Mapa narcoprostibulario de Carrefour – Capítulo XI

Mapa narcoprostibulario de Carrefour. El precio más bajo garantizado de Once
Para este collage se utilizó a William T. Vollmann, Jorge Luis Borges, Hitler, The Beatles, Pablo Picasso, Lisa Ann, Oscar del Barco, Sarina Valentina, un Pibe Chorro, mi gato René, un japones con un lomo increible que no se su nombre y una Muñequita Liefeld Puteadora. 
Mapa narcoprostibulario de Carrefour
El precio más bajo garantizado de Once
XI
Una carta para Enrique Symns 

 

El hombre ante la muerte
Enrique.
Tendría que seguir trabajando. Seguir buscando el hueco que me permita llegar a pagar el alquiler y la comida el próximo mes.
Pero no puedo.
Ahora. En este momento.
Necesito decirte algo hace días y que esta noche si no hago el intento de hacerte llegar mi palabra más franca algo del orden de la verdad en relación al amor que siento por vos se volvería pura farsa.
Alguna vez fui un chico. Y ese chico quiso mucho a su abuela. A tal punto que hoy que no estoy pasando por un buen momento su reloj, un bellisimo relojito de mujer, que me acompaña hace tres décadas, lo llevo a todas partes. Es mi amuleto. Mi talismán. Sus ojos claros. Inolvidables. Que seguirán brillando mientras tenga aliento. Y que me cuidan y guían en la errática deriva de estos días. Y sin embargo, a esa mujer que quise tanto y que es parte de mí como las manos con las que tecleo en la computadora estas palabras, una tarde de verano en Mar del Plata, me pregunto a quién quería más, si a mi mamá o a mi papá. Y yo que era un chico entendí que la pregunta era una mierda y que no había posibilidad de palabra sincera, así que le dije a mi abuela, lo que ella no quería escuchar. A mi mamá. No a su hijo. Y le hice daño. Pero si no se lo hubiera hecho en ese momento hoy, esta noche, no estaría acompañándome después de tantos años.
En fin.
Enrique.
La primera noticia que tuve de vos fue por Mariano, un noviecito de mi hermana Mariana.
El leía a Lautreamont, Bukowski, Dostoievsky, Celine y tenía varias revistas de Cerdos y Peces.
Aun recuerdo a Mariano en su roñosa pieza de José León Suárez y con su tapado negro transmitiéndome la belleza de ese comienzo de editorial de la Cerdos donde hablabas de la guerra de Irak:
Un franco tirador se ha subido al techo del mundo.
Luego recuerdo un cassette que si no me equivoco perdí en la casa de Juan Escobar – una amistad que te debo, ya que Juan y su familia me han procurado infinitos afectos y cuidados –  donde el Rafa Hernández te hacía una entrevista en su programa de radio Piso 93.
Luego vendrían los libros editados por Jorge Lanata Invitación al abismo y Páez, este último regalado por vos y Vera para un cumpleaños mío donde me escribías una dedicatoria que lamento no poder reponer por no estar el libro en este departamento.
Y sí.
Entonces llega el momento de conocerte.
Con los ahorros de un año de trabajo en la sección de menaje del Carrefour de San Martín fui a anotarme en un curso de periodismo que dabas en la calle Estados Unidos – entre Cemento y la avenida Entre Ríos – y donde funcionaba la Cerdos que había vuelto nuevamente.
Leerte fue para mi tan importante como leer a Borges, Fontanarrosa, Ellroy o McCarthy.
Y conocerte algo que me marcó para siempre como el día que conocí a Pablo Entrerrios y me abrió las puertas de la radio.
Esos momentos, como el amor,  son instantes con los que uno tropieza, choca, y de repente todo cambia. Se buscan, siempre se buscan y uno los espera, los anhela, pero no siempre se dan porque no hay mapa ni brújula que te guíen hacia ellos sino que uno debe dejarse perder permitiendo que los pasos se dispersen y reagrupen, que la mirada vague y se detenga de repente con visión rígida y espíritu sin ataduras para escuchar hablar al misterio.
