finlandia literaria más allá del long-seller de Mika Waltari, Sinuhé, el egipcio.
En el salón solo se oye su voz, un tris cavernosa, que empieza a reconstruir parte de su pasado y de su familia, esenciales en su obra. Su madre estonia se casó con un finlandés en 1974, dos años después se trasladaron a Finlandia y el 7 de enero de 1977 nació ella. Varias veces la llevaron a ver a sus abuelos que vivían en un koljós, cooperativa agrícola soviética, al oeste de Estonia, en una zona rural militarizada y de difícil acceso… Un camarero se acerca y ella pide un capuchino, en lugar de su habitual café a la hora de escribir y privándose del cigarrillo… Desde pequeña vio, oyó y sintió la auténtica Estonia soviética. Su infancia estuvo poblada de murmullos de historias ajenas, quejas y lamentos. Intuyó el valor de la mentira y la impostura para sobrevivir. Siberia, Siberia. Una palabra que solía estar en aquellos relatos que se referían a los miles de personas que “se habían ido a vivir a allí. Hasta que en los noventa se le empezó a llamar por su nombre: ¡deportación. Exilio!”. Además, el contacto con sus abuelos era complicado. “Los teléfonos estaban intervenidos y no podías hablar de nada abiertamente; sin contar con que encargar la conferencia telefónica era un proceso delicado. Las cartas se censuraban y no podías escribir de ciertas cosas. Mis cartas infantiles, por supuesto, no lo eran. Pero mi madre y mis parientes tenían un código: hacían unas marcas que convertían la frase en todo lo contrario”.
Un progresivo y suave aroma de café altera el aire. El camarero vuelve con una taza alta de cristal, rebosante de espuma de capuchino, y una cucharilla de mango largo. Las coloca sobre una mesita negra con un vidrio que las refleja nítidas. Oksanen se inclina a coger la taza y su imagen también se duplica sobre el vidrio, al tiempo que este hace lo mismo sobre sus gafas. Toma un sorbo y misteriosamente sus labios de rojo esquivan la espuma. Retoma la conversación sobre su familia, y pasa a hablar de la Universidad de Helsinki donde estaba un poco harta de investigar y explorar los textos de los demás. Así decidió entrar en la Academia de Teatro y realizar su sueño de dramaturga. Era el mejor sitio para aprender a escribir, ya que no había talleres de escritura creativa. En febrero de 2007, ya con dos novelas, estrenó su primera obra en el Teatro Nacional de Finlandia: Puhdistus. ¡Éxito! Y ese éxito modificó su destino al querer hacer una versión novelada que publicó en 2008. La transformación de teatro a novela no fue tan difícil. “Los personajes y el mundo ya estaban. El título también”. Desde entonces no han cesado las distinciones a mejor libro de Finlandia, del Consejo Nórdico, el Femina de Literatura Extranjera o el Premio Europeo a la Mejor Novela de 2010, y que acaba de editar en España Salamandra, en castellano, y La Magrana, en catalán.
¿Dónde puede estar la clave de su acogida? Sofi Oksanen se acomoda en la butaca mientras recoge su larga melena de rastas, algunas moradas, sobre los hombros. Aparte de la estructura de péndulo, de ir del presente al pasado con tres historias que van armando el puzle de sus vidas en un thriller, es clave el punto de vista del narrador. Uno muy humano que por momentos toma distancia o busca la complicidad del lector o se implica en la historia. “En las primeras versiones de Purga el narrador hablaba en primera persona. Pero en un momento dado lo cambié a la tercera, así adquirió la voz definitiva. Pero es cierto que tanto en Las vacas de Stalin como en la novela que estoy escribiendo, están escritas en la primera persona que me sale natural; aunque en esta última eso puede cambiar”.
Los detalles son cruciales en Purga. A veces duros. “Supongo que como se dice, la verdad está siempre en los detalles, y como ha dicho un colega finlandés: si quieres escribir sobre sexo para que no parezca pornografía tienes que ahondar en los detalles. Y es así tanto para el sexo como para la violencia. No me gusta distanciarme. Me gusta que el lector entre en la historia a través de información visual, auditiva; de cómo se sienten las cosas desde el punto de vista material, no olvidar los aspectos sensuales”.
