No sin nosotros. Los días del terremoto, 1985-2005 – Carlos Monsiváis

No sin nosotros. Los días del terremoto, 1985-2005 - Carlos Monsiváis

Estado: nuevo.

Editorial: Era.

Precio: $200.

En junio de 1996 el lema de la Semana Cultural Lésbico – Gay es categórico: “No sin nosotros”; en octubre de ese año, el Primer Congreso Nacional Indígena sintetiza su programa: “Nunca más un México sin nosotros”. Las dos consignas, y otras de intención similar, responden a la certeza compartida: sólo se avanza en la democratización y en la lucha contra la desigualdad si se le pone límites a la exclusión o si se le elimina.
A lo largo de unas semanas, el terremoto de 1985 hace vislumbrar un diseño utópico (en el mejor sentido del término): la incorporación de la mayoría al espacio donde se fraguan sus destinos. Y desde entonces la sociedad civil, esa realidad variadísima y turbulenta, es el término que cubre, sin explicarlas del todo, las movilizaciones, las decepciones, las alegrías, la renovación de las mentalidades.
La primera parte de este libro se dedica a la crónica de algunos procesos primordiales de la sociedad civil en México desde 1985. En la segunda se reproduce la crónica de Carlos Monsiváis escrita en los días del terremoto, en esos meses de dolor, confianza y energía de la comunidad imaginada.
Carlos Monsiváis (México, 1938-2010) fue uno de los escritores más fecundos, más curiosos y más diversos de la historia de nuestras letras. Su implacable mirada crítica, su estilo incisivo y siempre sorprendente, y su sentido del humor sin concesiones hicieron de él el autor más atento a las transformaciones, las costumbres, las inquietudes, las tragedias y los momentos clave de nuestro país. Su obra incesante encontró en la crónica su espacio idóneo. Durante más de medio siglo su mirada lo recorrió todo. Apenas pueden encontrarse temas, aspectos del diario acontecer, libros de poesía, novelas, taras sociales, prejuicios, espectáculos, figuras de la política, el arte, la canción que hayan escapado a sus ojos. La vida popular, las costumbres, los vicios y la corrupción del sistema político, los usos de los poderosos, las glorias de los ídolos, las pasiones de las masas, la ignominia cultural de los medios: todo fue tema de su obra inabarcable y apasionada.
Se puede decir sin exageración que colaboró asiduamente en prácticamente todas las publicaciones de su tiempo, desde los diarios de circulación nacional, las revistas y suplementos culturales, hasta las más recónditas revistas estudiantiles al interior de la república. Su presencia, mejor, su omnipresencia en la vida mexicana lo llevó también a los espacios radiofónicos y televisivos, todo tipo de coloquios, presentaciones, festivales, conferencias y mesas redondas.
Algunos datos biográficos mínimos: Al lado de José Emilio Pacheco trabajó en las revistas Medio Sigly Estaciones. Colaboró con Jaime García Terrés en la Revista de la Universidad de México y en la mejor época de Difusión Cultural. Como crítico y periodista cultural, durante quince años dirigió La Cultura en México, suplemento de la revista Siempre!, y por más de cuarenta escribió la columna satírica Por mi madre, bohemios en distintas publicaciones; fue también director del programa El cine y la crítica, en Radio UNAM, y de la colección de discos Voz Viva de México. Gustoso siempre de las expresiones de arte popular y del gran arte mexicano, a lo largo de su vida reunió una vasta colección de pintura, grabado, caricatura, miniaturas, fotografía, maquetas, juguetes y muchos otros objetos de la más variada índole que hoy forman parte del acervo del Museo del Estanquillo, Colecciones Carlos Monsiváis, que presenta exposiciones en todo el país.