Yo escuche hablar al misterio.
Te vi, te escuche esa noche que diste tu monólogo sobre Totem y tabu en la casa de José donde ya estabamos promediando el curso y la Cerdos había perdido su redacción de Estados Unidos y ahora funcionaba en el sótano de el bar El Mirador.
Yo siempre insisto que tenés un don.
Que tenés un brillo.
Un no sé qué.
Un algo que tienen algunos y que si lo saben pulir logran una belleza inconmensurable.
Se puede aprender a escribir, actuar, dar una clase, hacer un dibujo o interpretar un personaje he incluso ser muy bueno con el tiempo.
Pero ese don, ese brillo no se aprende, se lo tiene o no.
Maradona, Pancho Villa, Marlon Brando, Charly García, Faulkner o Philip Dick lo tenían.
Y no es que ellos trabajaron más que muchos otros que hoy nadie recuerda o resultan figuras endebles al ponerlas en serie con estos nombres.
Sencillamente ellos poseían un don que se tiene o no.
No se fabrica. No se inventa.
Esta o no esta.
El resto es laburo. Oficio.
Que sí se construye. Se pule. Se domina. Se pueden conseguir buenos resultados o estropearlo todo.
Y vos tenés ese don.
Yo lo vi.
Yo lo escuche.
Yo lo leí.
Recuerdo al armenio Andrés Mouratian – otra persona que te debo haberlo conocido por vos – una tarde en su auto saliendo del Borda en la que me dijo:
Enrique es un boludo 23 horas y media al día pero durante media hora por día en algún momento es brillante, genial, único.
Tenés ese brillo.
Lamentablemente sos un vago y no llevaste ese brillo hasta el fondo.
Lamentable, obviamente, para mi, no para vos, porque si hubieras decidido escribir de forma obsesiva como Fernando Pessoa u Horacio González hoy podría haber decir que fui feliz con tu don muchas veces más de las que pude experimentar.
También de ese curso surgió la revista Vestite y andate de donde hasta el día de hoy sigo manteniendo una amistad que atesoro y me es fundamental con Fernanda y Gustavo.
Y no quiero olvidarme de Santiago Ferron que es como un padre para mí y que vos me lo presentaste en ese momento prófugo de la justicia y criando a una hijita que hoy ya es una mujer.
Sí, ha pasado el tiempo.
Desde un principio entendí que además de ese brillo que te hace único y especial y diferente a cualquiera también tenías una parte dañina, cruel, implacable.
Por eso desde un principio mantuve la distancia adecuada para que no pudieras hacerme daño y poder quererte.
También es cierto que en El Mirador al grupo de Vestite y andate nos cuidaste con cierta delicadeza que no es habitual en vos.
Un ejemplo que puede parecer bobo pero que creo que es un buen ejemplo.
Jamás permitiste que te viéramos tomando merca – siempre te vimos duro pero nunca tomando – y jamás nos ofreciste vender un papel o compartir un saque.
Nos cuidaste. A tu manera nos cuidaste.
Como no lo hiciste con muchos amigos tuyos a los que quisiste y los traicionaste.
Lo cual se por relatos de algunos de ellos y por tus propias palabras donde no pocas veces relataste la fábula de el escorpión y la rana donde siempre interpretaste el personaje del escorpión.
Y estoy dando todo este rodeo porque lo que te quiero decir no es fácil.
Porque probablemente no te guste y te enojes.
Pero si no fuera capaz de decírtelo mi amor hacia vos y agradecimiento por ese brillo que me diste con tus palabras seria cartón pintado.
Ahora recuerdo ese fin de año en el que te encerraste a pasar solo el año nuevo en El Mirador.
Fito Páez había alquilado una quinta y te había invitado.