Tratar de involucrar los cinco sentidos no fue tan difícil. “En cambio sí lo fue acertar en los detalles del periodo histórico. Son temas que no están en los libros de historia o investigaciones; por ejemplo, la clase de pomo de una puerta o el diseño de las cortinas. Al evocar mi infancia en Estonia recordé hasta qué punto era un mundo diferente del de Finlandia y del occidental”, cuenta la escritora en un tono más desapacible. “Debido a la ocupación soviética y al atraso económico era como un museo al aire libre. Esas experiencias de niña han sido clave para mí como escritora”.
Y a los recuerdos se sumaron la búsqueda de testimonios y documentación sobre temas cotidianos, de costumbres. La comida tiene un homenaje. Oksanen sonríe complacida ante la reminiscencia. “En Estonia, por ejemplo, al poco tiempo de la crisis se agotaron las existencias de los tarros o frascos porque todo el mundo se puso a hacer conservas como una reacción automática. En cambio, en Finlandia las alacenas están vacías”. De pronto, en sus ojos aguamarina se atisba un cambio y su voz se torna entre alegre y nostálgica al decir que investigó en las viejas revistas femeninas estonias. “Entendí que tenía un punto ciego en mi mente de cómo había sido visualmente Estonia en la época presoviética”, dice mientras coge la cucharilla para remover el capuchino, y se reaviva la espuma de las paredes de la taza.
Purga comienza y termina en 1992. Un año después de su independencia y tres de la caída del muro de Berlín. Desde esa fecha se recrea el pasado de los personajes y traza un fresco de su presente y del país. “Estonia ha tenido un enorme progreso en 20 años. La verdad es que se han hecho las cosas bastante bien en el sentido de que se ha logrado crear un Estado legal y acabar con la corrupción, con éxito en comparación con países cercanos como Lituania y Letonia. Se ha conseguido reducir el crimen. Estonia tiene ahora el euro, pertenece a la Unión Europea y a la OTAN, lo cual la hace más conectada que Finlandia, que no pertenece a la OTAN. A pesar de la crisis actual, ha conseguido la confianza de la Unión Europea”. Y un deje orgulloso se nota en su voz: “El progreso en las tecnologías de la información ha sido sorprendente, es la nación mejor conectada a Internet de Europa”.
Pero el pasado sigue ahí. En los mismos dos ámbitos: político-social y personal. “No ha sido fácil curar las heridas. Está mejorando, pero el pasado es complicado. Y lo es de maneras concretas. Por ejemplo, la frontera con Rusia todavía no está ratificada y la gran minoría de ciudadanos de Estonia que hablan ruso son un problema; bueno, ellos no, pero Rusia los está usando en su política exterior. Hace un momento decía que se ha reducido la corrupción, aunque la verdad es que cada tanto sale un asunto donde un político ha recibido un soborno de Rusia y eso genera mucha complicación”.
El saqueo de las emociones y sus consecuencias son otra cosa. Como cuando un cuervo se va pero las ondas de su graznido se congelan. “A pesar de los problemas de la URSS y las víctimas, uno de los aspectos en el que estoy más interesada son los efectos mentales, es un sistema de lavado de cerebro. Incluso ahora…”, y es cuando se lamenta de las heridas dejadas por el régimen. Calla, toma su penúltimo sorbo de capuchino y deja la taza donde el aire va devorando rápidamente la espuma adherida al cristal.
Puhdistus. Purga.
Los tiempos no acaban de sincronizarse.
El tiempo aún no ha devuelto a algunas palabras mancilladas su real significado.
“En los Estados bálticos, Igualdad es una palabra que aún suena sospechosa, mal, porque oficialmente en la época soviética todo el mundo era igual, pero no lo era. Por lo tanto, sigue sin haber confianza. Sucede lo mismo con la libertad de expresión. Es difícil explicar por qué hay que permitir que se expresen puntos de vista opuestos en defensa del derecho a la libertad de expresión. O por qué hay que proteger a las minorías. Hay cierta desconfianza y se sigue usando una frase antigua: ‘Nunca se sabe”.
Y aquel presente-futuro de la liberación, reconoce Oksanen, trajo consigo otros problemas, o los hizo visibles. “Cuando empecé no sabía que iba a escribir sobre tráfico de personas. Sí sabía que quería hablar sobre la violación como un crimen de guerra. Descubrí que esas víctimas de diferentes lugares y orígenes religiosos tenían experiencias parecidas. Supe que las víctimas de tráfico de personas tenían las mismas reacciones traumáticas que las de la violación en la guerra. Debía mostrar que incluso la llegada de la libertad no había sido igual para todos. Los países bálticos son muy jóvenes y no han podido desarrollar un Estado de bienestar, de manera que cuando aparece una crisis los golpea de manera brutal”.