Entre sus polifacéticas publicaciones destacan los libros de crónica Días de guardarAmor perdidoEntrada libre: Crónicas de la sociedad qeu se organiza, Los rituales del caos (Premio Xavier Villaurrutia), Escenas de pudor y liviandadNo sin nosotros: Los días del terremoto, 1985-2005 Apocalípstick; los textos biográficos Frida Kahlo: Una vida, una obra Salvador Novo: Lo marginal en el centro; como también A ustedes les consta: Antología de la crónica en MéxicoNuevo catecismo para indios remisosAntología de la poesía mexicana del siglo XX, El 68: La tradición de la resistencia Aires de familia: Cultura y sociedad en América Latina, (Premio Anagrama de Ensayo). Si reunir una bibliografía suya es tarea ímproba, pues publicó en muchísimas editoriales de todo el país y en muchas del extranjero, intentar una hemerografía parece totalmente imposible. Mereció, entre muchos otros galardones, el Premio Nacional de Periodismo, el Mazatlán de Literatura, el Premio FIL de Literatura y el Premio Nacional de Ciencias y Artes en Literatura y Lingüística, así como diversos doctorados honoris causa.
Y sin embargo se mueve
Enrique Héctor González
Borges, hablando de Kafka, dice que los autores esenciales generan a sus propios precursores: se adelantan a su obra, se sobreviven a sí mismos y permiten vislumbrar a los que estaban antes, haciendo de la sucesión una simultaneidad insólita y de la secuencia un orden anterior. Síntoma de la postmodernidad (uno más de los inabarcables rasgos de su cauda), los hechos terminan, asimismo, por parecerse luego a los libros, los actos se acomodan tardíamente a las palabras y el hilo conductor que antes explicaba los hitos de la historia de un modo ameno y consecuente es ahora un ovillo azaroso que va de ninguna parte a ningún lado, con escalas en lo imprevisible.
Todo esto a propósito de que antes y después es una fórmula equívoca que a veces impide leer a futuro y, más bien, invita a reconocer en retroceso, a ver lo que vino luego como una causa remota de lo que ya estaba en ciernes y no habíamos tenido la paciencia (o la astucia) de mirar en su esplendor; por ejemplo, la circunstancia del terremoto de 1985 en nuestro país, que hizo moverse y despertar de su concha al musculoso molusco de la inercia, ese que ya en 1968 se había organizado para decir “Ya basta”, que en 1996, en la Semana Cultural Lésbico-Gay, pronunciará un sonoro “No sin nosotros”, y que hace un año, en abril de 2005, generaría la marcha más habitada (desde luego, mucho más nutrida que esa moderada movilización del buen gusto contra la violencia que, por esas fechas, perfumó Reforma con aromas caros) en la historia de la ciudad: la que se opuso a la descalificación electoral de López Obrador.
El libro de Monsiváis, afortunadamente, no se ocupa de la gente que perdió su Porsche en la Alameda o su porte al caminar junto a peatones sin pedigree, ni tampoco es un catálogo de las marchas ocurridas en Ciudad de México en los últimos años. Se trata de un volumen breve, editado con una modestia cercana a la austeridad, en el que a partir de una crónica puntual del terremoto del ’85 (el después del libro, pues ocupa su segunda mitad), el autor se detiene en el antes del futuro: la serie de apariciones concretas de un fantasma que desde entonces recorre México: el de las acciones inmediatas, desobedientes y si se quiere inciviles (porque desquician el tráfico, porque no le piden permiso al rating de las televisoras para interrumpir sus transmisiones) de la sociedad civil.
Si no fuera siniestro suponer que un siniestro es fabricable (podemos recordar con Machado que “muchas veces mentimos por falta de fantasía: también la verdad se inventa”), se diría que la gente (no el pueblo), los chilangos y los guzmanenses y demás gentilicios que se enfrentaron a los desmanes del sismo, lo provocaron para salir a flote, para existir, dado que las tragedias tienen la perversa gentileza de favorecer conductas iluminadas. Frente a la muerte súbita de los percances, sí, pero también frente a la inoperancia del poder, la beatitud de las clases privilegiadas y el envaramiento de las burocracias, la gente se encuentra, las sociedades se organizan. El libro de Monsiváis, sin embargo, no reconoce al azar como el motor del cambio, sino al azoro ante la pasividad complaciente (o coludida) de quienes no hacen lo que se debe hacer cuando todo se deshace.