Pero vos no quisiste ir y a tus padres le mentiste que te ibas para la quinta de Fito pero yo sabía que estarías solo en el Bar frente a el Parque Lezama, ese lugar mágico que aun hoy sigue vivo a pesar que la ciudad entera parece más un cementerio que una aventura.
Y entonces sin consultarte decidí ir a pasar fin de año con vos.
Ahora, mientras escribo esto, te veo en una de las ventanas de El Mirador, tomando una ginebra y escribiendo y yo llegando con miedo de que no estuvieras, que te hubieras ido a pasar la fiesta con Páez o a algún otro lado y me quedara clavado solo viendo año nuevo en un banco del Lezama.
Pero ahí estabas y la pasamos juntos.
Luego vino Vera y otra gente y fuimos todos a Ave Porco.
Si no hubieras estado, me hubiera sentido un pelotudo pero igualmente contaría la anécdota convencido de que hice lo que quería hacer.
Si bien no somos amigos.
Nunca lo fuimos.
Si te quiero mucho, tanto como a un amigo.
Y que si bien para vos yo solo soy un conocido.
Creo que algo me aprecias.
Por eso, por todo lo que dije hasta acá voy ha hablarte con franqueza.
Enrique.
Hasta donde me contó Fernanda no estás bien y la operación que te espera no va a hacer más que hacer todo más difícil y triste y humillante.
Ok.
Enrique.
Creo que deberías meditar seriamente si tiene sentido seguir o retirarte definitivamente.
Sin mariconeadas.
Porque si la operación solo te ata a una cama y a depender de enfermeras y médicos y a ir muriéndote lentamente sin margen para moverte por vos mismo sería terrible.
Tu cuerpo increíblemente resistible a todo esta muy desgastado hoy. Tu cabeza sin embargo sigue intacta, o mejor, muy bien.
¿Te imaginas lucido pero postrado en una cama?
El dolor al que estarías obligado a padecer sin posibilidad de escape salvo pudrirte y enloquecer lentamente.
Por eso Enrique.
Quizá me equivoque.
Y solo te estoy expresando algo que veo y siento sin tener más certezas que las que intuyo por lo que se.
Pero lo que se puede estar equivocado.
Y de lo que te estoy hablando es de tu vida y de tu muerte.
Y lo que te pido ahí es que medites soberanamente sin hacerte trampas a vos mismo porque en definitiva lo que decidas hoy si no lo evalúas correctamente el que va a padecer las consecuencias sos vos y nadie más que vos.
Por eso, Enrique, si realmente la operación te va a permitir seguir vivo adelante. Pero si es solo algo que te va a permitir sobrevivir miserablemente, entonces, quizá sea el momento de conseguir un arma y volarte la cabeza o darte una sobredosis de insulina.
No sé qué es lo correcto.
Eso lo sabes vos.
Yo solamente te digo lo que vos me enseñaste.
Se un hombre.
Mira a la muerte a la cara.
Evalúa tus posibilidades reales de seguir vivo de verdad.
Quizá una cama de hospital sea el mejor camino.
Quizá suicidarte sea el mejor camino.
Te quiero mucho.
Juan Pablo Liefeld
Nick Cave and the Bad Seeds live at the Bizarre Festival in 1996

En los Links que siguen se pueden leer las columnas Mapa narcoprostibulario de Carrefour, Confesiones de un librero de mierda Las Chicas de Letras se masturban así:
zzz—Confesiones de un librero de mierda—zzz
Las chicas de letras se masturban así. Obras Completas sin editar – Elsa Kalish
Mapa narcoprostibulario de Carrefour. El precio más bajo garantizado de Once

 

ENTREGA A DOMICILIO (OPCIONAL – CAP. FED.) $50.

Contacto: juanpablolief@hotmail.com

Acerca de libroskalish

Libros difíciles de encontrar a buen precio.
Esta entrada fue publicada en Enrique Symns, Mapa narcoprostibulario de Carrefour. El precio más bajo garantizado de Once. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s