Toma el último sorbo del capuchino, que saborea hasta el fondo. Ahora sus reflexiones exploran las esclavitudes de la modernidad allí. “El materialismo es una de ellas. Mientras los finlandeses quieren ser dueños de su coche o apartamento, en Estonia lo que realmente importa es aparentar ser rico. ¡Deslumbrar! Los coches de marca y los apartamentos son todos alquilados y la ropa tiene más importancia que para los finlandeses”. Hace una pausa para aclarar con un asomo de sonrisa que “Estonia ha atravesado tantos cambios y reformas del suelo que no es aconsejable comprar tierra porque nunca se sabe”.
Y tras una sonrisa irónica, llega una frase seria ante la pregunta de la posición, oficialmente neutral, de Finlandia durante la época soviética. “No era realmente neutral. El periodo de la finlandización del efecto que la Unión Soviética tuvo sobre el país fue muy fuerte. Finlandia era independiente, pero todas las decisiones importantes las tenía que aprobar Rusia”, y relata algunos episodios en los cuales Finlandia dio la espalda a los estonios. Ahora es distinto, “¡claro!”. La relación es más estrecha. Además, muchas empresas finlandesas están presentes allá. Algo que, asegura la autora, debe relacionarse con el descenso de los niveles de corrupción. “Todo esto hace que Finlandia se considere como el hermano mayor de Estonia, y a ellos no les gusta que se les vea como a un hermano menor”.
Sofi Oksanen abre un ejemplar en finés de Puhdistus. Se acomoda en el borde de la butaca, la mesita muestra en negativo su cara oculta por la novela, la taza de cristal porosa de espuma y la cucharilla que acoge una chispa de luz, y empieza a leer de manera cautivadora: “Pääskyset olivat jo menneet… Las golondrinas ya se habían marchado, pero las grullas cruzaban el cielo en formación y con los cuellos estirados. Su graznar resonaba por los campos y hacía que a Aliide le doliera la cabeza. Al contrario que ella, las aves eran… Toisin kuin hän, ne pääsivät posi, niillä oli vapaus lähteä…”.
Entrevista a Sofi Oksanen
Fran Martínez
Mirada de Lobo. Visceral y poderosa, como sus novelas Purga y Las vacas de Stalin. Me encuentro con Sofi Oksanen en la antigua prisión rusa de Patarei (Tallin). Ella viste un traje militar, corretea por las celdas y fuma. Sí, es Sofi Oksanen, ¿Te puedo hacer una foto aquí en la cárcel? “¡Pero si no nos conocemos!”.
Minutos después llega un fotógrafo profesional y comienza una sesión para ilustrar su nuevo libro. “Mi próxima historia está ambientada en Siberia. Es un tema que me ha interesado especialmente porque casi no hay ficción escrita sobre las deportaciones. Hay memorias, diarios, documentos, pero no representaciones artísticas, ni siquiera películas. De hecho, estaría bien investigar la reacción que produce en los lectores de más edad ya que vivieron lo que yo he contado como ficción”.
Su novela anterior, Purga (publicada en 41 países y traducida a 25 idiomas), ha acumulando las más altas distinciones del continente: mejor libro de Finlandia, premio del Consejo Nórdico, el francés Fémina de literatura extranjera, mejor novela europea de 2010… “Purga se ha publicado en territorios muy diferentes. Para mí es curioso ver cómo el mismo texto es presentado y recibido de una manera tan diversa. En muchos países, por ejemplo en Inglaterra, el nombre del traductor está como escondido, como si la novela no hubiera sido escrita en otra lengua. También en ese país, la edición de Purga en tapa dura ha sido presentada como una obra maestra literaria, y luego la de bolsillo como un thriller. No obstante, creo que la mayor diferencia se ha dado entre Europa del este y occidental… aunque en esta última también hay diferencias, por ejemplo un lector francés no es un británico”.
¿Cómo explicas esas diferencias? “Un inglés no es un irlandés o un escocés, porque estos países también han tenido su ocupación. Luego, creo que el lector francés conoce más el mundo que le rodea que el inglés. En España se da el caso de que parte de la población también se puede sentir identificada, por ejemplo los catalanes. Para algunos lectores la novela es puro entretenimiento, para otros refleja la realidad. Pero no quiero imponer ninguna interpretación sobre mi novela. Algunos lectores destacan en ella el tema de la violencia sexual, otros el tema colonial o los traumas del pasado; a mí me satisface que se emocionen cuando la lean”.