Pero si un terremoto ocasiona que la gente despierte, la sociedad civil (nombre que en el libro se da a esta comunidad de espabilados), una vez consciente de su papel protagónico, se manifiesta en numerosos ademanes que van más allá del infortunio meteorológico o las marchas forzadas por la sordera. Monsiváis hace un recuento del antes y el después del temblor para ubicar los prolegómenos y las últimas consecuencias de un movimiento negado por los medios, combatido desde “el gobierno de Vicente Fox, el pri, las derechas política, social y clerical, la burocracia del prd, los intelectuales antiizquierditas y los izquierdistas antiintelectuales”, hasta por “el miedo o la indiferencia de sectores muy vastos aislados en la desinformación”.
El cronista repasa con denuedo el territorio donde la sociedad civil toma forma en su precisa, organizadísima glosa de los días posteriores al temblor. Divide el texto, a la manera de Shakespeare (¿habrá algún guiño inusitado en esta segmentación?), en cinco actos noticiosos acerca de la catástrofe que incluyen asimismo cinco espacios para el comentario crítico (editoriales) y tres escenas testimoniales (expedientes) donde se ve a la gente actuar a través de sus palabras. Si no fuera siniestro remedar al siniestro, se podría decir que la misma crónica del sismo se mueve, es una sinfonía incesante donde se oyen contrapuntísticos gritos de angustia y solemnes declaraciones, en glissando, del político en turno. No es novedad que, además de la intensidad inherente a los hechos contados, los textos de Monsiváis dejen ver, a través de la parodia y la ironía, del incesante ingenio y la densidad de su estilo enumerativo, acumulante, a uno de los mejores prosistas de nuestra lengua, uno en quien la escritura es una turba de ideas y los conceptos un certamen de ocurrencias (o al revés) trepidatorio y lúcido, pleno y feliz —aunque deambule entre desgracias.
De la ochentera huelga del ceu a las manifestaciones feministas, de los movimientos populares y sindicales al puño en alto de quienes aquí y en China (es un decir) y en Los Ángeles (es un acto a contar) hacen suyos aquellos primeros versos de la “Epístola satírica y censoria” de Francisco de Quevedo (“No he de callar, por más que con el dedo,/ ya tocando la boca, o ya la frente,/ silencio avises, o amenaces miedo”), los asuntos de “No sin nosotros” configuran el revés de la trama de aquel tango famoso: nada de que veinte años no es nada, sino todo, por lo menos mucho para la historia de un país que, en ese lapso, ha visto crecer y mudarse a los grupos que se organizan; que ha sentido cómo, cuando todo se derrumba, quedan aún rumbos a seguir. No se trata de un canto a la esperanza infundada (toda oda al optimismo sigue siendo irresponsable o, para decirlo con Monsiváis, “como no tengo hijos, tengo mucha fe en el México de mis nietos”) sino más bien de un riguroso examen de los últimos decenios emprendido, precisamente, por el autor que en nuestros días más se le parece a Quevedo (y Borges decía que el poeta español no era un escritor, sino una literatura), en su flemática apostura, en la agudeza de su humorismo, en sus veleidades retóricas (¡vaya, hasta el apellido Monsiváis sugiere un castizo vosotros velado!), pero, sobre todo, en la conciencia de que la escritura es un acto moral.
Entre la infinidad de fisuras a la solemnidad que ha pergeñado el cronista natural del México contemporáneo, se cuenta la justa observación de que si Carlos Fuentes escribió Terra Nostra gracias a los auspicios de una beca, él necesitaba otra para leerla. No es el caso de “No sin nosotros”, libro que a la perfección de su trazo y a la pertinencia de sus ideas añade la delicadeza de su brevedad.

 

ENTREGA A DOMICILIO (OPCIONAL – CAP. FED.) $50.

Contacto: juanpablolief@hotmail.com

Acerca de libroskalish

Libros difíciles de encontrar a buen precio.
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