¿Y a qué tipo de lector están dirigidas tus novelas? “Yo escribo en finlandés, así que en primer lugar están dirigidas al lector finlandés. Pero es cierto que desde que mis novelas están traducidas a tantos idiomas también pienso en una audiencia más internacional. Por ejemplo, hay referencias culturales que podrían ser obvias para cualquier finlandés, pero no fuera del país. Eso podría ser reparado por el traductor, pero aun así lo tengo en cuenta e intento escribir de forma local, aunque tampoco demasiado local”.
Oksanen dice estar muy contenta con el trabajo de sus editoriales españolas y con el número de ventas de Purga en América latina. “La recepción de Purga en España ha sido extremamente buena. Confieso que me sorprendió un poco al principio, pero después he entendido que no es porque los españoles estén especialmente interesados en lo que pasa en este pequeño rincón de Europa, sino porque está relacionado con cómo se ha tratado su propio pasado, especialmente entre las generaciones más jóvenes. En mi editorial española me han dicho que allí no hay muchas novelas que reflexionen sobre cómo afrontar el pasado, y las que hay no son tan buenas ¿Es así? ¿Tú que piensas sobre eso?”.
Oksanen reconoce que es un privilegio tener una audiencia tan grande, pero esto implica tener menos tiempo para escribir. “Cuando viajo a otros países para presentar la traducción de mi novela siempre pregunto por la literatura que se está haciendo en el país y por los temas que tratan”.
Mi segundo encuentro con Oksanen se produce en una conferencia organizada en la universidad de Tallin para analizar su obra. “Yo estudié literatura y sé lo difícil que es comentar el trabajo de otra persona”, reconocerá la autora más tarde. Oksanen hace una mueca cuando la presentan como ‘nueva estrella literaria’ y escarba en su capuchino en busca de una espuma que ya relamió. La mueca se hace más aguda cuando se refieren a ella como ‘la lady Gaga de la literatura con gafas de John Lennon’. Poco después se levanta y abandona la conferencia.
Regresará 40 minutos más tarde, para hacer un comentario final y responder amablemente a las preguntas de los presentes. Entre tanto, pido un cigarro y salgo a fumar. “La relación entre hombres y mujeres es uno de mis temas favoritos. También me interesan las relaciones de poder, las reacciones traumáticas y lo que se considera desorden mental. En general todo lo relacionado con las formas de curar el pasado”, reflexiona en voz alta.
“El pasado lleva a una memoria futura, esto crea un vínculo entre generaciones y puede acabar en trauma… si no entendemos los problemas del pasado no tendremos futuro”, sentencia Oksanen, antes de añadir “en el caso de Estonia es particularmente complicado, de hecho es casi imposible juzgar el pasado porque Rusia querría participar en cualquier intento de hacerlo”.
Además, “en Estonia se combina la prisa por llegar al futuro con la necesidad de curar el pasado. Estonia ha tenido un pasado reciente muy complejo y el país sigue en transición. De hecho, cuando Estonia recuperó la independencia no éramos conscientes de los problemas que íbamos a afrontar”. Oksanen habla en primera persona al referirse a Estonia. Su padre es finlandés, pero su madre nació en el pequeño país báltico. También habla de la necesidad de reconstruir la identidad estonia, como si el período soviético la hubiera puesto en cuarentena.
“En Estonia yo distingo entre los que se fueron, la diáspora, y los que vivieron aquí bajo la ocupación soviética. Esta ocupación afectó a la identidad, el idioma y todo lo que se hacía en este territorio. Cuando Estonia recuperó la independencia, aquellos que vivieron alejados del país durante décadas quedaron en estado de shock al volver porque ya no encontraron lo que recordaban o lo que les habían presentado. Como casi todos los que han emigrado, ellos vivían en una nación imaginada que sólo existía en su cabeza”.
“Al final no puede haber una manera correcta de ser un buen estonio, pero sí muchas opiniones”, reconoce, y pasa a analizar secuelas soviéticas todavía latentes en dicha sociedad: “la cultura soviética está detrás del estado de la libertad de expresión en Estonia. Aquí hay cierta libertad de expresión, pero no al nivel de los países occidentales. Un ejemplo es cómo se trata la igualdad de género en Estonia y en Finlandia. Otro es el tema del tráfico de personas, en Estonia hacen como si no existiera o no fuera un problema”.
¿Y cómo fue recibida en Estonia tu última novela? “La prensa local estaba muy preocupada por la impresión que los extranjeros podían tener del país, como si el lector de mi novela acabara pensando que toda la gente de aquí es extremamente violenta. Este es un síntoma típico de los países pequeños. En Finlandia pasó algo parecido con Aki Kaurismäki, la gente se preocupó porque los extranjeros podían pensar que los finlandeses no son capaces de hablar, tal y como aparece en sus películas. Es típico de aquellas sociedades no acostumbradas a que se hable de ellas. Estoy bastante segura de que a los italianos no les preocupa que se diga de ellos que son unos gángsters, o que sólo comen pizza”.
Rusia está muy presente en tu obra ¿Es por proximidad geográfica o tu interés va más allá? “Yo respeto todas las interpretaciones que se hacen de mis novelas y no me gusta decir si es errónea o correcta. Normalmente, yo escribo sobre supervivientes y la mayoría de mis personajes son supervivientes. Yo he leído literatura rusa, pero tengo la impresión de que en los últimos años se está traduciendo menos al finlandés” (En el caso español es al contrario, donde tanto la calidad como el número de traducciones del ruso al castellano se ha disparado en los últimos años).
Además, “creo que en este mundo hay demasiado mainstream, en la ficción, en el cine, todo está demasiado concentrado en un lado del planeta. Hay muchos temas que pueden ser muy eficaces, por ejemplo, las experiencias que fueron vividas pero no escritas en su misma lengua”. Su última novela, Purga, está ambientada en una zona rural de Estonia en 1992, cuando el pequeño país báltico acababa de recuperar su independencia. No obstante, las historias se entrecruzan, alternando presente y pasado a través de una narración que alcanza un ritmo afilado. “Me interesó que las víctimas del tráfico de personas tuvieran similares reacciones traumáticas que las mujeres violadas durante la guerra”, confiesa.
“A mí me sorprende que en el 2012 sigamos preguntándonos si es realidad o ficción. Una ficción no es un documental y ya en el siglo XV se hablaba de mímesis. Los siglos han pasado y seguimos hablando de esto, algo tan evidente en literatura. Al final lo importante es que seas capaz de crear imágenes potentes que transmitan emoción. Por ejemplo en Purga hay un pasaje con gatos. Yo no tengo gatos, de hecho soy alérgica a los gatos, pero la gente da por supuesto que tengo gatos porque he hablado de ellos. Incluso, una revista sobre animales domésticos contactó conmigo para que hablara sobre mis gatos. Esto significa que en tu texto has creado realidad, o al menos sensación de realidad”.
En febrero de 2007, ya con dos novelas en negro sobre blanco (Las vacas de Stalin y Baby Jane) Oksanen presentó Purga (‘Puhdistus’) primero como obra de teatro, después como novela. Cinco años han tenido que pasar para terminar su siguiente obra: Cuando las palomas desaparecieron. Aparecerá en finlandés después del verano, con una tirada de 100.000 ejemplares para un país de 5.5 millones de habitantes. “Yo no soy inmigrante, si lo soy es de segunda generación. Yo he nacido en Finlandia y escribo en finlandés”.
Invitado a una recepción del presidente de Estonia, Toomas Hendrik Ilves, me encuentro por cuarta vez en tres días con la autora de Purga y Las vacas de Stalin. Retomamos la conversación durante media hora, tiempo suficiente para liquidar un puñado de bombones y varios vasos de vino. Oksanen rechaza el cava – le gustan los dulces pero no las burbujas. Ya con la guardia baja demuestra cierta socarronería.
¿Puedo publicar nuestra conversación como entrevista?… creo que saldrá algo divertido. “Por supuesto, a veces me toca dar entrevistas a periodistas que ni siquiera han leído mi libro”. Por cierto, ¿Te acuerdas que nos encontramos hace tres días en la prisión? “¡Claro que me acuerdo! Querías hacerme una foto… esta semana me han acontecido casualidades extrañas, como encontrarme contigo en sitios tan diferentes”.
Al día siguiente me llegaron tres fotos suyas. Fue la semana que casi conocí a Sofi Oksanen.

 

ENTREGA A DOMICILIO (OPCIONAL – CAP. FED.) $50.

Contacto: juanpablolief@hotmail.com

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